SON COSAS DE LA VIDA FAMILIAR

 

 

“Con qué frecuencia se ha cenado,

cocinado, planchado y cosido.

Por la ventana  soplaba una suave brisa.

Se pasaba el día entero con un libro.

Se hacían y se recibían visitas,

se veía un haya en el bosque

y se escuchaba música en la sala de conciertos.

Mientras los hijos crecían, comenzaban

a marchitarse apaciblemente los que los engendraron,

el trabajo cotidiano se efectuaba con esmero,

los ojos veían algo hermoso aquí y allá.

Se compraba ropa, zapatos, vestidos,

se entablaban estas y aquellas relaciones,

escuela, teatro y cajas de ahorros,

cuchara y tenedor, plato, jarras, tazas,

darse la bienvenida, odiarse

son cosas propias de la vida familiar.”

Robert Walser—“Vida familiar’ (1931)— “Lo mejor que sé decir sobre la música”

 

(Imágenes— 1– George Goodwin Kiburne/ 2- Zinaida Serebriakova)

“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (10)

Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo y aparecen los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS  (10) :  El olmo y el jardín

 

Me preguntaba usted hace un momento si las fotografías me ayudan a escribir. Naturalmente que me ayudan. Hay fotografías que para mí son todo un mundo. Ocurrirá eso sin duda en todas las familias, estoy seguro, porque todas ellas suelen tener una larga historia. Tengo presente, por ejemplo, una fotografía a media mañana que se hizo en un jardín. La estuvieron preparando en el jardín al que acudíamos cada año la familia y es una fotografía delante del arco de nuestra antigua casa veraniega, una casa señorial con un jardín presidido por un gran olmo. Yo estoy observándolo todo desde lo alto de una buhardilla en donde me he refugiado a escribir, algo que he hecho en todas partes y toda la vida, y entreabriendo la pequeña ventana de esa buhardilla veo desde la altura a mi padre abajo, de pie, junto al olmo. Se alarga una fina línea de sol que ilumina el sendero cruzando el jardín. Está mi padre sonriente junto al árbol, debe de tener unos cincuenta o cincuenta y cinco años, viste una chaquetilla blanca, unos pantalones azules, un sombrero blanco y unos zapatos también blancos de verano, y esa foto la pasaré luego a mis hermanos y se la comentaré a mis hijos. Pero ya viene al fondo, por el sendero que recorre el jardín, andando muy despacio, mi abuela paterna, una figura pequeñita apoyada en un bastón, la cara ligeramente inclinada, un moño limpio y cuidadosamente recogido, un vestido negro con fondo de pequeñas flores y sobre todo una bondad andante, una expresión apacible y alegre, la mujer que años antes me enseñó a rezar. El césped del jardín se va abriendo a sus pasos muy cortos y cuando llega frente al olmo y contempla la foto de mi padre se detiene, apoya su bastón en la arenilla y observa despacio a su hijo como todas las madres observan a sus hijos, con una felicidad que la fotografía revelará. Todas esas fotos y muchas más que observo desde la buhardilla me parecen fotos muy jóvenes, mantienen esa frescura en papel de los primeros tiempos, antes de enmarcarse, antes de ser recubiertas por cristales, y ahora las veo pasar de mano en mano y oigo cómo las comentan en la tertulia familiar que solemos tener después de comer en verano, al aire libre, mientras unos tomamos café y otros juegan a las cartas en una mesa centenaria. Estoy sentado en una de esas sillas de rejilla esparcidas por el jardín, entra ahora un sol pálido por encima de las tapias y voy viendo que por esas fotos aún no ha pasado el tiempo, aún no se ha abierto ningún cajón para guardarlas, son imágenes que van de mano en mano fijando un instante irrepetible, todas las fotografías lo fijan, van acompañadas de palabras, las yemas de los dedos cuando las rozan resaltan aquí y allá un gesto o un contraluz. Yo aparto un poco la taza de café para extenderlas sobre el mantel, junto a la servilleta y las cucharillas, y me detengo en esa mirada de mi abuela contemplando el olmo y en esa sonrisa de mi padre junto al árbol, madre e hijo en un momento que no volverá a suceder. No volverá a suceder porque los instantes cambian y ese instante de mi padre junto al árbol, en cuanto pase poco tiempo será enmarcado y colocado en el aparador de nuestro comedor como algo irrepetible al lado de una fotografía de mi madre también irrepetible, tomada a contraluz, como si la envolviera una gasa, ella apoya su mejilla en su mano derecha y sonríe, y esos dos instantes de los padres los tendremos como presencia íntima durante años. Pero ahora, de pronto, quiero buscar esta foto de mi padre para escribir algo sobre él y no la encuentro: son los caprichos siempre de estas mudanzas porque el pasillo durante toda esta mañana ha estado invadido de cajas, yo he salido de mi cuarto a buscar la foto y sin querer he ido tropezando una tras otra con pequeñas montañas de libros que aguardan apilados en el suelo, cuatro hombres de la mudanza cargados de trastos me están pidiendo paso entre las cajas, son hombres rudos, hercúleos, intentan como pueden no rozar las patas de los muebles con las esquinas de las puertas, yo logro llegar hasta el comedor pero el comedor ya está vacío, es una habitación desolada e irreconocible, han descolgado cuadros y cortinas, pregunto en el pasillo dónde pueden haber colocado el aparador para salvar la foto de mi padre pero el aparador, me dicen, ya lo bajaron a la calle, ya está metido en el camión. ¿Y la foto? ; lanzo entonces mi mirada por la ventana mientras recuerdo todo esto y mi padre parece que hubiera desaparecido no solamente de esa ventana sino también de mi vida, me quedan solo pedacitos sueltos de él, recuerdos vivos, cuando, por ejemplo, aquel día, en el portal de casa, subiendo fatigosamente las escaleras, me confesó en voz baja, “Hijo mío, aquí me tienes, hecho un venerable anciano”, pero no, no lo recuerdo anciano en aquella foto que perdí en una de las mudanzas de no sé qué año, él no era aún anciano, presumía de caminatas y caminaba deprisa, precisamente una de aquellas mañanas antes de posar junto al olmo habíamos dado los dos un largo paseo y él me estimulaba siempre con su ritmo, pero ahora me alejo un momento de tantos recuerdos y tras la desaparición de mi padre me pregunto a veces, “¿Dónde está mi padre?”, “Padre, ¿donde estás?”. Entonces veo otra vez las pequeñas manchas en la piel que tenía mi padre cuando tomé sus manos entre las mías el último día, estando ya muy enfermo, e igualmente veo, años antes, sus piernas robustas marchando camino arriba cuando me llevaba de la mano, y después le veo a él, a veces vacilante y a veces enérgico, en varias fotografías colocadas en el comedor. Y todas esas fotografías me rodean.

José Julio Perlado — “Los cuadernos Miquelrius”

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

 

DE LA AMISTAD Y DE LOS HIJOS

 

 

“De hijos a padres – dice Montaigne en susEnsayos” – se trata más bien de respeto. La amistad se nutre de comunicación, y ésta no puede darse entre ellos porque la disparidad es demasiado grande y acaso vulneraría los deberes naturales. Porque ni pueden comunicarse a los hijos todos los pensamientos secretos de los padres, para no crear una intimidad indecorosa, ni las advertencias y correcciones, en las que radica una de las primeras obligaciones de la amistad, podrían ejercerse de hijos a padres (…) A decir verdad, el nombre de hermano es hermoso y está lleno de dilección, por eso lo convertimos, él y yo, en nuestra alianza. Pero compartir bienes, los repartos y el hecho de que la riqueza de uno conlleve la pobreza del otro, diluyen extraordinariamente y aflojan el lazo fraternal. Al tener  que conducir el curso de su promoción por el mismo camino y al mismo paso, es forzoso que los hermanos tropiecen y choquen a menudo. Además, ¿por qué ha de darse en ellos la correspondencia y relación que generan las amistades verdaderas y perfectas? Padre e hijo pueden tener temperamentos enteramente alejados, y los hermanos también (…) No es que yo no haya probado cuanto puede darse por ese lado. He tenido el mejor padre que jamás ha existido, y el más indulgente, hasta su extrema vejez, y pertenezco a una familia famosa y ejemplar de padre a hijos en lo que se refiere a concordia fraternal (…) Pero en la amistad se produce un calor general y universal, por lo demás templado y regular, un calor constante y reposado, lleno de dulzura y pulcritud, que no tiene nada de violento ni de hiriente”.

(Imagen – Georgia O ‘Keeffe – 1922 – witney museum artdlay  org)

IMÁGENES Y PALABRAS (4) : LO QUE JUZGAN LOS OJOS

Otra de las preguntas que me formula el Dr. Alberto Sánchez León en esta entrevista publicada en la Universidad de Montevideo y que estoy resumiendo estos días en Mi Siglo es la siguiente:

Pregunta :-He de reconocer que me ha gustado el títuloEl Ojo y la palabra“, pues, a mi juicio, lo más relevante es el y. Tal vez la historia de las imágenes ha olvidado este y e interpreta la cuestión como la elección de una disyuntiva. Desde este punto de vista, y de acuerdo con su obra, ¿cómo ayudar a expandir esta maravillosa utopía?

Respuesta: -No creo que haya pensado demasiado a la hora de poner ese y en el titulo de “El ojo y la palabra“. Salió así porque creo que las dos cosas van unidas y no se puede elegir una u otra.

En cualquier caso, es un convencimiento. El ojo es, creo, lo último que queda del ser humano, el color de la pupila, el ojo entreabierto antes de partir, especialmente ese color, como digo, que encierra cada ojo. Se empobrecen los miembros, los músculos, los movimientos, también las palabras, al fin esas palabras van quedando en monosílabos e incluso reemplazadas por gestos. En el caso del ojo, cuando uno está a punto de abandonar la vida, y mucho antes también, en los meses o semanas anteriores, el ojo va quedándose quizá estático, perdido, sin fuerza de fijeza, pero, aunque palidezca algo, nunca abandonará su primitivo color. Pueden estar satisfechos los ( o las) que tengan un color de pupilas bonito, porque ese azul o ese color – el que sea- será lo ultimo que se cierre. Además, cuando se emplea la expresión ante el momento de la muerte, “Vamos a cerrarle los ojos“, se dice así, y no “vamos a cerrarle las palabras“, porque las palabras seguramente enmudecieron ya mucho antes.

Por otro lado, la palabra y el ojo van siempre de la mano. A través del ojo vemos el ejemplo que se nos da, y lo que le queda a un ser humano cuando permanece ya solo en la vida, con sus padres ya fallecidos, es el ejemplo de ellos, lo que VIO en la familia y en la vida, no tanto lo que le dijeron. Pocas personas guardan palabras muy numerosas y aleccionadoras de sus padres y educadores, pero en cambio sí se ha quedado en su retina aquello que vio con sus propios ojos, actitudes y ejemplos, buenos y malos, que indicaban coherencia o no coherencia respecto a las palabras que se pronunciaban a lo largo de su educación. Por tanto, el ojo que nos ve en los hijos o en los alumnos recoge más lecciones aún que las palabras. Ese ojo además es el que paseamos a través de la vida en general: viajes, acontecimientos, fluir incesante de palabras cotidianas, etc. Pienso a veces que las palabras se desgastan porque se usan mal y se abusa de sus contenidos, y el ejemplo de la política y los políticos en general en el mundo – con ese desfile de sucesos, líderes, elecciones, promesas, etc – hacen que uno devalúe la palabra escuchada. El ojo también juzga todo eso, pero, como siempre, es el ejemplo el que va viendo el ser humano, y aunque le llegue también el escepticismo ante lo que ve, es distinto al escepticismo o a la incredulidad ante tantas promesas de palabras.

(…) Por otro lado, en las familias, todas las casas están llenas de palabras desde el inicio del día a la noche, las madres especialmente se vuelcan en palabras hacia sus hijos y su formación, sencillamente porque, en principio, están más tiempo con ellos que sus padres. Pero creo que ese fluir de palabras tan necesario, incluso un hijo lo puede esquivar, harto ,en determinadas edades, de escuchar lo mismo: lo que es mucho más difícil que esquive es el ejemplo, a veces sin palabras: un ejemplo coherente y firme, en el que se pueden mirar los hijos como en un espejo. Después, naturalmente, ejerciendo su libertad, harán lo que quieran. Pero insisto en esta pequeña valoración porque creo que el mundo actual está sobrecargado o saturado de palabras, – además de las imágenes – y, como he dicho antes, hay un empobrecimiento de las palabras, muchas palabras se manipulan como mentiras, y el excelso valor de la palabra – hasta que uno “dé su palabra” a otro – se ha vaciado muchas veces de contenido.

La palabra, pues, tiene un cometido excepcional en el mundo de hoy. Gracias a las palabras pueden nacer los diálogos ( ahora, en este mundo globalizado) y no sólo con el ojo.
Pero se ve que hay muchos matices que considerar  Por tanto, el ojo y la palabra van unidos. Ese “y” que enlaza las dos cosas es importante para que vayan hermanadas, y con ambas cosas se configura la vida, aunque ahora parezca que sólo destaca el ojo, entregado a veces obsesivamente al mundo de la imagen.

(Imágenes:-1.-Georgia O ´Keeffe.-1922.-Whitney Museum.-artdaily.org/2.-Cosmos.-Takashi Murakami.-Wada Gagouu-co Gallery.-artnet/3.- Jasmina Danowski.-artnet/4.-Georgia O `Keeffe.-1927.-Whitney Museum.-artdaily.org)

DECÁLOGO PARA FORMAR UN DELINCUENTE

 adolescencia.-Mitchell Marco.-Christopher Henry Gallery

 

Copio de Nauscopio Nireblog. com estas palabras de Emilio Calatayud, juez de menores en Granada

DECÁLOGO  PARA  FORMAR UN DELINCUENTE

“Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.
No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.
Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo”.

 

Dados los tiempos que corren poco más hay que decir.

(Imagen:Mitchel Marco.-Christopher Henry Gallery.-artnet)

 

LO IMPORTANTE Y LO URGENTE

A veces lo que creemos urgente nos aparta de lo que realmente es importante y a veces lo importante se une tanto a lo urgente que todo ello se hace esencial, en este caso – más que nunca – se diría vital.

Leo en Scriptor org un texto que suscribo y cuyo extracto copio aquí:

21/10/2008

No al “derecho al aborto” como si fuera un “derecho humano” más

 

” El C-FAM es el único grupo pro-vida que trabaja exclusivamente en política social de la ONU, y es el que está recogiendo firmas para presentar ante la ONU, para impedir que -por la presión de grandes grupos pro-abortistas- se declare el “derecho al aborto” como un derecho más, en el 60º aniversario de la Declaración de Derechos Humanos, el próximo 10 de Diciembre.

Es importante actuar -si de verdad pensamos que vivimos en una realidad cívica, con comunicación interactiva, tipo al menos “2.0”– y conseguir al menos el peso de 50.000 firmas (ahora mismo hay unas 7.000) y presentarlas en la ONU. Es de esperar que quien lo firme, esté racionalmente de acuerdo con lo que dice el escrito en cuestión.

Yo lo he leído en su breve rotundidad, y acabo de firmar este Llamado internacional por los derechos y la dignidad de las personas y la familia“, que comienza, sigue y termina así:

Nosotros, los ciudadanos de los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas, en este año del 60 Aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, adoptada y proclamada por la Resolución de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas 217 A(III) del 10 de Diciembre de 1948, (…)

(…) Indicamos que se debe dar apropiada consideración a

1. El derecho a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, teniendo cada niño o niña el derecho a ser concebido, nacido y educado dentro de su familia, basada en el matrimonio de un hombre y una mujer, siendo la familia el grupo de unidad natural y fundamental de la sociedad,

2. El derecho de cada niño o niña a ser educado por sus padres, quienes tienen la prioridad y derecho fundamental a elegir el tipo de educación que se les dará a sus hijos. (…)

(…) y solicitamos a todos los gobiernos interpretar de manera apropiada la Declaración Universal de los Derechos Humanos dado que:   

Todas las personas tienen el derecho a la vida, la libertad y la seguridad personal (Artículo 3)

Los hombres y mujeres en edad madura, sin ninguna limitación debido a su raza, nacionalidad o religión, tienen derecho a contraer matrimonio y a establecer una familia. (Artículo 16)

La familia es el grupo de unidad natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a protección por parte de la sociedad y el estado (Artículo 16)

La maternidad y la niñez da derecho a asistencia y cuidados especiales (Articulo 25)

Los padres tienen el derecho prioritario a elegir el tipo de educación que se les dará a sus hijos (Articulo 26)”. 

Cfam

Lo urgente y lo importante reunidos en medio del vendaval de los tiempos revueltos.