“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS’ : MEMORIAS (23) : CORTÁZAR

 

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando  desde el 30 de marzo los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

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MEMORIAS   (23) : Cortázar

 

 

10 mayo

 

– Una curiosidad – me dice hoy, después de varios días, la periodista nada más llegar -: en varias ocasiones me ha hablado usted de que suele escribir en el coche … El otro día, al hablarme de Roma, volvió a recordarme cómo se detenía usted junto a las Termas de Caracalla para escribir…
¿Es eso una manía, una costumbre…? Creí que siempre trabajaba en el despacho…

 

-No, en absoluto. No es una costumbre. Simplemente un aprovechamiento del tiempo. Me gusta crear mis propios “despachos”, un recinto privado en cualquier parte. El automóvil me sirve. Además es un “despacho” que se puede desplazar, que puedo orientarlo a diversos paisajes. Me coloco en el asiento a la derecha del volante, es decir, en lo que se llama el asiento del copiloto, pongo mis libros y cuadernos al alcance de la mano y me dedico a trabajar. Pero yo escribo en cualquier parte, como le digo. He escrito en mil sitios distintos, naturalmente en este despacho en el que estamos, pero también al aire libre, en una gran Biblioteca, en estudios apartados, en carreteras secundarias, en bosques silenciosos, y muchas veces, sí, en el interior del automóvil. En Galicia, por ejemplo, recuerdo que solía conducir muy despacio por un camino de hayedos, en un lugar entre Villagarcía de Arosa y Caldas de Reyes, en Pontevedra, hasta encontrar un mismo lugar como refugio, que era un sitio preciso, un despacho natural, con unos árboles que ya conocía. Recuerdo que brillaban gotas de lluvia en los helechos y allí permanecía largas horas estudiando y escribiendo junto a cortezas agrietadas y hojas verdes y oscuras. Un día, escuchando dentro del coche la voz de Cortázar que hacía años llevaba guardada en mi grabadora desde el día en que mantuvimos los dos un coloquio, aún me parecía ver entre aquellos árboles su alta figura cuando tuve el encuentro con él en Madrid un año antes de su muerte. “Un cuento, me había dicho él entonces y ahora lo volvía a escuchar, es como andar en bicicleta. Mientras se mantiene la velocidad el equilibro es muy fácil, pero si se empieza a perder velocidad ahí te caes y un cuento que pierde velocidad al final, pues es un golpe para el autor y para el lector”. Me impresionaba oír de nuevo su voz en el bosque, dentro del coche, una voz argentina, cadenciosa, deslizando las erres y las eses, pero igual que me impresiona siempre oír la voz de alguien que ya no está con nosotros. La voz humana es algo muy profundo, singular, muy personal, con sus timbres y tonos únicos; algo que, al menos para mí, me conmueve más que una fotografía. Cortázar, con sus largas piernas, sus grandes barbas y sus grandes gafas, me hablaba del cuento porque yo se lo había preguntado y ahora le volvía a ver en aquel hotel madrileño donde charlamos sobre su libro “Deshoras” y en ese momento, en el monte silencioso de Galicia y sobre suelos de humedad brillante, en aquel despacho móvil y personal que yo me había fabricado con las ventanillas abiertas y un aroma fresco a madera, volvía a oír al autor de tantos cuentos recordándome que nadie había definido hasta entonces un cuento de manera satisfactoria porque cada escritor tiene su propia idea del cuento. El cuento para Cortázar era un relato en el que lo que interesaba era una cierta tensión, una cierta capacidad de arrastrar al lector y llevarlo de una manera que se podría calificar casi de fatal hacia una desembocadura, hacia un final. Yo escuchaba su voz en el silencio del bosque y recordaba también la experiencia que él me había narrado al hablarme de su “Diario para un cuento”, un relato incluido en “Deshoras“, un experimento, me dijo, para ver si frente al problema de no encontrar un camino para escribir un cuento, al describir esas dificultades en forma de Diario (es decir, todos los problemas del escritor que no encuentra el camino), el cuento quedaba atrapado dentro del Diario. Cortázar me había confesado que había tenido que dar vueltas en torno a ese cuento, mirándolo por todos lados, y hablando continuamente de los problemas que le impedían escribirlo. Al recordar aquellos problemas de creación del escritor argentino volvía yo a levantar ahora la vista desde el automóvil hacia el aire húmedo de los árboles, paseaba mi mirada sobre el musgo y las hojas, y evocaba los momentos en que había querido estar muy cerca de creadores y artistas, como así se lo comentaba a usted el otro día, preguntándoles por sus dudas .

-¿Y qué impresión le causó Cortázar?

-Un hombre afable, cordial, muy cercano, un hombre que dudaba.

-¿Dudaba?

-Sí, dudaba; en ese momento dudaba respecto a sus textos, al menos eso me pareció; siempre le daba muchas vueltas a sus textos, les daba vueltas por todos lados hasta encontrar su forma.

-¿Usted lo había visto antes en París?

-No, en París no coincidí nunca con él. Tampoco lo busqué. Vi a otros escritores pero no a Cortázar. Pero esto de dar vueltas a los propios textos es muy típico del escritor. Bernard Shaw decía, “Demasiado cansado para trabajar, escribo libros”. Lo que pasa es que hay otro tipo de cansancio: el cansancio de cualquier artista intentando lograr una obra aceptable. Como creo que he dicho alguna vez, y eso es una convicción en mí, la labor del escritor es bastante parecida a la que puede ser la de un relojero, es decir, a la de un cuidadoso artesano: un cuidadoso artesano ante una hoja en blanco. Un escritor en su taller o en su despacho toma – lo mismo que hace un relojero- unas lentes de aumento para observar las palabras, emplea a la vez pinzas personales (su lápiz, su pluma, el ordenador en cuyo teclado pone las yemas de los dedos), también con frecuencia utiliza una especie de destornillador íntimo para desarmar primero sus ideas y luego para volver a armarlas, se concentra totalmente, o al menos así debería hacerlo, en la operación que realiza, se sirve y a la vez se olvida de sus herramientas, puesto que si piensa excesivamente en sus herramientas y no se deja llevar por el misterio de la escritura lesionará su creación, y sobre todo y principalmente, debe dedicar muchas horas a escribir. Un escritor ha de permanecer sentado durante mucho tiempo, durante muchas horas, es necesario que permanezca allí trabajando con toda paciencia, atentamente, tenazmente, igual que lo hace el artesano, lo mismo que el relojero cuando instala su minúscula pieza en el mecanismo del reloj.

José Julio Perlado —“Los cuadernos Miquelrius” (Memorias)

(Continuará)

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SONREIR EN UN BLOG (9) : BUSCADOR AUTOMÁTICO DE LIBROS

 

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“Se parece a esos llaveros que alguien popularizó hace un par de décadas. Entonces uno silbaba y el llavero emitía un ruido que ayudaba a localizar las llaves perdidas. En este caso, dado lo arduo que puede resultar hallar un libro en una biblioteca vasta y muy desordenada, se toma una especie de control remoto, se escribe el apellido del autor, una o dos palabras del título y… santo remedio: el libro suelta el zumbido que equivale a decir “acá estoy”.

Obviamente  – prosigue el argentino Eduardo Berti en suInventario de inventos” (Impedimenta) – esto existe ( por ahora) en la ficción. En una colección de cuentos de la escritora Minh Tran Huy, cuyo título sería fácil de citar si el libro apareciera al fin, entre el abarrotado caos. Pero el libro y el control remoto no se encuentran por ningún lugar”.

 

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(Imágenes- 1- Charles Matton– 2000/ 2.- Charles Matton- Pinterest)

RICARDO PIGLIA

 

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“Escribo – decía Ricardo Piglia, el escritor argentino que acaba de fallecer – porque el mundo de la ficción me intriga: la circulación de las historias, los disfraces de las lenguas y el poder de crear. La literatura es el laboratorio de lo posible: un lugar en el que se puede experimentar; hacer lo viejo con lo nuevo. Escribo porque la literatura es la forma privada de la utopía”.

¿Qué es un lector?, se había querido preguntar Piglia en más de una ocasión. “Al fijar las escenas de lectura – respondía -, la literatura individualiza y designa al que lee, lo hace ver en un contexto preciso, lo nombra. Y el nombre propio es un acontecimiento porque el lector tiende a ser anónimo e invisible. Por de pronto, el nombre asociado a la lectura remite a la cita, a la traducción, a la copia, a los distintos modos de escribir una lectura, de hacer visible que se ha leído (…) Para poder definir al lector primero hay que saber nombrarlo, individualizarlo, contar su historia. La literatura hace eso: le da, al lector, un nombre y una historia, lo sustrae de la práctica múltiple y anónima, lo hace visible en un contexto preciso, lo integra en una narración particular. La pregunta “qué es un lector” es, en definitiva, la pregunta de la literatura. Esa pregunta la constituye, no es externa a sí misma, es su condición de existencia. Y su respuesta – para beneficio de todos nosotros, lectores imperfectos pero reales – es un relato: inquietante, singular y siempre distinto”.

Descanse en paz.

 

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(Imágenes. -1-Ricardo Piglia- change org/ 2.-Piglia- culturamas)

VIAJAR POR LA RED

 

televisión-nhyy-Nam June Paik- mil novecientos sesenta y cinco

 

“El famoso consejo de E. M Forster:sólo conéctate” ha tomado la forma de una interconexión mecánica, el sentimiento de que gracias a la w w w nunca estamos solos. – explica Alberto Manguel en un ensayo sobre “el lector como metáfora” (Fondo de Cultura)Viajamos en rebaños, platicamos en grupos, adquirimos amigos en Facebook, tememos a un cuarto vacío y a la imagen de una sola sombra en nuestro muro. Nos sentimos incómodos leyendo en soledad, queremos que nuestra lectura esté “interconectada”, compartimos comentarios en pantalla, nos guiamos por listas de best-sellers que nos dicen lo que otros están leyendo (…)” Es el viaje por la Red, un viaje sobre textos e imágenes, una lectura que muchas veces salta de un lado a otro, cuyo sendero va de posada en

 

televisión-bbhu- Chris Marker

 

posada, que en tantas ocasiones no se detiene, atisba aquí y allá el título y dimensiones del texto, calibra en un segundo si aquello le interesa o no, y vuelve a saltar instantáneo hacia otra imagen, otro texto, el viaje se hace navegación y la navegación se pierde en puertos innumerables.

“Cuando nos conectamos a la Red – ha querido recordar también Nicholas Carr -, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial. Es posible pensar profundamente mientras se navega por la Red, como es posible pensar someramente cuando se lee un libro, pero no es éste el tipo de pensamiento que la tecnología promueve y recompensa (…) La extensa actividad cerebral de un navegante de la Red apunta a por qué la lectura atenta y otras actividades de concentración sostenida se vuelven tan arduas online“.

 

objetos.-77j.-televisión.-las pequeñas pantallas.- Lee Friedlander --2001

 

“Nosotros, lectores de un texto electrónico – añade igualmente Manguel -, partimos por paneles móviles que ponen frente a nosotros recintos de escritura idénticos entre sí. Echamos un vistazo a una página siempre presente que no está rodeada de un espacio libre para el comentario sino, en muchos casos, por vínculos predestinados a otras páginas, así como por anuncios distractores. En la pantalla no tenemos el sentido material del seguimiento físico de la historia, a diferencia de lo que sucede cuando sostenemos un códice entre nuestras manos. Es útil, por supuesto, pero también limita. Como viajeros del ciberespacio necesitamos ser más conscientes de estas limitaciones y encontrar maneras de reclamar nuestra libertad de viajeros”.

 

La Red- tyyu- wikipedia

 

(Imágenes.- 1.-Nam June Paik– 1965/ 2.-Chris Marker/ 3.- Lee Friedlander– 2001- 4.- Wikipedia)

ANIMALES, HISTORIA, LITERATURA

interiores-innju- perros- Andrew Wyeth- mil novecientos sesenta y cinco

 

 

“Los mejores animales de la literatura – comenta Ricardo Piglia enLos diarios de Emilio Renzi” – son los de Kafka:Investigaciones de un perro”,Josefina, la rata que canta“, “El mono que presenta su informe a la academia”. En verdad en Kafka los animales son intelectuales o artistas.  Mientras que el oso de Faulkner o la ballena de Melville son formas de la naturaleza bravía. Ahora bien, ¿ qué decir de los caballos que abundan en la literatura argentina?”. Animales célebres han poblado novelas y poesías. Biografías de perros han sido inmortalizados por Virginia Woolf o por Mujica Láinez, entre numerosos escritores.

 

perros-nnhh-William Wegman

 

Los perros, a su vez,  en la Historia han tenido muchas veces espacios sorprendentes. Cuenta Paul Morand y así lo evoca Ignacio Peyró enPompa y circunstancia” – que  un tal lord Egerton tenía  siempre la mesa puesta con doce cubiertos: para sus doce perros; por su parte, el excéntrico John-Jack-Mytton tenía dos mil perros, ante todo rehalas para la caza del zorro, y no pocos de ellos iban con librea y eran alimentados por su generoso dueño con filetes y champagne. Respecto a gatos, el más célebre de la historia de Inglaterra, según Peyró, fue el gato Hodge, tal como nos lo cuenta James Boswell: el gran doctor Johnson se aliviaba las melancolías jugando con él y se ocupaba personalmente de comprarle comida, no fuera que los sirvientes “tomaran en desagrado a la pobre criatura” y Johnson lo alimentaba con ostras, por entonces baratas.

 

animales.-89nn.-gatos.- Chefchaouen.-Marruecos - copia

 

Durante mucho tiempo los gatos han sido mirados en Europa como un animal negativo. Poco a poco se ha ido transformando en animal doméstico, después en compañero familiar de la vida cotidiana para llegar al fin a ser alguien en el que depositar cariño. Montaigne, La Fontaine, Montesquieu, entre muchos otros, han hablado de su gato y han procurado revalorizarlo. Aldous Huxley, cuando le pidió consejo un joven amigo para iniciar su carrera literaria, se limitó a decirle: “Si quiere usted escribir, tenga gatos”.

(Imágenes.- 1.-Andrew Wyeth- 1965/ 2.- William Wegman/ 3.- Chefchaouen– marruecos)

EL PAÍS DE APHANIA

libros-unnb-calle- MC Escher- mil novecientos treinta y siete

 

“Reino de Europa central – lo describe Alberto Manguel -. Este país es célebre por sus campanas y sus campanarios, así como por la estatua del rey Rumti, a quien un hada buena transformó en piedra porque, distraído, se había olvidado de dar limosna a un mendigo.

Aphania es un país totalmente literario – continúa Manguel en su “Diccionario de lugares imaginarios” al evocar  la obra de Tom HoodPetsetilla´s  Possy”, de 1871 -. Existe en ese país un código penal para las faltas de estilo y una Corte de letras presidida por seis jueces que reciben enormes salarios para compensar su obligada abstención de la literatura. Los culpables de plagiar las obras de otros escritores son obligados a empujar la rueda del molino durante tres años (…) Los errores de sintaxis se castigan con la pena capital. A fin de preservar la pureza del estilo, todos los adjetivos están guardados en la Biblioteca Nacional, y los autores no pueden emplear más de una cierta cantidad al día, con el permiso especial de, al menos, tres de los Jueces de Letras. A pesar de

 

libros-inntu- interiores-Carl Hammoud- dos mil cinco

 

esta rigurosa medida, un gran número de libros – la mayor parte de calidad – son publicados cada año. Los reglamentos de Aphania son particulares en cuanto a la edición: el editor se reembolsa el costo del papel, la impresión y la encuadernación del libro, según un determinado porcentaje que varía entre el uno y el cinco por ciento según la clase de edición. Como nadie mejor que él puede juzgar el valor de los libros, si el libro es malo es de ley que pierda íntegramente el valor de la edición.

 

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(…)  El Rememorador Oficial  guarda la Historia y debe recordarle al rey todas las cosas. Este puesto fue creado por el rey Buffo LXl , quien había perdido el extremo superior de la cabeza – incluyendo el asiento de la memoria – en un combate contra Swashdash, el gigante usurpador”, concluye Manguel  sintetizando así el paisaje de este imaginario país de fantasía.

 

 

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(Imágenes.-1-MC Escher- 1937/ 2.-Carl Hammoud– 2005/ 3 y 4- Su Blackwell)

RECITAR A DANTE

escritores.-997.-Giovanni di Paolo.- Dante Alighieri

“Yendo Dante a sus asuntos por Porta San Pietrocuenta Franco Sacchetti -, ve – y aún peor, oye – a un herrero que mientras batía el hierro en el yunque, cantaba a Dante como se canta un cantar, y desbarataba sus versos, cortando aquí y pegando allá; pareció a Dante que se le hacía así gran ofensa. Sin decir nada, se acerca a la fragua del herrero, donde éste tenía los hierros para su mester; agarra Dante el martillo y lo tira a la calle, agarra las tenazas y las tira a la calle, agarra unas pesas y las tira a la calle, y así fue tirando muchas herramientas. El herrero, revolviéndose furioso, le dice:

– ¿Qué diablos hacéis? ¿ Os habéis vuelto loco?

Dice Dante:

– ¿Y tú qué haces?

– Yo hago mi mester – dice el herrero – y vos me estropeáis las herramientas, tirándolas a la calle.

– Si no quieres que estropee tus cosas, no estropees tú las mías.

Dijo el herrero:

– ¿Qué os estropeo yo?

Dijo Dante:

– Tú cantas el libro y no lo dices como yo lo hice; yo no tengo otro oficio y tú me lo estropeas.

El herrero soberbio, no sabiendo qué responder, recoge sus cosas y vuelve a su trabajo; y cuando quiso cantar, cantó de Tristán y Lanzarote y dejó en paz a Dante.”

Dante.-rrvgg,..-Sandro Boticelli.-wikipedia

Evoca esto Umberto Eco en su prólogo a “Mi Dante”, de Roberto Benigni (Confluencias), en donde el actor y director italiano ofrece su personal “Lectura de la Divina Comedia” desplegando todas sus habilidades interpretativas que le han llevado a reunir multitudes como, por ejemplo, en la plaza Santa Croce de Florencia, donde su espectáculo TuttoDante congregó en 2007 a más de setenta mil espectadores para escuchar – en la voz y con los gestos de Benigni – trece cantos de Dante, uno por noche, como una única gran narración.

Benigni recita a Dante recuerda Eco – con acento toscano, es decir, hace exactamente lo que hacían los contemporáneos de Dante y que Dante quería que hiciesen, si lo hubieran hecho de manera correcta.

Dante, hacia 1316, en una famosa carta al representante imperial Can Grande della Scala, argumentaba – y así lo recoge Alberto Manguel en “Una historia de la lectura” -que un texto tiene al menos dos lecturas “porque sacamos un significado de la letra, y otro de lo que la letra significa: al primero se le llama literal, y al otro, en cambio, alegórico.” Y Dante añade a continuación que el sentido alegórico comprende otras tres lecturas. Y todas esas variedades de lecturas, agrega Manguel, son posibles. Como es posible que esas lecturas se expandan en el aire, la voz las impulse en el espacio y del espacio y a través de la emoción y como si las palabras resonaran, convoquen aplausos de oyentes-espectadores.

BRONZINO.-BB.-caveza de Dante.-1532

Es la divulgación del genio ante las muchedumbres. Así, como señala Harold Bloom hablando de quienes han canonizado a DanteChaucer, Shelley, Yeats, Pound, Eliot, Borges y tantos más -, el íntimo sentido de la poesía inundará las calles, y muchos escucharán:

“Tan pronto como hirió a la vista mía

la alta virtud que ya me había herido

cuando estaba en mi infancia todavía,

los ojos a la izquierda he dirigido,

cual niño que a su madre corre y clama

si tiene miedo o hállase afligido,

por decir a Virgilio: “Ante esta dama,

cada dracma de sangre me ha temblado:

conozco el fuego de la antigua llama”;

pero Virgilio habíanos privado

de sí mismo, Virgilio, el padre amante,

Virgilio, a quien me había yo entregado;

todo cuanto perdió no fue bastante

la antigua madre, porque no mojada

fuera mi seca faz, ya sollozante.”

Dante.-4rrgg.-Henry Holiday.--el encuentro de Dante y Beatriz en el puente de Santa Trinidad.-wikipedia

(Imágenes: 1.- Giovanni di Paolo.-Dante Alighieri/2.-Dante en el exilio.-wikipedia/ 3.-Bronzino.-cabeza de Dante.-1532/4.- Henry Holiday.-“Dante y Beatriz”.- el encuentro entre Dante y Beatriz en el puente de Santa Trinidad.-wikipedia)