¡PADRE MÍO!

 

 

”Esta luz de Sevilla… Es el palacio

donde nací, con su rumor de fuente.

Mi padre, en su despacho. — La alta frente,

la breve mosca, y el bigote lacio —.

Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea

sus libros y medita. Se levanta;

va hacia la puerta del jardín. Pasea.

A veces habla solo, a veces canta.

Sus grandes ojos, de mirar inquieto

ahora vagar parecen, sin objeto

donde puedan posar, en el vacío.

Ya escapan de su ayer a su mañana;

ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,

piadosamente mi cabeza cana.”

Antonio Machado“Soneto” –  “Nuevas canciones” (1925)

(Imagen – Pierre Auguste Renoir1876)

VIAJES POR ESPAÑA (9) : SORIA Y MACHADO

Soria-reb- ermita de San Saturio, a orillas del Duero- wikipedia

 

“Que Soria, aislada, pobre, con su clima duro y a trasmano de las rutas importantes – escribía Dionisio Ridruejo en sus guías viajeras -, haya llegado a ser imagen familiar para los hombres de lectura se debe sobre todo a la peripecia biográfica de un gran poeta que vino a ella en los años de su primera madurez, amó, sufrió y encontró en sus paisajes el tema conveniente a su talante espiritual. Hoy se habla de la Soria de Machado más que de la Soria numantina, mito nacional indudable y que bastaría para explicar la atención de un cierto gremio de estudiosos. Si Soria es, sobre todo, la de Machado ello no sucede sólo por la mayor genialidad de nuestro poeta preferido, sino porque el sujeto se ajustaba bien a la óptica del contemplador, que era la dominante en un tiempo de crisis y esperanza. Por eso la imagen de Machado es ambigua. Su criticismo progresista, su patriotismo crítico, le llevará a convertir a Soria

 

Soria- bgu- Antonio Machado y Leonor- paradas es

 

en el paradigma extremo de la España menoscabada, sumergida bajo un pasado altisonante y debatiéndose por romper “hacia la vida” con la pesadumbre de sus tierras desnudas y de su resignación, tan mineral como la entraña de los páramos. Por otra parte, su intimismo de raíz idealista le llevará a la complacencia estética que la pena de amor y de ausencia dejará en su última depuración. Vista con uno de los focos, Soria será aislamiento, lucha casi imposible con los rigores del medio, postración consolada por la dignidad, esperanza de poco sostén y mucha intemperie. Vista con el otro, Soria será el paisaje subjetivable por excelencia, el paisaje-alma, con belleza que

 

Soria-unnhy- palacio de los Condes de Gómara- siglo diecisiete- wikipedia

 

apenas pide ayuda a los sentidos, impresionándonos desde la propia imaginación con el hayedo en el pinar, las hojitas del olmo o la mariposa del zarzal florido. Ni siquiera la referencia monumental le hace falta a Machado. La ciudad es “decrépita” y “bella bajo la luna”. La sociedad es puramente tácita, mientras el paisaje más explícito va fundido a la tierra con algunos excesos de sombra. El alto llano con sus colinas próximas y sus montañas lejanas que tienen los colores del sentimiento – plateadas, cárdenas, azules, violeta, rosa – era lo suficiente”.

 

Soria-nuuhn- ermita de la Virgen del Mirón- wikipedia

 

(Imágenes.- 1.- Soria: ermita de San Saturio, a orillas del Duero- Wikipedia/2- Antonio Machado y Leonor/ 3.-palacio de los Condes de Gomara – siglo XVl- Wikipedia/ 4.- ermita de la Virgen del Mirón- Wikipedia)

ALVARO DELGADO

 

Alvaro Delgado- bty- Antonio Machado- mil novecientos setenta y dos

 

“Los retratos de Alvaro Delgado decía José Hierro – son equilibradamente, buena pintura y buen documento humano, buenos retratos, en suma. Porque no hay posibilidad de lograr buenos retratos con la mala pintura. Un mal pintor, sólo nos da la superficie,

 

Alvaro Delgado- boi- Gerardo Diego

 

lo que ve la máquina fotográfica en un instante, en tanto que el verdadero artista, ofrece una suma de instantes, de gestos. No lo que vemos en un abrir y cerrar de ojos, sino lo que recordamos, tras haber observado largamente al retratado. Sólo el artista es capaz de plasmar eso que llamamos personalidad del modelo.

 

Alvaro Delgado-ybbt- Benjamín Palencia

 

A Alvaro Delgado le ayuda, en primer lugar, su capacidad de ver en el presunto modelo un ser complejo, con su psicología y sus enigmas. No ve en él formas, sino un carácter y una personalidad que naturalmente, sólo a través de formas puede manifestarse. Y para revelar lo oculto, para darle cuerpo visible, dispone de su fabulosa capacidad de dibujante. El lápiz o el pincel son como una prolongación de su mano (…) Y para realzar y fijar la personalidad del retratado utiliza el procedimiento distorsionador del expresionismo, pero con ciertos matices (…) El expresionismo de Alvaro Delgado es una forma de ironía. Más que el insulto y la discrepancia vomitados contra la realidad, una agudeza, una ingeniosidad, que define humorísticamente la personalidad del modelo. Es un proceso distorsionador, hijo de la inteligencia y no de la ira”.

(en recuerdo del pintor Alvaro Delgado que acaba de morir)

 

Alvaro Delgado- nbg- Valle Inclán

 

(Imágenes.- Alvaro Delgado: 1.- Antonio Machado/2.- Gerardo Diego/ 3.- Benjamín Palencia/ 4.- Ramón María del Valle Inclán)

 

MARAÑÓN Y SU CIGARRAL DE TOLEDO

Marañón-hiu- en su biblioteca de El Cigarral- elmundo es

 

De la frase “el trapero del tiempo” y de Gregorio Marañón he hablado en distintos lugares y en muchas ocasiones. Marañón, al que conocí en el entierro de Ortega, siempre me ha enseñado el valor del aprovechamiento del tiempo, la importancia de esos ratos aparentemente perdidos entre quehacer y quehacer que pueden llenarse, paciente y tenazmente, con otro importante quehacer. Son restos de horas que creíamos inservibles y que pueden estar perfectamente colmadas o con esbozos primeros de tareas o con correcciones últimas. Con esos retazos de tiempo, asombrosamente y pieza a pieza, se va construyendo una larga historia. Lo importante es que el reloj no nos tiente con el vacío de sus huecos y que uno logre aprender cuanto antes a “trabajar descansando”.

 

Marañón- mil novecientos treinta y uno- foto Alfonso

 

La muy excelente biografía de Marino Gómez Santos, “Vida de Gregorio Marañón” (Taurus), me ha acompañado muchas  veces. Allí está la vida del médico y del humanista, pero también detalles de extrema delicadeza del protagonista, como cuando, acompañado por su hijo Gregorio, pasea en uno de sus últimos días por la Casa de Campo simulando ante su mujer que ha estado en un Concierto para no preocuparla. “Se puede – escribió Marañón – por arrebatos de la pasión, malbaratar la vida; pero el que quiera guardarla para lo que más nos acerca a Dios, que es la creación, nada tiene que aprender, porque es una ciencia que se aprende sola”.

 

Marañón- nhy- Marañón- Ortega - el doctor Teófilo Hernando- en el Cigarral- foto Miguel Ortega Spottorno

 

Ahora el libro sobre el Cigarral de Toledo (Taurus) que publica Gregorio Marañon Bertrán de Lis nos invita a recorrer el “Cigarral de Menores” – visitado a su vez periodísticamente hace años por Gómez Santos y recogido en sus “Vidas contadas” (Renacimiento) – y entramos en el espacio que ocuparon tantas figuras relevantes en recitales y en tertulias: aquí leyó LorcaBodas de sangre”, aquí estuvieron Valle-Inclán y Galdós, Juan Belmonte, Sebastián Miranda, Azorín, Maurois, Salvador de Madariaga, Fleming, MariaCurie y tantos otros…

 

Marañón- nhy- con Lorca y Francisco Iglesias Braga- en el Cigarral- mil novecientos treinta y uno- foto Alfonso

 

Cuando se recorre la biblioteca que Marañón usaba en este Cigarral un cenicero nunca utilizado nos muestra esta frase: “Señor, bendice a quien no me hace perder tiempo“. Y la voz del escritor-médico parece que volviera: “Soy un trapero del tiempo. Alguno de mis pequeños trabajos están escritos en ese cuarto de hora que tardan en llamarnos a la mesa”.

 

Marañón-nhu- Marañón en su Cigarral abc es- foto Rodríguez

 

(Imágenes.-1.-Marañón en su “Cigarral”-elmundo es/2.-Marañón con Antonio Machado, Ortega y Pérez de Ayala.- 1931- foto Alfonso/ 3.-Marañón con Ortega y el doctor Teófilo Hernando en el “Cigarral”- foto Miguel Ortega Spottorno/ 4.-Marañón con García Lorca y Francisco Iglesias  Braga.-1931- foto Alfonso/ 5.-Marañón en su “Cigarral”- ABC- foto Rodríguez)

LOS DOS VALLE- INCLÁN

 

Valle Inclán- ubbg- el escritor en la Granja del Henar- entredosamores es

 

De nuevo Valle- Inclán en una última biografía y de nuevo Valle-Inclán en quienes le estudiaron y representaron. “Fue un bárbaro, magnífico y genial poeta- decía de él Adolfo Marsillach-. No le iban los espacios reducidos, los decorados únicos, las cómodas salitas de estar de las obras naturalistas… Necesitaba intérpretes y directores imaginativos, capaces a su vez de salirse de lo rutinario. A Valle, el teatro que hacían normalmente sus contemporáneos le venía estrecho…” Y  Juan Ramón Jiménez quiso comentar en “El Sol”,  en enero de 1936 : ” Ramón del Valle- Inclán era un celta auténtico. Como sus contemporáneos, los

 

 

Valle Inclán- Alfonso Sánchez Portela- museoreinasofia es

 

mejores escritores celtas de Irlanda, George Moore, Synge, Yeats… Los estilos de Valle- Inclán dejan mucho en los escritores que vienen detrás de él : Antonio Machado, Pérez de Ayala, Gabriel Miró, Juan Ramón Jiménez,. Después, en Gómez de la Serna, Basterra, Domenchina, Espina, García Lorca, Alberti…”

 

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Los dos Valle hablaban entre sí:

Fuimos dos – confesaba en 1932 -, los que escribimos las obras de don Ramón del Valle-Inclán. Yo y el otro yo.  Yo soy el de hoy, y el otro yo el que escribió historias en un estilo acusado de decadentismo. Mis primeras novelas tienen ese ritmo porque más que mías, son obras de colaboración. Hechos de familia inspirados en las hazañas de una vieja casa de conducta arbitraria. Las historias expuestas en aquellas narraciones definen mi casta. Todo fue cierto. Yo era un cronista con sentimientos responsables- Un rapsoda en los pazos familiares. Mi estilo, la plástica de una gesta, una interpretación heráldica. Por los años mozos yo no era un autor español, era el arcipreste familiar de un campeador que veía cómo se iba ensanchando Galicia al paso de su caballo. Ahora no. He roto las amarras de la casta, las responsabilidades del apellido. Me manifiesto libremente con toda la crueldad y la soberbia de un autor español de pura cepa…”

 

Valle Inclán-eybbn -elpasajero com

 

(Imágenes.- 1.- Valle Inclán en la tertulia de “La Granja del Henar”/ 2.- Valle-Inclán en la cacharrería del Ateneo de Madrid, con Manuel Azaña y otros.- 1930-  foto Alfonso Sánchez Portela.- museoreinasofia.es/ 3.-estatua madrileña de Valle- Inclán.-foto JJP/ 4.-Valle-Inclán.- elpasajero. com)

 

VIEJO MADRID (56) : VIVENCIAS Y RECUERDOS (1)

 

ciudades.-5fr4tt.-Madrid 1953.-Francesc Catalá Roca

 

Sentado en este despachito de cortinas azules en el piso de Raimundo Lulio 22, en pleno barrio madrileño de Chamberí, se encuentra este hombre de los lentes alados sobre la nariz, un hombre menudo, de apenas pelo cano, silencioso, hablando con su nieto, que soy yo. El nieto tiene en esta escena de 1956 tan solo 2o años, viene de estudiar esta mañana en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid el Primer Curso de especialidad en Filología Románica – Tercer Curso entonces de Filosofía y Letras – y ha escuchado las lecciones de Francisco Ynduráin Hernández – su gran maestro -, de Rafael Lapesa y de Alonso Zamora Vicente. José Ortiz de Pinedo tiene en el mediodía de esta conversación familiar 75 años, el despachito de cortinas azules es su refugio, y en el silencio de la letra menuda de sus manuscritos y en el recogimiento de los libros ordenados y alineados, se concentra su vida entera consagrada a la poesía, al teatro y a la novela, pequeñas novelas como ésta que ahora – cuando pasa el tiempo y la fantasía en la distancia se desborda – tengo yo aquí, en la mano, porque acabo de extraerla con la imaginación de la estantería de su sencilla biblioteca.

El libro lleva por título “¡… Y la vida se va!”, lo publica la Editorial Paez, calle Ecija 6, Madrid, (está dedicado a “Joaquín Aznar, espíritu generoso – escribe Ortiz de Pinedo en su dedicatoria -, pluma maestra, con el cariño de muchos años”) (Joaquín Aznar había sido Director del periódico “La Libertad” desde 1925 a 1931, y fue uno de los íntimos amigos de José Ortiz de Pinedo, junto con Eduardo Haro y Emilio Carrere)

 

ciudades.-5f5.-Madrid.-1950.-la Gran Vía.-Frances Catalá Roca

 

Pero lo importante de esta corta novela de Ortiz de Pinedo  “¡…Y la vida se va!”  es quizá el título, es decir, cómo se va la vida por este pasillo del piso de Raimundo Lulio, cómo se va la vida hacia delante y hacia atrás, hacia la vida que vivió antes mi abuelo y hacia la vida que viviré yo más adelante – si Dios me ayuda -, como nieto.

Sí, en verdad se va la vida. Si nos asomamos a este balcón del segundo piso de Raimundo Lulio 22 veremos en el café de la esquina con la calle de Santa Engracia –  café hoy desaparecido – cómo mi padre, muy joven, espiaba a mi madre – la hija única que tuvo Ortiz de Pinedo – cuando aún eran novios, allá por los años 30, y la espiaba enamorado para ver en qué momento salía ella a saludarle al balcón.

Porque esta pequeña calle madrileña que baja desde Santa Engracia hasta la plaza de Olavide y donde vive José Ortiz de Pinedo es muy literaria. Galdós en “Fortunata y Jacinta hace que doña Lupe se mude a este barrio del mercadillo de Olavide, entonces unos tenderetes al aire libre, como nos lo muestra un dibujo de la “Guía” de Fernández de los Ríos. La Rubín – personaje galdosiano – va a habitar a la calle de Raimundo Lulio y el autor de “Fortunata” nos hace creer que la casa debió estar muy cerca del Paseo de Santa Engracia. Pedro Ortiz Armengol, sin duda el mejor especialista en la gran novela de Galdós, señala el número 11 de esa calle de Raimundo Lulio como lugar habitado por doña Lupe, y repasando el magnífico Plano del Madrid de 1874,  se ve que asomaban en Raimundo Lulio solamente dos casas de una planta ya que el resto eran solares y paseo hasta el mercadillo. Pues bien, Galdós coloca a uno de los personajes de “Fortunata quizá en el número 11 de esa calle y apenas un siglo después, casi enfrente, en el número 22, seguimos teniendo a Ortiz de Pinedo, otro personaje – esta vez de la vida -, sentado en su despachito de cortinas azules hablando conmigo, que soy su nieto.

 

ciudades.-57bn.-Madrid 1953.-foto Frances Catalá Roca

 

¿Y de qué hablábamos? No recuerdo de qué hablábamos. Los nietos de 20 años no recuerdan muchas cosas de las que hablan con sus abuelos de 75, pero sí las esenciales. Hay  unas coincidencias de vivencias y de lecturas rodeando a este pequeño despacho. Galdós prosigue. Está en la memoria de Ortiz de Pinedo. Si tomamos de esta estantería del despachito otro libro suyo, “Viejos retratos amigos” publicado siete años antes, en 1949 (y del que hablaré más adelante), aparece Galdós paseando por la madrileña carrera de San Jerónimo y Ortiz de Pinedo detrás de él. Ortiz de Pinedo tenía entonces – era cuando había llegado desde Jaén a Madrid, pasando (según sus biógrafos) por Guadalajara – 21 años, casi los mismos que ahora tengo yo sentado ante él en este despacho. “Don Benito – evoca mi abuelo en ese libro de recuerdos – , que caminaba solo, habíase detenido un instante a curiosear el escaparate de Fernando Fe, que brindaba al apetito intelectual las últimas novedades nacionales y francesas, y paróse luego en un grupo de amigos a la puerta de Llardy, cuyo escaparate tentaba otra clase de apetitos. Breves momentos nada más conversó Galdós con aquellos señores, continuando su paseo entre la multitud al anochecer.

Mi curiosidad – sigue Ortiz de Pinedo – no se daba por satisfecha y fuíme detrás del genial creador sin perder un solo movimiento suyo, con la ilusión del enamorado que sigue a una mujer. Cuando lo dejé, al fin, en la calle de Hortaleza, donde tenía la administración de sus obras, sentí algo así como la satisfacción del deber cumplido mediante aquel acto de humilde y anónimo homenaje”.

 

Madrid-rrcg- capa-  Federico Chueca- archivo general de la Administración

Son los seguimientos devotos de lectores y admiradores que han existido siempre en la historia de la Literatura, gentes como José Ortiz de Pinedo que seguían a Galdós por la calle, gentes como el yerno de Ortiz de Pinedo – mi padre, José Perlado – que seguía a Ramón y Cajal en el “Café del Prado”, en la madrileña calle del Prado, a dos pasos del Ateneo, o a Valle Inclán o a Benavente cruzando la Plaza de Santa Ana o paseando por la calle del Príncipe. Esos seguimientos anónimos detrás de las figuras de las letras han sido a lo largo del tiempo innumerables y de ellos han quedado muchos testimonios. Por citar uno de ellos, Vicente Aleixandre, en su libroLos encuentros”, cuenta cómo todos los personajes con los que quiso tropezarse en las calles de Madrid eran conocidos, menos uno: Antonio Machado.Pero daba la casualidad – comenta Aleixandre – que los dos teníamos el mismo barbero. Y un día me dijo: “Yo también sirvo a un señor que hace versos. Pero apenas conocido. Se llama Machado” ¡Machado” Fíjese usted. Para mí sólo su nombre ya era un fulgor… A Galdósprosigue Aleixandre – le vi una vez, en el “Teatro Infanta Isabel”, el día que estrenó “Sor Simona”. Yo tenía 17 años. Entré en el camerino – dice Aleixandre .-Galdós, ciego, estaba sentado, ausente. Se sacó un gran pañuelo, se secó el sudor. Yo le miraba… Salí sin decir nada”.

Son los 17 años de Vicente Aleixandre, son los veintitantos años de José Ortiz de Pinedo, son los 20 años míos. Sentado en aquel despachito de cortinas azules yo no sabía que a lo largo de la vida iba también a  seguir a muchos personajes. Por mi profesión, he tenido la suerte de vivir en Roma y en París varios años, y en la capital italiana, al principio de la década de los sesenta, más que seguir por la calle exactamente, conocí muy de cerca a relevantes personajes del mundo de la cultura. A Stravinsky y a Federico Fellini en Roma; a Ezra Pound, a Pier Paolo Pasolini y a Giancarlo Menotti en Spoleto; más tarde, en mis años de París, al filósofo Gabriel Marcel y al director de cine Robert Bresson. También Madrid fue escenario para mí de conocimientos. Sentado ante Ortiz de Pinedo, que ahora me sigue observando en este pequeño despacho rodeado de libros, no podía imaginar que unos años después yo charlaría ampliamente con Gerardo Diego en su casa de la calle Covarrubias, con Dámaso Alonso en su casa retirada (donde me dedicó su libro “Poetas españoles contemporáneos”), con el eminente historiador Pedro Sáinz Rodríguez, con el gran cuentista Ignacio Aldecoa, con la poetisa Ernestina de Champourcin, con el pintor Benjamín Palencia en su taller de la calle de Sagasta, con Luis Rosales en su habitación de la calle de Vallehermoso, con Camilo José Cela en su casa de Rios Rosas.

 

mADRID 24.-Gran Vía y Alcalá en 1945.-donado por María Santoyo.-Archivo

 

Este nieto de Ortiz de Pinedo que soy yo, no puede imaginar tampoco, aquí sentado en Raimundo Lulio y en 1956 – año en el que estamos -, que conocerá y dialogará largamente con dos grandes escritores argentinos, Julio Cortázar y Manuel Mujica Láinez, o con el uruguayo Juan Carlos Onetti. Son charlas que están en el aire del tiempo, que aún no nos llegan desde este pasillo, porque desde este pasillo y en este momento lo que nos llega, mientras abuelo y nieto seguimos hablando, es la voz de Julia Valdés, esposa de Ortiz de Pinedo, es decir, la voz de mi abuela materna que nos llama a comer. Viene a decirnos que ya tenemos preparados los huevos fritos con el pan cortado y tostado en el cuartito que hay al fondo del pasillo, muy cerca de la cocina, donde el sol suele dar sobre el tapete de la mesa camilla. Mi abuelo y yo solemos comer muchos días allí, y también desayunar los domingos un chocolate humeante en el que untamos puntas de pan crujiente. Es Julia Valdés, mi abuela, la que ahora nos llama y nos mira, y cuando la veo en este pasillo me acuerdo de otra Julia a la que conocí, Julia Guinda Urzanqui, la viuda de Azorín, que unos años después, en 1967, exactamente el 2 de marzo de 1967, me abriría la puerta de aquella casa de la calle de Zorrilla 21, segundo izquierda (muy cerca de las Cortes) muy pocas horas después de que muriera el maestro. “Vemos a Azorín en la lejanía, viviendo en un cuartito silencioso, junto a las campanas del Carmen – leemos otra vez que escribe Ortiz de Pinedo enViejos retratos amigos”-. Lo vemos asimismo perderse en la arboleda del Retiro o pararse ante un tenderete del Rastro. Un día lo vimos – un día de invierno – sentado tras el cristal de un café-cervecería, desaparecido ya, de la carrera de San Jerónimo. Años después lo hemos visto muchas veces en la trastienda de una librería selecta, hundido en un sillón, con los ojos medio cerrados”.

 

Madrid-vvnnd-calle de Sevilla- rayosycentellas.net

 

Eso es lo que evoca mi abuelo Ortiz de Pinedo de Azorín. Pero lo que él no puede imaginar en este despachito de cortinas azules – ni yo tampoco -, es que ese 2 de marzo de 1967 Julia Guinda Urzanqui, la viuda de Azorín, me abrirá la puerta y me hará pasar al saloncito donde está de cuerpo presente el autor de “Castilla” y de “Los Pueblos”.”Allí extendido, Azorín – escribiría yo al día siguiente en “El Alcázar”, un periódico madrileño– era ya el gran mudo de la pluma, como si tuviera amordazado los dedos. Me acerqué a él, acababa de entrar el Ayuntamiento de Monóvar, seguían acumulándose coronas, y creo que fue entonces cuando lo vi. Vi su ojo azul. El ojo derecho de Azorín quieto entre el párpado, como si nadie lo hubiera querido sellar, como si respetasen ese ojo sien tiempo”. Porque estábamos allí los dos solos, la recentísima viuda de Azorín y yo ( eran las cuatro de la tarde y el maestro había fallecido hacía muy pocas horas), ambos en silencio ante el cadáver de quien había escrito “Clásicos redivivos y clásicos futuros” o “Las confesiones de un pequeño filósofo”.

Sin duda nada podía decirle a mi abuelo Ortiz de Pinedo de todo esto porque faltaban once años para que aquello sucediese. Pero de lo que sí hablamos sin duda en aquel despachito es del entierro de Ortega al cual yo había asistido. Un año antes, el 19 de octubre de 1955 – tenía yo entonces 19 años – había querido ir con varios compañeros míos de la Facultad hasta la madrileña calle de Montesquinza – la casa donde había fallecido Ortega – y desde allí quisimos acompañar al cortejo fúnebre hasta la Sacramental de San Isidro. Recuerdo que aquel día, entre las muchas personalidades asistentes al sepelio, estaba cerca de mí Gregorio Marañón y también recuerdo que entre mis compañeros de Facultad de entonces, asistieron conmigo – estudiábamos en el mismo Curso de licenciatura – el gran poeta español Claudio Rodríguez y el que luego sería Director del Museo de Prado y gran especialista en pintura barroca, Alfonso Pérez Sánchez.

 

Madrid.-33woo.-calle Sevilla.-1900.-Hauser y Menet.-Museo Municipal de Madrid

 

(Imágenes.- 1, 2 y 3.- Madrid 1950-1953- Francesc Catalá Roca / 4.-Federico Chueca– Archivo General  de la Administración/ 5.-Gran Vía y Alcalá.-1945- donado por M Santoyo- Archivo General de la Administración / 6.-Madrid – 1900- Hauser y Menet- Museo Municipal de Madrid)

LOS SUEÑOS

árboles-ignn-Piet Mondrian- mil novecientos diez

 

 

“La tarde está muriendo

como un hogar humilde que se apaga:

allá, sobre los montes,

quedan algunas brasas…

Y ese árbol roto, en el camino blanco,

hace llorar de lástima-

¡Dos ramas en el tronco herido, y una

hoja marchita y negra en cada rama!

— ¿Lloras?… Entre álamos de oro,

lejos, la sombra de amor te aguarda–.”

Antonio Machado.- Campo.- “Los sueños”

 

árboles-nhhuu-Vincent van Gogh

 

(Imágenes.-1.-Piet Mondrian.-1910/ 2.- Vincent van Gogh)