VIEJO MADRID (6) : EL TEATRO EN LA CALLE

Plaza de Santa Ana

Por la mañana, antes de que las funciones empiecen, los actores se sientan a jugar a las cartas al aire libre, en medio de la madrileña Plaza de Santa Ana, frente por frente al Teatro Español. No son actores, son espontáneos vecinos de estas calles que representan su papel de madrileños sin que nadie les dirija, sin que ningún director les indique que sobre la mesa deben golpear con suavidad o con ímpetu el as de oros o el caballo de copas. Lo hacen en silencio, con gestos, pupilas o señas que esconden ladinamente su cálculo mental. Saben jugar, como sabían hablar y criticar en la vieja tertulia de hace siglos aquellos que asistían al Corral del Príncipe, lo que hoy es Teatro Español.

En este sitio estuvo el Convento de Carmelitas Descalzas, titulado de Santa Ana y fundado por San Juan de la Cruz. Este Teatro Español, Monumento Nacional, que se inauguró en 1583 con una representación de Lope de Rueda,  lleva en su historia voces y giros y ademanes relatando las mejores comedias del Siglo de Oro. «¿Parécele a V. M. que le será de alivio oir la comedia, pues le han convidado a ella aquellos caballeros toledanos y tienen tan buen aposento en el Corral del Príncipe?», dice Salas Barbadillo en «El Cortesano Descortés«.

Pero mi cámara sigue reflejando a los que juegan. Luego, poco a poco, gira alrededor de este Teatro, se cuela por detrás, por la calle de Echegaray y me parece mentira que estos jugadores de cartas reaparezcan en el tiempo. «En los veladores, pintados de almagre – cuenta Emilio Carrere dibujando esta calle de Echegaray -, los cuatro clásicos del «mus», con gorrilla de seda ladeada, como Felipe, el martelo y tormento de «La Revoltosa«, se jugaban aquellos frascos de vino negro que costaban seis reales. El chico del mostrador, que se llamaba «el medidor», entrechocaba los vasos en el barreño de cinc y vertía las «cortinas» del copeo en un frasco grande. Un cartel de arbitraria ortografía atraía en el escaparate a los traspillados cesantes: «Se guisa de comer. Hay callos y caracoles«.

Lorca en la Plaza de Santa Ana

Cuando vuelvo a la Plaza de Santa Ana, García Lorca, entre sol y sombra, está lanzando ya palomas al aire. Son palomas de bronce, muy livianas, nacen de las manos del poeta y las mece el cielo de Madrid. Aquí pronunció Federico su «Charla sobre teatro«, en este Teatro Español, el 2 de febrero de 1935, con motivo de una representación extraordinaria de Yerma. Pero las palomas me distraen:

«Por las ramas del laurel

van dos palomas oscuras.

La luna era el sol,

la otra la luna.

«Vecinitas», les dije,

«¿dónde está mi sepultura?»

«En mi cola», dijo el sol.

«En mi garganta», dijo la luna.

(…)

Por las ramas del laurel

vi dos palomas desnudas.

La una era la otra

y las dos eran ninguna«.

 («Diván del Tamarit«)

(Imágenes: 1.-Teatro Español en la madrileña Plaza de Santa Ana/ 2.-estatua de Federico García Lorca en la Plaza de Santa Ana.- fotos: JJP)

VERANO 2009 (15) : FEDERICO GARCíA LORCA

mar.-98f4w.-foto por David Doubilet.-Sud Africa 2002.-National Geographic photo

«Me he perdido muchas veces por el mar

con el oído lleno de flores recién cortadas,

con la lengua llena de amor y de agonía.

Muchas veces me he perdido por el mar,

como me pierdo en el corazón de algunos niños.

 

No hay noche que, al dar un beso,

no sienta la sonrisa de las gentes sin rostro,

ni hay nadie que, al tocar un recién nacido,

olvide las inmóviles calaveras de caballo.

 

Porque las rosas buscan en la frente

un duro paisaje de hueso

y las manos del hombre no tienen más sentido

que imitar a las raíces bajo tierra.

 

Como me pierdo en el corazón de algunos niños,

me he perdido muchas veces por el mar.

Ignorante del agua voy buscando

una muerte de luz que me consuma».

Federico García Lorca: » Gacela de la huida» («Diván del Tamarit«) (1936)

(Imagen.-foto de David Doubilet.-Sudáfrica.-2002.-National Geographic Photo)