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Posts Tagged ‘costumbres’

infancia-bbttd- teatro- Alfred Eisenstaedt- ante las marionetas- mil novecientos sesenta y tres

 

“Me asombra el asombro de los niños. Cuando yo muevo los hilos y levanto las manos y paseo las figuras de madera por el escenario y oculto mis muñecas tras la cortina y ni siquiera dejo ver mis dedos, me asombro del asombro de los niños que aún no son mayores y se quedan fascinados de cómo pega la bruja de la escoba, porque pega muy bien, pega mucho, le da unos trastazos enormes al cráneo del príncipe, pero el príncipe, que tiene esa capa amplia que yo voy moviendo desde arriba, desde el escenario, un trapo especial de color que parece que lo moviera el viento, tiene también una espada escondida, los niños no lo saben, las pupilas de los niños se dilatan cuando la espada diminuta y brillante está a punto de segar la cabeza de la bruja, le corta varios pelos, parece que la cabeza de la bruja fuera a salir volando, y los niños aplauden, se apretujan unos contra los otros, están nerviosos, nada que ver cuando años después los veo ya mayores, medio tumbados en sus sofás en medio de sus familias, vienen cansados de todo el día, cada uno rendido de su trabajo, ahora está cruzando por el lado izquierdo de la pantalla del televisor un tanque humeante envuelto en llamas que casi destroza las piernas a una madre, la cámara se fija en las lágrimas de la madre, se detiene, profundiza en las ojeras de esa madre, en el miedo a la guerra con el  tanque que avanza, un niño chilla medio desnudo, corre despavorido, se levanta incendiado el techo de una casa, no sé, no sé si hoy tendremos mucha audiencia porque más o menos es lo mismo que pusimos ayer y lo que ponemos casi todas las noches en el telediario, no existe el asombro, cruza la costumbre por esta habitación con su paso monótono y gris, apenas se oye caminar a la costumbre, recuerdo sin embargo aquel asombro que teníamos cuando éramos niños.”

José Julio Perlado – ( del libro “Relámpagos”) (relato inédito)

 

 

(mágenes -1- Alfred Eisenstaedt- 1963/ 2-Kenny Scharf)

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objetos.-6rrf.-Amdrea Domenico Remps.-1690

“He conocido la inexorable tristeza de los lápices,

colocados cuidadosamente en sus estuches, dolor de blocs y pisapapeles,

toda la miseria de las carpetas de manila y la goma de pegar,

la desolación en los inmaculados lugares públicos,

la soledad de la sala de espera, los lavabos, la centralita,

el inalterable patetismo de jarra y palangana,

el rito de la impresora, el sujetapapeles, la coma,

una eterna duplicación de vidas y objetos.

Y he visto el polvo de las paredes de los establecimientos,

más fino que la harina, vivo, más peligroso que la sílice,

filtrarse, casi invisible, por las largas tardes de tedio

dejando caer una fina capa sobre las uñas y las delicadas pestañas,

barnizando un cabello claro, las caras grises standard duplicadas”.

Theodore Roethke.-“Dolor”

estaciones.-88hh.-otoño.-lluvia.-Kim Tschang Yeul.-pintor coreano.-gotas de agua

(Imagen.1.- Domenico Reps.-Scarabattolo.-1690.-Opficio Museo delle Pietre Dure.-Florencia/ 2.-Kim Tshang Yeul)

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“Casas enfiladas, casas enfiladas,

casas enfiladas.

Cuadrados, cuadrados, cuadrados.

Casas enfiladas.

Las gentes ya tienen el alma cuadrada,

ideas en fila

y ángulo en la espalda.

Yo misma he vertido ayer una lágrima,

¡Dios mío!, cuadrada”.

Alfonsina Storni.-“Cuadrados y ángulos”

(Imágenes.-1 y 2.-Catherine Margocliese.-quo.es .-marcogliese. org)

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“En cada casa debe haber por lo menos un espacio cerrado. La quintaesencia de las casas no está en su centro, en el espacio abierto a las miradas, sino en el fondo: debajo, arriba, en un lugar siempre difícil y poco frecuentado. Me gustan las covachas, los desvanes, las cambras, los sótanos e incluso los cuartos traseros; me gustan no para entrar como Pedro por su casa sino para saberlos desconocidos; en su existencia se cifra la salud de toda casa, son sus glándulas y su metabolismo.

Siempre he sospechado de esas gentes que se abren de puertas y se enseñan como si fueran guías de su propio museo: un alma fina, delicada, lo mismo que un destripador o un  alquimista, debe guardar algún secreto. Aún hoy que estoy en decadencia y vivo en un departamento, mantengo la costumbre de lo oculto. En la recámara del fondo, entre periódicos, fotografías, ropa usada, persevera el secreto. En esa habitación entro una o dos veces al año, abro la puerta y saco una caja de cartón o una corbata”.

Antonio Deltoro

(Imágenes.-1.-The Lower India Room at Penrhyn Castle, Gwynedd, Wales 2.-Edward Lamson Henry)

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“Los instrumentos son la pequeña arquitectura del sonido – ha recordado Ramón Andrés en su excelente libro “El mundo en el oído”, al que alguna vez me he referido en Mi Siglo -. Cuando los instrumentos resuenan, el recuerdo hace vigente lo vivido, el pasado pierde la temporalidad y retorna a cada uno lo que fue, lo que es“. Dentro de cuanto ha sido y de cuanto es el hombre se encuentra escondida – como dormida en pliegues –  la alegría. La alegría no suele viajar en trenes ni en vagones. Va embozada en los rictus del rostro, agrietada por las preocupaciones. Las preocupaciones recorren los raíles de la prisa, la aceleración llama a la tensión- Pero los instrumentos de repente tocan la sorpresa de la alegría y de la epidermis de la alegría nace la luminosidad de la sonrisa: sale de su cueva la sonrisa, se desembaraza de la quietud del rostro, asciende hasta los ojos y los enciende, baja hasta los labios y los curva.

La flauta y el violín – una con sus orificios, otro con sus cuerdas – realizan la operación. Los instrumentos curan por unos instantes, entre túnel y túnel. Basta que las manos del sonido pasen sobre los rostros para que tenga lugar – brevemente – la curación por la música.

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“Desde hace muchos años vengo llamando la atención sobre el problema de “la angustia vital”  – me decía en 1966 el profesor López Ibor en su clínica madrileña de la calle de los Olivos -. El calificativo de “vital” tiene para mí una significación precisa. Es una angustia de origen interno que no está producida – aunque a veces desencadenada – por los acontecimientos de la vida, ni por sus dificultades. La expresión que lancé, “angustia vital”, ha pasado al lenguaje coloquial y con ella se entiende la que producen las cosas de la vida. La verdad es que hay en el mundo contemporáneo un estado de preocupación que parece más exacerbado o por lo menos resulta más patente al hombre medio”.

(Estábamos charlando en su despacho, era febrero, hacía frío en los árboles, nos rodeaban fichas, informes, batas blancas, nadie había en el jardín. López Ibor me hablaba mientras jugaba con un lápiz entre sus dedos)

“Se tiene la impresión – me decía – de que la vida moderna está más llena de dificultades que la vida de otras épocas. No se repara en que precisamente estamos en la civilización del bienestar y que, por tanto, y debido sobre todo a los logros técnicos que se han obtenido, las contrariedades de la vida deberían ser menores. Sin embargo, parece que no es así, y esa sería una cuestión más a meditar. Una gran cuestión. Y es que la vida del hombre siempre resulta misteriosa. Los accidentes externos encubren designios, posibilidades, actitudes internas. El gran problema del hombre actual es haber convertido en problemático el sentido de su vida. Por eso no es extraño que obstáculos y contrariedades del cotidiano vivir aparezcan envueltos en una atmósfera angustiosa”.

(Estaba el médico español trabajando sobre un nuevo libro, provisionalmente titulado “El progreso del hombre mismo“, y hablábamos del posible estilo de vida del español en el futuro)

“Siempre resulta bello – me decía – el pensar que el español tiene un estilo de vida que ha mantenido a lo largo de las tremendas vicisitudes históricas, algunas tan disolventes como el proceso de la decadencia tras el Imperio. Y de esa permanencia de “un estilo de vida” – que en definitiva es estar más atento a los valores humanos que a los económicos – pienso que el español puede desempeñar un papel importante en el futuro inmediato, contribuyendo a la creación de ese nuevo humanismo, sobre el cual se hace hoy tan abundante literatura y que necesita urgentemente el mundo técnico.

Pero si todo esto es muy bello, no puede uno menos que pensar en el impacto del mundo contemporáneo de la civilización del bienestar, del “mundo de las cosas“. Ese impacto tiene que penetrar también en el hombre español y puede transformar su estilo de vida. Ya hay signos evidentes de ese proceso. Podemos dudar de la profundidad que alcanzará. Pero ya está ahí. Que el español sea más o menos materialista dependerá de la solidez de las estructuras espirituales y vitales sobre las que se asienta nuestra vida individual y comunitaria. Yo no me atrevería a negar el riesgo que esa situación impone”.

(Han pasado los años. Recuerdo aquel febrero, nadie en el jardín, frío en los árboles: las manos de López Ibor jugando con su lápiz mientras me hablaba despacio en su clínica de la calle de los Olivos)

(Imágenes:- 1.- Georgia O`Keeffe.-1932/2.- René Magritte.-La tumba de los luchadores.-1960/ 3.-Maria Grazia Luffarelli.-tulipani danzanti)

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“El hombre es un animal que forma parte del cosmos y que sufre los influjos naturales – me decía el filósofo y pensador francés Gustave Thibon en Madrid, en 1976 -, y al que la vida en las grandes ciudades le es necesaria quizá; de ella le es muy difícil evadirse, pero en gran parte constituye una vida antinatural: el hombre en la ciudad no está directamente influido por las estaciones, no contempla la naturaleza, no recibe entonces esa especial sabiduría que la naturaleza inspira… Los hombres de ciudad viven siempre apresurados, quieren ir muy deprisa, quieren resolver todos los problemas de modo extraordinariamente rápido, quieren recetas para solucionarlo todo…Esto es el aspecto mecánico de la civilización urbana.

Yo vivo en pueblecito – continaba diciéndome Thibon -. Bien. Cuando se vive en un pueblecito, se sabe muy bien que la vida de ese pequeño pueblo no es precisamente idílica, aquello no es el paraíso terrestre: existen los celos, los rencores…Conozco a uno de mis vecinos que sabe mucho mejor que yo mis idas y venidas: cuando yo paseo con una mujer, se cuentan historias en el pueblo: yo no voy a empezar a discernir sobre mis visitas masculinas o femeninas.., pero muchos no ven jamás las visitas masculinas, sólo espían las femeninas… Porque entre los campesinos, a un hombre que se da un paseo con una mujer ya se le considera extremadamente sospechoso. Se vive, pues, a veces en una atmósfera tal, que incluso podría llegar a suspirar por el ambiente de una gran ciudad.

Pero aparte de esto, al menos unos y otros nos conocemos; se habla mal del prójimo quizá, pero a ese prójimo se le conoce; al mismo tiempo, existe una solidaridad, esa solidaridad que es necesaria en las pequeñas comunidades…; los unos a los otros no pueden ignorarse: si un campesino está enfermo, alguien del pueblo le auxilia, se mantiene el lazo humano que permanece siempre, que puede respirarse… Y esto hace que ciertos excesos, que tienen lugar en las ciudades, no tengan cabida en un pequeño pueblo; por ejemplo el “gansterismo”, la prostitución.., es la ventaja de las pequeñas comunidades, en contraste con las grandes ciudades donde los hombres se aprietan y aprisionan unos junto a otros y todo parece estar permitido, porque se hunden en el anonimato. En el campo, no; aún queda esa relación humana, el lazo humano… Creo, por todo esto, que es muy importante “ventilar” el aire de la sociedad; cuando los hombres están excesivamente cerca, excesivamente apasionados los unos contra los otros, no se mejoran”.

Me decía todo aquello Gustave Thibon en Madrid, en noviembre de 1976, sentados en la madrileña calle de Velázquez ;han pasado los años, y siempre lo recuerdo. (“ABC,”  5 de diciembre de 1976)

(Imágenes: 1.- Philipp Klinger.- taringa net/ 2.-Martin Lewis.- “Danza de las sombras”.- Nueva York.-Park Avenue.-1930/ 3.-Gustave Klimt.-detalle de “Arttersee  Litzlberg”.-1915/4.-T. F. Simon.-1887-1942.-Nueva York de noche.-ordchild-thief livejournal)

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