PERFILES OLVIDADOS (1) : CANSINOS ASSENS

 

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Probablemente bastante conocido y consultado por sus volúmenes La novela de un literato en donde repasa vidas y anécdotas de toda una época, Cansinos Assens fue un periodista y escritor muy prolífico que iniciaría sus trabajos en prensa en El Motín, periódico ácrata, para pasar luego a las páginas de El país y seguir luego en La Correspondencia de España, La Tribuna, El Imparcial, El Heraldo y La Libertad, entre otras varias publicaciones. Hay que añadir a ello sus colaboraciones en destacadas revistas, como Grecia, Revista Latina, Renacimiento (1907), Helios (1903) y Prometeo. Mientras Gómez de la Serna ejerce su magisterio en Pombo, Cansinos Assens se refugia en grandes cafés, como El Colonial o El Universal. Cansinos entraba alto, grande e impecable en aquellos cafés arrastrando cierto dandismo y ocupaba un lugar central en el diván. Destacaban sus cabellos rizosos y los ojos tristes bajo unas cejas pobladas. Gómez de la Serna, que no le tenía gran simpatía, le describió con aire de murciélago. A pesar de ello, Ramón constató también que Cansinos “tenía una buena cultura conseguida en un largo silencio de grandullón huérfano, y escribía con una prosa lírica, evocativa y nostálgica”.
Borges escribió de él en repetidas ocasiones. Conocí en Madrid a un hombre –dijo – que sigo considerando quizá menos por su escritura que por el recuerdo de sus diálogos. Conocí a Rafael Cansinos Assens y de algún modo yo soy discípulo de Cansinos, no de las teorías de Cansinos y sí del diálogo de Cansinos, de la sonrisa de Cansinos.

 

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Había aprendido idiomas y tradujo numerosas obras famosas. Como traductor tuvo que trabajar incansablemente y para editar sus libros hubo de pasar verdaderas angustias. Vivía muy modestamente en una casa muy cercana al Viaducto madrileño y era amante de la soledad. Él dejaba correr el rumor de que era sefardí y en su literatura aparecen de vez en cuando estas influencias.
Concebía la crítica como complemento a la creación literaria, y en esa creación resalta su novela El candelabro de los siete brazos (1914) y otras obras varias, como La madona del Carrosel, El divino fracaso, La huelga de los poetas, Las odas triunfales, El madrigal infinito o el movimiento V. P., novela de humor corrosivo en crítica al modernismo. Nace tras ello ese Movimiento V.P. que enseguida lanza un manifiesto: será el de una revista en la que querrán suprimirse las comas, los puntos, las haches y se requerirá como ejecutoria para un verdadero poeta moderno el no haber escrito un soneto jamás. Cansinos afirmaba por entonces: Mi obra es un paisaje vago y tenue… Música y fragancias perdidas y luminarias a lo lejos….

 

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Sus críticas literarias, años después, serían muy valoradas. Largos artículos –de rigor analítico y prosa exuberante- publica en La Libertad, por ejemplo sobre el cante flamenco (él lo titularía La copla andaluza), y reivindica la otra Andalucía para decir: el hombre bueno de Andalucía ha puesto su bomba a la puerta del teatro de los Quintero, echando por tierra sus muñecos. Su prolífica labor periodística, casi diaria, llegaría más a los iniciados que al gran público. Era en los cenáculos literarios donde más se le conocía. Fue siempre más literario que periodístico. Escribiría en La Esfera y Nuevo Mundo e igualmente publicó en La novela corta y en La Novela Semanal. Pero sobre todo quedará en la memoria y en los vivos archivos documentales por su obra La novela de un literato, visión singular – a veces discutible – de toda una época creadora de España.
Con su sombrero blando y aplastado, de alas generosas, con su abrigo amplio y nada nuevo que solía flotar al ritmo de sus parsimoniosos y desgarbados andares, con su aire ausente de la vida, recorriendo madrileños caminos nocturnos – desde la Puerta del Sol hasta el Viaducto y desde el Viaducto a la Puerta del Sol -, Cansinos Assens fue desapareciendo poco a poco tras las tensiones de la guerra civil en el ocaso de una soledad voluntaria, sólo con ánimo de reavivar un día sus recuerdos, cosa que hizo de manera brillante.

 

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(Imágenes.- 1-Cansinos Assens- ABC es/ 2.-Borges- Borges todo el año/ 3.-Cansinos Assens en la Cuesta de Moyano- el cultural/ 4.-Cansinos Assens- ABC es)

CENTENARIA GRAN VÍA DE MADRID (2) : CANSINOS ASSENS, SOLANA, ANTONIO LÓPEZ

Cuando se está pintando una calleconfesaba Antonio López -, lo que estás viendo es tan extraordinariamente impresionante que a mí, desde luego, me cuesta muchísimo trasladar una parte de aquello. Eso es lo que me hace tardar tanto. Yo no puedo resolver todo ese espectáculo con rapidez“. Esta Gran Vía desierta, de una soledad minuciosa, de un silencio total, pintada amorosamente por Antonio López entre 1974 y 1981, había sido cantada en tono pesimista por otro pintor-escritor, José Gutiérrez Solana, en 1923, en su «Madrid callejero«: » A las antiguas calles- decía – ha sucedido esta nueva red, llena de edificios a la moderna, petulantes, todos muy blancos, estilo catalán  y en los que no se ve ni por asomo un poco de arte y personalidad; los pisos se anuncian hoy en día: todo confort y personalidad. Las tiendas son del mismo estilo pretencioso que las casas: gran derroche de luz, en que se muestran sobre maniquíes de cera, ropas de bazar, pretenciosas y de gusto burgués; escaparates con objetos de caza, muchas escopetas, pistolas (…) Grandes escaparates con pianolas, gramófonos, música mecánica, alternando con fotografías y autógrafos de divos más o menos melenudos; fondas, pensiones, manicuras y círculos y cafés exhibicionistas y, sobre todo, los restaurantes, muy frecuentados por las tardes y en los que se baila con música de negro (…) Ahora que el primer trozo de la Gran Vía está ya terminado, sentimos todos, como un vago temor, la inutilidad de esta obra».

Pero Antonio López, alejado de tantos pesimismos, entregado a un hiperrealismo casi fotográfico, espera pincel en mano que los silencios acudan cuando las gentes se retiran y las aceras prestan a la soledad su escenario. Retoca, rehace, corrige el silencio. Sabe que el silencio se cubrirá enseguida con el vocerío de vehículos y el pasar de frases quebradas, pero el oleo sobre lienzo de la soledad le lleva largos años de trabajo. Es la Gran Vía que quedará en pintura, la Gran Vía que nadie ve puesto que la multitud duerme. Es la Gran Vía que otro escritor, también con tintes poco optimistas, saludará con cierto escepticismo. «La Gran Vía, el sueño de los madrileños -dice Cansinos Assens en «La novela de un literato» -, va a ser al fin una realidad. Ya la piqueta ha empezado su labor demoledora y esas viejas y tortuosas calles de Jacometrezo, Horno de la Mata, Carbón, etcétera, son ya totalmente o en parte montones de escombros, por los que en la noche merodean perros vagabundos. Todo ese antiguo barrio de casas de huéspedes, para estudiantes, de prostíbulos y chirlatas, refugio de vidas miserables y  truncadas, de viejas viviendas llenas de chinches y cucarachas, sin luz y sin aire, con toda la suciedad y falta de higiene del Madrid fin de siglo, es ya una ruina lamentable como los seres que albergaba. En su solar, los arquitectos ha trazado los contornos de la proyectada Gran Vía, ancha y espaciosa, que por el momento no es sino una larga fila de zanjas profundas y siniestras como osarios…».

El pintor mientras tanto deja que la mujer pase para pintar bien la Gran Vía y Antonio López deja que pasen la mujer y el pintor para pintar bien el silencio.

(En el centenario de la Gran Vía de Madrid: 1910-2010)

(Imágenes:-1.-» Gran Vía».-Antonio López.-1974-1981/.-2.-«Gran Vía». Clavel-Antonio López.-1977-1990-/3.-«Gran Vía».-Archivo AGA.-elmundo.es)