DRAMA Y TRAGEDIA

teatro.-67gff.-por Louise Dahl-Wolfe.-all-art.org “La tragedia es limpia. Es tranquilizadora, es segura…” escribe Jean Anouilh en suAntígona“. En el drama, con sus traidores, la perfidia encarnizada,la inocencia perseguida, los vengadores, las almas nobles, los destellos de esperanza, resulta espantoso morir, como un accidente. (…) La tragedia es tranquilizadora porque se sabe que no hay más esperanza, porque se sabe que uno ha caído en la trampa (….)  En el drama el hombre se debate porque espera salir de él.” teatro.-8grg.-Gérard Uféras.-Teatro della Fenice.-Venecia.-1992 El drama y la tragedia se han tratado y comparado en tantas ocasiones que se anillan los libros y las citas, entre ellas las de Steiner o las de la “Nueva Enciclopedia” de Alberto Savinio, al que a veces me he referido aquí. Cuando leía la obra de Anouilh, el excelente profesor que entonces tenía me recordaba que la vida es drama y no tragedia, y ese convencimiento lo he tenido siempre. La vida es combate, lucha, y cuando, por ejemplo, en el periodismo, se estudian las cuestiones de interés humano dentro de los factores noticiosos, el conflicto como  tema emerge vibrante, junto a otras cuestiones como lo extraordinario, la solidaridad, la compasión, el progreso o el suspense.

teatro.-88he.-Félix Vallotton.-1909

El conflicto es, pues, la nuez del día, es lo que hay que resolver, es primeramente la lucha de uno consigo mismo, a la vez la lucha con el mal y la sombra, a la vez la lucha con ciertas coordenadas de la sociedad. Se diría que todo es felizmente dramático y no trágico, porque todo tiene solución, hay que encontrar la llave de la solución, dar con el punto de la llave con el que la cerradura gira y se abre a la luminosidad de la esperanza. Gabriel Marcel, al que conocí en París, dedicó hondas páginas a la esperanza. Y la esperanza siempre está al fondo del drama.

Atravesando los bosques del drama cotidiano – no precisamente de la tragedia – se encuentra el fin de la incertidumbre, una incertidumbre que volverá a aparecer mañana como, puntualmente, nos aguardará la esperanza.

 (Imágenes:- 1.-Louise- Dhal Wolfe-all art-org/ 2.-teatro de la Fenice.-Venecia.-1992/ 3.-Félix Vallotton.- en el teatro.-1909)

ESTAMPAS DE TOLSTOI (1)

“Por la mañana – recordaba Ilia Tolstoi, uno de los hijos del escritor -, mi padre salía de su habitación, que estaba en el primer piso, en el extremo de la casa, y en bata, con la barba despeinada, bajaba a vestirse. Volvía a salir de su despacho fresco, dispuesto, vestido con una blusa gris, e iba a tomar café a la sala, donde estábamos ya todos para desayunar. Cuando no había visitas no se quedaba mucho con nosotros. Llevaba un vaso de té y se volvía a su despacho; pero si se reunían algunos amigos, empezaba a conversar, se entusiasmaba y no podía decidirse a marcharse. Con una mano en el cinturón y en la otra su portavasos de plata con el vaso lleno de té, se quedaba cerca de la puerta, durante una media hora sin advertir que el té se enfriaba, y hablaba sin cesar. Sin saber por qué, en ese momento la conversación se ponía siempre particularmente interesante y animada”.

Es el gran escritor ruso retratado en su gran casa, observado en familia, y cuya filial evocación aparece enTolstoi en la intimidad” (Futuro). Éste es el personaje tratado por Steiner en suTolstoi o Dostoievski” , lo épico frente a lo dramático, teórica división del fluir de la existencia que algunos estudiosos y críticos desean hacer. ¿Cuánta parte de nuestra vida es épica y cuánta dramática? A veces las meras cuestiones diarias levantan su épica desde el suelo si adquieren pulso de eternidad y a veces esas mismas cuestiones se desgarran en dramatismos irremediables. Retablo de la vida continua y fragmentada en Tolstoi, fluir de esa vida y del tiempo, finales abiertos, omnisciencia como narrador. “Cuando escribo – le había dicho Tolstoi a Gorki – frecuentemente tengo piedad de mis personajes y entonces yo les presto cualquier buena cualidad, o le aumento una buena cualidad a otros, para que en comparación el otro no aparezca demasiado negro”.

“El despacho de papá – cuenta Ilia en sus recuerdos– está dividido en dos por grandes armarios llenos de libros. Para que no se caigan, estos armarios están sostenidos por medio de grandes travesaños de madera, entre los cuales se colocó una puertecita de abedul. Detrás de la puerta estaba la mesa escritorio de papá y su gran sillón antiguo, semirredondo. En las paredes se ven cuernos de ciervos traídos del Cáucaso y una cabeza de reno disecada. En esos cuerpos mi padre acostumbraba a colgar su toalla y su sombrero. En la pared, al lado, están los retratos de Dickens y Schopenhauer“.

Aquí trabajaba el hombre que consideraba el teatro como algo artificial mientras la vida y el campo eran para él algo natural y real, una vida que animaba todas sus obras, la alegría de la “visión homérica” y la armonía entre el hombre y el mundo. Aquí trabajaba el hombre que intentaba dominar sus estados de ánimo. “No tienes idea – le decía a su hijo Ilia – de lo que puede un estado de ánimo. Por ejemplo, uno se levanta fresco y dispuesto, con la mente clara; se comienza a escribir: todo va bien, todo marcha. Al día siguiente se relee, y hay que tacharlo todo porque falta lo principal. No hay imaginación ni talento, ni ese “algo” sin lo cual toda nuestra inteligencia no sirve para nada. Sucede también que uno se levanta mal dispuesto, con los nervios tensos; parece que, a pesar de todo, se puede trabajar. En efecto, se escribe bien, afluyen las imágenes, y toda la inventiva que uno quiere. Se relee una vez más: tampoco aquello vale nada. Está torpemente escrito; la inteligencia no ha hecho nada. Las cosas no marchan más que cuando la imaginación y la inteligencia andan a la par. Apenas una de las dos se impone, todo está perdido. No hay más que abandonar lo hecho y comenzar de nuevo”.

(Pequeña evocación a los cien años de su muerte: 1910-2010)

(Imágenes:-1.-Tolstoi descansando en el bosque.- 1891-Repin.-Galería estatal.-wikipedia/ 2.Tolstoi trabajando en Yasnaia Poliana.-1910.- B. Meshkov.-wikipedia/ 3.-Yasnaia Poliana.-wikipedia)

SED DE MAL

¿De dónde nace el mal? ¿Cuál es su origen? Cuando Orson Welles encarna en la gran película “Sed de mal” al corrupto jefe de policía de un pueblo norteamericano junto a la frontera de Méjico que ha de pelearse con un íntegro inspector mejicano de la Brigada de Estupefacientes, y cuando en la pantalla seguimos los giros de la sucia gabardina de Hank Quinlan por habitaciones y pasillos y adivinamos los gestos ocultos de su rostro tendiendo toda clase de trampas al personaje que interpreta Charlton Heston , estamos viendo al mal en movimiento, un mal calculado, frío, rápido, envolvente y creciente. Allí contemplamos cómo el mal abre puertas de continuas sospechas y siembra falsas pistas acusadoras y nos asombra la inteligencia de ese mal que parece increíble, pero es el mismo mal de otra película reciente, el mal en el film de Sidney Lumet, (“Before the devil knows you´re dead“) “Antes que el diablo sepa que has muerto“, historia de odios entre hijos y padres, inquietante argumento en el que Philip Seymour Hoffman es asesinado por Albert Finney tras sórdidas aventuras de avaricia, envidia y de ambición que han sido muy comentadas e interpretadas, entre otros en el excelente blog de Juan Pedro Quiñonero, Una temporada en el infierno.

El mal es el mismo siempre, con sus variantes de rencor, astucia, venganza, frialdad y cuantos detalles tenebrosos puedan añadirse.
El mal existe desde el principio y su mecanismo implacable nos lleva hasta aquellas palabras que pronuncia El Coro en la “Antígona” de Anouilh:

“Eso es todo. Después, basta dejarlo. Nos quedamos tranquilos. La cosa marcha sola. La máquina es minuciosa: está siempre bien aceitada. La muerte, la traición, la desesperanza están ahí, bien preparadas: los estallidos, las tormentas, los silencios, todos los silencios: silencio cuando el brazo del verdugo se levanta al fin. (…) La tragedia es limpia. Es tranquilizadora, es segura…En el drama, con sus traidores, la perfidia encarnizada, la inocencia perseguida, los vengadores, las almas nobles, los destellos de esperanza, resulta espantoso morir, como un accidente. Quizá hubiera sido posible salvarse; el muchacho bueno tal vez hubiera podido llegar a tiempo con la policía. En la tragedia hay tranquilidad. En primer lugar, todos son iguales. ¡Todos inocentes, en una palabra! No es porque haya uno que mata y otro muerto. Eso es cuestión de reparto. Y además, sobre todo, la tragedia es tranquilizadora porque se sabe que no hay más esperanza, la cochina esperanza; porque se sabe que uno ha caído en la trampa, que al fin ha caído en la trampa como una rata, con todo el cielo sobre la espalda, y que no queda más que vociferar – no gemir, no, no quejarse -, gritar a voz en cuello lo que tenía que decir, lo que nunca se había dicho ni se sabía siquiera aún. Y para nada, para decírselo a uno mismo, para saberlo uno. (…) Pero ahora se acabó. A pesar de todo, están tranquilos. Todos los que tenían que morir han muerto. Los que creían una cosa, y los que creían lo contrario, y aún los que no creían nada y se vieron envueltos en el asunto sin comprender nada”.
Hay momentos en la película de Welles y también en la de Lumet en que el drama – que siempre tiene esperanza- es sustituido por la tragedia. El mal se desencadena implacable. ¿De dónde nace el Mal? ¿Cuál es su origen?
(Fotos: Orson Welles y Sidney Lumet).