VIAjES POR ESPAÑA (9) : CAMBADOS AL ATARDECER

mar-edde-atardecer-Edward Potthast

 

Cambados a la hora del atardecer tiene un sol rojo, tan rojo como el lomo de un faisán, tan variado como él cuando ese rojo sol se desangra y por todo su cuerpo se derraman manchas rosadas, brochazos de luz que alguien ha extendido sobre el cuerpo redondo con enorme fuerza. Estaban hoy las nubes grises, blancas, lejanas, cortándole la cintura al sol, rasgando la rueda que descendía. Había grises en el cielo, en el muelle, manchas de gris en tapias y tejados alargados hacia el mar. Había grises y blancos en vientres y alas de gaviotas ondulándose en el aire, atentas al vaivén del mar, al secreto de los peces invisibles. Había alguna primera luz encendida, alguna bombilla aportaba su luminosidad extraña a aquella hora. Todo el conjunto de este rojo sol, esta gama de blancos, azules y grises, el recorte de tierra y el gran campo del cielo cruzado por los gritos de las gaviotas, me lleva siempre a la misma pregunta: ¿todo esto para qué? ¿Qué utilidad tiene esta riqueza de colores en el rostro impresionante del mar, esta puesta de sol presentada despacio, a la hora en punto, reuniendo todos los contrastes?

Obsesionados por la utilidad, tardamos en descubrír el misterio de la simple belleza. El borde blanco del paseo de Cambados recibe ahora toda esa belleza y unos hombres pasean insensibles ante ella, otros la contemplan, otros  dan gracias.

José Julio Perlado

 

paisajes-yubbd-atardecer- John Aavitsland

 

(Imágenes.-1.-Edward Potthast/ 2.- John Aavitsland)

 

NUEVA YORK

«He aquí el tiempo de los signos y de las cuentas

¡Nueva York! he aquí pues el tiempo del maná y del hisopo.

Basta con escuchar los trombones de Dios, tu corazón latir al ritmo de la sangre tu sangre.

Vi en Harlem zumbando de ruidos de colores solemnes y olores flamígeros

– Es la hora del té en casa del repartidor-de-productos-farmacéuticos

Vi aprestarse la fiesta de la Noche en el atardecer. Yo proclamo la Noche más verídica que el día.

Es la hora pura en que por las calles Dios hace brotar la vida anterior a la memoria

Todos los elementos anfibios radiantes como soles.

¡Harlem, Harlem! ¡He aquí lo que vi Harlem, Harlem!

Una brisa verde de trigales brotar del empedrado labrado por los pies descalzos de danzantes Dans

Ancas ondas de seda y pechos de hierros de lanza, ballets de nenúfares y máscaras fabulosas

A los pies de los caballos de la policía, los mangos del amor rodar de las casas bajas.

Y vi a lo largo de las aceras, arroyos de ron blanco arroyos de leche negra en la niebla azul de los tabacos.

Vi el cielo nevar en el atardecer flores de algodón y alas de serafines y penachos de brujos.

¡Escucha Nueva York! Oh escucha tu voz viril de cobre tu voz vibrante de óboe, la angustia con sordina de tus lágrimas caer en gruesos coágulos de sangre

Escucha a lo lejos latir tu corazón nocturno, ritmo y sangre del tam-tam, tam-tam sangre y tam-tam».

Leopold Sédar Sénghor: « A Nueva York» (para una orquesta de jazz: solo de trompeta)

(Imágenes:-  1.- escena nocturna en Nueva York.-1912.- por Edward Potthast/2.-Nueva York.-por Adolf  Fassbender/ 3.-calle de Nueva York.- 1924.- Georgia O`Keeffe.-arthistoryarchive)