LA METAMORFOSIS

 

escritores- fvhu. Franz -Kafka- Ene Splichal

 

Se cumplen ahora cien años de la publicación de «La metamorfosis» y el excelente crítico italiano Pietro Citati nos adentra en la mañana del 17 de noviembre de 1912, domingo, en la habitación donde Kafka aún está en la cama. «La noche antes – comenta Citati – escribiendo «El desaparecido» no había quedado satisfecho; le parecía que la novela empeoraba; luego soñó que un mágico cartero le entregaba dos mágicas e inagotables cartas de Felice. En ese momento, en la cama, esperaba al cartero real, con las cartas reales de Felice. Le esperó hasta las doce menos cuarto: en esas dos horas de terrible espera fue asaltado por su angustia recurrente, la angustia de ser expulsado del mundo, como un animal parasitario que los hombres pueden aplastar o emprenderla a puntapiés con él (…) Esa noche comenzaría a escribir «La Metamorfosis» que acabaría el 7 de diciembre de 1912 (…)

 

escritores- Kafka- Tullio Pericoli

 

En esos días – prosigue Citati -, en el pequeño cuarto de la Niklasstrasse se produjo una doble transformación. Escribiendo en su guarida nocturna, Kafka descendió cada vez más profundamente bajo tierra, donde ningún explorador de los abismos había penetrado antes que él. Como todos los grandes creadores reveló el don de asumir todas las formas y de mutar cada especie (…) También Tolstoi se convertía en insecto, caballo, pájaro, para transformarse en la vastedad del universo viviente. Kafka, en cambio, se transformaba sólo para descubrir las profundidades de él mismo. Mientras tanto, trasladaba al piso de la Niklasstrasse, donde vivía con sus padres, el piso de Gregor Samsa. Todo correspondía: el armario con la ropa, el escritorio y el sillón: el hospital más allá de la ventana, las luces de la calle que se reflejaban en la parte alta del cuarto, las puertas, la disposición de los otros cuartos del piso. De esta manera, durante un mes, su habitación se convirtió en el teatro de una tragedia que duró un invierno».

 

Kafka-rfvv-Le Monde- Associated Press

 

Hablando de «La Metamorfosis» recordaba en uno de mis libros que «Gógol voluntariamente inventa la desaparición de una nariz en San Petersburgo – que es lo inverosímil, pero que en principio es lo más fácil -, pero esa invención posee unas reglas propias de desarrollo que el escritor debe seguir a lo largo del relato, y eso es lo más  difícil ; y así también Kafka empieza una historia cuya primera frase dice así: «Cuando, una mañana, Gregor Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró en su cama convertido en un monstruoso bicho», y esta sorprendente frase, a pesar del salto inverosímil y  de la audacia literaria que supone, es lo más fácil comparado con el resto: contar lo que le sucede a ese insecto (y contarlo con la lógica realista) en un edificio de apartamentos en Niklasstrasse de Praga.

Lo difícil es proseguir el relato».

 

escritores.-677y.-Kafka en Zürau en 1917

 

Es interesante anotar que cuando una edición de «La metamorfosis» de 1915 se estaba preparando, Kafka mandó una carta a la editorial en la que mostraba su alarma ante la posibilidad de que el ilustrador de la cubierta representara de algún modo al insecto que protagoniza la narración. En las Notas a la excelente edición de las «Obras completas» de Kafka al cuidado de Jordi Llovet ( Galaxia Gutenberg), se recoge esa carta: » El insecto mismo no debe ser dibujado. Ni tan sólo ser mostrado desde lejos… Si yo mismo pudiera proponer algún tema para la ilustración, escogería temas como : los padres y el gerente ante la puerta cerrada, o, mejor todavía: los padres y la hermana en la habitación fuertemente iluminada, mientras la puerta hacia el sombrío cuarto contiguo se encuentra abierta».

 

Kafka-unng-La Metamorfosis- edición de mil novecientos diciseis- wikipedia

 

En el fondo el escritor está valorando esa continuación lógica del relato que tanto le ha costado escribir, no su salto inicial – su principio, la audacia de su invención -, sino la continuidad de esa invención entre los personajes y el piso, que es lo más difícil.

(Imágenes.- 1.-enesplichal/ 2.-Kafka- caricatura de Tullio Pericoli/ 3.-Kafka en el campo, en 1917/ 4.-portada de «La Metamorfosis»- 1916)

 

«EL QUE NO INVENTA NO VIVE»

«Una nariz paseando en carroza por San Petersburgo, Gregorio Samsa intentando avanzar como insecto por el pasillo de la casa de Praga, las dos mitades del vizconde separadas en Italo Calvino, un barón que ya no bajará nunca de los árboles, nadie ‑es decir, Agilulfo‑ dentro de una armadura… Estamos, no en las autopistas de la información, sino más bien en las autopistas de la invención, o mejor dicho ‑por usar aquí otro título anterior de Calvino‑, en el sendero de los nidos de araña de la imaginación, en ese recorrido inesperado y sorprendente que le hacía decir a Nabokov al dictar sus cursos universitarios en CornellLa verdad es que las grandes novelas son grandes cuentos de hadas (…) La literatura nació el día en que un chico llegó gritando el lobo, el lobo, sin que le persiguiera ningún lobo (…) La literatura es invención. La ficción es ficción. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la architramposa Naturaleza. La Naturaleza siempre nos engaña. Desde el engaño sencillo de la propagación de la luz a la ilusión prodigiosa y compleja de los colores protectores de las mariposas o de los pájaros, hay en la Naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la Naturaleza

Por el sendero de los nidos de araña de la embaucación, las gentes entran en las librerías y pagan por llevarse mentiras encuadernadas que les hagan escapar unas horas de la chata realidad del metro, de la oficina, de la cocina, del tráfico y del comedor para sumergirse en esa otra realidad del metro, de la oficina, de la cocina, del tráfico o del comedor que cuenta cada escritor a su manera, algunos imitando mucho la realidad pero entregando la esencia impalpable de una atmósfera familiar de interiores (como Chejov, como Cheever, como Carver) o enriqueciendo también lo auténtico con la inserción de lo fabuloso en la vida real, modificando así esa realidad hasta hacerla pasar sencillamente por los anillos del asombro.

En el fondo lectores y escritores hacen lo mismo. Como si se citaran en ese punto equidistante que es la historia imaginada, la historia de ficción (encuadernada o bien proyectada en una pantalla), cada uno ha salido de la casa de su realidad, que tiene ya muy vista y habitada, para marchar en busca de otra casa diferente y nueva, la mansión de la ficción. Calvino lo explica claramente:» yo me puse a escribir de la manera que me era más natural, es decir, siguiendo los recuerdos de lecturas que me habían fascinado desde mi infancia. En lugar de esforzarme por construir el libro que yo debía escribir, la novela que se esperaba de mí, he preferido imaginar el libro que a mí me hubiera gustado leer, un libro encontrado en un granero, de un autor desconocido, de otra época y de otro país«. El escritor deja su carga de inventiva en medio de los bosques narrativos y al poco tiempo llega el lector a buscarla paseando entre los árboles. Cada uno retorna luego a su casa. El lector, ya en la suya, se sienta ante el libro y escucha:«Relájate. Recógete ‑le está diciendo el escritor nada más empezar, desde las primeras páginas‑ Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: “¡No, no quiero ver la televisión!”. Alza la voz, si no te oyen: “¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!” Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita (…) Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de costado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en postura yoga. Con el libro invertido, claro».

El lector está así, en su casa de la lectura, sumergiéndose, disfrutando de cuanto le va diciendo ‑le va escribiendo‑ el escritor».

El ojo y la palabra«, páginas 86-.87)

En el día en que Ana María Matute ha recordado al recibir el Cervantes: «El que no inventa no vive»

(Imagen:-1- Ida Outhwaite.– en la espesura del bosque/2.-Ana María Matute en la ceremonia de rececpción del Premio Cervantes en Alcalá de Henares.-elpais.com)