VIAJES POR EL MUNDO (38): TETUÁN

“Han venido dos bereberes a traerme la piel de una pantera muerta hace muy poco — cuenta el escritor polaco Jean Potocki en su “Viaje a Marruecos” —. Venían de las montañas que están a tres jornadas de distancia. Habían sido veinte para realizar la cacería y habían rodeado la guarida del animal, quien se arrojaba de uno a otro y parecía más bien volar que correr. Consiguió matar a un joven bereber  y herir a varios otros.
Con este motivo he sabido que existen en los alrededores de Tetuán muchas hienas, con las que se han hecho muchos relatos. Entre otros, que su cerebro tiene la propiedad de privar de la razón a los que lo comen y por ello suele decirse de quien está atontado que “ ha comido hiena”.

Cuando digo bereberes me refiero a los montañeses, que viven en cabañas  y no en tiendas y hablan un dialecto árabe que es diferente del de los nómadas. Probablemente es a este pueblo al que hay que atribuir lo que los historiadores árabes dicen de la llegada de los bereberes y no a los schilloch tal y como yo creía hasta la fecha.”

 

(Imagen – — 1- boda en Marruecos – museo del Louvre)

VIAJES POR EL MUNDO (15) : CONSTANTINOPLA

 

 

“Sin duda habrá oído usted hablar – le cuenta el escritor polaco Jean Potocki a su madre en el siglo XVlll – del cuidado que en Constantinopla se tiene con los perros y los gatos que pueblan las calles de esta ciudad. Pero esos animales no son los únicos que tienen derecho a la generosidad de los turcos. Un infinito número de tórtolas y palomas torcaces que viven libremente bajo los tejados, se acercan a las barcas cargadas de grano y parecen exigir con altivez su derecho, que por lo general se fija en una medida por barcaza.

 

 

Las aves acuáticas, de las que está cubierto el canal, apenas se apartan cuando el remo está a punto de tocarlas, y sus nidos son respetados, incluso por los niños que, en cualquier otra parte, serían sus enemigos naturales. En fin, la mutua confianza restablecida entre el hombre y los animales parece, de vez en cuando, devolver al observador a la infancia de la naturaleza; pero sin duda lo que acabará conquistándola en favor de los turcos, es su respeto por los árboles; cortarlos es un crimen enorme, que hace murmurar a todo el vecindario, de modo que nada hay que no se haga para evitarlo. He visto a menudo tiendas levantadas alrededor de un gran plátano que salía por encima del tejado y lo cubría con su follaje, o muros atravesados por una rama que no habían podido decidirse a cortar. Los viejos árboles están en su mayoría rodeados por una terraza que sirve para contener sus raíces. Los jóvenes tienen un abrigo de estera, y todo ello en terrenos que no pertenecen a nadie.”

 

 

(Imágenes-1- Walter Leistikow/ 2- Lesser Ury- 1909/ 3- Gustav Klimt- detalle del árbol de la vida – 1909)