LA MUJER Y LA BELLEZA

 

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«Crisipoafirma Claudio Galeno en el siglo lll – afirma que la belleza no reside en cada uno de los elementos, sino en la armoniosa proporción de las partes, en la

 

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proporción de un dedo respecto al otro, de todos los dedos respecto al resto de la mano, del resto de la mano respecto a la muñeca, de esta respecto al antebrazo,

 

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del antebrazo respecto a todo el brazo, es decir, de todas las partes respecto a todas las otras, como está escrito en el canon de Policleto

 

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El Atlas de la Belleza de la fotógrafa de Rumania Mihaela Noroc ha ido buscando por el mundo rostros femeninos de belleza, los ha retenido en sus imagenes.

 

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«El encanto – decía André Roussin – es muy distinto a la belleza. Una persona puede ser encantadora sin ser bella. El encanto supone inteligencia. La belleza se

 

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impone exteriormente, el encanto es una cosa interior. La belleza provoca la admiración inmediata, el encanto es más sutil, más reflexivo. Es precisamente el encanto ( y no la belleza) el que hace surgir el amor».

 

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(Imágenes.- fotografías del «Atlas de la Belleza», de Mihaela Noroc.)

 

INNUMERABLES JARDINES

 

jardines.- 6yhyu.- flores.- Theodore Earl Butler

 

Londres tiene casi cuatro millones de jardines. Inglaterra es un jardín, escribía Kipling –  así lo recuerda Ignacio Peyró en «Pompa y circunstancia» (Fórcola), el Diccionario sentimental de la cultura inglesa -. «La comparación del jardín inglés con la jardinería francesa sigue siendo un lugar común. Frente a la domesticación absoluta de la naturaleza por parte de los franceses, los ingleses preferirán su recreación. Frente a la simetría, la línea y la perspectiva, amarán la irregularidad, la curva y el marco. Frente al grand projet y el orden supremo, el apego a una belleza aparentemente casual, accidental, sobrevenida, natural, con su punto de «magnífico descuido», como decía la jardinera Vita Sackville-West. Así, mejor el culebreo de un arroyo que un canal rectlineo, mejor un boscaje de robles que una sucesión de setos recortados».

 

jardines.- 44rtty.- Spencer Gore .-inglés 1909.- 1878-1914

 

Es la «creación artificiosa del desdén»- no menos costosa, por cierto, que las grandes allées a la francesa, ni menos cercana a la mano del hombre». Peyró pasea sobre la piel de la Historia acompañado de célebres autores que glosaron de mil modos los jardines. George Orwell, por ejemplo, afirmaba que una de las cosas que más sorprendía al recién llegado al país era el amor tan ubicuo por las flores; Francis Bacon veía en el jardín el más puro de los placeres de los hombres y el doctor Johnson lo juzgaba como el entretenimiento de la razón».

 

 

jardines-uybb-dormir- Felice Casorati- mil novecientos trece

 

 

Umberto Eco en su «Historia de la Belleza»  recuerda que el jardín inglés “no crea de nuevo, sino que refleja la belleza de la naturaleza, no encanta en exceso, sino con la composición armoniosa de los escenarios”. Numerosas opiniones en torno a jardines y diversas visiones ante jardines  innumerables. Cuando en Francia Octave Mirbeau se acerca al otoño que rodea a la casa de Monet en su retiro de Giverny describe cómo «las anémonas del Japón, con actitudes litúrgicas, balancean sus corolas esbeltas y blancas igual que cofias; los flox sonríen, cándidos corimbos, con la multitud de sus ojillos ingenuos;

 

jardines.-67ddc.-Pierre Auguste Renoir

 

 

los gladiolos rezagados despliegan sus suntuosos cálices y tienden sus cuellos liliáceos hacia el vuelo enamorado de las abejas. Y, en el aire lleno de todos estos reflejos, de todos estos estremecimientos, de todos estos pólenes, los vertiginosos girasoles hacen girar sus discos amarillos, llamean y rutilan, y las altas matas de los harpalium vierten el oro continuo de su inagotable floración».

 

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(Imágenes.-1-Theodore Carl Butler/ 2.-Spencer Gore- 1914/ 3.-Felice Casorati- 1913/4- Pierre Auguste Renoir/ 5-Wilhelm Kühling)

SOBRE LO GROTESCO

«Nuestro mundo ha desembocado en el grotesco igual que en la bomba atómica – escribió el suizo Dürrenmatt, autor de «La visita de la Vieja Dama» -, del mismo modo que son grotescos los cuadros apocalípticos de Jerónimo Bosch. Pero lo grotesco no es sino una expresión sensible, una paradoja sensible, a saber, la figura de una no figura, el rostro de un mundo carente de rostro. Al parecer, nuestro pensamiento ya no puede prescindir del concepto de lo paradójico y exactamente lo mismo sucede también con el arte, con nuestro mundo que sólo está porque existe la bomba atómica, quiero decir, por el miedo que se le tiene».

Ahora que está teniendo lugar una exposición en el Museo Picasso de Málaga sobre el factor grotesco parece que vinieran a visitarnos también las figuras literarias tan admirablemente comentadas por Wolfang Kayser en«Lo grotesco» (Nova). Por ejemplo, la naríz de Gógol– de la que ya hablé en Mi Siglo – o los personajes excéntricos de E. T. A Hoffmann asomados a sus célebres cuentos. Igualmente la descripción de habitaciones que el escritor suizo Gottfried Keller hace en una de sus novelas: «Abrió la otra puerta y vio una extensa sala que desde arriba hasta abajo estaba colmada de cuadros de los antepasados. El suelo estaba formado de azulejos hexagonales de diferentes colores, el cielo

raso se componía de estucados de yeso con figuras de hombres y animales, coronas de frutas y blasones, de tamaño natural y que parecían flotar casi libremente por el aire. Delante del espejo de la chimenea, de diez pies de alto, se hallaba un anciano diminuto y encanecido; estaba envuelto en una bata de terciopelo escarlata y tenía la cara enjabonada. Pataleaba de impaciencia y exclamaba con voz llorosa: «¡Ya no puede afeitarme! ¡ Ya no puedo afeitarme! ¡Mi navaja no corta y no hay nadie que me ayude! ¡Ay de mí, ay de mí!».

Personajes, situaciones y objetos que se van enlazando en las diversas vicisitudes de lo grotesco. Umberto Eco en su Historia de la Belleza recuerda que Victor Hugo, teórico de lo grotesco como antítesis de lo sublime y novedad del arte romántico, es el que ofrece una galería inolvidable de personajes grotescos, desde el jorobado Quasimodo al rostro deforme del «Hombre que ríe«, y cuando Bajtín estudia a su vez a Rabelais destaca la boca y la nariz como papel importante en la imagen grotesca del cuerpo. Las formas de la cabeza, las orejas, y también la naríz, no adquieren carácter grotesco sino

cuando se transforman en formas de animales o de cosas. «El cuerpo grotesco – dice – es un cuerpo en movimiento. No está nunca listo ni acabado: está siempre en estado de construcción, de creación y él mismo construye otro cuerpo. (…) El mundo grotesco de la representación del cuerpo y de la vida corporal ha dominado durante miles de años la literatura escrita y oral. Considerado desde el punto de vista de su propagación efectiva, predomina incluso en la época actual: las formas grotescas del cuerpo predominan en el arte no solamente de los pueblos no  

 europeos, sino incluso en el folklore europeo; además, las imágenes grotescas del cuerpo predominan en el lenguaje no oficial de los pueblos, sobre todo allí donde las imágenes corporales están ligadas a la injuria y la risa».

grotesco.-7jjnn.-René Magritte.-La bella sociedad.-1965-1966.-BEGAP .-Málaga

Es así como – entre tantos  – Gógol nos asombra, como nos asombra Poe, como nos asombran las situaciones y personajes de Hoffmann.

(Imágenes:- 1.- Louis-Lépold Boilly.-reunión de 35 cabezas.-Museo Eugéne Leroy Tourcoing/ 2 .James Ensor.-máscaras contemplando una tortuga.-Museo de Málaga.-elpais.com/3.-Roy Lichtenstein.-golpe de brocha ll.-1987.-The Estate of Roy Lichtensenstein.-Museo de Málaga.- el pais.com/4.-Otto Dix.- doncellas en domingo.-1923.-VEGAP.-Málaga/ 5.- Juan Sánchez Cotán.-Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda.-1590.- Museo del Prado/6.-Leonardo da Vinci.-dos perfiles grotescos.- Royal Collection Trust/ 7.-René Magritte.- La bella sociedad.-1965.-Museo de Málaga)

EL DANDISMO

«Mi corbata constituye, por supuesto, mi primera preocupación

porque nosotros juramos estas normas de elegancia,

y me cuesta, cada mañana, varias horas de trabajo hacer que parezca anudada a toda prisa».

Estos versos anónimos, contemporáneos del Beau Brummel, los evoca Giuseppe Scaraffia en su «Diccionario del dandi» (Antonio Machado Libros) y pueden perfectamente añadirse a las aportaciones reunidas en  «Prodigiosos mirmidones» (Capitán Swing), el volumen que sobre el dandismo acaba de aparecer.

El tema de la corbata en el dandi – entre otras reflexiones sobre diversos atuendos – lo recogen muchos historiadores de la moda, como por ejemplo James Laver en su «Breve historia del traje,» comentando cómo «algunos dandies podían pasarse una mañana entera entretenidos en el arreglo de su corbata. Primero doblaban un gran cuadrado de linón, muselina o seda, formando una banda, luego se lo ponían alrededor del cuello y lo ataban haciendo un nudo o lazo delante. Hay una historia muy conocida sobre un cliente que visitó a Brummel a media mañana y se encontró a su ayuda de cámara componiendo su corbata. En el suelo había un gran montón de corbatas deshechas y cuando el visitante preguntó qué era aquello, el ayuda de cámara respondió: «Señor, esos son nuestros fallos».

Brummel, indudablemente, reúne en torno a sí muchas anécdotas. Sin ser un artista ni un filósofo que reflexione sobre la belleza y el arte, el amor por la excepcionalidad, como así lo recuerda Umberto Eco en su «Historia de la Belleza«, se manifiesta en sus hábitos y en el vestir. «Como ejemplo sublime de hastío aristocrático y de desprecio por la opinión común, se cuenta que en cierta ocasión lord Brummel cabalgaba con su mayordomo por una colina y, viendo desde lo alto dos lagos, preguntó a su sirviente: «¿Cuál de los dos prefiero?». Como diría más tarde Villiers de l´Isle Adam: «¿Vivir? Nuestros sirvientes piensan en ello por nosotros«.

Baudelaire había afirmado del dandi que «tenía una ardiente necesidad de creerse una originalidad y que a sus ojos la perfección del acicalado consiste en la total sencillez, que, de hecho, es el mejor modo de distinguirse«. Baudelaire –y así lo evoca igualmente Scaraffia – vestía siempre de un negro riguroso, elegido con toda conciencia -sostenía – para una época de luto. El corte del traje era fruto de cuidadas y difíciles reflexiones. «Bajo la corbata, anudada con una gracia exquisita, su largo chaleco se cerraba sólo con algunos botones, para abrirse lánguidamente sobre la finísima tela de la camisa. En sus zapatos perfectamente lustrosos bien podían reflejarse los guantes de color, con frecuencia rosa o castaño muy claro. Años después, bajo el alto sombrero, el chaleco sería entonces de cachemir, negro también, como la larga corbata, ligeramente anudada. Levasseur se acuerda perfectamente del andar oscilante de sus zapatillas de terciopelo, sustituidas en invierno por zapatos blancos inmaculados. (…)». Pero, sobre todo – lo apuntaba el gran fotógrafo Nadar -, más que su caminar y su vestuario, era la expresión de su rostro, suspendido entre la amarga contracción de sus labios y la luz oscura de sus ojos, lo que turbaba el ánimo de cualquier transeúnte que con él se encontrara.

Otro dandi célebre, Oscar Wilde , en Londres y en 1879, se vistió durante un corto tiempo de una corbata verde manzana que destacaba sobre su levita de terciopelo, generosamente ribeteada. Era ya la época de sus famosas contestaciones. A una dama que le mostró su preocupación porque quizá trabajase demasiado, le respondió: «Efectivamente, señora, con el borrador de un poema me canso mucho más allá de lo que pueden soportar mis fuerzas; de hecho esta mañana he suprimido una coma (…) que seguro volveré a colocar esta misma tarde».

(Imágenes.- 1.-Robert de Montesquiou.-cuadro de J. Boldini.-wikipedia/2.-Baudelaire.-por Nadar.-1855-58/3.-Paul Rainer.-Beau Brummel.-ilustrationartgallery.com/ 4.-Oscar Wilde en 1882.-Associated Press/ 5- George Cruikshank.- Monstruosidades de 1822.-ils.unc.edu)