EL AÑO DE GALDÓS (2) : MADRID Y “FORTUNATA”

 

 

“Mientras deambulaba por los Barrios Bajos — cuenta Berkowitz, biógrafo de Galdós—, por azar tropezaría con el prototipo de Fortunata, bajo circunstancias muy parecidas a las descritas en las páginas iniciales de la novela. Estaba ella de pie en el portal de una casa de viviendas, sorbiendo un huevo crudo. Su interés por aquella mujer trajo una relación de intimidad con ella que llegaría incluso a producir gran parte del rico contenido humano de los cuatro tomos de la obra maestra.”

La primera parte de “Fortunata y Jacinta” la concluye en enero de 1886 y la última parte en junio de 1887, cuando Galdós tiene entre cuarenta y dos y cuarenta y cuatro años. Mientras tanto y a lo largo de los cuatro tomos, la ciudad de Madrid se despliega como escenario intenso y viviente en toda la novela : el Palacio Real, el Congreso, los ministerios de Ultramar, Hacienda, Gracia y Justicia, Gobernación; los Tribunales, incluido el Supremo y el Ayuntamiento. Aparece también la Bolsa, la Aduana, varias Facultades de la Universidad; el museo del Prado, la Academia de la Historia, siete periódicos de la Villa, el Casino, el Rastro, el Hospicio, la Inclusa, varios asilos, varias cárceles (Saladero, la Modelo, Prisiones Militares), el Manicomio, el Retiro, los Almacenes de la Villa, cuatro conventos de la realidad y uno de la ficción ( “las Micaelas”), catorce iglesias, cinco teatros, un pequeño tratado de las aguas de Madrid —sus “viajes” y sus fuentes públicas—, estaciones de ferrocarril, tres mercados, 20 cafés, el Matadero municipal, casi todos los cementerios. Se extienden en la novela 97 calles, más de 20 plazas y plazuelas, 8 paseos además de Rondas, Costanillas,  Cavas, Campos y Campillos, aparte de “la Carrera” y “la Red” que en total llegan a 137 nombres de vías urbanas.

 

 

Y luego están los barrios. Y los ruidos. Hablando de Barbarita Arnáiz ( esposa de Santa Cruz, padre), Galdós escribe en “Fortunata”: “Ni trocara tampoco su barrio, aquel riñón de Madrid, en que había nacido, por ninguno de los caseríos flamantes que gozan fama de más ventilados y alegres. Por más que dijera, el barrio de Salamanca es campo… Tan apegada era la buena señora al terruño de su arrabal nativo, que para ella no vivía en Madrid quien no oyera por las mañanas el ruido cóncavo de las cubas de los aguadores en la fuente de Pontejos; quien no sintiera por mañana y tarde la batahola que arman los coches correos; quien no recibiera a todas horas el hábito tenderil de la calle de Postas, y no escuchara por Navidad los zambombazos y panderetazos de la plazuela de Santa Cruz; quien no oyera las campanadas del reloj de la Casa de Correos tan claras como si estuvieran dentro de la casa; quien no viera pasar a los cobradores del Banco cargados de dinero y a los carteros salir en procesión. Barbarita se había acostumbrado a los ruidos de la vecindad, cual si fueran amigos, y no podía vivir sin ellos.”

 

 

(Imágenes —1-viejo Madrid – foto donada por Ángel Rojo Gutiérrez/ 2-modelo del Palacio Real – 1830– museo de Historia de Madrid/ 3-Congreso de los diputados – Ch Clifford – 1853- Biblioteca Nacional)

VIEJO MADRID (85) : LA CIBELES

 

 

“¡Qué bien situada está! — escribió de ella José María SalaverrìaEl Banco de España a un lado, con todos sus misteriosos sótanos atiborrados de talegas de oro y plata, con sus inexpugnables taquillas que van diariamente vomitando, luciferino alimento de la codicia, fajos y más fajos de billetes. El antiguo Ministerio de la Guerra al otro lado; quiere decir la fuerza, la autoridad, la orden y el mando. Y la Casa Central del Correo, en fin, que es como tener a la mano el nudo de todas las hilaturas que se desparraman por el país al modo de las venas y los nervios, los tendones y los músculos del vibrante cuerpo nacional.

La Cibeles hace su magnífico gesto de divinidad clásica en el sitio de encuentro de todas las chirriantes orientaciones multitudinarias. Los taxis despiden su bombardeo de claxon. La marea humana transita sin fin. ¡Cuántos guiños de la vida de la capital de las Españas ha visto pasar la Cibeles! ¡Cuántos desfiles y manifestaciones conservadoras, liberales, radicales, anarquistas y reaccionarias! ¡Cuántas ráfagas de ideal, traducido luego en nada! ¡Cuántos oradores en hombros! ¡Cuántos regimientos en aire de parada! ¡Cuántos entierros!

 

 

Pero la diosa frigia, la de la frente coronada de almenas, deja que los guiños de la ciudad pasen y que unos y otros se destituyan y anulen. La diosa que ha visto las milenarias transmutaciones de las muchedumbres, sabe esperar. Insiste en su actitud serena frente a la ciudad que ayer mismo era un poblachón y que ahora se ha lanzado a la vida.”

 

 

(Imágenes—1-Merino- Durán subastas/ 2-pinterest/ 3- pinterest)