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Posts Tagged ‘Anthony Burgess’

 

 

A la pregunta que se le hizo a Isak Dinesen sobre si reescribía muchas veces sus cuentos, contestó : ” Oh, sí, lo hago, lo hago. Es infernal. Una y otra vez. Pues sólo si uno es capaz de imaginar lo que ha ocurrido…, de repetirlo en la imaginación, verá las historias, y sólo si tiene la paciencia de contárselas y volvérselas a contar ( yo me las cuento y me las vuelvo a contar), será capaz de contarlas bien”.

“Yo no escribo borradores. Escribo la página uno muchas, muchas veces y luego sigo con la página dos. Amontono  hoja tras hoja  – decía a su vez Anthony Burgess – y cada una en su estado definitivo. La revisión la hago en cada página, no por capítulos ni por el libro entero”. Alberto Manguel recordaba también el método de Kipling, que escribía todo, volvía al principio de la página  y, con la tinta más negra, se ponía a tachar todo lo obvio.

(Imagen: –  María Gato -2002-art space virginia miller galleries coral gables – Miami- artnet)

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escritores-buec-Ernest Hemingway

 

“Quedamos con Antonio Ordóñez para la hora de cenar en “Las Pocholas”. Y regresamos hacia la Plaza del Castillo. Hemingway pisaba las grandes losas con la dignidad y el gozo de quien vuelve a tomar posesión de algo muy suyo. A fin de cuentas, a partir de “Fiesta había comenzado su vida literaria.

Se fue derecho a la terraza del bar “Choko”, después de echar una mirada a la plaza entera.

– Antes iba al “Iruña”, allí enfrente – dijo Hemingway -, pero se ha puesto cargante ese bar.

Además del “Choko” había a mano otros bares, el “Kutz” o “El Torino”, y como el día era largo, habría tiempo para probar las sillas de uno y otro.

Y seguía constante, clamoroso, arrebatado, el homenaje del pueblo, no sólo del pueblo navarro, sino de españoles de todas las regiones que se mezclaban en la cola con los extranjeros. Hemingway hablaba, firmaba. Y de vez en cuando se quedaba abstraído, aturdido, como burlado. De repente, a mí me entraban ganas de preguntarle sobre personajes o hechos pasados.

– ¿Qué tal era Belmonte cuando lo conociste?- le dije en un descanso.

– Más bien callado, un tipo poco expresivo.

– ¿Tímido acaso?

– Un poco raro. Se pasaba uno con él un mal rato hasta que se ponía en facha. Cuando se ponía bromista era divertido, pero esto ocurría poco. Lo natural es que se mantuviera taciturno, como desdichado.

– ¿Tanto?

– Siempre me pareció preocupante”.

 

escritores.-thhui.-Hemingway

 

Todo esto lo cuenta Castillo Puche en su “Hemingway“, cuando pasea con el escritor por Pamplona y por diversos sitios de España. Es sabido que Hemingway, años antes, en el verano de 1924, había vuelto a los Sanfermines (había estado ya en 1922 y 1923) y corre los toros por las calles. En Pamplona se hospeda  en el Hotel Quintana, cuyo dueño le presenta a  diversos toreros. “Aunque los tablones del encierro estaban puestos – prosigue contando Castillo Puche-, todavía no había aparecido el personaje principal de la Fiesta: el toro”. Lo sucedido en Pamplona le fascinó por completo. Anthony Burgess recuerda que Hemingway idolatró al torero Nicanor Villalta y pensó que cuando tuviera un hijo le iba a bautizar con ese nombre. Durante años escribió breves apuntes de las corridas, apuntes vigorosos, sangrientos, para unos imparciales, para otros brutales.

 

escritores.-Ernest Hemingway

 

Las relaciones con el arte taurino y el arte de narrar han sido estudiadas por muy diversos autores. “La gran cosa es resistir – escribe Hemingway hablando de su oficio enMuerte en la tarde – y hacer nuestro trabajo, y ver y oír e intentar comprender; y escribir cualquier cosa cuando sea;  y no antes; y no demasiado tarde (…) Se trata de trabajar y aprender a rendir”. “Escribiendo para un periódico – había dicho en otra ocasión – se cuenta eso que sucede y, con uno o dos trucos, se llega a transmitir  la emoción gracias al elemento de temporalidad que hace emocionante no importa el tipo de suceso que se haya producido ese día. Pero la verdadera realidad, el encadenamiento de movimiento y de hechos que constituyen la emoción y que serán aún válidos un año o diez años después, esto no se encuentra aún a mi alcance, y debo trabajar muy duro para intentar alcanzarlo (…) Yo querría dotar la prosa de una cuarta dimensión, algo más difícil de escribir que la poesía, escribir sin trucos y sin mentira alguna, sin nada que arriesgue el corromper la prosa inmediatamente”.

 

escritores,-.55ec.-Hemingway.-Jean Philippe Charbonnier.-1950

 

(Imágenes.- 1,2 y 3 – Hemingway/ 4.- Hemingway- Jean Philippe Charbonier- 1950)

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París-dgh-Gisele Freund- mil novecientos sesenta

 

París no tiene fin y el recuerdo de cada persona que ha vivido allí difiere del de todas las demás. Siempre regresábamos a Parísasí lo escribía Hemingway -; no importa quiénes fuéramos ni lo que hubiera cambiado ni cuán difícil, o fácil, fuera llegar. París siempre valía la pena y siempre te daba algo a cambio de lo que tú le dieras. Pero París era así en los viejos tiempos, cuando éramos jóvenes y pobres y muy felices (…)

Con tanto árbol en la ciudad, uno veía acercarse la primavera de un día a otro, hasta que después de una noche de viento cálido venía una mañana en que ya la teníamos allí. A veces, las espesas lluvias frías la echaban otra vez y parecía que nunca iba a volver, y que uno perdía una estación de la vida. Eran los únicos períodos de verdadera tristeza en París, porque eran contra naturaleza. Ya se sabía que el otoño tenía que ser triste. Cada año se le iba a uno parte de sí mismo con las hojas que caían de los árboles, a medida que las ramas se quedaban desnudas frente al viento y a la luz fría del invierno. Pero siempre pensaba uno que la primavera volvería, igual que sabía uno que fluiría otra vez el río aunque se helara. En cambio, cuando las lluvias frías persistían y mataban la primavera, era como si una persona joven muriera sin razón.

En aquellos días, de todos modos, al fin volvía siempre la primavera, pero era aterrador que por poco nos fallaba”.

 

río- nyuu- París- Albert Marquet- mil novecientos ocho

 

“La prosa de estos párrafos – quiso comentar Anthony Burguess – es Hemingway puro, sencilla y muy evocadora, aceptando la vida, pero, como siempre en su obra, matizándola de melancolía. La melancolía reside en la forma misma de las frases que, siempre evitando el ritmo periódico, no pueden huir de una cadencia doliente La melodía de Hemingway es elegíaca incluso cuando más enaltece la alegría. La melodía de Hemingway fue una contribución nueva y original a la literatura mundial. Está en los oídos de todos los hombres y mujeres que empiezan a escribir”.

 

París-nhu- Tsuguharu Foujita

 

Con esta melodía atravesamos hoy calles desgarradas de esta ciudad, leyendo despacio las prosas en “París era una fiesta“.

 

París- ness- Brassaï- mil novecientos cuarenta y cuatro

 

(Imágenes.- 1.-Gisele Freund– 1960/ 2- Albert Marquet- 1908/ 3.- Foujita/ 4.-Brassaï– 1944)

 

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Sanfermines- eecy- spanishinspain wordpress com

 

Entre toro y toro de San Fermín y entre toro y toro de cada novela Hemingway fue dejando en su camino literario una serie de reflexiones sobre el arte de escribir. “La gran cosa – decía – es resistir y hacer nuestro trabajo y ver y oír y aprender y comprender”. “Un escritor debe esforzarse por escribir algo de tal manera que pueda ser parte de la experiencia de aquellos que le leen”. ” Escribir implica, en el mejor de los casos, una vida solitaria… El escritor trabaja solo, y si es un buen escritor, cada día debe afrontar la eternidad o la ausencia  de eternidad. Para un escritor auténtico cada libro debiera ser un nuevo principio donde de nuevo se esfuerza en algo que está fuera de su alcance. Debiera esforzarse siempre en algo que nunca haya hecho o que otros hayan intentado y no conseguido (…) Así, alguna vez, con mucha suerte triunfará. Cuán sencillo sería escribir literatura si sólo fuera necesario escribir de otra forma lo que ha sido bien escrito. Es porque hemos tenido tan grandes escritores en el pasado por lo que un escritor es empujado mucho más allá de donde puede puede ir, lejos, donde nadie puede ayudarle”.

 

escritores.-442.-Hemingway

 

Los toros cruzaron corriendo por la vida de Hemingway desde aquellos sucesos de Pamplona de 1925 de los que nacieron “Fiesta”, y como recordaba Anthony Burgess, lo que le impulsó  a escribir aquella novela fue un amasijo de emociones que tenían que encontrar su catarsis. Son toros que yo he visto, toros al amanecer, antes de salir de los corrales, toros que intenté retratar literariamente en un reportaje a mitad de los años sesenta, en visita inolvidable a Pamplona en plenos sanfermines. Al final de los años cincuenta me crucé también con Hemingway en la puerta de una armería de la madrileña calle de Serrano y allí, sobre un papel, él me puso unas amables palabras con su firma.

 

Sanfermines- bff-nosencantaviajar com

 

Pero las palabras importantes entre toro y toro de la vida hasta su disparo último quedaron como siembra perdurable para el oficio de crear. ” Yo no sé qué significa el Hombre ( con la H mayúscula) y no sé lo que significa un Hombre ( con la H mayúscula). Sé lo que significa el hombre (con la h minúscula) y sé lo que significa un hombre ( con la h minúscula) y he aprendido algo sobre los hombres ( con la h minúscula) y alguna cosa también sobre las mujeres y los animales”. “Yo nunca he escrito un libro bueno manipulando los símbolos e introduciéndolos dentro. Los símbolos de este género son como los granos de uva en el pan con uvas. El pan con uvas es bueno, pero el simple pan está aún mejor”.

 

escritores.-3sxxx.-Hemingway

 

(Imágenes.-1.-corrida de sanfermines-spanishspain wordpress/ 2 y 4.-  Hemingway/ 3.- corrida de sanfermines- nosencantaviajar com)

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“Lo mejor que ha hecho – quiso reseñar Faulkner sobre “El viejo y el maren el otoño de 1952 -. El tiempo ha de mostrar que ésta es la mejor composición de cualquiera de nosotros, quiero decir de sus y de mis contemporáneos. Esta vez, él descubrió a Dios, a un Creador. Hasta ahora, sus hombres y mujeres se habían hecho a sí mismos, dado forma a sí mismos a partir de su propio barro; sus victorias y sus derrotas eran a manos de unos a otros, sólo para probarse a sí mismos o los unos a los otros lo duros que podían ser. Pero esta vez, él escribió acerca de la piedad; acerca de algo en alguna parte que los hizo a todos ellos: el viejo que tenía que capturar el pez y perderlo, el pez que tenía que ser capturado y después perdido, los tiburones que tenían que robar al viejo su pez; los hizo a todos y los amó a todos y se apiadó de todos. Está bien. Alabado sea Dios por lo que sea que hizo y por amar y compadecerse de Hemingway y de mí evitando que lo retocase”.

escritores.-tunnn.-William Faulkner en West Point.-foto Carl Mydans.-1962.-Time Inc

Recogida ahora esta reseña de Faulkner en sus “Ensayos y discursos” (Entrelíneas), reaparece la relación mantenida entre ambos escritores y pone de relieve nuevamente los vaivenes que sufriera la barca de “El viejo y el mar“. Las olas de las opiniones fueron diversas. Michel Cournot, por ejemplo, escribió que “el relato está preparado, empujado, guisado, atado, con el viejo y buen hilo blanco de las familias” (…) El crítico del New York Herald Tribune señaló que el libro anuncia el clasicismo de Hemingway. El novelista y comentarista francés Jean-Louis Curtis declaraba que un libro como “El viejo y el mar” “no podría estar nunca demasiado bien hecho: la excelencia es un absoluto, no se mide. El relato

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 lleva, sin duda, a un grado insuperable el arte tan difícil de ser sencillos sin ser pobre, claro sin ser superficial, poético sin que sea perceptible en ninguna parte la impregnación de la prosa con imágenes o cadencias que descubran la poesía“. Anthony Burgess en su breve y excelente estudio sobre el escritor, “Ernest Hemingway y su mundo” (Ultramar), recuerda que “uno de los misterios del proceso creativo se demuestra en la circunstancia de que Hemingway pudiera escribir tan soberbiamente en una época en que estaba escribiendo tan mediocremente. (…) “El viejo y el mar” se publicó primero en un ejemplar monográfico de Life que vendió más de cinco millones de ejemplares en  cuarenta y ocho horas. Se predicaron sermones basándose en él, el autor recibió cientos de

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cartas laudatorias cada día, la gente le besaba, llorando, por las calles” (…) Como ejercicio de simple prosa “declarativa” no ha sido superado en la obra de Hemingway. Cada palabra es significativa y no sobra ninguna palabra; las largas horas aprendiendo el arte del pescador de peces-espada (horas desperdiciadas, escapistas) habían dado su fruto. Lo escritores deben saber de las cosas tanto como de las palabras”. “Podría haber tenido mil páginas más “El viejo y el mar” – le confesó el propio Hemingway a George Plimpton y poner todos los personajes del pueblo y como se ganaban la vida, habían nacido, habían sido educados, tenido sus hijos, etc“, pero no lo hizo. “Primero he tratado de eliminar – dijo el escritor – todo lo que era innecesario para comunicar experiencia al lector, de modo que después de leer algo, él o ella lo conviertan en parte de su experiencia y les parezca que realmente ha ocurrido. Esto es muy difícil de hacer y he trabajado mucho en esto”.

escritores.-5bbv.-Hemingway.-Life

El día 2 de julio de 1961, cuando Hemingway se suicidó -( El disparo de Hemingway”, escribí aquí) -, Faulkner recibió la noticia a través de su hija y quedó muy afectado. Unos días después comentó: “No me gusta un tipo que coge el camino corto para volver a casa”.

mar.-69jjjh.-Hengki Koentjoro

(Imágenes.-1 -Ernest Hemingway en el muelle junto a su barco/ 2.-William Falukner.- 1962.-foto Carl Mydams/ 3.-Hemingwat en su finca de Punta Vigía/ 4.-Faulkner en la Varren/5.-Hemingway escribiendo.- LIFE/ 6.- Hengki Koentjoro/

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“Los Matisse cuenta Gertrude Stein – vivían junto al Bulevar Saint-Michel, en un piso pequeño, el último de la casa, con tres habitaciones y hermosas vistas a Notre-Dame y al Sena (…). Madame Matisse  era una admirable ama de casa. Mantenía su pequeño piso limpio como una patena. Todo estaba en orden, sabía cocinar e ir a la compra, y además, posaba para su marido. Ella era “la Femme au Chapeau“. En los tiempos en que los Matisse carecían de dinero, madame Matisse puso una tiendecilla de sombreros, gracias a la cual sortearon la dificultades. Era una mujer morena, de porte erguido, cara larga y labios de trazo firme pero inclinados hacia abajo, lo que le deban un aspecto caballuno. Tenía una gran mata de pelo negro. A Gertude Stein le gustó siempre el modo en que madame Matisse se ponía el sombrero, y en una ocasión, Matisse pintó un retrato de su mujer en el momento de ponerse un sombrero con el ademán en ella caracterísitico, y se lo regaló a miss Stein”.

Así lo va contando Gertrude Stein en laAutobiografía de Alice B. Toklas” (Lumen)

Ahora, la exposición que está teniendo lugar en el Gran Palais de París recorre aquella atmósfera, la compra y venta de cuadros, la adquisición de una colección.

Pero cuando uno se detiene ante el retrato de Gertrude Stein pintado por Picasso, parece que volviéramos a oir las palabras de miss Stein: “creo – decía – que ya he descrito el taller de Picasso. En aquellos días, allí, había todavia mayor desorden, más gente que entraba y salía, más fuego en la estufa, más comida cocinándose y más interrupciones. Había un gran sillón roto, en el que Gertrude Stein posaba. Había un diván en el que todos se sentaban y dormían. Había una pequeña silla de cocina en la que Picasso se sentaba para pintar, un gran caballete y gran cantidad de grandes telas. En el apogeo del período del Arlequín, las telas de Picasso eran enormes, y las figuras y los grupos también”.

Eran los tiempos de la desnudez de estilo aplicada en breves recomendaciones por Gertude Stein a algunos escritores. Como recuerda Anthony Burgess en su estudio sobre Hemingway, el futuro autor de “París era una fiesta” era lo bastante joven para poder ser el hijo de Stein, y éste le mostraba humildemente su trabajo, un fragmento de novela. “Demasiadas descripciones porque sí – le dijo Stein a Hemingway -, demasiados adornos: comprima, concentre. Hay mucha descripción aquí, y descripción no demasiado buena. Vuelva a empezar y escriba con más cuidado”. Y como ella misma añade, comentando el trabajo de corresponsal de un diario canadiense que Hemingway desempeñaba por entonces, agregó: “Si sigue con los trabajos periodísticos, nunca tendrá ocasión de ver la realidad, sólo verá las palabras, y esto no basta, no basta, desde luego, si es que pretende ser escritor”.

(Imágenes:- 1.- Henri Matisse.-La Femme au Chapeau.-1906.-colección SFMOMA/2.-Horst. P. Horst.-autorretrato con Gertrude Stein.-1946/3.-Gertrude Stein por Picasso.- 1905.-Museo Metropolitano de Nueva York/4,- Gertrude Stein posa junto al retrato pintado por Picasso.-APF.-La Vanguardia)


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“Se había oído el disparo en la casa de la rue de Fleurs, en París. Se había oído el disparo y, a su estampido, habían acudido presurosos Ezra Pound, Ford Madox Ford y Gertrude Stein. Todos estaban en casa. La casa era la novela y el disparo había sido hecho con arma corta, a bocajarro, quemando y destruyendo el cuerpo mismo de la literatura anterior y empujando la bala de un nuevo estilo, seco y sencillo, hasta el corazón del hueso.

Así había disparado Hemingway.

Hemingway había comenzado por estudiar los consejos de Miss Stein. Había quemado y destruido las descripciones hasta concentrarlas y transformarlas en precisión. Había huido del material elaborado y adornado. Había matado a los adjetivos y a las abstracciones y comenzaba a dominar las impresiones y las imágenes hasta encerrarlas en contradicción.

Así había comenzado Hemingway.

Ahora ya estaba preparado para entregar al lector la sección dedicada a Caporetto en “A Farewell to Arms.

Hemingway pensaba en Gertrude Stein. En lo que ella llamaba los recuerdos, esto es, la experiencia ajena, no la propia: de donde salía un relato ni claro ni veraz. Hemingway pensaba en Gertrude Stein. En lo que la escritora llamaba los bordados, la inclinación a las frases complicadas. La literatura debía proceder directamente de la experiencia personal –decía Hemingway–; la literatura no debía adulterarse y la literatura no había de abandonar la autenticidad con el objeto de lograr el éxito y seguridad económica.

De este modo continuaba educándose.

Más tarde, la violencia y la complejidad destacaron como rasgos de su mundo. La violencia en la naturaleza humana y la complejidad de la sencilla muerte, la muerte, el tema de la muerte desde la guerra a las plazas.

La vuelta de Henry al hotel, bajo la lluvia, después de la muerte de Catherine. La muerte de Jordán en un puente de España.

En 1954, recibe el Premio Nobel por acompañar a un viejo pescador que, después de ochenta y cuatro días sin haber pescado un pez, vuelve derrotado. Pero no vuelve destruido. Vuelve humilde.

Doscientas noventa y siete cicatrices de metralla, dos peligrosos accidentes de aviación, un gravísimo envenenamiento de la sangre, cáncer de piel y diabetes, le acompañan en la mañana del 2 de Julio de 1961, cinco días antes de que se abran, al otro lado del mundo, en un corral de una ciudad española, las puertas que cada año contemplaba Hemingway.

Su disparo, a las siete y media de la mañana, en Ketchum, Idaho, quiebra en dos, trágicamente, la paz en que vivía la novela y el silencio que cubría la comarca.

Entre mis notas de lectura a los cuentos de Hemingway ( y además del excelente libro que le dedica a su mundo Anthony Burgess) – apoyado sobre todo en el estudio que sobre el novelista hace Philip Young – destacar acaso el nacimiento de esa corriente que desvía algunos cuentos contemporáneos más hacia unos trozos de historia novelada que hacia unos relatos con autonomía personal y que se encuentre aquí precisamente, en estas narraciones protagonizadas por Nick Adams, que Hemingway escribió para ir demostrando, historia tras historia, los cambios y variaciones de sus personajes. Más que cuentos con principio y fin, son retazos de una novela. Hemingway lo hizo con plena conciencia, pero quienes lo han seguido han transformado el cuento en algo esencialmente distinto a lo que, en su género, se considera genuino y tradicional.

Interesante y curioso también para anotar: el concepto de des- gracia que Hemingway tiene cuando describe a sus héroes heridos. Tanto en sus relatos breves como en Adiós a las armas, El sol se levanta o Al otro lado del río entre los árboles. Concepto de desgracia tanto físico como interior y espiritual.

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Símbolo de El viejo y el mar: la lucha por la existencia y la lucha también por el triunfo en literatura. El enorme pez como símbolo tanto de la vida y como dominio del narrar; explicación muy interesante de Philip Young.

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Es curioso el destino de Hemingway a la luz de las explicaciones que da Philip Young sobre su vida y su obra. Al parecer la herida recibida en Italia se le queda grabada física y espiritualmente y se transforma en un casi leiv‑motiv de sus libros; así en Adiós a las armas y en algunos de sus cuentos. En El viejo y el mar se dice que el viejo tiene el cuerpo cubierto de cicatrices: es el último recuerdo a la herida sufrida al principio de la carrera de Hemingway. Por otro lado, en el cuento Las nieves del Kilimanjaro está demostrado que Hemingway sugiere un nuevo rumbo para su vida. Es un cuento amargo por toda la decepción que lleva consigo la mirada al pasado, pero los párrafos finales indican que Hemingway está dispuesto a cambiar su orientación y lograr ser un hombre y un escritor completo. Así lo consigue en los años posteriores. Tras Al otro lado del río y entre los árboles ‑una de sus novelas más flojas‑, parece debilitarse su potencia de escritor. Pero de pronto surge El viejo y el mar y queda totalmente restablecida su supremacía. En El viejo y el mar da la impresión de que Hemingway ha superado la amargura y entra por los caminos de esperanza. Entre otros detalles, su protagonista Santiago, no muere sino que queda, tras su derrota, sumido en la humildad y soñando‑, satisfecho de su esfuerzo, haya o no haya tenido feliz resultado‑ con los leones marinos.

Y de repente, sin embargo, el disparo que acaba con Hemingway y que trunca de improviso la línea de esperanza hacia la que parecía dirigirse el escritor. Philip Young recuerda en su libro que el padre de Hemingway se suicidó de un disparo de rifle y anota, creo, alguna frase del propio Hemingway sobre el suicidio.

Por todo esto, el destino de Hemingway ‑y lo sabemos de él en estos últimos años‑, se presenta aparentemente en contradicción. La actitud de Santiago, el viejo pescador, no encaja con el disparo solitario que acabó con la vida del novelista”.

(“El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes”.-págs 280-282)

(Pequeña evocación a los 5o años de la muerte de Hemingway: 2 de julio de 1961)

(Imágenes: -1.-Hemingway en la caza del búfalo de agua en un safari en África, 1953.-jfklibrary.org/2.-almuerzo en “La Cónsula”, en Málaga, España, 1959.-jfklibrary.org/ 3.-Hemingay con unos amigos en Pamplona.-1925.-wikipedia)

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