UNA SONRISA EN UN BLOG) (14) : DISPAROS

“Un autor, que sólo escribió una sola obra teatral — contaba el austríaco Thomas Bernard—, que sólo debía representarse una sola vez en el, en su opinión, mejor teatro del mundo e, igualmente en su opinión, sólo por el mejor escenógrafo del mundo e, igualmente en su opinión, sólo por los mejores actores del mundo, se apostó, ya antes de que se levantara el telón del estreno, en el lugar del gallinero más apropiado para ello, aunque totalmente invisible para el público, apuntando con un fusil-ametrallador, expresamente fabricado con ese fin por la casa suiza Vetterli y, después de levantarse el telón, se dedicó a disparar un tiro mortal en la cabeza a todo espectador que, en su opinión, se reía a destiempo. Al término de la representación, en el teatro no había más espectadores que los que había matado a tiros y, por lo tanto, espectadores muertos. Ni los actores ni el director del teatro se dejaron distraer por un segundo, durante toda la función, por el caprichoso autor ni por lo que hacía.”

Thomas Bernhard —“ Autor caprichoso” —“ El imitador de voces”

 

(Imágenes—1— Edouard Vuillard- el actor en su camerino /2-David Leventi- 2008- teatro de Estocolmo)

UN PALCO EN LA ÓPERA

 

 

Oliver Sacks cuenta en su “Musicofilia”  que él conoció  a un tal Martin que se sabía más de dos mil óperas, así como “El Mesías”, el “Oratorio de Navidad” y todas las cantatas de Bach. “Llevé partituras de algunas de estas obras – dice -, y le puse a prueba lo mejor que pude; no le encontré ningún fallo. Y no eran sólo las melodías lo que recordaba. De tanto escuchar las interpretaciones había aprendido lo que tocaba cada instrumento, lo que cantaba cada voz.”  Pienso que era como permanecer continuamente sentado en un palco, asistiendo incansable al desfile de casi todas las óperas del mundo.

 

 

A finales de la década de 1830, – como evoca Tim Blanning enEl triunfo de la música” -, la condesa de Blessington describió de modo preciso el palco real del San Carlo : “ El palco real  – contó– se encuentra en el centro del teatro y constituye un objeto sumamente sorprendente y decorativo. Sobresale considerablemente, apoyado sobre palmeras doradas y rematado por una gran corona, de la que descienden a los lados unas sólidas colgaduras, aparentemente de metal pintado y dorado, imitando un paño de oro, sostenidas por figuras de la Fama. El interior está revestido de paneles de espejos y forrado con terciopelo carmesí adornado con flecos dorados.”

Y ahora, como si estuviéramos ante un palco histórico casi encima  del tiempo, una exposición en Madrid, en Caixa Forum, nos acerca a las intimidades de la ópera y  sus teatros.  Esos teatros de la ópera a veces han realizado en algunas ciudades viajes insólitos. En la capital de Francia, por ejemplo, – si seguimos los pasos de Eric Hazan en “L’ invention de París” -,  nos encontraremos  con la calle donde está la iglesia de Notre- Dame- des- Victoires, y esa calle conoció tres óperas. Más tarde la ópera emigró hacia 1780  a otro sitio cercano al bulevar de los Italianos y en 1821  la Ópera se alejó algunos metros más, atravesando ese bulevar y fijándose al fin en la gran Ópera del siglo XlX, la mítica sala de Rossini, Donizetti, Berlioz, y en otro sentido, de Balzac y de Manet, para, tiempo después, establecerse en la que hoy conocemos y admiramos. Viajes de  óperas, voces y músicas  y viajes de tantos escenarios.

 

 

(Imágenes- 1- Mary Cassatt- 1878 – Museo de Bellas Artes de Boston/ 2- foto David Leventi – Ópera de Estocolmo / 3- Ópera de París- wikipedia)