NIEBLA

 

 

“Niebla por todas artes. Niebla río arriba, donde mana entre verdes islotes y praderas; — escribe Dickens en “Casa desolada” — ; niebla río abajo, donde ondula viciada entre las hileras de embarcaciones y por la contaminada ciudad, grande y sucia, que se extiende al borde del agua. Niebla entre los marjales de Essex, niebla en los cerros de Kent. Niebla reptando por las chimeneas de los barcos carboneros, niebla densa en los muelles, flotando entre los aparejos de los grandes navíos; niebla que cae sobre las barcazas y botes. Niebla en los ojos y gargantas de los viejos pensionistas de Greenwich, que resuellan junto  al hogar de sus guardianes; niebla  en la pipa que por la tarde fuma el colérico patrón; niebla que pellizca con crueldad los dedos de los pies y las manos del tembloroso grumete que está en cubierta. La gente vaga por los puentes, asomándose desde  las barandillas a los cielos desplomados en la niebla, mientras esta los envuelve  a todos, como si colgasen de un globo y pendieran de las brumosas nubes+.

(Imagen— Alfred Cohn- 1920)

NAVIDAD 2020 (1) : DICKENS

 


“Pueden verse las calles de esta ciudad en una mañana navideña — escribía Dickens—en que, a causa del frío del tiempo, producen las gentes una especie de ruda música, pero activa y nada desagradable, barriendo la nieve sobre el pavimento delante de sus casas y haciéndola caer de sus tejados, mientras los chiquillos experimentan un delicioso placer viendo precipitarse sobre la calle esas artificiales y minúsculas avalanchas. El cielo está sombrío y no hay nada de particularmente alegre en el clima o en la vida; pero flota, sin embargo, en la atmósfera un aire de júbilo que tal vez el más bello de los veranos y el más hermoso sol, en vano intentan difundir, ya que las gentes que sobre los tejados se esgrimen con sus palas rebosan de jovialidad. Se lanzan bolas de nieve, riendo de todo corazón si se alcanzan y riéndose igualmente también si yerran.

 

Las tiendas de los pasteleros se hallan a medio abrir y las fruterías están en sus glorias.  Se ven cestos de castañas, grandes, redondos, ventrudos y semejantes a los chalecos de los viejos elegantes, llenos de alegría; se ven peras y manzanas formando altas pirámides, inmensos racimos de uvas suspendidos en medio del  muérdago y el acebo. El droguero — ¡oh!, el droguero — por cuya entreabierta puerta se aperciben higos y ciruelas-pasas, en unas muy adornadas cajas, tan hermosas que los clientes se estrujan en las puertas y olvidan sus compras sobre el mostrador y regresan corriendo a recogerlas, y cometen centenares de pequeñas equivocaciones, todo con el mejor humor posible, mientras que el droguero y sus dependientes parecen tan francos y tan sinceros, que los corazones de brillante cobre, con los que sujetan sus delantales, semejan ser el propio corazón que llevan generosamente fuera, para mostrárselo a todo el mundo.”

 

(Imágenes— 1- Brassai/ 2- Alexandre Benois- 1910 /3- Boris Kustodiev -1920)

SOY UN GRAN EMBAUCADOR

 


“La memoria es un componente misterioso, casi indescifrable, que nos une a cosas que nosotros no recordamos haber vivido y nos plantea continuamente entrar en contacto con otras dimensiones,  acontecimientos, sensaciones que nosotros no sabemos definir pero que confusamente sabemos  que han existido.— decía Fellini en1992, en la película de Damien Pettigrew —. Yo tengo una tendencia natural a inventarme una juventud, una relación con mi familia, una relación con la vida. Tengo la impresión de que lo he inventado todo. Para mi, las cosas que nunca han sucedido pero que yo he inventado son mucho más verdaderas. Es el caso, por ejemplo, de mi villa natal; la verdadera Rimini es la  que aparece en dos películas : “I Vitelloni” y “Amarcord”. Me parece que estas dos reconstrucciones pertenecen mucho más a mi vida que la otra, la Rimini topográfica. En resumen, soy un gran enbaucador”.

 

Me gustaría recordar quienes son mis padres espirituales — decía en otra ocasión —: Pinocho, Dickens, “La isla del tesoro”, Edgar Allan Poe, Verne y Simenon, con el cual he tenido una gran amistad y al que yo admiro enormemente. Había otro escritor de novelas –  Yambo — ¿ quién se acuerda de él ?,  que las ilustraba con dibujos que a mí me han parecido siempre muy bellos. Entre muchos otros, él inventó un personaje que se llamaba Mestolino. Era verdaderamente  mi retrato: un muchacho delgado, incapaz de decir la verdad. Yo no tengo grandes recuerdos, todos los he entregados en mis películas. Abandonándolos al público, ya no sé distinguir lo que realmente ha sucedido y lo que yo he inventado.”

( a los cíen años del nacimiento de Fellini)

 

(Imágenes— 1-“La Strada”/ 2-preparando “Amarcord”/ 3- Fellini con Anouk Aimé)

APUNTES SOBRE DICKENS

 

Cuando Dickens tenía veinte años y trabajaba en el periódico liberal “The Morning Chronicle” debía de recorrer distintas partes de Inglaterra para informar sobre los discursos políticos.  Era característico en él que tomara algunas de sus noticias taquigráficas “ sobre la palma de la mano, a la luz de un mortecino farol, o en un coche de posta y galopando por un campo desolado”. Chesterton, Maurois, Somerset Maugham, Edmund Wilson  y muchos otros han recorrido su infancia, trabajos, triunfos e influencia. Pero si nos adentramos en su correspondencia descubriremos muchas cosas más. Por ejemplo su defensa de la fantasía: “No me parece bastante decir de una descripción que es la verdad exacta —le escribía a John Foster en 1859 — .La verdad exacta tiene que figurar, pero el mérito y el arte del narrador están en la forma de exponer esta verdad. Y respecto a esto, siempre me pareció que en la literatura había todo un mundo por crear. El verdadero fundamento de la literatura popular, a lo largo de una especie de época popular de oscurantismo, puede depender del hecho de que se traten los temas con fantasía.”

 

Dickens se preocupaba de hacer muy verosímiles sus personajes y por tanto se documentaba mucho.  A   un tal Mr. Haines, en 1837, le decía: “ en mi próximo número de “Oliver Twist” tengo que poner a un magistrado, y meditando en busca de un magistrado cuya rudeza e insolencia hicieran de él un sujeto adecuado tropecé con Mr. Laing, celebridad de Hatton-garden. Conozco a este personaje perfectamente bien, pero como sería también necesario describir su aspecto personal, me era preciso verlo, lo cual nunca he hecho. En este dilema se me ocurrió que tal vez cualquier mañana podría introducirme subrepticiamente, por unos pocos instantes, bajo los auspicios de usted, en el despacho de Hatton-garden. Si puede ayudarme en mi proyecto, le quedaré  sinceramente muy agradecido.”

Cuando dejó de existir en 1870,  Dickens se convirtió en patrimonio nacional, y en las páginas de ‘The Times” se decía: “ Políticos, hombres de ciencia, filántropos, reconocidos bienhechores de su raza desaparecerán , y, sin embargo, no dejarán el vacío que ha causado la muerte de Dickens”.

En su testamento el novelista había dicho. “En mis publicaciones están mis títulos de opción al recuerdo de mi patria”.  Y Anthony Trollope escribió a raíz de su muerte: “ Dickens profesaba una profunda devoción por la literatura en todas sus variedades, y su fe en ella encerraba una verdadera convicción”.

 

(Imágenes- 1- Dickens/ 2- Giuseppe de Nittis/3- Atiknson Grimshaw)

“LOS CUADERNOS MIQUELRIUS” : MEMORIAS (26) : FICCIÓN , MEMORIAS, CERVANTES

(Dada la actual situación  que atravesamos – y que afecta también al ritmo y vida de las editoriales —he decidido ir  publicando aquí mis “Memorias”, tituladas “Los cuadernos Miquelrius”, que estaban previstas se publicaran dentro de unos meses y que quizá en su día aparezcan como libro.  Se están publicando desde el 30 de marzo, los lunes, miércoles y viernes en MI SIGLO)

 

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MEMORIAS  (26) : Ficción, Memorias, Cervantes

 

 

—Me hablaba usted antes del “cementerio de los elefantes”…—me dice la periodista.

 

– Sí, “el cementerio de los elefantes”, como le comentaba el otro día, es para mí una gran lección. Uno se esfuerza en escribir, en trabajar, unas veces acierta y otras no, pero al fin, al paso de los años, uno acabará de una u otra forma en “el cementerio de los elefantes” ; eso suponiendo que uno sea “elefante”…, que yo no lo soy…

– Es usted muy modesto.

– No. Yo tal vez sea un elefante muy pequeñito, muy pequeñito, de los millares y millares de elefantes pequeñitos que hay entre los escritores del mundo. Cuando uno pasea por entre los títulos de tantas obras alineadas, de tantas colecciones organizadas por colores, por encuadernaciones o por premios, es como si uno paseara por un largo y aleccionador claustro haciendo meditados ejercicios espirituales literarios, con reflexiones sobre la caducidad de la fama y sobre la vacuidad de las cosas. Es un paseo muy necesario, muy higiénico.

. – Entonces, ¿qué es lo que queda de todo eso?

– Pues queda la obra bien hecha, lo que se ha hecho con dedicación, con amor, la satisfacción de haber intentado lograr una obra bien hecha. Es la satisfacción del intento, ni siquiera la del logro, que no siempre se consigue. Además, ese logro está completamente cercado de avatares.

– ¿Qué avatares?

– Pues avatares de todo tipo, de modas, de gustos, de costumbres. Piense usted que naturalmente ya no se escribe, por ejemplo, como Dickens o como Galdós, y sin embargo los dos intentaron la obra bien hecha, y en algunos de sus libros lo consiguieron. En el caso de Galdós, cuando un periodista va a verle y él está ya casi ciego al final de su vida, en un momento de la entrevista, le pregunta, “¿Pero usted, don Benito, después de sus cien libros y de sus numerosas obras de teatro; después, en fin, de medio siglo escribiendo, supongo yo que no trabajará por necesidad, sino por placer, por crear…? “. Y Galdós le contesta:- “!No, amigo!… A pesar de toda mi labor pasada, si en el presente quiero vivir, no tengo más remedio que dictar todas las mañanas cuatro o cinco horas y estrujarme el cerebro hasta que dé el último paso en esta vida”. Esto respecto al trabajo, que es algo más bien normal en cualquier persona. Pero luego vienen las modas, las costumbres, los cambios en los gustos, los avances en la forma de narrar, la influencia de los nuevos medios técnicos, del cine, de tantas cosas modernas en el mundo de la comunicación : todo ello marca naturalmente y repercute. Y también las devociones y los desprecios, los puntos de vista tan encontrados, muchas veces tan radicales. Le hablaba hace unos días de Bresson y de mi conversación con él en París, de cómo él amaba a Dostoievski ; pues bien, si leemos las clases de Nabokov sobre literatura rusa Dostoievski queda muy apartado, y se ensalzan en cambio a Chejov o a Tolstoi. Por otro lado Gombrowicz desdeña a Camus, Canetti ataca a Iris Murdoch… etc, etc. Todo son puntos de vista diferentes y todos muy legítimos. Todo es cuestión de preferencias y de revisiones. Pero esto son cosas técnicas o teóricas, como usted ve, que sin duda interesan únicamente a los especialistas. Lo importante, como recordaba un autor destacado, es que no puede quedar bien nada que no se haga con amor.

– ¿Usted cree que ha hecho las cosas con amor?

– No todas, pero en muchas lo he intentado, sobre todo en los últimos años. Es lo que queda: la esencia de lo que queda cuando se escribe. Pienso que así debía ocurrir en todas las cosas de la vida.

 

. 15 mayo.

 

En “La Barranca” – Navacerrada

 

 

Antesdeayer, lunes, de nuevo con Senabre en «La Central», aprovechando que venía él de Alicante a Madrid para pasar aquí unos días. Lo pasamos muy bien. Días atrás le había mandado varias páginas de este libro para que las leyera y la verdad es que aprendí mucho cuando las comentó, como siempre que hablamos de literatura. Al aludir a mis descripciones de la casa de la calle de Goya su pensamiento, me dijo, se le había ido casi sin querer a escritores que habían dedicado páginas a las casas, tanto en su exterior como en su interior, que son muchos, y luego nuestra conversación se desvió por este tema de las casas y acabamos nada menos, mejor dicho acabó Senabre, citando al siglo de Oro y a Vélez de Guevara, con su “Diablo cojuelo” que tanto le gusta , el autor que levantaba los techos de las casas de Madrid. Yo le recordé, en otro sentido, a un escritor que me interesa mucho, Georges Perec, por sus experiencias literarias, y comentamos la enumeración exhaustiva y minuciosa que él hace de la casa de pisos en la calle Simón -Crubellier de París. Y así nos entretuvimos casi toda la mañana hablando de casas en general y luego del libro de Sandra Petrignani “ La escritora vive aquí” y de las casas de las autoras que ella describe. Como siempre, una conversación muy aleccionadora y agradable.

Y al fin, tras esta conversación del lunes con Senabre, he decidido incluir en estos “ Cuadernos Miquelrius” algunos de los cuentos que he escrito en estos años. Es cierto que nada tienen que ver con el tronco central de la larga entrevista que me está haciendo la periodista, y ello hasta me mantenía dudoso y preocupado. Pero al confesarle el lunes a Senabre mis dudas él me ayudó enseguida, como hace siempre. Defendió toda clase de cuentos, relatos o episodios intercalados que suelen aparecer en muchas obras literarias y me puso muchos ejemplos. Ante mi sorpresa, y en medio de la conversación a media mañana, se levantó de uno de los sillones en donde charlábamos, se acercó a una de las estanterías de “La Central”, y tomó el volumen del Quijote que editó hace ya varios años, en 1998, el Instituto Cervantes, un magnífico volumen con Notas complementarias. Senabre me leyó parte de lo que él mismo comentaba allí sobre las dudas de Cervantes en la Segunda Parte del libro y sobre si fue oportuna o no la inclusión en la Primera Parte del relato “ El Curioso impertinente”.

– Mira – me dijo Senabre – lo que Cervantes dice aquí por boca del Bachiller – y me leyó : “una de las tachas que ponen a la tal historia es que su autor puso en ella una novela intitulada “El Curioso impertinente”, no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote”. Muchos autores, por tanto, han incluido pequeñas historias ajenas a la historia central dentro de sus libros. Y lo que estás haciendo, añadió, es perfectamente razonable, e incluso, creo, puede darle mayor variedad al libro. Por otro lado, en muchas de estas páginas que me estás mostrando aparecen varias facetas tuyas, la de profesor, periodista o conocedor de escritores, tus encuentros con artistas diversos y tus reflexiones, cosas que han sido una constante en tu vida, pero tampoco tienes por qué esconder tu perfil de cuentista y de novelista, y esto cabe perfectamente en un volumen al que tú de algún modo calificas de Memorias. Piensa, por ejemplo, en algunas obras de Sergio Pitol que mezcla diversos géneros. O en los relatos que en medio de sus “Diarios” introduce de pronto Ricardo Piglia. Pero tampoco hay que ceñirse a Pitol o a Piglia. Cervantes, como digo, mete relatos intercalados en la Primera y en la Segunda Parte del Quijote, Mateo Alemán introduce cuatro novelas breves, cuentos y anécdotas para dar variación a su “Guzmán”, e incluso Graham Greene defiende esos relatos breves dentro de una obra, que para el creador, así lo llama él, son otra forma de escape. Muchos han aplicado esa fórmula.

Todo esto me ha animado a incorporar más relatos. Me ha dejado tranquilo. Introduciré en estas Memorias el relato “Caligrafía”.

 

José Julio Perlado — “Los cuadernos Miquelrius” — Memorias

 

(Continuará)

TODOS  LOS  DERECHOS  RESERVADOS

LONDRES, INGLATERRA

 

 

El día en que se va el Reino Unido  de la Unión  Europea, repaso visiones de Londres reflejadas en el interesante libro de Ignacio Peyró, “Pompa y circunstancia”:  “A una ciudad de tanto teatro , de Shakespeare a Scaramouche, le va bien la imaginación dickensiana, que equipara su historia a “una espectacular obra de teatro en la que los actores son los grandes y los humildes; los felices y los desdichados; los sabios y los ignorantes; hombres y mujeres que de verdad vivieron y  murieron.” Dickens no vio en plenitud el altiplano gozoso del Londres victoriano e imperial, el burbujeo de gozo y lujo del Londres eduardiano; echamos de menos su pluma para narrar el Londres acosado por el “Blitz”, el despertar de la posguerra, la crisis de los sesenta. Destino perpetuo “para turistas ricos”, el Londres de hoy, sufriente con bombas y atentados, exitoso en sus Juegos, se apega con pasmosa fidelidad a su mudanza. Morand entronca su camino con el de los propios ingleses : salvarán el genio de su capital en la medida en que ellos sepan conservar sus propias virtudes.

 

 

Londres creció porque supo engullir y atraerse lo mejor de Inglaterra —ya Defoe dijo que todo el reino manda a Londres sus provisiones y sus gentes —, pero también porque supo ofrecerse como patria de todos los exilios: ha sido nido sucesivo de hugonotes, judíos, pakistaníes, resistentes y expatriados de mil causas, de anticomunistas del Este a liberales españoles o nacionalistas griegos.

Algunos de estos recién llegados fueron egregios, como el Rimbaud que se acogía en el Museo Británico porque tenía calefacción y papel gratis. Todavía  hoy es difícil encontrar londinenses en Londres: todo el mundo ha sido acogido y rebautizado en una ciudad que, si ofreció licencia, es porque también fue siempre un lugar de libertad para los propios y los ajenos. Fueron muchos los profetas que encontraron en Londres un lugar para madurar sus utopías, pero no un lugar para llevarlas a cabo.

Estos son sabidurías de la vieja ciudad liberal, donde Boswell podía permitirse correrías inauditas  y — según Melville—uno lograba desaparecer como si se hallara en los mares del sur.

 

 

(Imágenes—1- Robert Frank – 1951/ 2- Grace Gollen/ 3-Giuseppe de Nitis)