¿ LA IMAGINACIÓN AL PODER ?

Entro en este despacho italiano en donde el periodista veneciano Alberto Sinigaglia, sentado a pocos metros de Italo Calvino, le pregunta al autor de «Las ciudades invisibles«:

– ¿El mundo será aún capaz de fantasía?

Calvino está un poco fatigado. Estamos en 1982. Faltan tres años para que el escritor fallezca.

-¿La imaginación al poder? A mí me parecía que era un eslogan muy hermoso. Pero pensando un poco en todo ello, el secreto está en que la imaginación no tome nunca el poder, es decir, no se transforme en palabra de orden, no se transforme en programa obligatorio. La imaginación, la fantasía, la creatividad de la que tanto se habla, deben de contraponerse a un elemento incluso de rutina, de algo predecible, que haga que la vida se pueda vivir.

Si todo es fantasía, no se realiza nada. Probablemente, si tenemos alrededor un escenario de grises paralelepídedos podremos decorarlo con lazos y banderitas. Pero si sólo tenemos lazos y banderitas no se consigue nada. Por ello yo soy algo desconfiado sobre todo eso del pacto de creatividad como fin de la educación, como principio primero, todo eso de que cualquier trabajo debe ser creativo…No. El trabajo debe ser exacto, metódico, hecho con unas ciertas reglas. Después, encima de todo eso, puede alzarse la creatividad.

Salgo de puntillas de este despacho italiano. Pienso en la fantasía y en el orden. En la invención y en la realidad.

LAS PLAYAS INVISIBLES

Paseando por la playa con Karel Capek, el autor de «Guerra con las salamandras», apurando estos días de septiembre. Me cuenta que hace poco se embarcó en el Mediterráneo. «Es tan bellamente azul – me dice-que uno no sabe cuál es el cielo y cuál el mar, por lo que en todas partes de la costa y de los barcos hay letreros que indican dónde es arriba y dónde abajo; de otro modo uno podría confundirse. Fíjese, para no ir más lejos, el otro día, nos contó el capitán, un barco se equivocó, y en lugar de seguir por el mar la emprendió por el cielo; y como el cielo es infinito no ha regresado aún y nadie sabe dónde está».
Le pregunto si en el cielo hay ciudades invisibles como relata Calvino. Naturalmente que sí, me dice Capek, ya sabe que, como dice Calvino, «suspendida en el cielo existe otra Bersabea donde se ciernen las virtudes y los sentimientos más elevados de la ciudad y que si la Bersabea terrena toma como modelo la celeste llegará a ser una sola cosa con ella».
-Entonces ahora ¿dónde estamos?- le pregunto a Capek paseando despacio por la arena.
-Estamos arriba – me dice-, en esta playa invisible, de nombre Colina del Sol. Asómese y verá la Tierra.
Efectivamente, miro hacia abajo, al otro lado del mar y entre las nubes, y veo perfectamente la Tierra. Veo a dos hombres diminutos paseando por la arena de la playa que miran hacia el cielo y el mar.
– ¿Y cree usted que sabremos volver?- le digo a Capek preocupado.
-No lo sé. Esto es infinito. Vamos a intentarlo. No se preocupe. Mientras tanto vamos a dar una vuelta.