CONTEMPLAR EL PAISAJE ME PERMITE OBSERVAR

 

 

«Contemplar el paisaje me permite observar que lo que avanza puede ser más delicado, bello, noble que lo que persevera en la inmovilidad. Porque en este momento el viento sacude los árboles y arbustos únicamente por una razón muy sencilla y evidente: son tenaces. Cuando a veces ceden, se producen las sacudidas. Si no hubiesen arraigado no podríamos hablar del rumor de sus hojas y, en consecuencia, tampoco escucharlo. La escucha depende del rumor y el rumor de las sacudidas y las sacudidas de la objetividad procedente de un lugar concreto. Las nubes en fuga, hermosas, grandiosas, no están inmóviles y por eso tampoco sufren sacudidas. Montañas enteras de nubes y edificios de nubes como castillos tienen un aspecto casi indolente, cual cisnes nadando o mujeres que se dejan inducir o persuadir a esbozar una sonrisa o un movimiento. La persuasión por lo bello, por lo blando, por lo sublime culmina en una totalidad de mudo sometimiento , como sucede, por ejemplo, con las grandes ideas o con las buenas obras, con la justicia, con el amor. El concepto más excelso pasa silencioso, inaudible, soplado por la boca antediluviana del viento. Sin embargo, lo tranquilo, lo duradero, los fenómenos que ofrecen o presentan resistencia a lo viviente, sea impalpable o palpable, existen y parecen conocerse y complementarse de la manera más exquisita».

Robert Walser – » Escrito a lápiz» – «Microgramas lll» ( 1925- 1932)

((Imagen : –   John Constable- estudio de  cielo y árboles -1821 – museo Victoria  y Alberto)

ÉXITOS Y FRACASOS

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«Los libros pueden ser éxitos. Qué deprisa, con qué presta decisión lo digo – escribe Robert Walser -. Tal como pienso para mí mismo, quizá este pequeño esbozo se convierta en un éxito de altura, a pesar de que la alegre esperanza puede albergar convicciones procedentes de la vanidad. Recuerdo haber dicho a una mujer hermosa con motivo de un banquete: «Quiero intentar ser atractivo a sus ojos». ¿Me creerán si explico que con esta frase pretendía cosechar un fracaso rotundo? En efecto, la mujer, argumentando su extrema torpeza, respondió a mi comentario que una persona simpática y elegante no intentaba ser atractiva, sino que o bien lo era por cualesquiera cualidades o le faltaba simpatía, y en ese caso carecía de interés y era soso. Puesto que el descuido de mis palabras me había hecho soso o, también cabe decir, aburrido, la convicción de resultar fastidioso me hizo recobrar el interés. Se me antojó que ahora la hermosa mujer casi lamentaba haberme reprendido».

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«Los fracasos invitan a la reflexión, los éxitos al descuido más seductor (…)- prosigue Walser en «Escrito a lápiz». Microgramas lll» (Siruela) – Hoy he rechazado la lectura de un libro que hace unos años cosechó un éxito clamoroso y por esa circunstancia me dejó totalmente frío, provocando en mí la necesidad de leer preferiblemente la obra de alguien carente de éxito. Con las personas y los libros sucede algo parecido, y de los éxitos surgen los fracasos, y de los fracasos germinan o florecen los éxitos. Hace algún tiempo me regalé una novela que no había conseguido un verdadero éxito, ¿y qué me pareció? Maravillosa, y me entusiasmó tanto la carente de éxito que rechacé la exitosa, que parecía gritarme con aplastante seguridad que era atractiva, cosa que no me apetecía nada creer. Los fracasos entrañan una suerte de amabilidad, de suavidad, de finura, de inteligencia, son simpáticos, y uno los transforma en éxitos con el mismo agrado con que los éxitos se pueden transformar en fracasos».

Todo este aparente malabarismo de las frases con las que juega este escritor suizo al que me referí hace pocos días en Mi Siglonos revelan certeras verdades que muchas veces olvidamos, entre ellas la fugacidad de los éxitos, el inestable desequilibro de las balanzas a la hora de los juicios, la subjetividad emocional con que recibimos en la vida triunfos y fracasos, y ya en el horizonte de las artes y las literaturas y en su línea final,  el sorprendente descubrimiento de que aquella obra desconocida que casi nadie aplaudió sigue en pie y luminosa mientras que los años han ido hundiendo en diccionarios de olvidos lo que en el fervor de un instante todo el mundo aclamó.

(Imágenes: 1.-«Bookcases» (1995-2004) por Martin Richman.-Aeroplastics Contemporary.-Bruselas.-artnet/ 2.-«Scholar» (America Series), 1991.-por Benny Andrews.-artnet)