VIEJO MADRID (72) : BODEGONES DE PUNTAPIÉ

 

 

“Como refugio natural de la población equívoca y de acarreo de Madrid, y también de menestrales y artesanos – cuenta Deleito y Piñuela hablando de la mala vida en la España de Felipe lV -, eran famosos algunos ventorrillos, tabernas y bodegones de los arrabales y extramuros, correspondientes a la actual barriada de Lavapiés, donde abundaban espacios despejados que servían de solar,  especialmente dominical, a las clases humildes de la Corte. También existían los llamados bodegones de puntapié en los sitios céntricos, incluso en la Puerta del Sol. Uno de los más célebres por sus escándalos, era el situado en lo alto de la calle de la Montera, modesto artefacto de tablas, perteneciente a un Juan Rana. Allí se despachaban panecillos, molletes, garrapiñas de chocolate, arenques, jaleas, mermeladas y otros tentempiés, y se bebía aguardiente y bebidas imperiales, a cuyo reclamo acudían remendados hidalgos, capigorrones, ex soldados de Flandes, barateros, y toda suerte de rufianes de alquiler, que pasaban allí día y noche trasegando, y en espera del mejor postor para los oficios de su daga o su espada. De allí salían choques a cada paso con las rondas de alguaciles, el alcalde de noche y los soldados en activo, siendo frecuente que corriese la sangre por el llanado arroyo de la Montera, y que menudearan los homicidios”.

 

 

(Imágenes-1-Alcazar deMadrid- siglo XVll- Pinterest/ 2-Madrid siglo XVll- biblioteca virtual Miguel de Cervantes)

JUEGOS DE MANOS, JUEGOS DE PALABRAS

“Hay en la villa de Madridescribe madame d`Aulnoy al contar su viaje por España – varias casas que son como academia, adonde muchas personas van a reunirse, ya para jugar o para entretenerse hablando. Los que juegan, lo hacen muy honradamente, y cualquiera cantidad que se apunte bajo palabra y se pierda, se paga antes de que transcurran veinticuatro horas, y no se prolonga el plazo ni se falta una sola vez. Se cruzan grandes cantidades, y no por esto aumenta el ruido ni se deja ver disgusto en el rostro del que las pierde; el que gana paga el barato

Ahora que tiene lugar una exposición en la Biblioteca Nacional de Madrid sobre la magia y el juego las palabras jugadoras vienen a la memoria desde los clásicos. Palabras como naipes, arrojadas en la lona del Diccionario para triunfar y quedarse, vencer la partida del tiempo. No lo han conseguido todas, pero muchas aún brilllan avaladas por Quevedo o Cervantes, elGuzmán de Alfarache o los “Avisos” de Barrionuevo.

Palabras como rentoy, cientos, reparólo, siete y llevar, las pintas, la flor, capadillo, báciga, cuco, matacán, vueltos, quinolas, carteta, la taba, el palmo, el hoyuelo. Los “engaños a ojos vistas” en las calles y en los garitos son ya narrados por Quevedo que avisa que “hay en cada cuadrilla tres interlocutores”. Y cuando Deleito y Piñuela habla de “la mala vida en la España de Felipe lV“, sale a relucir el cierto, “por mal nombre fullero“, que prepara varias barajas con trampa, por si una es descubierta o se pierde. Viene después el rufián, a cuyo cargo corre el hacerlas desaparecer cuando el juego acaba, para que ojos profanos no descubran las trampas. El tercero es el enganchador, equivalente al llamdo gancho en el argot moderno; es decir, el encargado de atraer con ardides a los incautos, para que en la timba los desplumen. Es ley guardada invariablemente entre ellos – sigue diciendo Deleito y Piñuela – que finjan no conocerse en el garito; si ven en él a alguno de su calaña (al que llaman entruchón), le tapan la boca con ocho o diez reales; salen mostrando pesadumbre o decepción por los lances del juego, y se reúnen después en cualquier figón próximo, comiendo abundante y bebiendo de lo fino a costa del despellejado.

Palabras envueltas en lances, mezcladas entre la competición y el azar, el mérito y la suerte, barajadas con rapidez y vigor de manos, con memoria, mímica y disfraz, velocidad en gestos y en dedos, fingimiento, a veces acompañadas de talismanes, presagios y presentimientos, simulacros, máscaras y destrezas, las palabras volando sobre los tapetes y Lope que cantaba los juegos:

“Como el sacar los aceros

con el que diere ocasión,

así el jugar es razón

con quien trajere dineros“.

(Imágenes:- 1, 2 y 3.-exposición de la Biblioteca Nacional de Madrid)