LIBROS MALOS Y BUENAS PELÍCULAS

 

 

“Sólo de los libros malos se hacen buenas películas. Así que nunca he elegido una buena novela para hacer una película; todas las novelas que he adaptado al cine son malas”, le confesó un día Buñuel a Vargas Llosa. Indudablemente existen excepciones. Pero al escritor peruano aquello le marcó. “Es muy difícil transformar —añadiría después — una buena novela en una película, pero en algunos casos se hace con éxito. Por ejemplo, Orson Welles hizo adaptaciones maravillosas, pero lo hizo tomándose muchas libertades, cambiando todo, porque el cine  tiene su propio lenguaje. Contar una historia con imágenes es muy distinto a contar una historia con palabras. Así que se debe ser totalmente libre para adaptar, cambiar o introducir nuevos elementos. El cine es, como la novela, un aspecto de la ficción. En una película, como en una novela, se crea una ficción que se convierte en una realidad separada que debe ser persuasiva y convincente. “

 

 

(Imágenes— 1– Brazier Celyn/ 2- El proceso- Orson Welles)

PRIMERAS Y SEGUNDAS LECTURAS

 


“El proceso” de Kafka, cuando lo leí por segunda vez en mi vida —comenta el personaje de una de las obras de Thomas Bernard —. me entusiasmó todavía más que la primera. Hay escritores, le había dicho a Gambetti, que entusiasman al lector, cuando los lee por segunda vez, en mucho mayor medida que la primera, y con Kafka me pasa siempre así. Recordaba a Kafka como un gran escritor, le había dicho a Gambetti, pero al volver a leerlo tuve absolutamente la impresión de acabar de leer a otro mucho mayor. No hay muchos escritores que a la segunda lectura se vuelvan más importantes, más grandiosos, a la mayoría los leemos por segunda vez y nos avergonzamos de haberlos leído siquiera la primera, con cientos de escritores nos ocurre así, pero no con Kafka y no con los grandes rusos, Dostoievski, Tolstoi, Turguénev, Lermontov, tampoco  con Proust, a los que cuento entre los más grandes. No considero el peor método de leer por segunda vez los escritores que hemos leído una vez y nos han impresionado, porque entonces son, o mucho mayores, o mucho más importantes, o no vale la pena hablar ya de ellos. De esa forma, además, no llevamos durante toda la vida un enorme lastre de literatura en la cabeza, que en definitiva hace enfermar, enfermar mortalmente, a esa cabeza nuestra.”

(Imagen – foto Suzanne Dechillothe- new York times)