VIAJES POR EL MUNDO (12) : COIMBRA

 

 

“Nada más curioso que la indumentaria de los estudiantes de Coimbraescribe la Duquesa de Abrantes a principios del siglo XlX -. Consiste en una a modo de sotana de paño negro, llamada “tabis”” que no tiene mangas, se ata por detrás con cordones y se abrocha por delante con dos hileras de botones, muy juntos, que llegan desde el cuello hasta los zapatos. Por encima de esa prenda se ponen otra, también larga y de paño negro, pero de mangas anchísimas.

Cada alumno lleva en la mano una bolsita de tela negra que contiene un pañuelo y uva caja de rapé, pues en la época a la que me refiero, la costumbre de aspirarlo se había transformado en un vicio, así en los hombres como en las mujeres, y sin distinción de edad. En cualquier reunión se veía a una tercera parte de los concurrentes llevándose a la nariz el rapé.

Los estudiantes, hiciera calor o frío, no llevaban ninguna clase de sombrero. Únicamente los profesores y algunos graduados podían usar un bonetito negro.

El tal ropaje, aunque era de un paño muy liviano, de una lana fina, resultaba verdaderamente incómodo. Pero no había más remedio que usarlo, y cualquier estudiante, por encumbrada que fuera su familia, que saliese con traje diferente de su casa, se veía castigado con una fuerte multa.

El señor de Pombal me dijo que su padre, el “gran marqués”, había intentado abolir esta vestimenta, pero que le demostraron que era la màs económica para toda la gente universitaria.

(…) Por todas partes en Coimbra se ven casas de recreo, quintas, monasterios y hasta fábricas, rodeados de olivos, de naranjos, de árboles cuyo porte elegante realzan todavía más el verdor de su bella hojarasca y el brillo resplandeciente  de sus frutos. El hermoso ciprés de Portugal se une a todos los árboles de Europa, que admiramos en las magníficas florestas de la Baja Sajonia, para formar en torno  a Coimbra parajes encantadores y bordear el Mondego, cuyas aguas lamen las murallas de la ciudad y se deslizan por el angosto pero fertilísimo valle en que se asienta Coimbra“.

 

 

(Imágenes -1-Coimbra- potugal Premium/ 2- universidad de Coimbra)

CAFÉS DE PROVINCIAS

 

 

“Vuelvo a pensar en el café Do Encoberto y en los escritores locales, “muito de preto vestidos”, que toman café y emborronan cuartillas, por las tardes, solitarios en sus mesas, una por poeta, como es lógico. Probablemente son todos ellos malos escritores, o todo lo más mediocres. Despreciados probablemente desde Lisboa, desde Coimbra, desde Oporto, como los de aquí se desprecian desde Madrid o Barcelona. Yo, sin embargo, siento hacia ellos una enorme ternura. Quedarse en eso ha estado en la suerte de cualquiera. Es cosa de fortuna, buena o mala. También entre los que han saltado a la Prensa de gran difusión, entre los que tienen un nombre e incluso un público, los hay malos y mediocres. Pero si conmueven es de otra manera y por otras razones. Estos de los cafés de provincias, anticuados casi todos, embebidos en un esfuerzo sin porvenir, engañados acerca de sí mismos, de lo que piensan y de lo que escriben, son, sin embargo, los verdaderos escritores puros, sin gloria, sin ganancias, sin lectores. Incluso sin esperanzas ya. A veces, pocas veces, resulta que alguno de ellos era un genio ( lo cual sigue sin explicar nada), y menos veces aún alguien encuentra sus papeles, descubre que son valiosos, los publica y la gente se pregunta: “Pero ¿es posible que Fulano…?”. Sí, Fulano, que se murió de asco, tenía talento. Los que escribían en el mismo café que él, en la mesa de enfrente, y lo tomaban, como él, con un poquito de leche, también se asombran. Porque los escritores malos de provincias, como los buenos de las capitales, son ciegos para los demás. Es cosa del gremio”.

Gonzalo Torrente Ballester – “Cuadernos de la Romana” -1974

 

 

(Imágenes- 1- forocoches com/ 2-café A Brasileira)

PESSOA, EN FLAGRANTE DELITO

Esta fotografía, que envió Pessoa en septiembre de 1929 a Ophelia Queiroz con la dedicatoria “Fernando Pessoa,en flagrante delitro“- así lo cuenta Jacques Bonnet en “Bibliotecas llenas de fantasmas” (Anagrama) -, volvió a tejer unos lazos que llevaban rotos nueve años y que iban a ceder, esta vez definitivamente, seis meses más tarde. Al menos, en su forma material. Ophelia no se casó nunca”. Pessoa aparece bebiendo un vaso de vino tinto en la vinatería de Abel Ferreira da Fonseca, con unos pequeños toneles de Clarete, Afabado, Moscatel o Ginja detrás. Ya anciana, Ophelia narraba la anécdota entera: “Un día mi sobrino Carlos Queiroz trajo a casa la famosa fotografía de Fernando bebiendo vino. Llevaba una dedicatoria: “Carlos, éste soy yo, en el bar de Abel, es decir cerca del Paraíso terrenal, por otra parte ya perdido, Fernando, 2/9/1929″. Me pareció muy curiosa, desde luego – decia Ophelia -y le dije a mi sobrino que la quería para mí. Carlos se lo dijo y poco después me envió la misma foto con esta dedicatoria: “Fernando Pessoa, en flagrante delito”. Le escribí para darle las gracias y me contestó“.

Tenía Pessoa en esta imagen cuarenta y un años. Ophelia, contemplando esta fotografía, añadía: “Fernando no era el mismo. No sólo físicamente – había engordado mucho . sino también en su manera de ser. Siempre estaba nervioso, y vivía obsesionado por su obra. A menudo me decía que temía no ser capaz de hacerme feliz por la cantidad de tiempo que debía consagrar a esta obra“.

El amor, cuando se manifiesta, – escribe Pessoa en torno a ese año de 1929-

no sabe manifestarse,

Sabe mirarla

pero no sabe hablarle.

Cuando se quiere decir lo que se siente

no se sabe qué decir.

Si se habla, parece que se miente,

si se calla, parece que se olvida...”

Viene todo esto a cuento al anunciarse que la biblioteca de Fernando Pessoa se ha digitalizado y es accesible de forma gratuita en la web. Su biblioteca llena de fantasmas atraviesa ahora todos los muros y entra en las pantallas de nuestras habitaciones. Se nos aparece Pessoa tal como se le apareció a Jacques Bonnet cuando compró por quinientos escudos en 1983 y en una librería de Coimbra el único ejemplar del libro de Maria José de Lancastre, “Fernando Pessoa, una fotobiografia“, coeditado en 1981 por la Imprenta Nacional-Casa da Moeda y el Centro de Estudos Pesoanos. Allí estaba esta fotografía. Podemos acercarnos hasta ese mostrador y oir cómo Pessoa nos recita:

“Ella hacía gestos inocentes,

se reía en el fondo de sus ojos.

Pero serpientes invisibles

la hacían pertenecer al mundo…

Sí, eso habría podido ser…

Sin duda estaba pensando en Ophelia.

(Imágenes:-1.-Pessoa en el bar de Abel Pereira da Fonseca, 1929/ 2.-Pessoa por las calles de Lisboa)