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Posts Tagged ‘Diego Velázquez’

 

 

Francisco Lezcano, Lezcanillo o el Vizcaíno – cuenta Julián Gállego – fue bufón del príncipe Baltasar Carlos, y también, según Camón Aznar, del funcionario palatino Encinillas. El nombre puede indicar que era naturall de Lezcano, pueblo de Vizcaya. El mote de Vallecas ( pueblecillo cercano a Madrid, hoy absorbido por la capital) se añade medio siglo después de pintado el retrato, que data, para unos, en 1643 y para Camón en 1642.

Lezcano aparece vestido de paño verde, color propio de cacerías, lo que se aviene con el paisaje natural de la sierra de Madrid, que asoma al fondo. La cueva o abrigo donde se halla el enano es un escenario asimismo propicio para la meditación, que los anacoretas de Ribera suelen buscar, afirma Gállego. Por la parte del escote asoma, arrugada pero limpia, la camisa blanca; de las mangas bobas del tabardo, salen los brazos, con mangas rosadas. La pierna derecha aparece de frente, mostrando su deformidad y la suela de su recio zapatón; la izquierda ha dejado resbalar la calza, que se arruga en el tobillo. El vestido, que no es en absoluto de mendigo, ofrece un aspecto de desaliño propio de la descuidada mentalidad del enano, cuya enorme cabeza se inclina ligeramente al sol, con apacible inexpresividad. Pese a su aspecto monstruoso fue pintada por Velázquez con la belleza de una fruta madura.

Entre las manos juntas, gordezuelas, sostiene un objeto que ha sido la peor cuestión interpretativa. Camón piensa que es “un pincel de mango y brocha cortos y planos, que el pintor le dejaría para que se entretuviera “. Para Madrazo es “un trusco de pan o un casco de teja”; Pantorba anota que puede ser un naipe, aunque “ es imposible precisar lo que el Niño tiene entre sus manos”. Para Brown se trata de unos naipes, “mecánica actividad que es todo lo que precisa el pintor para animar la postura y establecer la atmósfera psicológica del cuadro”.

El doctor  Moragas diagnostica que Lezcano “sufre de un cretinismo con oligofrenia y las habituales características de ánimo chistoso y fidelidad perruna.” “ En la cara hay una expresión de satisfacción, favorecida por el entornamiento de los párpados y la boca entreabierta, que parece acompañarse del inicio de una  sonrisa…” Tenía, según Moragas, un criado a su servicio, lo que era común entre los bufones reales.”

(Imagen – Francisco Lezcano,  el niño de Vallecas – Velázquez – Museo del Prado)

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Le han llamado siempre don Diego de Acedo, ahora lo llaman “Bufón con libros “. ”El enano, elegantemente vestido y peinado como un caballero, bigote y perilla negros, rodilla negra brochada, de mangas bobas, cerrada al cuello con valona almidonada, calzones con pasamanería y lazos, calzas y zapatos negros en sus endebles extremidades, aparece en el campo, con un fondo de montañas inacabado, sobre el que el pintor ha limpiado repetidamente su pincel – así lo va describiendo Julián Gállego -.  La cara es inteligente, de frente muy despejada, que el enorme sombrero no puede tapar. Su aspecto es pensativo, algo distante, con la mirada perdida. Sus delicadas manecitas manejan con soltura el librote que forma, con los restantes y el tarro, un “bodegón”. Para el doctor Jerónimo Moragas se trata de un “acondroplástico con inteligencia normal o lo suficientemente poco usada para permitirle una infatuada vanidad”. La gama del cuadro es sobria, dominando blancos, negros y grises azulados. La cabeza está pintada sobre otra, más acusada, aunque del mismo personaje, como revelan las radiografías. Camón Aznar ve ésta más juvenil que la definitiva, la que, según Mayer, repintó Velázquez en 1644. El contraste entre el tamaño del librote y el de quien lo maneja, resulta, en este cuadro, natural. Se le llamó un tiempo “El filósofo” y acaso por eso lo pintaba Velázquez en un desierto y no en palacio. Se ignora la razón de lo inacabado del fondo, aún así admirable”.

(Imagen – don Diego de Acedo  – Velázquez- Museo del Prado)

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Los dos patios, los ventanales de frágil madera blanca y los pasillos laberínticos del número 4 de la casa de la calle Padre Luis Llop – es decir, la casa donde nació Velázquez y que ahora va a ser recreada para mostrar el ambiente del pintor y la Sevilla barroca-, quedaban entonces rodeadas por aquella ciudad que en 1599 ( el año en que nació el pintor ) era la más rica y poblada de España – como así  quiso recordarlo el director hace años del museo del Prado,  Alfonso Pérez Sánchez -. Era la ciudad de carácter más abierto, complejo y cosmopolita de todo el imperio y por decreto real gozaba del monopolio del comercio con América, y esto atraía sobre ella una rica colonia de mercaderes flamencos y genoveses que prestaban a las calles un tono de animación, vitalidad y riqueza.  Era la Sevilla del siglo XVl, con la nobleza de su abolengo y su cultura, heredera del ambiente humanístico, y que presentaba a la vez una burguesía de negocios en torno al oro de América. Pero ofrecía también la Sevilla de entonces un variado submundo de aventureros, pícaros y gente de mal vivir, al margen de la sociedad organizada, que llenaban los hospitales y acudían a recibir la “sopa boba” que los conventos repartían entre los pobres. Allí se encontraba  la famosa cárcel de Sevilla  y el mundo de su  picaresca que aparece en las ”Novelas ejemplares” de Cervantes. Y aquella Sevilla sirvió también en ocasiones de animado marco de la acción en comedias de Lope de Vega o de Tirso de Molina.

 

 

En medio de ese ambiente tan variado se encontraba la casa natal de Velázquez, el gran pintor al que Antonio Palomino en su “Museo pictórico” recuerda que  “ pronto se descubrió  en él su ingenio, prontitud y docilidad para cualquier ciencia, de suerte que los cartapacios de los estudios le servían a veces de borradores para sus ideas” Y es precisamente Palomino quien, al considerar en su práctica  de la pintura los diversos grados de los artistas , muestra su mundo y sus talleres. Talleres sevillanos a los que en sus primeros años acudió Velázquez, cruzando aquellas calles, saliendo de aquella casa hoy recobrada.

 


 

(Imágenes – 1 y 3- Sevilla en el siglo XVl/ 2- “las Meninas”, de Velázquez)

 

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“…este eco no existe en parte alguna sino en El Prado cuando está desierto, el mundo se ha cerrado entre unos muros, y el eco, al fondo del larguísimo pasillo, me tentaba en cartones luminosos y para allí fui y aún voy ahora muy despacio, atravesé arcos de luz, una mesa florentina apoyada sobre cuatro leones atenazando bolas me vio pasar, mis ojos eran atraídos por el eco, mundo ido, mundo despojado de todo ruido que no sea el creado por el pincel, Madrid, Recoletos y el Botánico transmitían rumores de vehículos veloces o silencios de flores entre árboles, pero no aquel eco, ¿lo oye usted?, el ojo desnudo avanza muy despacio por este corredor, es el Museo para mí, festín de cuadros que adquieren vida, han dudado un momento los animales que pintó Velázquez pero me sorprendió que un suave aliento de refrigeración escapara a la altura del suelo y por los dientes de aparatos mecánicos y por las rejillas de los rincones un aire artificial moviera algo, y tuve entonces que volverme y retroceder

 

 

porque oí ruidos y eran las hojas del gran libro que sostenía el bufón y que estaban esparcidas por el suelo, era don Diego de Acedo, el Primo, pintado por Velázquez, enano de bigote y de perilla, vestido en ropa negra brochada y con mangas bobas pues así se llaman, y lo vi en calzones con pasamanería y lazos, y estaba él en cuclillas en la gran sala, con sus calzas y sus zapatos negros sosteniéndose apenas sobre sus cortas piernas y recogiendo con una manecita las grandes hojas desperdigadas mientras con otra mano intentaba sostener el enorme sombrero, y así le sorprendí, fuera del marco, y estaba el marco vacío de blancos, negros y grises azulados, y un fuerte olor a pintura salió del fondo como un fulgor que esperara a que el bufón volviera a su retrato, pero el Primo me vio y debió sorprenderse de hallarme allí a tales horas, y al observarme con su mirar distante, perdido y pensativo, se le volvieron a escapar las hojas del enorme libro y ese ruido alertó  a muchos animales creados por Velázquez y nadie supo cómo, pero los perros fueron los primeros, y no hubo ni ladridos ni gemidos, fue un silencioso movimiento, jamás se escuchó a tantos perros mansos moverse como sombras en un Museo, bajó el mastín de “Las Meninas” y se desperezó como la espuma y tras ese mastín entraron como el humo otro

 

perro de larga mancha blanca en el hocico que dormía a los pies del príncipe Baltasar Carlos niño junto a un árbol, un perdiguero blanco y canela que había levantado su hocico del suelo y sacudiendo su sopor adormilado, entró campante viniendo desde una sala vecina y le seguía un galgo dorado y avispado, de nariz negra y mirada viva, y ambos juntándose con otros muchos en mansedumbre y humo, y parecían de lana transparente o acaso de vidrio tan invisible y tenue que ni rumor hacían, paseando sobre losas desiertas y husmeando el aire, ladrando sin emitir sonidos, jamás escuché sin oír a tantos perros  y tan entremezclados que ni olor despedían, llevaban en sus lomos pegada la pintura pero eran auténticos y poseían tal fuerza que ellos atrajeron a más potentes animales, escuché ahora cómo bajaban de los cuadros las pezuñas de los corceles de Velázquez, y la grupa del caballo del Conde Duque caracoleó de pronto y se unió al concierto de aquel otro  mastín de cara negra , perro de caza, perro real, despierto y vigilante y de tan gran vitalidad que apenas le oí saltar del lado donde estaba, al costado de la escopeta de cañón que sostenía Felipe lV, aquella grupa del corcel del Conde Duque movió su torso y se salió del marco de manera tan suave que el poderío del gran caballo abandonó al jinete y el valido del Rey quedó ridículamente, ya sin cabalgadura y sin apoyo para su altanería y pretensión…”

José Julio Perlado  – ( del libro “Ciudad en el espejo”) ( relato inédito)

 

 

( Imágenes–Velázquez: 1-Las Meninas/ 2- bufón don Diego de Acedo, el Primo /3- príncipe Baltasar Carlos/ 4- caballo del Conde Duque de Olivares)

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Velázquez- Las Meninas- museo del Pado

 

“Hoy, cuando entro en un museo, todo lo realista me parece falso y todo lo inventado me parece real y cuando salgo, qué muerto se me queda atrás lo inventado real del museo y qué vivo lo irreal. Tan vivo que la vida de la calle me parece muerta.

Naturaleza y museo, al entrar o al salir yo de uno a otra, siempre se contradicen. Lo que no se contradice es museo y cuerpo o espíritu y naturaleza.

De todo lo realista pintado, sólo me permanece inexplicable un cuadro ¡ qué cuadro! Las Meninas de Velázquez. Caso de tiempo y de silencio”.

Juan Ramón Jiménez

(Imagen.- “Las Meninas” de Velázquez- museo del Prado)

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Córdoba-nnhhu-puente romano de Córdoba- minube es

 

“Es un puente venerable de 16 arcos voleados sobre robustos pilares – escribe Ciro Bayo en 1911, en suLazarillo español” -, roído por los siglos, dorado por el sol, con matas de hierbas entre grietas, por las que asoman los lagartos, y en el extremo, un torreón que llaman la Carrahola. Por abajo, la corriente mansa del río que hierve en espumas al tropezar con las represas de unos molinos viejos y destartalados (…) La única visita que hice en Córdoba fue a un alpargatero, que por seis reales me calzó, pues las botas que traía desde Madrid dijeron que había

 

Córdoba-tbbh-patios de C´rdoba- patios cordoba es

 

bastante con las sesenta y pico de leguas andadas, y que no me acompañaban más. Pero por lo que vi al paso de la ciudad y por lo que estaba viendo desde mi observatorio, entendí que en Córdoba hermanaban muy bien el arte y la naturaleza.

Aquellas sus callejuelas curvas y tortuosas, desiertas plazuelas, viejos caserones de amplias portaladas, calados ajimeces y frescos patios, cuyo ambiente embalsaman jazmines y azahares, tienen su natural complemento en los fértiles campos del Sur y Sudeste, y en las fragosas estribaciones del Norte y Noroeste que coronan las blancas casitas de las huertas y del Desierto de Belén, más conocido por “Las Ermitas”.

 

Córdoba-tvvffr-puente romano europaenfotos com

 

Me acordé también haber visto en las calles mujeres de moreno rostro, de negros ojos, fina nariz y rojos y frescos labios; y ahora veía pasar otras por el puente con su andar garboso (…) Baja también a la ribera una manada de potros que llevan a abrevar. Los animales, de cabeza bien puesta, altos de brema o de copete, anchos parietales, cara plana de martillo, cuello de ciervo y estrecha nariz, capaz de beber en un vaso; de vientre de galgo, grupa cortante y cañilavados. Andan a buena vela, segando bien, picoteando a cada paso y con la cola en trompa.

 

dibujos.-6has.-atribuido a Diego Velázquez.-Apuntes de dos caballos en corveta, uno de ellos con jinete.-The British Museum

 

Es indudable que hombres y caballos hemos degenerado desde entones. Así como no hay hombres en nuestros días capaz de manejar los espadones del siglo XVl; tampoco hay caballos que, como dice Juan de Herrera en la Agricultura, aguantaban doce y catorce arrobas encima, que era lo que pesaba un jinete con armas de hierro y con la silla acerada. Y esos son los corceles que pintó D. Diego“.

 

Córdoba-unngr-patios de Cçordoba- barbarosillo es

 

(Imágenes.- 1.-Córdoba- puente romano- minube. es/ 2.-patios de Córdoba. es/ 3.-puente romano de Córdoba-europaenfotos.es/ 4.- dibujos atribuidos a Diego Velázquez- British museum/ 5.-patio de Córdoba- barbarosillo, es)

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caballos-reedtt.- Henri de Toulouse Lautrec.- 1891

 

“Un buen jinete, para regir su caballo, ha de llevar riendas y espuelas, porque no le comprehenda la maldición del Cid. Buen jinete es el justo, que se tiene firme sobre los estribos de la virtud, mas par hacer gentilezas, ha de tener espuelas de confianza, que le animen y hagan salir del harón, y riendas del temor, que le detengan porque no se despeñe en el barranco de la soberbia.”

Alonso de Cabrera.-1609

 

 

dibujos.-6has.-atribuido a Diego Velázquez.-Apuntes de dos caballos en corveta, uno de ellos con jinete.-The British Museum

 

 

(Imágenes.- 1.- Toulouse- Lautrec/ 2.- dos caballos y uno con jinete – dibujo  atribuido a Diego Velázquez -The British Museum)

 

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