VIEJO MADRID (42) : CALLES Y OFICIOS

Madrid-vvbn-calle de Botoneras

“Los sastres y fundidores – se recordaba ya a mitad del siglo XVlll en el “Gobierno político de los pueblos de España” -no pueden tener tablero, o tienda de su oficio a par de la del mercader. No pueden tener tampoco tienda de mercaderías, sólo pueden usar de un oficio, o de otro, así como ni zapateros, ni oficiales de hacer obras de cuero, pueden ser curtidores,  ni tener a su cargo tenerías algunas.” Julio Caro Baroja evoca cómo hace siglos en las ciudades españolas se extendían arrabales destinados a profesiones: olleros, tejeros, sogueros, punto de cita de arrieros y trajineros, y a su lado los mesones.

Madrid- ccvy-calle de Cedaceros

Madrid presenta numerosos oficios en la historia de sus calles. Répide o Peñasco y Cambronero, entre muchos otros, han dedicado numerosas páginas a estas calles que van unidas a tradicionales menesteres y que han dejado su huella en la ciudad. Répide, al hablar, por ejemplo, de la calle de Botoneras, recuerda que ese era el lugar donde estaban establecidas las vendedoras de quincallla, “en  cuyo comercio figuraba como especial mercancía la de las botonaduras que servían a soldados y pajes, además de su natural clientela femenina.

Madrid- caard-calle de Esparteros- wikimedia

La calle de Cedaceros- – anotan igualmente Hilario Peñasco y Carlos Cambronero  -aparece ya en los planos de Texeira y Espinosa, y en sus construcciones y casas vivía y trabajaba mucha gente de este oficio. En Bordadores, recuerda Répide, los maestros que trabajaban en telas en tiempo de don Juan ll lograron acabar un magnífico manto a la reina doña María de Aragón. Siglos más tarde, Santa Teresa de Jesús estuvo en los talleres de los bordadores “para que le bordasen el traje de un San José que llevaba para una de sus fundaciones, y como no quisiesen cobrar nada por su trabajo, la santa, después de darles las gracias, les dijo: “no toma oro quien da oro.”

Madrid-cewwd-calle de Bordadores- wikimedia

En Esparteros – sigue diciendo Répide -” algunos valencianos tejían el esparto, haciendo las esteras que se usaban en la mayor parte de las casas de la Corte. Fueron estableciéndose en diferentes puntos de la capital, y la calle de su nombre fue más especialmente ocupada por las tiendas de los fabricantes de agujas y botones y los almacenes de ferretería que formaban la parte más importante de la feligresía de Santa Cruz.

Madrid-vbhh-calle de Cabestreros- wikimedia-org

En Cabestreros se establecieron – sigue diciendo Répide – los cordeleros de cáñamo y formaban un gremio, cuyo titular era San Antonio Abad “y la fiesta de San Antón se celebraba con la romería que se llamaba de los gitanos, que con mulas enjaezadas iban a dar las vueltas y a recibir la cebada bendita en un altar portátil que se colocaba a la puerta la iglesia.”

Madrid-ccsss- calle de Tintoreros- commons wikimedia org

Si en Tintoreros estaban las tiendas de varios químicos que se establecieron en Madrid perfeccionando el arte del teñido de las sedas, en los Yeseros se encontraban antiguamente las yeserías y esa calle estaba continuamente

Madrid-cfoi-calle de Yeseros- wikimedia. com

cruzada por los carros que cargaban tal material.

Madrid-cvgy-calle de la Ribera de Curtidores- wikimedia. com

El ambiente en la Ribera de Curtidores lo evocan, entre muchos otros autores, Peñasco y Cambronero al decir que”se hace digna de que la visite el forastero en un día de fiesta. Ocupando la parte de la vía pública que hay dispuesto para ello, se instalan los domingos multitud de vendedores con objeto de dar salida a los trastos viejos, saldos, ropas procedentes de empeño, antigüedades, libros usados, retazos de tela, hierro viejo y curiosidades de todo género. Allí, en confuso montón, aparecen revueltos un uniforme de miliciano y una vajilla desportillada, el retrato del duque de la Victoria y un capuchón de Carnaval, una mantilla de casco y un espadín del siglo XVlll; por eso el padre de familia, el comediante casero, la mujer hacendosa y el anticuario encuentran siempre en el Rastro algo que puede remediar sus necesidades o satisfacer sus aficiones.”

Viejos oficios, viejas calles en el viejo Madrid.

(Imágenes- wikimedia)

VIEJO MADRID (36) : EL “DOS DE MAYO” VISTO POR UN NIÑO

Goya.- 4455t.- el tres de mayo de 1808.- los fusilamientos en la montaña del Principe Pio

“Las diez poco más o menos, serían de ella, cuando se dejó sentir en la modesta calle del Olivo la agitación popular y el paso de los grupos de paisanos armados, que con voces atronadoras decían: “¡ Vecinos, armarse! ¡Viva Fernando Vll !” Toda la gente de casa corrió presurosa a los balcones, y yo con tan mala suerte, que al querer franquear el dintel con mis piernecillas, fuí a estrellarme la frente en los hierros de la barandilla, causándome una terrible herida, que me privó de sentido y me inundó en sangre toda la cara. Mis padres y hermanitos, acudieron presurosos al peligro más inmediato, me arrancaron del balcón, me rociaron, supongo con agua y vinagre (árnica de aquellos tiempos), me cubrieron con yesca y una pieza de dos cuartos la herida y me colocaron en un canapé, a donde volví entre ayes y quejidos lastimeros.”

Sorolla.- ttyyh.- defensa del Parque de Monteleón.- Joaquín Sorolla

Quien cuenta todo esto es el gran escritor costumbrista español Ramón de Mesonero Romanos en sus “Memorias de un setentón“. Tenía Mesonero entonces – el Dos de Mayo de 1808 – cinco años. “Tal vez ningún cronista de ninguna época-  escribí yo al prologar hace años esas “Memorias”– se hubiera atrevido a trasladar una fecha tan señalada de la Historia de España haciendo uso casi únicamente de impresiones subjetivas – hasta para algunos limitadísimas – como son los coloquios familiares escuchados por un pequeño niño. Y, sin embargo, Mesonero escoge precisamente esa fórmula de expresión para dar fe del dramático alzamiento. Los diálogos y las acaloradas disputas de sobremesa que en casa de Mesonero se sucedían, aparecen tan jugosa y naturalmente vertidos, que ellos mismos nos ofrecen una nítida imagen del apasionante suceso. Como digo, tenía entonces el escritor cinco años, y como infante que era, no podía lógicamente interpretar ni comprender el alcance del acontecimiento. Pero su memoria nos ha dejado intactos muy diversos rasgos ambientales que nos ayudan en forma sorprendente a conocer el interior del hecho: gritos, coplas, tumultuosos debates y carreras y confusión por doquier nos retratan vigorosamente, como en una película trepidante, la vibración de ese día; la Historia está observada desde un rincón minimizado, a través de una minúscula pupila, y sin embargo captando en cada instante lo más preciso y lo más pintoresco. Mesonero, acabando el capítulo, se verá obligado a exclamar: “¡ Qué noche, Santo Dios! Setenta años se cumplen cuando escribo estas líneas y siglos enteros no bastarían a borrarla de mi memoria!”

Goya.- rrtth.- el Dos de Mayo e 1908.- la carga de los mamelucos.- Francisco de Goya.-1814.-Museo del Prado

Y poco después, al describir el inquieto rostro del nuevo día, su pluma, frente a la mañana del 3 de mayo de 1808, cobra otra vez un ardiente fulgor: tomando el hilo de la atropellada narración que en aquellas horas daba a conocer a toda la familia el amanuense de su padre,  (“decía haber visto a las mujeres por bajo de los caballos para hundir en sus vientres las navajas, y encaramarse a los hombres a la grupa de los mismos para hacer a los jinetes el propio agasajo”) ,  llegan los recuerdos de Mesonero a Palacio, bajan a la Puerta del Sol, entran hasta el Parque de Monteleón, donde se precipitan las horribles venganzas, y en fin, dejan para siempre plasmado un Madrid desconcertante y atroz: ese Madrid inmortalizado por la paleta de Goya, que asomará entre las páginas de estas “Memorias” como un gran cuadro literario, de crudo colorido, en el que permanece abierta la herida de una revolución.”

Goya.- 4gguui.- versión de El tres de mayo de 1808 en Madrid- en grafiti en Madrid.- wikipedia

(Imágenes:- 1.- Francisco de Goya.- tres de mayo de 1808.-los fusilamientos en la Montaña del Príncipe Pío.- Museo del Prado/ 2.- Joaquín Sorolla.- Defensa  del Parque de Monteleón.- obtuvo en 1884  una medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes/ 3.- Goya.- el dos de  mayo de 1808.- la carga de los mamelucos.- Museo del Prado / 4.- el 3 de mayo de 1808 en Madrid.- grafiti en Madrid.- wikipedia)

VIEJO MADRID (16) : LA POSADA DEL PEINE

Subo en mis paseos por la madrileña calle de Postas, cerca ya de la Puerta del Sol, caminando hacia la Posada del Peine, y evoco allí las palabras de Gutiérrez Solana contemplando esta esquina ya célebre:

“A mí me gusta oir vocear todas las noches – decía Solana -, cuando regreso a la Posada del Peine, los periódicos con la lista de la lotería o el crimen de anoche. (…) También todas las noches, antes de ir a cenar a un café cualquiera, abro el balcón para escuchar la voz de un ciego andaluz, feo y negro, que se sienta en los adoquines de la calle, con las piernas cruzadas como un moro, con un platillo delante, que canta abriendo la boca desdentada y la tuerce dando jipidos, pegando golpes con las manos en la guitarra, y poniendo los ojos en blanco, canta, durante una hora, con gran sentimiento:

Tiene la tarara,

tiene la tarara;

la tarara sí,

la tarara no“.

Es la observación siempre minuciosa de Solana en suMadrid, escenas y costumbres“, recorriendo las calles  de la capital y hospedándose en esta Posada en 1913, el tiempo que se tardó en publicar su libroEscenas de Madrid“. La calle de Postas y todas las adyacentes, con su viejo y pequeño comercio tradicional, que según las ordenanzas de los antiguos gremios, era el de mercería, especiería y droguería, toma su nombre del siglo XVl, pues aquí se encontraba la casa de Postas y a sus maestros pertenecía la imagen que había en el portal número 32, y que mostraba a la Virgen de la Soledad, imagen a la que el vecindario tenía mucha devoción.

“Es en esta Posada, tan conocida de los isidrossigue diciendo Solana -, que bajan al comedor a tomar el cocido y la sopa a sus horas, donde se hospedan tanta gente rara y sin colocación: criadas despedidas, que por el miedo a los peligros de encontrarse una noche sola en la calle, se ha encerrado a las seis de la tarde, sin cenar, en uno de estos cuartos, se ha atrancado con llave y se ha metido en la cama, y con una voluntad de hierro ha encontrado honrada colocación a la mañana siguiente”.

Gutiérrez Solana hace decir de la Posada a uno de los que allí se hospedan: “Yo estoy conforme con esta habitación que está tan cerca de los tejados, de las casas de enfrente y del reloj de esta Posada, de esfera iluminada de noche, donde destacan negras y grandes las agujas, parecido a un reloj de bolsillo gigante, de claras y sonoras campanadas, que me despierta, invariablemente, a las nueve de la mañana, y me invita a levantarme de la cama, abrir el balcón y a oir los pregones y ruidos de la calle; me visto, y a dos pasos tengo el arco de la Plaza Mayor; me entretengo viendo las tiendas y hablo con las sirvientas que bajan de la compra, con la cesta al brazo. Al mediodía me encuentro al pie de la iglesia de San Sebastián; al lado hay una antigua relojería; su escaparate está ocupado por un enorme reloj de chinos de madera, pintados con las coletas hasta los pies y las caras y las manos amarillas; a gran altura de sus cabezas hay un boquete negro y lóbrego, con un complicado mecanismo de ruedas, campanas, poleas y cadenas. Cuando las agujas del reloj se van uniendo y acercándose  a las doce, hay un ligero estremecimiento en los brazos de los chinos, y de pronto, al sonar la primera campanada, un chirrido de muelles los pone en movimiento, y un chino pequeño sale de una caja, cuya puerta se cierra de golpe, y montándose a caballo en una campana, da un fuerte golpe en ella con un martillo muy grande, saliendo despedido al voltear la campana y quedando colgado de la trenza, entre un estruendo de hierro que arman los dos chinos gigantes, tirando de unas cadenas. Al poco rato me hallo en mi cuarto de la Posada del Peine quitándome las botas y poniéndome las zapatillas; bajo al comedor a almorzar”.

Los ojos, como siempre, de Solana lo han fotografiado todo con las pupilas: la adivinadora, el ventrílocuo, el curandero, los peluqueros, el ciego de los romances. Madrid se detiene ante estos escritores que pasan y Madrid pasa a su vez ante  estos escritores que se detienen.

(Imágenes:- 1.-fachada actual de la Posada del Peine.-foto JJP.-/ La posada del Peine.-wikipedia)

UN DÍA EN MADRID Y EN EL TIEMPO

“Al rayar el día – escribe Mesonero Romanos en 1833 – empieza lentamente el movimiento de este pueblo numeroso. Se abren sus puertas para dar entrada a infinidad de aldeanos (…); en estas primeras horas los tahoneros, montados en sus caballos con enormes serones, reparten el pan por las tiendas; los ligeros valencianos cruzan las calles en todas direccciones pregonando sus refrescos; las tiendas se llenan de mozos y criados que concurren a beber; los carros de los ordinarios que salen, se cruzan con la rechinante carreta de bueyes que viene cargada de carbón”.

“las plazas y mercados van progresivamente llenándose de gentes que se ocupan de las compras en menudo, las iglesias de ancianos piadosos y madrugadores, que concurren a las primeras misas de la mañana (…) Suenan las ocho, y el tambor de las guardias que se relevan se hace oir en todos los cuarteles de la capital. Las jóvenes elegantes que habían salido a misa o a paseo en un gracioso negligé vuelven lentamente a sus casas, acompañadas, por supuesto, casualmente (…) Los cafés retirados, las tiendas de vinos y las hosterías presencian a tales horas estos obsequios misteriosos”.

“Pero a las nueve el cuadro ha variado de aspecto; los coches de los magnates, de los funcionarios públicos, seguidos a carrera por la turba de pretendientes, que los espera a su descenso, corren a los Consejos y a las oficinas públicas; el empleado subalterno, saboreando aun su chocolate, marcha también a colocarse en su respectiva mesa; los estudios de los abogados quedan abiertos a la multitud de litigantes; el ruido de la moneda resuena en el contador del comerciante (…) La Puerta del Sol empieza a ser el centro del movimiento del público y del quietismo de una parte de él, que se la reparten como su propiedad. Los corredores subalternos de préstamos y demás, hacen allí sus negocios sin correr; los músicos, esperan avisos de bodas, llegadas de forasteros y festividades para correr a felicitar a los dichosos (…) ; los ciegos pregonan sus curiosos romances; los aguadores riñen por haberse quitado la vez para llenar sus cubas, y las vendedoras de naranjas hacen conocer sus excelentes pulmones”.

“Los Consejos, la Sala, los Juzgados de la Villa, la Caja de Amortización y otros muchos objetos llaman a la multitud hacia la calle Mayor; los litigantes cargados de papeles; los procuradores de sus procesos; los escribanos y alguaciles con sus respectivas vestimentas”.

“El artesano, entre tanto, que al punto de las doce dejó sus trabajos, prepara su comida sencilla, mientras el pretendiente va a ocupar su lugar en la antesala de la secretaria”.

“En el Prado luce la sociedad elegante, los brillantes trenes y la esmerada compostura; la multitud esparciéndose fuera de las puertas, busca los paseos adecuados a sus gustos. Todos permanecen en ellos hasta que la noche se acerca. (…) La multitud va disminuyendo en las calles; los barrios apartados permanecen solitarios, y solo los del centro ofrecen todavía vida hasta después de cerrados los teatros. La mayor parte vuelve a sus casas a disfrutar del reposo; pero otra parte prolonga la vida que hurtaron al día, ostentando en tertulias elegantes sus estudiados adornos, o arruinándose en juegos reprobados; sus coches hacen retemblar las pacíficas calles y va disminuyendo su número hasta que ya a las dos de la mañana se oye solo la voz del vigilante sereno, que da la hora y avisa al desvelado las que aun le faltan que penar. Los cantos de las aves precursoras del día suceden a aquel silencio, y el cuadro anterior vuelve a comenzar”.

Ramón Mesonero Romanos: “Un día en Madrid” (“Manual de Madrid”) 1833.

(Imágenes.-Se ha inaugurado estos días en Madrid, ( del 26 de noviembre al 31 de enero de 2010) la  exposición “Marileños. Un Álbum Colectivo” del Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid, con fotografías provenientes de particulares.-Algunas de las imágenes aquí representadas pertenecen a dicho Archivo) ( Fotos:- 1.-Palacio Real en 1887 .-donado por Santiago Saavedra/2.-Omnibus del barrio de Salamanca en 1890.-donado por Mario  Fernández Albarés./ 3.-Puerta del Sol en 1900.-klumpcol.com/4.-calles y transeuntes en 1900.-donado por Mario  Fernández  Albarés/5.-operarios en 1900.-donado por Mario  Fernández Albarés/ 6.-La Cibeles en 1890.-donado por Mario Fernández  Albarés/7.-calle de Alcalá en 1892.-donado por Jaime Murillo Rubiera)

VIEJO MADRID (11) : LA FONDA DE LA AMISTAD

casa donde vivió Gautier.-Caballero de Gracia detras´de la Gran Vía.-2

“Después de bastante búsqueda – escribe el francés Teófilo Gautier – por fin encontré una mesa redonda en la calle del Caballero de Gracia, donde uno podía tomar una comida muy agradable por el razonable precio de 20 reales por día. El dueño era un francés grueso, con un vivo y alegre semblante y cuya buena disposición mantuvo favorablemente el humor en la casa”. Estamos en 1840, como dice la placa de este portal numero 21, a espaldas de la Gran Vía. El tiempo de Madrid ha saltado de pronto desde el XlX al XXl  y leo que “en torno a este lugar” se hospedó Gautier, en la llamada Fonda de la Amistad. Calle de muchas y buenas fondas, como cuenta Mesonero Romanos en su “Manual de Madrid“. Sobre todo, “la Gran Cruz de Malta“, a la que cita. Y Répide, en sus “Calles de Madrid“, alude a ésta de la Cruz de Malta, “de lujo” – dice- y a otra más modesta, la “Hostería del Caballo Blanco“.  Cerca de aquí estaba –recuerda Répide – el primer circo que hubo en Madrid, el Circo Olímpico, de M. Avrillon, que se trasladó desde el barracón que aquí ocupaba a un local junto a la Casa de las Siete Chimeneas. Pero quien describe algo del interior de esa “Fonda de la Amistad” es Philip Henry Stanhope–  tal como recoge Peter Besas en su “Historia de las Fondas madrileñas” (La Librería) : ” tenemos la suerte – dice el forastero – de estar donde estamos, de contar con una planta grande y aireada donde además de disfrutar de un amplio cuarto de estar sin chimenea, hay también un cómodo salón con una buena chimenea francesa”.

Al parecer, Teófilo Gautier se hospedó aquí desde el 22 de mayo al 26 de junio de 1840, y pocos meses despuésdel 3 de octubre al 11 de febrero de 1841 -estaría de huesped el citado Stanhope. Cinco años antes Gautier había conocido a Balzac Gautier contaría luego en un interesante estudio la gran amistad que a los dos les unió. “No puedo ni leer ni escribir” le envió Balzac  a Gautier una sola línea en 1850, pocos días antes de su muerte.

Hago la fotografía de este portal y me llevo conmigo los recuerdos.

(Imágenes: 1.-Lugar donde, al parecer, estaba situada “La Fonda de la Amistad”.-foto JJP/.-Teófilo Gautier.-librarything.es)

ESCRIBIR EN MADRID ES LLORAR

madrid-ccc-barrios-bajos-por-eduardo-vicente-ciudad-de-la-pintura“¿Qué me dice el lector de la Trapera ‑escribe Larra en uno de sus artículos, Modos de vivir que no dan de vivir. Oficios menudos que con un cesto en el brazo y un instrumento en la mano recorre a la madrugada, y aún más comúnmente de noche, las calles de la capital? Es preciso observarla atentamente. La trapera marcha sola y silenciosa: su paso es incierto como el vuelo de la mariposa: semejante también a la abeja, vuela de flor en flor (…) sacando de cada parte sólo el jugo que necesita; repáresela de noche; indudablemente ve como las aves nocturnas: registra los más recónditos rincones, y donde pone el ojo pone el gancho, parecida en esto a muchas personas de más decente categoría que ella: su gancho es parte integrante de su persona; es en realidad su sexto dedo, y le sirve como la trompa al elefante; dotado de una sensibilidad y de un tacto exquisitos, palpa, desenvuelve, encuentra; y entonces por un sentimiento simultáneo, por una relación simpática que existe entre la voluntad de la trapera y su gancho, el objeto útil, no bien es encontrado, ya está en el cesto. La trapera, por tanto, con otra educación sería un excelente periodista (…), su clase de talento es la misma: buscar, husmear, hacer propio lo hallado; solamente mal aplicado; he ahí la diferencia”.

Hoy, que se cumplen 200 años del nacimiento de Larra, no tenemos mas que cerrar los ojos ‑y después abrirlos con mirada de periodista contemporáneo‑ para ver, modificados apenas por el tiempo, personajes y costumbres del Madrid eterno y los giros, caracteres y hábitos tan españoles. Pero a Larra no le interesa el cuadro de costumbres como simple descripción de las mismas, sino como un método de análisis, de disección, de profundización en los vicios que impiden el progreso social. Deja en las páginas de los periódicos de entonces ‑y esto es lo importante‑ (y no en los libros), continuas muestras de su talento siempre enlazado con la amargura del escritor reformista. Mientras en Mesonero Romanos se advierte sobre Madrid una mirada complaciente, y a veces emocionada, en Larra los ojos se empañan de subjetividad satírica.

trapera-la-trapera-al-amanecer-por-eduardo-vicente-taller-del-prado1 Desde 1828 a 1835 publica la mayor parte de sus artículos periodísticos, tanto políticos como costumbristas: El Duende Satírico del Día, el Pobrecito Hablador, la Revista Española y otros folletos sueltos serán su espacio periodístico. El dinero llega a su pluma. “En 1836, un año antes de suicidarse ‑recordará Nestor Luján‑, Fígaro, a su regreso de un viaje por Portugal, Inglaterra, Francia y Bélgica, firmó un contrato para colaborar en El Español de veinte mil reales al año y la obligación de dar dos artículos por semana, casi cincuenta pesetas por artículo, cifra que en toda su época sólo alcanzó a Jaime Balmes. El autor de Vuelva usted mañana, de El día de difuntos de 1836 y de La Nochebuena de 1836 se propuso convertir el artículo en vehículo de valores como los de la lírica, el drama o la novela y lo consiguió. Admirado como periodista excepcional, sus artículos se califican como creación de un género. Su voz aún asoma célebre en alguno de ellos: “Escribir como escribimos en Madrid es tomar una apuntación, es escribir un libro de memoria, es realizar un monólogo desesperadamente triste para uno solo. Escribir en Madrid es llorar.”(“El artículo literario y periodístico”, págs 46-47)

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(Imágenes: Dibujos y pinturas de Eduardo Vicente:-1.-Barrios bajos.-Ciudad de la pintura/2.-.-La trapera al amanecer.- Taller del Prado/3.-Cielo y perspectiva.-Ciudad de la pintura)

LA VIDA EN MADRID

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Madrid se nos aparece en la Historia, asoma entre los textos de literatos y periodistas, muestra de pronto las capas de su pasado, todos los sótanos ocultos bajo plazas y calles, y la mirada y la pluma de los que escribieron nos cuentan otra vez los cotidianos paseos de los que observaban, anotaban, iban contando a todas las gentes – a todos los lectores – cuanto ocurría. 

Así Larra, el gran periodista – tan vigente hoy con su ojo en observación -, querrá narrarnos el Madrid del XlX :

“La mirada de este gran escritor de costumbres se fijará, por ejemplo, en la actividad periodística descendiendo a situaciones que él retrata con gran visión cómica: “¿Quién me responde ‑se pregunta‑ de que algún maldito yerro de imprenta no me hará decir disparate sobre disparate? ¿Quién me dice que no se pondrá Camellos donde yo puse Comellas, Torner donde escribí yo Forner, ritómico donde rítmico y otros de la misma familia? ¿Será preciso imprimir yo mismo mis artículos? ¡Oh qué placer el de ser redactor! ¡Santo cielo! ¿Y yo deseaba ser periodista? Confieso como hombre débil, lector mío, que nunca supe lo que quise: juzga tú por el largo cuento de mis infortunios periodísticos, que mucho procuré abreviarte, si puedo y debo con sobrada razón exclamar ahora que ya lo soy: ¡Oh, qué placer el de ser redactor!” madrid-calle-de-toledo-1890 

 “Como a aquellas horas ‑escribe Larra el 12 de diciembre de 1834 en su artículo “La vida en Madrid“‑ no tengo ganas de volverme a dormir, dejo los periódicos; me rodeo al cuello una echarpe, me introduzco en un sobretodo, y a la calle. Doy una vuelta a la Carrera de San Jerónimo, a la calle de Carretas, del Príncipe y de la Montera, encuentro en un palmo de terreno a todos mis amigos que hacen otro tanto; me paro con todos ellos, compro cigarros en un café, saludo a alguna asomada y me vuelvo a casa a vestir.

¿Está malo el día? El capote de barragán; a casa de la marquesa hasta las dos, a casa de la condesa hasta las tres, a la tal otra casa hasta las cuatro; en todas partes voy dejando la misma conversación; en donde entro oigo hablar mal de la casa de donde vengo y de la otra adonde voy; ésta es toda la conversación de Madrid.

¿Está el día regular? A la calle de la Montera. A ver La Gallarde o a Tomás. Dos horas, tres horas, según. (…)

¿Está muy bueno el día? A caballo. De la puerta de Atocha a la de Recoletos, de la de Recoletos a la de Atocha. Andado y desandado este camino muchas veces, una vuelta a pie. A comer a Genieys o al Comercio; alguna vez en mi casa; las más fuera de ella.

¿Acabé de comer? A Solito. Allí dos horas, dos cigarros y dos amigos. Se hace una segunda edición de la conversación de la calle de la Montera. ¡Oh! y felizmente esta semana no ha faltado materia. Un poco se ha ponderado, otro poco se ha… Pero, en fin, en un país donde no se hace nada, sea lícito al menos hablar.

(…)

Acabado el teatro, si no es noche de sociedad, al café otra vez a disputar un poco de tiempo al dueño. Luego, a ninguna parte. Si es noche de sociedad, a vestirme; gran toilette. A casa de E… Bonita sociedad, muy bonita. Ello sí, las mismas de la sociedad de la víspera, y del lunes, y de…, y las mismas de las visitas de la mañana, del Prado, y del teatro, y…; pero lo bueno, nunca se cansa uno de verlo.

‑¿Y qué hace usted en la sociedad?

‑Nada; entro en la sala; paso al gabinete; vuelvo a la sala; vuelvo a salir al gabinete…

‑¿Y luego?

‑Luego, a casa, y ¡buenas noches!madrid-vista-desde-san-ididro-1875

Esta es la vida ‑termina Larra su artículo‑ que de sí me contó mi amigo. Después de leerla y de releerla, figurándome que no he ofendido a nadie y que a nadie retrato en ella, e inclinándome casi a creer que por ésta no tendré ningún desafío, aunque necios conozco yo para todo, trasládola a la consideración de los que tienen apego a la vida.” (“El artículo literario y periodístico“, págs 44-45)

(Imágenes: 1.-Madrid.-Puerta del Sol, en 1877/-2.-Madrid- calle de Toledo, en 1890/- 3.-Madrid visto desde la Pradera de San Isidro, en 1875)

INFANCIAS DE ESCRITORES

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La pupila del niño que aún no sabe que va a ser escritor pero que está destinado a serlo pasea la cámara de los ojos por la calle de la niñez, la pasea muy despacio, y va filmando los recuerdos que un día dejará en el papel:

“Desde el Hotel Regina, desde el emporio madrileño de la calle de Alcalá, donde mi padre trabajaba, hasta aquella casa de Guillermo de Osma – cuenta Medardo Fraile -, las viviendas se iban haciendo más bajas; los árboles, desenfilados y ralos, más frecuentes; los bares más sucios. Carros y, a veces, cabras y ovejas, acompañaban la perezosa marcha de los tranvías y, junto a las aceras, no era extraño encontrarse un gato muerto, tieso, el pelo brillante, la sonrisa roja y un ojo en desvarío. Los solares emanaban un vaho fétido al sol y se oía, de vez en cuando, enganchar vagones, o el resuello domado de un tren avanzando en vía muerta, o pitidos anémicos que parecían pregonar el hambre de los campos. Había puestos de sortijas y puestos de avellanas, de carteras y cintas, de llaves y altramuces y, en balcones y ventanucos oscuros, colgaban jaulas de canarios, colorines y grillos; el grillo preso plañía su carcelera sobre la lechuga y le contestaba el grillo libre del solar, acechado, entre las ortigas, por la boina ociosa de un viejo”.alcala-8-en-1900-skyscrapercity

La pupila de un niño que aún no sabe que va a ser escritor pero que está destinado a serlo sigue con los ojos aquel Madrid del primer cuarto del XX – los detalles, los objetos -, un Madrid que le va entregando todos los recuerdos que un día dejará en el papel.

“Había plantas también, en latas de arenques y en tiestos; geranios, hortensias, claveles, albahaca, verbena. El sol salía para todos, caldeaba las panzas de los churumbeles desnudos y dejaba, al marcharse, una capa de polvo que parecía descansar por las noches del azacaneo transeúnte. El que usaba sombrero era un tratante en burros: el que llevaba bastón estaba enfermo o era mayoral, pastor o reñidor; el que lucía corbata, alfiler de corbata y, a veces, camisa a rayas, era carterista”.alcala-5-antique-printsde

Luego la pupila del niño que aún no sabe que va a ser escritor sube de dos en dos las escaleras de la infancia, trepa hasta esa buhardilla a la que aún no ha subido nadie, y rebusca, encuentra palabras que un día dejará en el papel.

“La hucha de mi vocabulario – sigue diciendo Medardo Fraile en “El cuento de siempre acabar. Autobiografía y memorias”, que pronto publicará Pre-Textos – se iba enriqueciendo, palabra a palabra: cortijo, garrota, artesa, bardas, altramuz, crujía, jaráiz, chinero, alacena, dompedro, granero, murciélago, aguador, espliego o alhucema, poyo, fuente de taza, arreos, galería, romero, esparto, tábano, vencejo, tórtola, colorín (jilguero), reja, cochera, cuadra, muralla, arrezú (paloluz), feria, era, trillo, alberca, tejeringo, olivo y tantas otras que comenzaron a salir de mis labios como agua de bautismo fecunda y fresca”.

La pupila del niño que aún no sabe que va a ser escritor pero que está destinado a serlo baja corriendo otra vez las escaleras, lleva en la mente los recuerdos, procura que no se le escape ninguno, busca cuanto antes una mesa, y dándose cuenta de que de pronto se ha hecho mayor, comienza muy despacio a escribir.

(Imágenes: calle de Alcalá en 1928.-skyscraperCity/ calle de Alcalá en 1900.-skyscraperCity/ Cibeles.-antique-prints.de)