LA LITERATURA Y LA VIDA

 


 

“La literatura y la vida son como un juego — decía Vila Matas —. Lo raro de escribir es que uno se aparta de la vida para escribir sobre la vida y sobre el mundo. A la hora de escribir sobre aquello que es lo apartado, la combinación entre literatura y vida entonces ha de darse en lo que saco plenamente de ambas cosas.(…)  Hay gente que también cree que cuando escribes no estás viviendo; ése es otro error. Porque es evidente que cuando uno está escribiendo también está viviendo. Y cuando estás viviendo , en muchas ocasiones, como en mi caso, puedes estar escribiendo. Hay veces en que soy consciente de estar viviendo algo que luego escribiré. Normalmente, si hay este aliciente, me intereso más por la secuencia habitual en la que me encuentro. Por ejemplo, doy conferencias  y coloquios en público que suelen ser un poco latosos para el escritor que prefiere escribir a hablar en público. Sin embargo, las doy como si formaran parte de mi propio trabajo; son experiencias que intento utilizar para después convertirlas en algo que tiene su reflejo en lo que escribo. De este modo no tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo en actividades que están fuera de la escritura. Es decir, que conduzco todo a lo literario, en realidad a mi trabajo.

 

 

Cuando me olvido de que estoy trabajando es cuando estoy en la parada del autobús. Me olvido, simplemente. Pero también observo muchas cosas en la calle y muchas cosas valiosas, como un niño que patina y cae con su helado; eso se convierte en una historia: todo, todo está allí. La mente también funciona de manera literaria. Por eso en “Dublinesca”, como había previsto que se podrían incorporar más lectores a mi obra, a la tercera página le advierto al lector que el personaje central ve la vida de forma literaria. Aquellos que no me conocen, no tropezarán entonces con esta rareza. Es como si advirtiera que un carnicero tiene la manía de ver cosas en las nubes, y así, cuando éste mira a las nubes, la gente sabe que es algo normal y no lo encuentra extraño. Así , los lectores descubrirán que hay un personaje que ve todo a través de una especie de lentes literarios. Muchas veces cuando me quedo solo no pienso en nada literario ni me importa nada la literatura. Supongo que debe ser como la necesidad de que junto al amor esté el odio. E incluso en mi excedencia.”

 

 

 

(Imágenes — 1- Albert Marquet/ 2- CIG Harvey-2008- artnet/ 3- Gerhard Ritcher)

BLOOM Y LOS CLÁSICOS FUTUROS

lectura-nobb-interiores-Lynne Cohen-imageartslectures

 

” Aunque la lectura, la escritura y la enseñanza son necesariamente actos sociales – dice Harold Bloom en “El canon occidental” -, la enseñanza posee también un aspecto solitario, una soledad que  sólo dos pueden compartir (…) Gertrude Stein sostenía que uno escribía para sí mismo y para los desconocidos, una magnífica reflexión que yo extendería: uno lee para sí mismo y para los desconocidos”.

En estos días se debaten las declaraciones que ha hecho Bloom diciendo que “no me parece que en la literatura contemporánea, ya sea en inglés, en Estados Unidos, en español, catalán, francés, italiano, en las lenguas eslavas, haya nada radicalmente nuevo”,  y un gran lector y excelente crítico como es Alberto Mangel ha querido aportar sus opiniones distintas o complementarias señalando el valor de los influjos, lo que de algún modo quiso tratar también Harold Bloom en “Anatomía de la influencia”.

 

libros.-99z.-Aad Hofman

 

““Es ciertodice Mangel – que la voz de Cees Nooteboom tiene ecos de Ibn Battuta y Diderot; que en W. G. Sebald hay vestigios de Sir Thomas Browne y de Heine prosista; que Enrique Vila-Matas es heredero de Laurence Sterne; que Ismail Kadaré continúa la tradición de Herodoto y de Homero; que Jean Echenoz ha aprendido la lección de los novelistas franceses del XVIII; que Tom Stoppard debe mucho al teatro de Wilde y de Pirandello; que Tomas Tranströmer ha leído al Virgilio de las églogas y a Wordsworth; que Cynthia Ozick ha estudiado la obra de Henry James; que Pascal Quignard tiene una deuda con Montaigne. Todo esto es cierto, pero cierto es también que estos autores son únicos, y sus obras iluminan nuestro siglo como Cervantes y Shakespeare iluminaron el suyo.”

Iluminan nuestro siglo, afirma Mangel. ¿Podría, por tanto, ser alguno de ellos el clásico futuro? Azorín en 1945 publicó “Clásicos redivivos – Clásicos futuros” y tras considerar a Góngora, a Tirso o a Cervantes se adentraba en otros que entonces “iluminaban” también el siglo:  Pereda, en su casa de Polanco: Clarín, en su biblioteca de Oviedo, o en nombres hoy aún más olvidados, como José María Matheu o Ricardo León. Sólo en parte se salvaban Galdós, Baroja y Unamuno.

 

lectura-vvtty-Honoré Daumier- mil ochocientos ochenta y seis- The Metropolitan Museum of Art- Nueva York

 

Iluminar de algún modo el siglo es una cosa y perdurar es algo bien distinto. Eliot en su excelente ensayo “¿Qué es un clásico?“afirma que “si hay una palabra en la que podemos fijarnos y que sugiere el grado máximo de lo que entiendo por clásico es la palabra “madurez”( …) Un clásico sólo puede aparecer cuando una civilización ha llegado a su madurez, cuando una lengua y una literatura han alcanzado su madurez: el clásico sólo puede ser obra de una mentalidad madura (…) Hacer realmente aprehensible el significado de la madurez es quizá imposible, pero si somos maduros reconocemos la madurez de inmediato o llegamos a reconocerla a través de un trato más íntimo. Ningún lector de Shakespeare, por ejemplo, falla a la hora de reconocer, según avanza su propia madurez, la gradual maduración de la mente de Shakespeare, incluso los lectores menos experimentados pueden percibir el veloz desarrollo de la literatura“.

 

lectura-vvbbu-Juliano Lopez Dada

 

En nuestro ámbito, Francisco Rico al hablar de “Veintiún clásicos para el siglo XXl” (Crítica) recuerda que “un clásico lo es porque no se lee tanto cuanto se relee, individual o colectivamente (…) El clásico vive en la memoria, y puede y aún pide ser revisitado, libérrimamente, a fragmentos”.

Quizá toda la prueba de fuego esté en la relectura.

 

lectura-rrvgg-libors-Alexandre Antigna- siglo diecinueve

 

(Imágenes.- 1.-Lynne Cohen– imageartslecture/ 2.-Aad Hofman/ 3.-Honoré Daumier– 1886- The Metropolitan Museum of Art- New York/ 4.-Juliano López Dada/ 5.-Alexander Antigna)

GEORGES PEREC O LA SEGUNDA PERSONA

“Vida sin sorpresas. Estás a cubierto. Duermes, comes, caminas, sigues viviviendo, como una rata de laboratorio que un científico distraído hubiera olvidado en su laberinto (…) Ninguna jerarquía, ninguna preferencia. Tu indiferencia es inmutable, hombre gris para quien el gris no evoca gris alguno. No insensible, sino neutro. El agua te atrae tanto como la piedra, la oscuridad tanto como la luz, el calor tanto como el frío. Sólo existe tu marcha, y tu mirada, que se posa y resbala, ignorando lo bello, lo feo, lo familiar, lo sorprendente, sin recordar nunca nada sino combinaciones de formas y de luces, que se hacen y deshacen, sin cesar, en todas partes, en tu ojo, en los techos, a tus pies, en el

cielo, en tu espejo cuarteado, en el agua, en las piedras, en las multitudes. Plazas, avenidas, jardines y bulevares, árboles y rejas, hombres y mujeres, niños y perros, esperas, barullos, vehículos y escaparates, edificios, fachadas, columnas, capiteles, aceras, cunetas, adoquines de asperón que brillan bajo la fina lluvia …, silencios, clamores, multitudes de las estaciones, de las tiendas de los bulevares, calles repletas de gente, andenes repletos de gente, calles desiertas de los domingos de agosto, mañanas, tardes, noches, albas y crepúsculos.

Ahora eres el dueño anónimo del mundo – sigues escribiendo, Georges Perec, en tu novelaUn hombre que duerme” (Anagrama) -, aquel sobre el cual la historia ya no tiene poder, aquel que ya no siente caer la lluvia, que ya no ve venir la noche. No conoces sino tu propia evidencia: la de tu vida que continúa, la de tu respiración, la de tus pasos. Ves a las gentes ir y venir, las multitudes y las cosas hacerse y deshacerse. Ves, en el escaparate pequeñísimo de una mercería, una barra de cortina sobre la cual tus ojos se fijan de pronto: prosigues tu camino: eres inaccesible”.

Así vas alejándote poco a poco de las palabras, de este texto que lees en lengua española, de esta voz francesa que te va hablando, de los subtítulos ingleses que te ilustran.

Teclas, pantalla, imágenes, ordenador, habitación, pasos, escaleras, calles. Caminas mientras sigues escuchando esta voz en segunda persona, una voz inusual en la novela, una voz que te acompaña mientras cruzas, mientras descubres, mientras miras, mientras sales poco a poco del espacio de Mi Siglo y te incorporas al mundo.

(Ante la exposición que sobre los mundos de Georges Perec está teniendo lugar estos días en A Coruña)

(Imagen:- video del film “Un homme qui dort” (1974), realización de Bernard Queysanne  y G. Perec)