FRAGMENTOS

 

 

”Por mi costado derecho corre un río.

Rompen las olas en mi corazón.

Labra mi vida

un acopio de tiempos fragmentados.

Huele esta flor marchita como si aún viviera.

Tiempos que, en mi mente,

antes de terminar ya habían terminado,

antes de romperse ya estaban rotos,

antes de nacer ya habían nacido.

Como varía el color

sobre cada minúscula.porción de mi piel,

avanzan remolinos de tiempo.

Mi cuerpo, un intercambio de tiempos innúmeros,

un compuesto de pequeños pedazos,

parecido al hollín que despiden las fábricas.

Lo que siento sucede en mi interior

atado a un tiempo concreto,

lo fragmento aún más

hasta que veo sus pequeños pedazos

contra la refracción de la luz.

Por mi costado derecho corre un río.

Rompen las olas en mi corazón.”

Shinkichi Takahashi -“ Fragmentos” – “En la quietud del mundo”( edición de José Luis Fernández Castillo y Kyoko Mizoguchi)

(Imágenes – 1-Shibata Zeshin)

VIAJES POR EL MUNDO (11) : LA TORRE DE LONDRES

 

 

«Cuando la contemplo desde el lamado «Puente de la Torre», alzándose, ante mis ojos, allí, al otro lado del Támesisescribe el japonés Natsume Sōseki -, me pierdo en la intensidad de la mirada, preguntándome si soy una persona del presente o pertenezco yo también a los tiempos antiguos. Aunque de hecho estemos ya a comienzos del invierno, hace un día apacible. El cielo tiene un color de lejía mezclada con agua, y las nubes cuelgan bajas por encima de la Torre. Las aguas del Támesis muestran un color blanquecino, como si se las hubiera mezclado con yeso, y la corriente no produce ondulaciones perceptibles ni hace tampoco el menor ruido, aun moviéndose con rapidez. Una barca pasa con la vela izada por delante de la Torre. Navegando sobre un río sin viento, parece un ala blanca, de forma triangular, constantemente en reposo, siempre en el mismo punto. Dos grandes barcazas se deslizan río arriba. Un barquero solitario maneja un remo con lentos movimientos en la popa. En torno a la balaustrada del Puente de la Torre se agita una forma blanca, probablemente una gaviota. Todo lo que puedo observar está en calma. Todo parece lánguido y adormecido ; todo estå lleno de una sensación de pasado. Y en el centro, irguiéndose con frialdad, como derramando su desdén sobre el siglo XX, está la Torre de Londres. Allí se levanta, como diciendo; «Pasan los trenes de vapor, pasan los trenes eléctricos, pero mientras haya historia, sólo yo permaneceré para siempre».

 

 

(…) Giro a la izquierda y entro por la puerta de la Torre Sangrienta. En tiempos antiguos, aquí se recluyó a un número incontable de personas en la Guerra de las Rosas. Aquí, en esta Torre, se segó la vida de hombres y mujeres como si fueran hierba, aquí se hizo una carnicería con seres humanos como si fueran animales, aquí se apilaron cadáveres como si fueran salmón seco. No sin razón, pues, se le ha llamado la Torre Sangrienta.

(…) Me quedo mirando la Torre, envuelto por un aire saturado de humedad teñido de sepia, la contemplo boquiabierto. El Londres del siglo XX desaparece gradualmente del fondo de mi mente y, al mismo tiempo, la imagen de la Torre comienza a esbozar ante mis ojos, la historia del pasado en mi cerebro. Tengo una sensación como si el vapor que salía del té que he bebido a sorbos por la mañana, después de levantarme, hubiera prolongado un sueño dejado atrás al despertarme».

 

 

(Imágenes- 1- John Atkinson Grimshaw/ 2- Albert Goodwim/ 3- Claude Monet – 1871)

KIMONOS

kimonos- noou- kimono tradicional- wikipedia

 

«A veces, cuando recorría su guardarropa, Shimamura se decía que alguno de sus kimonos de verano estaba confeccionado con casi un siglo de antigüedad. Cada año, enviaba todos sus kimonos a blanquear en la región, con el mismo procedimiento. Era toda una tarea el traslado de aquellas prendas hasta las montañas donde habían sido hilados originariamente, pero a Shimamura le gustaba la idea de que sus kimonos estuvieran en manos tan confiables, extendidos en la nieve al sol hasta eliminar el menor rastro de impureza acumulado durante cada verano. Al ponérselos de nuevo, se sentía él mismo blanqueado de toda impureza. Y de todas maneras, un negocio de Tokio se encargaba de retirarlos, enviarlos a la montaña y traerlos de regreso, impecables y a todas luces sometidos a la manera tradicional.

 

kimonos- nuy- Homongi-wikipedia

 

Desde tiempos inmemoriales había casas dedicadas exclusivamente al blanqueado. Muchas tejedoras preferían no hacerlo. El Chijimi  blanco se tendía directamente sobre la nieve luego de ser hilado; el Chijimi de color era blanqueado en los mismos marcos en los que se lo hilaba. La temporada de blanqueado comenzaba a fines de enero y se extendía hasta fines de febrero, mientras hubiera nieve en los prados de la región.

 

kimono-bre-brigdeman- national geograpic

 

La tela era sumergida durante la noche en agua con lejía y un puñado de ceniza. Por la mañana se la enjuagaba una y otra vez, se la escurría y se la ponía a secar al sol. El proceso se repetía sin variaciones ni desmayos hasta el momento indescriptible en que los rayos del sol comenzaban a tornar el blanco de la seda en rojo sangre. Ese momento señalaba el fin de las tareas invernales y el comienzo de la primavera, según había leído Shimamura en un libro antiguo. Un fenómeno tan desconocido como impactante para los que venían de regiones más cálidas».

Yasunari Kawabata.- «País de nieve»

 

Japón- Kawabata- mil novecientos treinta y ocho- wikipedia

 

(Imágenes.-1 y 2- kimonos- Wikipedia/ 3.- kimono- bridgeman nathional geograpic/ 4.- Kawabata en 1938- Wikipedia)

LA LUZ Y LA SOMBRA

 

japón-rexx-Kabuki- teatro tradicional japonés

 

«¿Pero por qué esa tendencia a buscar lo bello en lo oscuro sólo se manifiesta con tanta fuerza entre los orientales? Hasta hace no mucho tampoco en Occidente conocían la electricidad, el gas o el petróleo pero, que yo sepa – dice Tanizaki -, nunca han experimentado la tentación de disfrutar con la sombra; desde siempre, los espectros japoneses han carecido de pies; los espectros de Occidente tienen pies, pero en cambio todo su cuerpo, al parecer, es translúcido. Aunque sólo sea por estos detalles, resulta evidente que nuestra propia imaginación se mueve entre tinieblas negras como la laca, mientras que los occidentales atribuyen incluso a sus espectros la limpidez del cristal.

 

japón-uyyn-Kawano Kaoru- mil novecientos sesenta

 

Los colores que a nosotros nos gustan para los objetos de uso diario son estratificaciones de sombras; los colores que ellos prefieren condensan en sí todos los rayos del sol. Nosotros apreciamos la pátina sobre la plata y el cobre; ellos la consideran sucia y antihigiénica, y no están contentos hasta que el metal brilla a fuerza de frotarlo. En sus viviendas evitan cuanto pueden los recovecos y blanquean techo y paredes. Incluso cuando diseñan sus jardines, donde nosotros colocaríamos bosquecillos umbríos, ellos despliegan extensiones de césped.

 

flores.-4fr.-Yoshitaka Amano.-Japón.-in The Garden Of Kinf Marques Castillo

 

¿Cuál puede ser el origen de una diferencia tan radical en los gustos? Mirándolo bien, como los orientales intentamos adaptarnos a los límites que nos son impuestos, siempre nos hemos conformado con nuestra condición presente; no experimentamos, por lo tanto, ninguna repulsión hacia lo oscuro; nos resignamos a ello como a algo inevitable: que la luz es pobre, ¡pues que lo sea!, es más, nos hundimos con deleite en las tinieblas y les encontramos una belleza muy particular».

Junichirö  Tanizaki.- «El elogio de la sombra»

paisajes.-3213.-Zeshin Shibata.-Japón 1807-1891.-Fondos Bell y Fondos Annenberg((Imágenes.- 1.-Kabuki- teatro tradicional/ 2.-Kawano Kaoru– 1960/ 3.-Yoshitaka Amano/ 4.-Zeshin Shibata- fondos Bell)

LAS CARTAS DE HISAE IZUMI

 

japón-vvgu-Kisho Tsukuda

 

«También por entonces Hisae ‑ya en las primeras décadas del siglo XV‑ se dedicó a escribir. No abandonó del todo sus clases pero muchas tardes, a primera hora, se retiraba a una habitación aislada de una casa cercana a aquel lago y en silencio disponía todo un largo ritual. Vestida con un kimono rojo de tonos intensos colocaba primero una alfombrilla negra para que reposara el papel que iba a utilizar, acercaba después una pequeña vara de metal para que se mantuviera aquel papel inmóvil y escogía luego un papel especial, un delgadísimo papel de color verde sobre el que escribía sus cartas; situaba más tarde el tintero con la tinta sólida que se iba a deshacer en el agua hasta lograr un punto exacto de liquidez y entonces tomaba el pincel. Nunca sabía Hisae si esa tarde iba a pintar o a escribir. Ella afirmó muchas veces que en aquellas cartas que escribió en su retiro procuraba pintar los rasgos de la escritura y a la vez intentaba pintar la vida con su caligrafía, procurando hacer las dos cosas al unísono. Recordaba ‑porque así su mano lo hacía‑ que no debía escribir nunca con caracteres rígidos, es decir, a la manera masculina, ni tampoco que las líneas verticales tenían por qué estar divididas de forma paralela y simétrica. Eso ‑Hisae lo sabía muy bien‑ provenía de China, y era únicamente para los hombres. Ella en cambio era japonesa y la pequeña muñeca de su mano asomando por la manga de su kimono rojo no escribía bajo la sombra del ciruelo sino bajo la del cerezo:  era una escritura femenina, llena de sensibilidad exquisita, que se iba convirtiendo en el espejo del alma. Muchas tardes, asomándose a las profundidades de aquel papel verde, veía perfectamente su alma reflejada: Hisae contemplaba allí confusamente detalles de su infancia, pero ante todo descubría que la caligrafía era hermana de la poesía y entonces su mano, sin ella quererlo, comenzaba a escribir caligrafía de la poesía y eso lo hacía con un pincel de bambú y pelo o con otro que ella tenía muy bien guardado de pelo y ancha pluma, con el que iba marcando muy despacio sus trazos continuos ascendentes y descendentes.

 

Japón-nnnjju- Utagawa Toyokuni ll - mil ochocientos treinta y cuatro

 

Así escribió muchas cartas. Fueron célebres y pasaron de mano en mano hasta ser recogidas y comentadas por diversos expertos durante varios siglos. Hoy día han sido muy glosadas e interpretadas en distintas ediciones, y una abundante selección de ellas puede encontrarse en las famosas obras de Origuchi Shinobu  y de Konishi Jun ‘ichi. Estos dos destacados historiadores hacen ver que la importancia de las cartas de Hisae Izumi no reside sólo en su contenido sino en su prodigiosa velocidad de comunicación, algo único en la literatura japonesa, en toda la literatura oriental y también ‑hay que atreverse a decirlo‑ incluso en las literaturas de Occidente, puesto que esa modalidad del género epistolar constituye realmente un caso insólito, algo verdaderamente excepcional y que nunca más se ha repetido. Cuenta Konishi en su obra ‑y lo ilustra con precisos documentos‑ que efectivamente Hisae se inclinaba cada tarde sobre su papel verde disponiéndose a escribir. Pero añade que algo ocurría en ese momento; ese algo siempre ha causado fascinación a los comentaristas. Al acercar su pincel al papel, Hisae descubría en la parte superior de la hoja unas palabras que ya estaban escritas. Conforme acercaba algo más su pincel al papel aquellas palabras se iban extendiendo poco a poco sobre la superficie e iban formando líneas, frases y párrafos. Aquellas líneas y párrafos eran perfectamente inteligibles. A veces eran poemas, en ocasiones cuentos o principios de cuentos, otras veces el inicio de cartas que nadie podía imaginar de dónde provenían. De esta forma, antes de empezar a escribir, Hisae notaba que alguien ya se le había adelantado y que ese alguien ocultaba su rostro mostrando sólo su escritura, y que el espejo del papel enseñaba unos rasgos finos y gruesos, de trazo natural y apacible, nada ásperos ni viriles, en absoluto cargados de rudeza, por lo que Hisae empezó a intuir que aquella escritura bien podía ser la de un alma gemela a la suya, es decir, la de una mujer desconocida, alguien femenino que intentara comunicarse con ella, o bien desahogarse, o simplemente hacerle confidencias. Cada vez que Hisae alejaba su pincel del papel, el otro (o la otra) se detenía; cada vez que Hisae se acercaba intentando escribir de nuevo, el otro (o la otra) se le adelantaba expandiendo cada vez más sus largos trazos de tinta».

José Julio Perlado -(del libro «Una dama japonesa«) (relato inédito)

 

japonesa.-Ukiyo-e.-signatureillustration.org

 

(Imágenes.- 1-Kisho Tsukuda/ 2.- Utagawa Toyokuni ll- 1834/ 3.- signatureilustratio org)

 

EL ARTISTA Y LA NATURALEZA

mariposas-uunnb-flores-Shibata Zeshin

 

«Tengo profundamente arraigados en todo mi ser los recuerdos vivos e inolvidables de los montículos, de los arroyos, de los campos que recorrí en mi niñez y la pasión con que contemplaba mi colección de insectos. De hecho, mi seudónimo «Ozamu» se puede leer «Ozamushi», que es un tipo de escarabajo. Aún recuerdo con nitidez la magnificencia y la riqueza de la naturaleza. Hasta hace poco en cualquier pueblo crecían bosquecillos y se extendían campos donde los niños pasaban el tiempo con el cabecilla de su banda jugando en plena naturaleza hasta la puesta de sol. Era un reino de fantasía, una estación espacial, una frontera inexplorada para aventureros.

 

japón.-2989.-Shibata Zeshin-japoneses art

 

 

Era un sitio eterno e infinito donde se extendía la fantasía. Por pequeño que fuera, muy cerca de cada hogar existía un lugar así, donde los niños podían dejar aletear sus sueños con total libertad para que se adentrasen de un salto hacia el universo. El atardecer en el bosque, el susurro del viento, las nubes blancas discurriendo en lo alto del cielo azul. En contacto con la naturaleza, de pequeño, siempre me sentía seguro y tranquilo. Y ahora que soy mayor me siento de la misma manera. Creo que todos sentimos lo mismo. Por mucho que el ser humano evolucione, profundice en la cultura materialista o avance en la ciencia no deja de ser parte de la naturaleza y por tanto no puede negarla, porque sería como negarse a sí mismo el hecho de ser humano (…)

 

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Cuando me atrapa la ajetreada vida de trabajo en la gran ciudad, rescato mis recuerdos de esa magnífica naturaleza, que me refresca por dentro como si fuera agua de manantial.»

Osamu Tezuka

 

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(Imágenes.-1,2, 3 y 4- Shibata Zeshin.-metromuseum)