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Posts Tagged ‘cubismo’

 

 

Boccioni y Severini, a la cabeza de los pintores, –  recordaba Fernande Olivier en “Picasso y sus amigos” -, habían inaugurado una moda futurista que consistía en llevar dos calcetines de color diferente pero que hicieran juego con la corbata. Para que se les viera bien en el Café del Ermitage, que se había convertido en sede social del grupo desde que Picasso vivía en el bulevar de Clichy, se subían los pantalones hasta muy arriba y descubrían dos piernas, una verde y otra roja, que salían de los zapatos. Al día siguiente, el rojo había cedido el sitio al amarillo y el verde al violeta, pero los colores en general tenían que ser complementarios”. Así se comenta el encuentro entre cubistas y futuristas hacia 1911 con las primeras manifestaciones en París de la “reforma del traje” , traje y moda en donde años después participaría la pintora Sonia Delaunay.

 

 

La moda y los pintores han ido muchas veces  enlazados en la historia. Menos de cuarenta años antes de las costumbres y los amigos de Picasso, en el mundo de los impresionistas, Louis Edmund Duranty, en 1876, en ” La nueva pintura“, declaraba que ” lo que nos hace falta es la nota especial del individuo moderno, en su vestido, en medio de sus costumbres sociales, en su casa o por la calle. La actitud de cada uno mostrará si este personaje camina hacia una reunión de negocios o hacia una cita de amor”.

 

 

Ahora en el  museo Thyssen de Madrid tiene lugar la exposiciónSonia Delaunay. Arte, diseño y moda”. En el Madrid de “Pombo” y del “ultraísmo” –  lo quiso recordar James Laver en suHistoria del  traje”-,Sonia Delaunay es acogida con adoración. En ese ambiente se dedica al diseño de trajes y a la decoración. No era esta su primera incursión en este campo porque en 1913 ya había realizado su primer “vestido simultáneo“, pero sólo ahora se dedica de lleno a la aplicación de los principios del “orfismo” al tejido. Serge Diaghilev, que hacía entonces una gira por España con los Ballets Rusos, le encarga los trajes para ” Cleopatra” y le pone en contacto con el marqués de Valdeiglesias, quien le introduce en la buena sociedad madrileña para la que realizará trajes y decoraciones. Sonia Delaunay abre una  “boutique” que tiene un enorme éxito, y pronto su moda se extiende a Bilbao y San Sebastián. Sus creaciones en el mundo de la moda suponen la primera aplicación de la abstracción en el traje y son viables gracias al respaldo que encuentra en la élite aristocrática española. Sus obras carecieron entonces de repercusión fuera de esos círculos y hubo de esperar hasta los años 60 para que Sonia Delaunay fuera descubierta”.

 

 

“En 1923 – confesaba la artista – fui contratada por una casa de Lyon interesada en diseños para tejidos. Realicé 50 diseños – relación de color con formas geométricas puras, rimadas. Después de haber pasado por esta fase de pesquisas, que nunca fueron teóricas sino únicamente basadas en una sensibilidad, adquirí una libertad de expresión que se puede comprobar en mis últimas obras, sobre todo expresando estados del alma”.

 

 

Y en su conferencia ” La influencia de la pintura sobre la moda” en 1927 comentó : “la sensibilidad del ojo fijo sobre la naturaleza intenta reproducir la multitud de tonos elementales cuya yuxtaposición da a la retina la sensación de un color único. Una tinta que parece uniforme está formada por el conjunto de tintas diversas, sólo perceptibles al ojo que sabe ver. Es una visión atmosférica y no sintética”.

Ahora Sonia Delaunay vuelve a Madrid.

 

 

(Imágenes-1- Sonia Delaunay – vestidos simultáneos – vestido para Gloria Swanson- rtve  es/ 2 y 3 –  Sonia Delaunay – el país/  4 –   pintura de Sonia Delaunay / 5-  vestido – vivir demais/ 6 – pintura de Sonia Delaunay)

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Braque.- 5tyy8.- El pájaro negro y el pájaro blanco.- 1960.-Leiris SAS Paris.- Adagp Paris 2013.-Grand Palais

En la oración fúnebre que André Malraux dedicó a Braque el escritor afirmó que la gloria había entrado con discrección en su taller, “silenciosa e inmóvil como los pájaros blancos que desde su vejez aparecieron en sus telas.”

Braque.- y788u.- un pájaro pasa por una nube.- 1957.- Fondation Maeght .- París

Se ha recordado por excelentes expertos que ” en 1910 Georges Braque se hallaba en pleno frenesí cubista, en la fase denominada analítica, cuando sus cuadros, como los de Picasso, no eran sino un amasijo de líneas flotantes, como las siluetas de una bandada de pájaros sobre un horizonte grisáceo, moteado por tenues reverberaciones de un desvaído amarillo crepuscular”.

Braque.- i8hh.- pájaro en el follaje.-. 1961.- Fondation Maeght.- París

“Tengo el cuidado – había confesado ya Braquede ponerme al unísono con la naturaleza, más que de copiarla.” “El cuadro está terminado cuando él ha borrado la idea.” “Es preciso contentarse con descubrir, pero guardarse de explicar.” “¿Qué es más fidedigno que la naturaleza? ¿Qué es aquello que es evidente sin que sea necesario demostrarlo, espléndido sin que sea necesario admirarlo?” “No es el pintor quien crea, es el cuadro. ¿Qué es? Cuanto más lo vemos más nos asombra ¿Qué es?” “¿Qué hay detrás del espacio y del tiempo’2

Braque.- y99i- a la puesta del sol.- 1958

“Está un poco agobiado – había descrito Jean Paulhan  al visitarle en 1946  -Trabaja en diez bocetos a la vez, de los cuales unos están colocados en caballetes, otros en el suelo sobre una especie de parrillas. Alguna vez cambia de sitio una hoja seca, una pata de cangrejo, un esqueleto de lagarto, que esperan sobre su mesa no se sabe qué. Retoca. Enmienda. Como un jardinero sus plantas.

Braque.- 466hh.- pájaros.- 1953.- museo del Louvre

O como un ganadero entre sus animales, no sin timidez. Se comporta de mil maneras. Le he visto dibujar con tiza en un encerado. Un día le sorprendí trasladando unas medidas sobre un panel. No tenía aire de divertirse.

Braque.-uuim.- pájaros.- un aleteo.-1955.-colección privada

Braque coloca en algún sitio una mancha de verde o de azul, se aleja, la mira y vuelve a aplastarla con el pulgar. A menudo se va al otro lado de la tela. Coloca una nueva mancha y añade: “De antemano, no se sabe nunca de dónde vendrá la llamada. Es preciso esperar…”

Braque.- ty88u.- un pájaro pasa por una nube.- 1957.- Fondation Maeght.- París

“¿Es de este modo como encuentra usted su camino?.- le pregunta Paulhan. “SÍ, todo depende del punto en que las cosas se encuentren: mi deseo y la alucinación. Cuando estoy bien impregnado del asunto es el lienzo el que me sorprende. Hace diez años que estoy preocupado por esto.”

Braque.- 58jjj.- aves en las nubes.- 1060.- Fondation Maeght.- París

Braque en sus últimos meses – recordaba Paulhan -, abría una ventana inmensa por encima de su habitual naturaleza muerta. Pero ni el sol ni las nubes conseguían perturbar lo más mínimo la mesa y la cubeta, la hogaza o los dos salmonetes con los que hacía nuestras delicias y suscitaba nuestra serenidad: nuestra suficiencia.

Y a Braque  – del que Kahnweiler decía que tocaba sinfonías de Beethoven al acordeón, bailaba cuando se presentaba la ocasión y también boxeaba – le rodearon al final de su vida los pájaros.

Braque.- 64ffrm.- tres pájaros.- 1961

pájaros en lienzos,

Braque.- uerrn,..-pájaros.- 1961

pájaros en esculturas,

pintores.-390j.-Georges Braque en su mesa de trabajo.-París marzo 1946.-foto Brassai.-photo rmn fr

pájaros en su estudio de pintor.

(Pequeña evocación cuando su obra se expone nuevamente en París)

(Imágenes.- 1.-el pájaro negro y el pájaro blanco.- 1960.- Grand Palais/ 2.-un pájaro pasa por una nube,. 1957,- Fondation Maeght.- París/ 3.- pájaro en el follaje.- 1961.- Fondation Maeghet – París/ 4.- a la puesta del sol.- 1958/ 5.- pájaros.- 1953.- Museo del Louvre/ 6.- un aleteo.- 1955.-colección privada/ 7.- un pájaro pasa por una nube.- 1957.- Fondation Maeght.- París/ 8.- aves en las nubes.- 1960.- Fondation Maeght/ 9.- tres pájaros.- 1961/ 19.- pájaros.- 1961/ 11.- George Braque en su mesa de trabajo.- marzo 1946.- Brassaï)

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“Apenas si yo había visto algún cuadro de María Blanchard antes de la ocasión de su personal conocimiento – decía Eugenio D´Ors en “Mis Salones”, en 1945 -; nadie hasta entonces me había dado conocimiento de su existencia. (…) La que de pronto me apareció sentada – y demorando indefinidamente al levantarse – a la elegante mesa parisina de Jules Supervielle, era una criatura de inquietud tan vibrátilmente agitada, que producía la impresión de extraída de un medio no solo habitual, sino al mismo tiempo virtualmente necesario: la impresión de una mariposa en la mano, de un pez momentáneamente alejado del agua, de una rata que se acaba de apresar, de una extraña puesta al aire

en una operación quirúrgica. Ante una pintura suya presentada, María Blanchard lanzaba un gemido. Ante su propia imagen reflejada en un espejo, una carcajada, que hacía daño de oír. Pero nada de esto, que trabó en miserias su vivir, se reflejaba en su obra. Una vez aislada, una vez lejos de la pintura anterior y de la imagen en el espejo, se cambiaba el subjetivo temblor en una casi mineral ataraxia. Si viviendo era como un caballo que hostigan las moscas, pintando era como un caballo de cartón”.

Esta artista “trágica y atormentada – como la sintetizaría Juan Eduardo Cirlot que creó una obra en la que, de modo ejemplar, auténtico y muy humano, se utilizan refundidos los recursos del cubismo y del expresionismo” expone ahora sus obras en el Museo Reina Sofía de Madrid y parecen llegar hasta nosotros las palabras de Lorca en el Ateneo de Madrid, en 1932:

” Querida María Blanchard: dos puntos… dos puntos, un mundo, la almohada oscurísima donde descansa tu cabeza…
La lucha del ángel y el demonio estaba expresada de manera matemática en tu cuerpo.


Si los niños te vieran de espaldas – seguía diciendo Lorca – exclamarían: “¡la bruja, ahí va la bruja!“. Si un muchacho ve tu cabeza asomada sola en una de esas diminutas ventanas de Castilla exclamaría: “¡el hada, mirad el hada!”. Bruja y hada, fuiste ejemplo respetable del llanto y claridad espiritual. Todos te elogian ahora, elogian tu obra los críticos y tu vida tus amigos. Yo quiero ser galante contigo en el doble sentido de hombre y de poeta, y quisiera decir en esta pequeña elegía, algo muy antiguo, algo, como la palabra serenata, aunque naturalmente sin ironía, ni esa frase que usan los falsos nuevos de “estar de vuelta”. No. Con toda sinceridad. Te he llamado jorobada constantemente y no he dicho nada de tus hermosos ojos, que se llenaban de lágrimas, con el mismo ritmo que sube el mercurio por el termómetro, ni he hablado de tus manos magistrales. Pero hablo de tu cabellera y la elogio, y digo aquí que tenías una mata de pelo tan generosa y tan bella que quería cubrir tu cuerpo, como la palmera cubrió al niño que tú amabas en la huída a Egipto. Porque eras jorobada, ¿y qué? Los hombres entienden poco las cosas y yo te digo, María Blanchard, como amigo de tu sombra, que tú tenías la mata de pelo más hermosa que ha habido en España.”

voces de Lorca sobre María Blanchard, voces de Gerardo Diego…, “pintura indudablemente femenina diría Gaya Nuño, pero realizada por una mujer tenaz que se iba dejando un jirón de vida en cada cuadro”.

La mayor de las pintoras españolas del siglo XX.

(Imágenes:- María Blanchard: 1.-mujer con abanico.-1916/2.-la echadora de cartas.-1926/3.-composición cubista.-1916-1919/ 4.-la cocinera.-1923/5.-el carrito de helado.-1924)

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Estos hombres agachados sobre las manos y las rodillas, ocupados en acuchillar el piso de uno de los nuevos apartamentos de Haussmann fue la obra “Cepillando el parquet” que Caillebotte presentó en la exposición de 1876, en la galería de Durand – Ruel de la calle Le Peletier de París. Como señala  Sue Roe en “Vida privada de los impresionistas” (Turner), sorprendieron en este cuadro los músculos de la espalda de los hombres “en los que casi se puede sentir la presión de sus brazos u oler la madera mientras las virutas salen despedidas por la ventana“.

El ojo y el cálculo de Durand-Ruel, el célebre marchante, estaban detrás de esta exposición de doscientos cincuenta y dos lienzos, entre los que destacaban “Comerciantes de algodón” y “En el café” de Degas o “La japonesa” de Monet. “La japonesa“, con sus vivos tonos rojos, fue vendida por dos mil francos. Pero era Paul Durand- Ruel, un francés bajito e impecablemente vestido, con levita negra, cuello almidonado y sombrero de copa – tal como lo describe Roe al llegar éste diez años después a Nueva York para preparar en América una exposición de los impresionistas – quien tendría una gran visión de futuro: fuertemente endeudado, en parte por las dos décadas de continuado apoyo a los artistas, lograría al fin hacer historia en Nueva York en 1886.

Los marchantes han recorrido los tiempos gracias  a su intuición, su olfato, su habilidad para descubrir lo que el día de mañana se considerará excelente. En torno a Ambroise Vollard, al que alguna vez he aludido en Mi Siglo, giraban Cézanne, Degas y Renoir, y también su apuesta – ganada – por Rouault. En torno a D. H. Kahnweiler, al que también me referí aquí, giraron Picasso, Braque, Léger o Gris.

Pero no todo el mundo tiene cualidades de marchante y tampoco las relaciones entre marchantes y artistas han sido muchas veces fluidas. Cuando Jean Gimpel en “Contra el arte y los artistas” (Granica) habla de los marchantes cuenta como en 1674 el marchante Floquet impone sus temas al pintor; le encarga aquellos que el público pide para su negocio: ese pintor, Elias van den Broech, que recibe un salario anual, deberá estar diariamente a disposición de Floquet para pintarle todos los temas que su fantasía comercial pueda imaginar.

“Nací pintor – se lamentaba en el siglo XVll Louis- Henri de Loménie, conde de Brienne – y me hice conocedor de la pintura a fuerza de dinero. La curiosidad por los cuadros solo es buena para los pródigos como yo y para los reyes que pueden hacer tales gastos sin incomodidad. Pero para los particulares, por cierto una gran locura, y el gasto supera infinitamente sus fuerzas y sus medios… He gastado mucho dinero en cuadros. (…) Yo me conozco muy bien. Puedo comprar un cuadro sin consultar a nadie y sin temor de ser engañado por los Jabach y los Perruchot, por los Forest y los Podestá, grandes traficantes de cuadros que vendieron en su tiempo copias por originales…”.

(Pequeño apunte en estos días en que la prensa habla del galerista Larry Gagosian y de su nuevo espacio expositivo en París)

(Imágenes:-1.-cepillando el parquet- 1875.-Gustave Caillebotte.-Museo d`Orsay/2.- Paul Durand -Ruel.-por Renoir.-1910/3.-La japonaise.-Monet.-1876/ 4.-el viejo clown con perro.-Georges Rouault.-fundación Rouault/ 5.-Retrato de Kahnweiler.-Picasso.-1910- instruct. vestwalley.edu)

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La luz, el amarillo, el rojo, el azul, las ruedas, los cuadrados, las casas, el naranja, el púrpura, el verde, todo eso mostraban las series de la Torre Eiffel que Robert Delaunay ofrecía, ahora hace un siglo, de la ciudad de París.

Sombras, nubes, un tono de ceniza, volutas plateadas de atmósfera envolvente… La Torre Eiffel continuaba enseñando en el pincel de Delaunay secretos y sorpresas. El arte de descomponer y recomponer la realidad: bidimensionalismo, compenetración de planos, simultaneismo de visión, color local, decía Germain BazinParís siempre sedujo con sus fotografías,  de las que hablé ya en Mi Siglo.  Comenté también en otra ocasión y de otra forma la ciudad y  su paso en el tiempo. Ahora, aquella Torre parisina trazada sobre lienzos entre 1910 y 1912, vuelve a mirar con ojo cubista la gran capital intentando ofrecer la modernidad y vitalidad de un momento, la tensión, la rapidez, la complejidad de una época, tal como deseaba el pintor.

Son volúmenes aplanados, pequeños cubos salpicando la parte superior del lienzo, la ciudad adivinada, el Sena a la izquierda, fugitivo.

Cuando en 1913 Sonia Delaunay se inspira en un motivo de baile para mostrar remolinos de arcos amarillos, naranjas, azules y verdes en diversas abstracciones geométricas, también ofrece de algún modo París al fondo de los contrastes simultáneos, de cuantos movimientos refleja la pintura.

Años antes, en 1902, podía darse uno un paseo por el azul. Era el atardecer de Notre- Dame, siguiendo el pincel de Matisse, acompañando a  personas solitarias.

Pero pronto nos sorprenderían de nuevo los cubos y los planos de la Torre Eiffel en sus distintas versiones. Es siempre la misma Torre pero observada desde infinidad de ventanas, ventanas como ojos, ventanas creadoras, ventanas plásticas.

(Imágenes:-1.-Robert Delaunay.-Torre Eiffel/2.- Delaunay.- Torre Eiffel.-1910/3.-Delaunay.-La ciudad de París.-1912.-flickr/4.-Sonia Delaunay.-Le Bal Bullier.-1913/5.-Matisse.-Notre -Dame en el atardecer.-1902/6.-Delaunay-Torre Eiffel)

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retratos.-JJ.-Picasso.-Busto de hombre.-el atleta.-1909.-Fundación MapfreLa frente aparece dividida a menudo – decía Golding comentando los retratos de Picasso en “Cubismo. Historia y análisis 1907-1914” – por un realce en medio o por una hendidura; dos planos simplificados unen las cuencas de los ojos a la frente, mientras las zonas entre mandíbula, nariz y boca quedan claramente distinguidas. Las cabezas están vistas desde un nivel sólo levemente superior, o sea normal; pero las zonas inferiores de la nariz y las mandíbulas resultan claramente visibles. La parte del cuello que puede verse está realizada conforme a un gran plano curvo, en general origen de la descomposición plástica del cuello y de la garganta“.

Cuando se mira y se deja uno mirar por este “Busto masculino” ( El Atleta), de 1909, que ahora puede contemplarse en la exposición madrileña de la Fundación Mapfre, parece que viéramos a Picasso acodado en el bar del circo Medrano, tal como cuenta Fernanda Olivier en “Picasso y sus amigos” (Taurus): ” Entre el cálido y un tanto repugnnante olor que subía de la cuadra, se quedaba allí, lo mismo que Braque, y pasaba la velada entera hablando con los clowns. (…) El boxeo le gustaba por una causa distinta. La fuerza física le dejaba estupefacto y forzaba su admiración. La belleza de un combate le interesaba lo mismo casi que una obra de arte. Le gustaban los boxeadores tanto como los clowns, pero de otra manera. Aunque le intimidaban, al parecer, hubiera estado muy orgulloso de tener amigos entre ellos“.

El Atleta pasa ante los ojos de Picasso. Mira y es mirado por él. Como ocurre también en esta exposición cuando a la vez miramos y nos miran los retratos de Modigliani.

retratos.-LL.-Modigliani.-Retrato de Leopoldo Zborowski.-1916-1919.-Fundación Mapfre

También “Leopoldo Zborowski sentado“(1919) nos mira mientras atravesamos el espacio ante él. Jean Paris escribió un bellísimo libro sobre la mirada y el espacio (“L´espace et le regard“) (Seuil) y allí recuerda que mientras el impresionismo se mantenía inmóvil ante las cosas en movimiento, el cubismo va a moverse idealmente ante las cosas inmóviles. Nosotros nos movemos en el espacio ante estos ojos de Leopoldo Zborowski que nos observan. Dale dejó dicho en su “Modigliani” que “muchos de esos retratos nos miran desde los lienzos, pensativamente conscientes de su vida frágil, angosta, malsana, con su terror, su propia miseria o su mórbida sensibilidad claramente desvelada. Cada personaje  se impone a la imagen y cada imagen es una síntesis que a  menudo se manifiesta despiadada y brutal. Modigliani no amó las almas ni los cuerpos, y pintó a estos últimos con tal intensidad que sus almas, más o menos infelices, atraen al contemplador aun cuando pueda aborrrecerlas”.

retratos.-GG.-Toulouse-Lautrec.-retrato del señor de Fourcade.-1889.-Fundación Mapfre.-

Mirar siempre y a la vez ser visto por el mundo. Somos vistos instantáneamente también por este hombre que cruza con sus manos en los bolsillos, el banquero Henri Fourcade, pintado por  Toulouse-Lautrec en 1889. Parece que no nos mira, contempla entre las máscaras cómo discurre este año en que Toulouse-Lautrec pinta la sala del Moulin-de-la-Galette,  el año en que expone en el Círculo Artístico y Literario y en el “Salón des Arts Incohérentes“. El pintor se le queda mirando al pasar y el señor Fourcade parece que no mirara al pintor: sabe que le están pintando, sabe que nosotros le miramos. Estos rostros sucesivos de las exposiciones, el retrato frontal o el retrato de perfil son los que vemos continuamente por las calles. Las calles de nuestras ciudades son exposiciones móviles, rostros zigzagueantes entre semáforos, estelas de vida. Las gentes han salido a las calles con sus afeites para ser miradas y la edad se advierte en cuanto a uno ya le dejan de mirar. Miran las gentes y son vistas en los teatros, en los vestíbulos, en la sociedad hecha vestíbulo de teatro, escenario de parlamentos y de abrazos. Ha salido uno a la calle para ser visto – para estar vivo – y también para mirar a los que están vivos – a los que quieren ser vistos – y que en este momento acaban de salir.

(Imágenes:-1-Picasso:”Busto de hombre” (El atleta).-1909/2.-Modigliani: “Retrato de Leopoldo Zborowski”.-1916-1919/3.-Toulouse-Lautrec:” Retrato del señor Fourcade”.-1889) (Retratos de la exposición “Mirar y ser visto” (De Tiziano a Picasso, el retrato en la colección del MASP) en la Fundación Mapfre de Madrid, hasta el 20 de diciembre de 2009)

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“La pintura es una escritura que crea signos – decía el célebre historiador del arte, coleccionista y propietario de una galería,  Daniel Heny Kahnweiler  -. Una  mujer en un lienzo no es una mujer, son signos, es un conjunto de signos que leo como mujer. Cuando usted escribe en una hoja de papel m-u-j-e-r, la persona que sabe leer, leerá no sólo la palabra mujer, sino que verá por así decirlo a una mujer. Es lo mismo en pintura,  no hay ninguna diferencia. La pintura, en el fondo, no ha sido nunca un espejo del mundo exterior, no ha sido nunca como la fotografía; es una creación de signos que sólo eran leídos por los contemporáneos, después de un  cierto aprendizaje, no obstante. Los cubistas crearon signos completamente nuevos, y eso fue lo que dificultó la lectura de sus cuadros durante tanto tiempo”.

cubismo-2-picasso-mujer-con-mandolina-lyceo-hispanico

“Si, como pienso yo, la pintura es una escritura – sigue diciendo Kahnweiler en su  libro  “Mis galerías y mis pintores” (Ardora) -, es evidente que toda escritura es una convención. Así que hay que aceptar esa convención, aprender esa escritura: es lo que se suele hacer por simple costumbre. (…) ¿Sabe por qué se reía la gente? – le preguntaba el coleccionista a su interlocutor, Francis Crémieux,  comentando la reacción que produjo el cubismo -La gente no se habría reído si esos cuadros no hubieran representado nada. La gente se reía porque veía vagamente lo que representaban. Para ellos, eran caricaturas horrorosas, eran monstruos, como siempre se ha dicho. Evidentemente, veían la pierna demasiado larga según ellos, la nariz torcida. Pero como Picasso me dijo muy bien un día, y encuentro esta reflexión absolutamente admirable: “En aquel tiempo, se decía que yo ponía la nariz torcida ya en Las Señoritas de Avignon, pero la tenía que poner por fuerza torcida para que vieran que era una nariz. Estaba seguro de que verían más tarde que no estaba torcida“. ¿Entiende?, eso es lo que hizo reir. Ahora ya no hay nada que haga reir. El gran error de toda esa gente, y que mantiene su pintura en la decoración, la simple decoración, es que sus cuadros, o lo que ellos llaman así, se quedan en el lienzo, se quedan en la pared. Mientras que el verdadero cuadro no se forma más que en la conciencia del espectador. Es como en la música. La música es un ruido vago mientras no se discierna el hilo conductor. La pintura es lo mismo. Primero tiene que rehacer el cuadro uno mismo”.

 Lectura de la pintura, pues, entre muchos otros temas que aquí aborda Kahnweiler con una gran capacidad didáctica, evocando las relaciones que mantuvo tanto con Braque, como con Picasso, Gris o Léger. No sólo tuvo contacto con sus obras sino sobre todo con sus personalidades. Lectura de la pintura como lectura de cualquier imagen, tal y como Alberto Manguel nos anima a hacerlo en Leer imágenes (Alianza),  contemplándolas como relato, ausencia, acertijo, testigo, comprensión, pesadilla, reflejo, violencia, subversión, teatro, memoria o filosofía. “Cuando tratamos de leer una pintura – nos dice Manguel -, nos puede parecer que ésta se hunde en un abismo de equivocaciones o, si lo preferimos, en un vasto abismo impersonal de interpretaciones múltiples”. 

Podemos leer tanteando con la pupila, exponiéndonos al principio a no comprender. Y podemos leer ya con la pupila acostumbrada, paseando la vista sobre cuanto el arte nuevo nos ofrece:  un mundo distinto que nos hace precisar la visión un poco más  para contemplarlo bien.cubismo-3-gris-frutero-lyceo-hispanico

(Imágenes: Braque: vasos en una mesa.- Flickr.-Lyceo Hispánico/Picasso: mujer con mandolina.-Flickr.-Lyceo Hispánico/Gris: frutero.-Flickr.-Lyceo Hispánico)

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