LA LUZ Y LA SOMBRA

 

japón-rexx-Kabuki- teatro tradicional japonés

 

«¿Pero por qué esa tendencia a buscar lo bello en lo oscuro sólo se manifiesta con tanta fuerza entre los orientales? Hasta hace no mucho tampoco en Occidente conocían la electricidad, el gas o el petróleo pero, que yo sepa – dice Tanizaki -, nunca han experimentado la tentación de disfrutar con la sombra; desde siempre, los espectros japoneses han carecido de pies; los espectros de Occidente tienen pies, pero en cambio todo su cuerpo, al parecer, es translúcido. Aunque sólo sea por estos detalles, resulta evidente que nuestra propia imaginación se mueve entre tinieblas negras como la laca, mientras que los occidentales atribuyen incluso a sus espectros la limpidez del cristal.

 

japón-uyyn-Kawano Kaoru- mil novecientos sesenta

 

Los colores que a nosotros nos gustan para los objetos de uso diario son estratificaciones de sombras; los colores que ellos prefieren condensan en sí todos los rayos del sol. Nosotros apreciamos la pátina sobre la plata y el cobre; ellos la consideran sucia y antihigiénica, y no están contentos hasta que el metal brilla a fuerza de frotarlo. En sus viviendas evitan cuanto pueden los recovecos y blanquean techo y paredes. Incluso cuando diseñan sus jardines, donde nosotros colocaríamos bosquecillos umbríos, ellos despliegan extensiones de césped.

 

flores.-4fr.-Yoshitaka Amano.-Japón.-in The Garden Of Kinf Marques Castillo

 

¿Cuál puede ser el origen de una diferencia tan radical en los gustos? Mirándolo bien, como los orientales intentamos adaptarnos a los límites que nos son impuestos, siempre nos hemos conformado con nuestra condición presente; no experimentamos, por lo tanto, ninguna repulsión hacia lo oscuro; nos resignamos a ello como a algo inevitable: que la luz es pobre, ¡pues que lo sea!, es más, nos hundimos con deleite en las tinieblas y les encontramos una belleza muy particular».

Junichirö  Tanizaki.- «El elogio de la sombra»

paisajes.-3213.-Zeshin Shibata.-Japón 1807-1891.-Fondos Bell y Fondos Annenberg((Imágenes.- 1.-Kabuki- teatro tradicional/ 2.-Kawano Kaoru– 1960/ 3.-Yoshitaka Amano/ 4.-Zeshin Shibata- fondos Bell)

BORGES Y LAS SOMBRAS

gentes-bbvvb-manos- ciegos- manos de lectura Braille- Imogen Cunningham- mil novecientos noventa y  tres

 

«… Esta penumbra es lenta y no duele;

fluye por un manso declive

y se parece a la eternidad.

Mis amigos no tienen cara,

las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,

las esquinas pueden ser otras,

no hay letras en las páginas de los libros.

Todo esto debería atemorizarme,

pero es una dulzura, un regreso.

De las generaciones de los textos que hay en la tierra

solo habré leído unos pocos,

los que sigo leyendo en la memoria,

leyendo y transformando.

Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,

convergen los caminos que me han traido

a mi secreto centro.

Esos caminos fueron ecos y pasos,

mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,

días y noches,

entresueños y sueños,

cada ínfimo instante del ayer

y de los ayeres del mundo,

la firme espada del danés y la luna del persa,

los actos de los muertos,

el compartido amor, las palabras,

Emerson y la nieve y tantas cosas.

Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,

a mi álgebra y mi clave,

a mi espejo.

Pronto sabré quien soy».

Jorge Luis Borges . – » Elogio de la sombra»

libros-oiin-espejos-gentes- Lisette Model- mil novecientos treinta y nueve

(Imágenes.- 1- Cuningham/ 2.-Lisette Model- 1939)

LABERINTO

«No habrá nunca una puerta. Estás adentro.

y el alcázar abarca el universo

y no tiene ni anverso ni reverso

ni externo muro ni secreto centro.

No esperes que el rigor de tu camino

que tercamente se bifurca en otro,

que tercamente se bifurca en otro,

tendrá fin. Es de hierro tu destino

como tu juez. No aguardes la embestida

del toro que es un hombre y cuya extraña

forma plural da horror a la maraña

de interminable piedra entretejida.

No existe. Nada esperes. Ni siquiera

en el negro crepúsculo la fiera».

Jorge Luis Borges. «Laberinto».- «Elogio de la sombra«.

SOMBRAS

«Las sombras, una vez que hemos muerto, son los acusadores, los testigos, las puebas de cuanto hemos hecho en vida; y a algunas de ellas se les presta fe total, porque siempre están con nosotros y no abandonan nunca nuestros cuerpos». Eso recita Luciano de Samosata en «Menipo o la nigromancia» mientras veo las fotografías de Bernard Plossu, hombre rozando el muro de la soledad,  perfil negro vencido,  pasos hacia ninguna parte,  sombra que camina de exteriores a interiores y penumbra que llena el vacío de los cuartos.

Ahí, en esa silla, estaba sentada hace años – cinco minutos – la luz con sus nombres y apellidos, con una edad y una cabellera y unos ojos, y también con su sonrisa. Hablaba y hablaba de recuerdos radiantes. Ahora está sólo la sombra: recibe el visillo luminoso, el resplandor abierto en el ventanal.

La sombra, el lado oscuro del rostro, refleja en la pared aquello que no llegamos a controlar, mentón, ceja y naríz que alguien dibuja sobre el lienzo del muro, retrato del otro yo que nos habita y que no conseguiremos conocer. «¿Ha visto usted alguna vez, lector, – pregunta Tanizaki en su «Elogio de la sombra«» – «el color de las tinieblas a la luz de una llama«? Están hechas de una materia diferente a la de las tinieblas de la noche en un camino, y si me atrevo a hacer una comparación, parecen estar formadas de corpúsculos como de una ceniza tenue, cuyas parcelas resplandecieran con todos los colores del arco iris«. Es la sombra perfilada, la segunda naturaleza del ser, la imagen de las cosas fugitivas, aquellas irreales y cambiantes que la luz persigue.

Y luego está la sombra del campo, la mano que va pasando sobre las cordilleras, adormece a las piedras, acuna a los valles, la mano del sueño, del apaciguamiento. La luz escapa al contacto de esa mano y el mundo respira en la noche.

(Imágenes:- 1-Bernard Plossu.-homelesmonalisa.darq.uc.pt/2.- Bernard Plossu.-Níjar 2002.-fomatocomodo.com/ 3.-Sombras.-Andy Warhol/ 4.-Bernard Plossu.- Archipel de Riou.-Bouches -du-Rhôme- institutfrances.org)