DESCUBRIMENTO DE UNA CIUDAD

 

 

“No intento aquí hacer el retrato de una ciudad. Quisiera únicamente tratar de mostrar cómo ella me formó, es decir, en parte me incitó, en parte me limitó a ver el mundo imaginario al que despertaba por medio de mis lecturas, a través del prisma deformante que interponía entre ella y yo, y cómo por mi lado, ya que mi reclusión me permitía la libertad de alejarme de sus características materiales, la he remodelado según el contorno de mis ensueños íntimos, la he prestado carne y vida, según la ley del deseo más que el de la objetividad. Que ella me acompañe, pues, como uno de esos vademécums que se pasean por todas partes, que se hojean, que se anotan y que se rayan sin miramientos, agenda que se consulta siempre de manera cotidiana e inconsciente, a la vez trampolín inutilizable para la ficción y red de surcos mentales, que ha hecho que se ahondaran y endurecieran en mí los pasos que me imponía.

 

 

(…) La llegada a una ciudad siempre ha hecho que me mantuviera sumamente atento a los progresivos cambios del paisaje que la anuncian. Cuando especialmente me acerco en tren, espío los primeros signos de infiltración en el campo de las pulsaciones del núcleo urbano, y, cuando se trata de una ciudad en la que me gusta vivir, sucede que los acojo casi como si me hicieran el gesto de bienvenida que desde lejos te dirige una mano levantada en el umbral de una casa amiga. Cuando todos los años llegaba a Pornichet para pasar las vacaciones, lo que desde la distancia me advertía de su proximidad, en el corazón de la campiña interior tan melancólica, eran en un principio las copas de los pinos que sobresalían por encima de los setos vivos, luego algunas cercas como recién pintadas, después tres o cuatro villas repentinamente estrepitosas de blancura destacando contra los árboles, como chozas en un palmeral. E incluso cuando, sin transición, la estación me arrojaba de golpe a un mundo más vivo, más endomingado, más tintineante, a una muchedumbre indígena completamente morena bajo sus taparrabos, sus camisetas, sus saris resplandecientes, la primera y modesta información de la llegada seguía siendo la verdadera, aunque hubiera caído ya la mano levantada un segundo en el umbral”.

Julien Gracq -“La forma de una ciudad”

 

 

(Imágenes-1- Elliott Erwitt/ 2-tren británico -irtsociety/ 3- foto Thekia Ehling Randall- Scott gallery New York photografier)

EL VUELO DE LAS GAVIOTAS

 

 

“El vuelo de las gaviotas no conoce esta ciudad desierta, despojada de ruidos, donde los ascensores duermen paralizados, los edificios han sido vaciados, se han apagado móviles y ordenadores, una brecha de soledad señala dónde estuvo una vez el tráfico, aquella orquestación desafinada de motores y prisas, aquel ir y venir de la polución, avenidas de gases, conversaciones, discusiones, preocupaciones, el vuelo de las gaviotas pasa ahora suavemente sobre las rocas y deja embobados a los que han llegado hasta aquí, al borde de los arrecifes coralinos, donde crustáceos y peces del mar tienen su tiempo de silencio, silencio distinto al de las ciudades vacías, la cáscara de los edificios ha ido volcando en el aire timbrazos, irritaciones y gestos, aquella aceleración por los pasillos, parpadeo de pantallas, gestiones, aglomeraciones, infartos de empresas, el vuelo de las gaviotas pasa una y otra vez por los dibujos de colores de los peces mariposa, por las manchas anaranjadas de los corales, el vuelo de las gaviotas no conocerá nunca la dureza de estas aceras solitarias, el desierto de las plazas en las capitales, los jóvenes árboles solteros, los viejos árboles viudos. Hay un silencio por todos estos despachos donde se crisparon conversaciones y se cruzaron órdenes, donde creció la espiga de la envidia y la ambición. El vuelo de las gaviotas pasa ahora lentamente sobre el cangrejo rosáceo  y sobre la aleta transparente del pez azul”.

José Julio Perlado

 

 

(Imágenes.- 1.-Peter  Jones/ 2.-Walter Leistikow)

FRENTE AL MAR

“Oh mar, enorme mar, corazón fiero

De ritmo desigual, corazón malo,

Yo soy más blanda que ese pobre palo

Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,

Yo me pasé la vida perdonando,

Porque entendía, mar, yo me fui dando:

“Piedad, piedad para el que más ofenda”.

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.

Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.

Hazme tener tu cólera sin nombre:

Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,

Me falta el aire y donde falta quedo,

Quisiera no entender, pero no puedo:

es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,

Me empobrecí porque entender sofoca,

¡Bendecida la fuerza de la roca!

Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres.

Allá en las tardes que la vida mía

Bajo las horas cálidas se abría…

Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,

Todo dolor me vence, todo sueño;

Mar, dame, dame el inefable empeño

De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,

¡Aire de mar!… ¡Oh tempestad, oh enojo!

Desdichada de mí, soy un abrojo,

Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,

Ah, la ciudad la pudre y equivoca

Pequeña vida que dolor provoca,

¡Qué pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele…

La vida mía debió ser horrible,

Debió ser una arteria incontenible

Y apenas es cicatriz que siempre duele”.

Alfonsina Storni.-“Frente al mar”

(Imágenes.1-Hengki Koentjoto.-outlying/ 2.-Lia Melia.- Siren Song/ 3.-Roberto Longo.-study for black Wing.-2004.-mitterrand, camer com)

LAS ARRUGAS DE LA CIUDAD

Más de una vez he hablado aquí de la historia de los sin historia escrita – (dibujada) – en las paredes.

Párpados, arrugas, pesadumbres, aceptaciones, marcas…Pensamientos, recuerdos, visiones, pupilas…

Ojos intentando penetrar en el exterior, procurando comprender el mundo…

Pero el exterior muestra las arrugas de la ciudad insomne, rendida de cansancios, fatigas interiores…, vida de calles en soledad o en multitud…

Se yerguen rostros en piedra, retocan sus rasgos los dibujos…, las miradas de las fachadas nos observan…, son ciudades cansadas -igual que los objetos -, ciudades a las que las guerras o las convulsiones les han arrancado la piel, ciudades devastadas, reconstruidas, vueltas a devastar… vueltas a construir…,  y nunca se sabe bien si las arrugas de los hombres han envejecido a esas ciudades o las arrugadas ciudades están envejeciendo al hombre que las mira.

(Imágenes.-1.-JR- JR José Parla.-La Habana.-2012/ 3.-JR.-Las arrugas de la ciudad.-Shanghai.-2010/ 3.-JR- JR  Liu Bolin.-Nueva Yorh.-2012/ 4.-The Vrinkles of the City.-Shanghai 2010.- Massive Attack / JR à la Gallerie Perrotin.-directed by Guillaume Cagniard.-by Social Animals)

CIUDADES SIN LÍMITES, FLUIR DE CIUDADES

“A las ciudades se las conoce, como a las personas, en el andar“, escribió Robert Musil. Algunas de ellas atraviesan el espacio, andan y andan interminablemente, se cruzan, funden el trepidante vértigo de sus automóviles con el paso precipitado de los hombres. ” El hombre joven – evocó Dos Passos al dibujar la ciudad de Nueva York – camina rápido y solo entre la multitud que se diluye en las calles nocturnas, tiene los pies cansados por tantas horas de caminar, sus ojos ávidos de los cálidos contornos redondos de los rostros respondiendo al atento destello de las miradas, a la postura de una cabeza, al encogimiento de un hombro, la manera en que se extienden y aprietan las manos; la sangre le hierve de deseo, su espíritu es una colmena de zumbante y punzante esperanza, sus músculos anhelan la seguridad del trabajo, el pico y la pala del peón caminero, la destreza del pescador. (…) El hombre joven sigue caminando solo entre la multitud, buscando con mirada ávida, con oídos ansiosos, aguzados en ruidos y sonidos, solo, abandonado“.

A su alrededor sigue expandiéndose la ciudad múltiple, no las “ciudades invisibles” de Italo Calvino, sino las ciudades terrenas y vertiginosas, carreteras y calles cruzadas, avenidas alargadas en luces, espacios que tocarán luego las estrellas, que llegarán al cielo.

(The  City Limits.- por Dominic Boudreault-vimeo. com.-montaje realizado desde finales del 2010 a principios del 2011/ Dominicboudreault.com)

CIUDADES Y ARQUITECTURA

“La violencia dentro de la arquitectura – me decía el arquitecto español Antonio Fernández Alba – va desde el espacio de la pequeña célula habitable de la vivienda, al contexto general de la ciudad: el transporte en la ciudad genera una violencia a diario. (…) Es un hecho significativo que las grandes metrópolis provocan unos altos índices de agresividad, producto fundamentalmente de la falta de acondicionamiento que el espacio urbano posee. Si hacemos un análisis de la necesidad que el hombre tiene del espacio público – para la convivencia, para la intercomunicación, para el cambio, para el diálogo -, podemos ver que ese espacio público en la sociedad contemporánea en ningún momento se proyecta. Son todos espacios privados, y dentro de los espacios privados, productos privados para cada individuo: es como una tendencia a cortar las relaciones del hombre contemporáneo”.

Estábamos charlando en Madrid, en 1977, en el estudio del arquitecto, y al otro lado de la ventana la violencia de los ruidos se extendía como nube entre las fachadas, iba detrás de los peatones y esperaba muchas veces a cruzar junto a ellos entre el guiño de los semáforos y la trepidante agitación. “La ciudad – me seguía diciendo Fernández Alba – es una factoría donde se producen productos, se transportan y se intercambian; no solamente es un mercado, sino también una factoría. La metrópoli expulsa al individuo del grupo social hacia los alrededores de la ciudad, y en esos alrededores se genera otro tipo de violencia, la ocupación de la naturaleza de una forma desarmónica y alterada; y en determinado momento se presenta la necesidad de volver de nuevo a la ciudad, porque la violencia extrema – como ocurria en la Alta Edad Media -, reproduce los mismos fenómenos de intranquilidad y desasosiego”.

“La edad – continuaba el arquitecto – es un hecho probado que incide de otro modo en la ocupación del espacio; sin embargo, la mercantilización del espacio a través de las relaciones que establece la sociedad de consumo, no ofrecen ninguna distinción entre el lugar del niño o del anciano. Los seres más indefensos en el grupo humano lo constituyen el niño y el anciano, y sin embargo ellos son los que menos reductos tienen en el espacio de la ciudad”.

“La arquitectura de la ciudad pienso que ha perdido sus tres coordenadas basicas: el concepto de la historia (porque no entiende que la historia es un tiempo social, un hecho humano, una realidad física); ha perdido el concepto de escala (en la ciudad, la casa contemporánea no tiene sentido de la escala: es pequeña o grande, desmesurada o arbitraria) ; y ha perdido el espacio de la medida, es decir, el uso del espacio”.

Fuera, al otro lado de la ventana, seguían cruzándose los ruidos y brillaban fulgurantes los semáforos.

(Imágenes:- 1.- Casa de Cristal.-diseñada por Kengo Kuna Associate.- Atami Kaihourou.-Japón.-1995/ 2.-espacios.-abitare.it/3.-ejemplo del Atelier Olschinsky/4.- restaurante de la Ópera Garnier.-por Odile Decq.-  Benoit Cornette /5.-The “Re” Chandelier for the Svarovski. Crystal Palace.-Zaha Hadid)

PAISAJE URBANO

“Largas calles sin rostro.

Hay cuerpos jadeantes

que parecen buscar

algo desonocido.

Van en serie empeñados

en ser iguales todos,

en fundirse en un solo

deambular con prisas.

¿Hacia qué? ¿Para qué?

¿Es estar en la luna

pisar este desierto

de hombres y edificios?

No hay oasis frondosos

donde la sed se apague.

Amar, correr, pasar

de un desamor a otro,

de soledades solas

a la atroz soledad

compartida entre varios.

¿Si lo arrasamos todo

quedará la semilla

de una ciudad de ensueño?”

Ernestina de Champourcín: – “Paisaje urbano.-” La pared transparente” (1984)

(Imágenes: 1.- Michael Magill.- photographersgallery com/ 2.-André Kertész/ 3.- ucilito. deviantart. com)

HORAS DE NUEVA YORK

Como hizo RAMÓN en su Elucidaro  de Madrid pasando agujas de literatura ante el reloj de la Puerta del Sol, así el periodista norteamericano Gay Talese pasa las páginas de sus reportajes sobre las horas de Nueva York, segundero y minutero de imágenes y palabras. “A la una de la mañana – escribe en “Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas” – Broadway se llena de avispados y de muchachitos que salen del hotel Astor vestidos de esmoquin, muchachitos que van a los bailes en los coches de sus padres.

“A las dos, algunos bebedores empiezan a perder la compostura, y ésta es la hora de las peleas de cantina.

A las tres, termina la última función de los night-clubs y la mayoría de los turistas y compradores forasteros están de vuelta en sus hoteles“.

“A las cuatro, cuando cierran los bares, se ve salir a los borrachos…

“A las cinco, sin embargo, casi todo está en calma. Nueva York es una ciudad completamente distinta a las cinco de la mañana: Manhattan es una ciudad de trompetistas cansados y cantineros que regresan a casa. Las palomas se apropian de Park Avenue, y se pavonean sin rivales en medio de la calle“.

Son ciudades sobre las que está pasando el tiempo, costumbres que rozan las calles, horas de historia.

A las cinco – sigue contando Talese – los asiduos de Broadway se han ido a casa o a un café nocturno, en donde, bajo el relumbrón de luz, se les ven las patillas y el desgaste“.

” A las seis de la mañana los empleados madrugadores comienzan a brotar de los trenes subterráneos. El tráfico empieza a fluir por Broadway como un río“.

A las 7.30, cuando la mayoría de los neoyorquinos sigue aún sumida en un cegajoso duermevela, cientos de personas hacen fila en la calle 42 a la espera de que abran los diez cines ubicados casi hombro a hombro entre Times Square y la Octava Avenida“.

“¿Quiénes son los que van al cine a las 8 a.m? Son los vigilantes nocturnos del centro, los pelagatos, los que no pueden dormir, los que no pueden ir a casa o los que no tienen casa“.

Nueva York es una ciudad en la que unos halcones grandes que suelen anidar en los riscos hincan las garras en los rascacielos y se precipitan de vez en cuando para atrapar una paloma en Central Park, o Wall Street, o el río Hudson. Los observadores de pájaros han visto a estos halcones peregrinos circular perezosamente sobre la ciudad. Los han visto posarse en los altos edificios, e incluso en los alrededores de Times Square.

Como hiciera RAMÓN en su Elucidario de Madrid también aquí un escritor ve cómo pasan las horas.

(Imágenes:-1.Nueva York en 1958.-Dennis Stock.-all-art.org/2.-Nueva York en 1892.-Alfred Stieglitz.-all-art.org/3.-Nueva York en 1893.-Quinta Avenida.-Alfred Stieglitz.-all-art.org/4.-Nueva York en 1947.-Cartier- Bresson.-all-art.org/5.-Nueva York en 1946.-Andreas Feininger.-phoyographers gallery.-artnet/6.- Nueva York en 1975.-Nicholas Nixon.-artnet/ 7.-Nueva York en 1911.-George W Bellows/.-8.-Nueva York en 1975.-Nicholas Nixon.-artnet/ 9.-Manhattan.-Robert Clark.-National Geographic Magazine)

VIEJO MADRID (15) : EL TIEMPO RECOBRADO

“La burguesía, escasa de medios para costear lujos – cuenta Natalio Rivas en su Anecdotario histórico sobre el siglo XlX español – trasnochaba en los cafés hasta las tres de la mañana, hora en que se clausuraban, excepto el de Fornos, que no cerró nunca, no sólo por ser ésa su tradición sino porque el dueño, al fundarlo, no lo dotó de puertas.

Los rojos divanes del Casino de Madrid sirvieron de lecho más de una vez a periodistas bohemios, de aquella bohemia romántica que creía desempeñar mejor su papel despreciando los intereses materiales y se sentía feliz con poder gastar una o dos pesetas diarias. Yo sé de alguien que se vio necesitado de refugiarse más de una noche en aquel acogedor asilo, y que terminó su vida ocupando, con sobrados méritos, un lugar en los Consejos de la Corona.

Se vivía de noche. En invierno, a las diez de la mañana no discurrían por las calles de la corte mas que los obreros marchando al trabajo, los barrenderos que cuidaban de la limpieza urbana y los burreros que repartían la leche de burra, base obligada de la terapéutica de los catarros. Las oficinas, lo mismo las oficiales que las privadas, funcionaban por la tarde, y los ministros recibían en audiencia después de la medianoche. Yo he concurrido, en mis primeras andanzas políticas, citado por el ministro de la Gobernación, a las dos de la madrugada. Solamente los hombres entregados al estudio y algunos primates de la política eran constantes madrugadores. De Moret, cuya vida observé tan de cerca, puedo asegurar que a las seis de la mañana estaba en su despacho trabajando”.

Es el tiempo. El tiempo cambiante de ciudades y costumbres, a la vez el proustiano tiempo recobrado. Las iluminaciones nocturnas de las esferas del tiempo, las grandes sonerías de horas y cuartos resonando al paso de los viandantes, los relojes que vigilan desde lo alto de las torres cómo van marchando las horas con sus ruedas de bronce, con sus piñones de acero, cómo avanzan en su repetición los andares de quienes cruzan, cómo palpita la ciudad. Son los guardianes del tiempo, mecanismos que marcan la duración del día y de la noche, capaces de crear y entretener movimientos y, simultáneamente, de irnos recordando las oscilaciones de la vida, esta vida que va y viene en el plano horizontal de las avenidas, cruza las aceras con sus mecanismos habituales, la historia hablada de nuestras conversaciones en las esquinas, la historia gestual de nuestros ademanes explicando la vida, esta vida evocada del viejo Madrid.

(Imágenes:-1.-El Congreso de los Diputados en 1853.- Ch Clifford.-Biblioteca Nacional/2.-café de Fornos/3.-relojes.-Bruno Braquehais.-1873.-Bibloteca Nacional Francesa)

EL TEATRO Y LA VIDA

“En este mundo, desde la infancia hasta la muerte, todo procede de una estricta obediencia a la dictadura de un invisible “director de escena” y en el transcurso metódico de nuestra vida, esta expresión tiene infinitamente más significado de lo que podemos imaginar” – decía el ruso Nicolás Evreinov, destacado autor y director de escena .

El escenario es la vida y la vida continuamente se presenta en sucesivos y movibles escenarios de  los que entramos y salimos para representar nuestro papel, como nos recordaría Calderón.  La pantalla ya está preparada para leer este blog, quedan situadas como siempre las butacas, las sillas, toda la decoración de este despacho, se adivina el pasillo entre bastidores, ese pasillo nos lleva al escenario del comedor, la puerta del comedor la abrirá el actor destinado para atravesar el vestíbulo y él bajará despacio las escaleras de este edificio hasta el escenario de la vida, escenario cruzado de calles y sonidos que nos lleva a distintos escenarios eslabonados, tiendas y oficinas en los que están ya también colocadas las sillas, las butacas y los cuadros, encendidas igualmente las pantallas, los actores designados interpretan perfectamente su papel, y nosotros, desde un patio de butacas invisible, seguimos el ritmo de sus quehaceres, a veces aplaudimos y a veces protestamos indignados.

“La vida de cada ciudad, de cada país, de cada nación, – recordaba Evreinov en “El teatro en la vida” (Leviatán) – está sometida a una puesta en escena. Cuando me paseo por las calles, o estoy sentado en el restaurante, o visito los bulevares o las tiendas de París, de Londres o de Nueva York, o de algún otro lugar del mundo, siempre analizo el gusto y las aptitudes de este director escénico colectivo, el público, quien modela la materia teatral que se le somete según sus planes y proyectos escénicos. Decreta el uso de tal o cual traje; prescribe el arreglo de objetos variados; determina el carácter general y el decorado de la escena donde los juegos cotidianos están representados. Veo peatones, barrenderos, agentes de policía, automovilistas, y observo la “máscara” colectiva de tal calle, de tal barrio, de tal ciudad. ¿El director de escena conoce su oficio? ¿Las escenas de conjunto están bien representadas? ¿Los intérpretes de tales escenas están bien adiestrados? ¿Qué decir del artista que pintó los decorados? Alabo o critico al director y pronuncio mi veredicto tras una prudente investigación técnica” (…) Y Evreinov concluía: “¿Realmente no hay ninguna esperanza de transfigurar nuestra vida por medio de una audaz puesta en escena? ¿Es posible que seamos hasta tal punto realistas, amaestrados y débiles, que aceptemos sin protestar este aburrido decorado? ¿Una reforma radical del teatro de la vida es en adelante irealizable?”.

La vida es el teatro donde desfilamos cotidianamente.  El teatro es el intento de representar nuestras vidas. De pronto la sala enmudece, las luces se apagan, el telón cubre todo lo que dijimos. Salimos del teatro para interpretar la vida y autores y actores cumplimos hasta el fin esta escena única. 

(Imágenes:- 1.-Rhona Bitner.-2005.-artnet/ 2.-Before the Mirror.-1959 –Anatoli Kaplan -.-International Images Ltd-artnet/ 3.–Rhona Bitner 2004.-artnet)

GRAFFITIS

graffiti.-11.-Art Crimes.-Blackbook.-Rip.-OI crew.-Puerto Rico.-graffiti.orgAhora, cuando se abre un debate sobre la posible desaparición o no de la esmerada caligrafía tradicional sustituida por la nerviosa pulsación de la yema del dedo en el teclado, acaso convenga pasear la mirada por esos cuadernos enormes de inusitada caligrafía ciudadana, hojas extendidas sobre la piedra, piedra alargada en murales, trazos de manos cabalgando sobre vagones de metro o de ferrocarril, arabescos en el cierre de los comercios, mensajes a veces denunciadores y a veces crípticos, ciudades sobre cuya piel desfilan los tatuajes. 

Ahí están, desde hace mucho tiempo, denostados o aplaudidos, perseguidos o aclamados, los graffiti.

graffiti.-12.-Art Crimes.-Blackbooks.-stucko -Digital.-graffiti.org

Yo recuerdo, hace ya más de cuarenta años, la noche del 13 de mayo de 1968 – tal como he contado en mi libroParís, mayo 1968” -, cuando en el taller Brianchon (en Bellas Artes) de la capital francesa, unos cuantos miembros de aquella Escuela decidieron poner en marcha los primeros afiches que, junto a graffitis y a octavillas, inundaron la ciudad entera. Había más afiches que graffitis, pero lo importante era la comunicación anónima y espontánea en un mundo que aún no soñaba con los móviles.

graffiti.-BB.-Art Crimes.-September 11.-Murals.-Remember 9-11-01-by Phymeone Wallmuts Crew 2001.-in L I C.-Queens.-graffiti.org

En las ebulliciones subterráneas de la globalizacíón los convocantes utilizan la instantaneidad de los mensajes, su prodigiosa movilidad, pero también se apoyan sobre el inmovilismo de los muros, aquellos que nos recuerdan, cada vez que pasamos ante ellos, que la calle puede ser una herramienta de expresión. Son las ventanas abiertas en el muro, párpados violáceos, explosiones cárdenas, piedras con voz.

graffiti.-7.-Art Crimes.-Sketches.-Blackbook.-suroc..graffiti.org

En el pasado mes de abril un número especial de de la Revista “Cultura Escrita- Sociedad” (Ediciones Trea) dedicó un gran dossier a los graffiti en el mundo con la colaboración de universidades españolas y americanas, y estudiaba el fenómeno de los espacios con sus dibujos de palabras como ritos de paso. Realmente cumplen sus ritos estos signos y trazos y muchas veces a la luz de noche surgen entre la caligrafía y la imaginación inquisiciones sorprendentes que nos resumen el pasado o nos proyectan al futuro.

graffiti.-10.-Art Crimes.-Blackbooks.-leters.-San Diego.-California.-USA.-2005.-graffiti. org

Nos solemos volver mirando a estos graffitis que nos miran. Son ventanas en el muro que nos abren su dibujo.

(Imágenes:-1.-Art Crimes: Blackbooks: Mixed 2005.-.-Rip, OI crew.-Puerto Rico.-graffitti.org/2.-Art Crimes.-Stucko (digital) Mixed 2005.-graffiti.org/3.-Art Crimes: September 11. Murals.-“Remember 9-11-01” by Phymeone.-Wallmuts Crew, 2001.-in L.I.C. Queens.-graffitis.org/ 4, -.Art Crimes: Sketches.-Blacbooks.- snoc.-graffiti.org/5.-Art Crimes Blackbook: Letters, San Diego.-California.-USA.-2005.-graffiti.org)

PASOS CINEMATOGRÁFICOS

LISETTE MODEL.-8877bn.-Calle 42.-New York.-1940-41.-artnet

“Como la savia de las primeras heladas, a las cinco, – escribe Dos Pasos enManhattan Transfer“- hombres y mujeres empiezan a rezumar lentamente de los altos edificios del centro. Muchedumbres pálidas inundan los metros y los túneles, desaparecen bajo tierra”.

LISETTE MODEL-1.-Running Legs.-194041.-Arta History

“En las calles había chinos, italianos, portugueses, japoneses. La gente se apresuraba hacia los espectáculos y los restaurantes – dice Dos Passos enEl Paralelo 42″ -. Desde la puerta de los cafés se oía música, y de los restaurantes brotaba un olor a comida frita con manteca, a cerveza y a barriles de vino”.

LISETTE MODEL.-bv43.-Loc.gov.-

“Primero una vuelta, hacia la parte alta, hacia la parte baja, a lo largo de los muelles espiando las caras que van  en taxi, de los conductores – escribe Dos Passos enEl gran Dinero” -, de los viejos que mastican en los restaurantes, de los vagos borrachos que vomitan en las callejuelas, ¿qué es lo que está leyendo el vendedor de diarios?, ¿qué murmura el viejo castañero italiano a la mujer gorda que está detrás de los tarros de pepinos?, ¿adónde va la chica del sombrero rojo que sube corriendo las escaleras del metro?, y el policía que bromea con el otro policía a través de la calle y el chasquido de un beso de dos sombras que están bajo el porche de la casa de piedra parda y los rostros malhumorados en la esquina de la calle que se enturbian bruscamente como para bostezar gritos se oye un golpe silbido pies que corren ¿el acontecimiento?”.

LISETTE MODEL-2310.-Relections.-1939-1945.-artnet

El Ojo Cinematográfico (la expresión acuñada por Dos Passos en  “El Gran Dinero“) sigue detrás del Paso Cinematográfico que cruza  velozmente las calles y el Ojo Cinematográfico se refleja al pasar en todos los escaparates, en los cristales, en las brillantes ventanas de la civilización. 

LISETTE MODEL.-5698.-Rflections.-1939.-artnet

El Ojo Cinematográfico contempla al autobús que corre su velocidad sobre el cristal, el cristal atraviesa calles y edificios, edificios escoltan al Paso Cinematográfico que cruza la ciudad celéricamente.

LISETTE MODEL.-caraphillips.files

Y luego está esa mano que asciende a las alturas, uñas esmaltadas rozando los tejados, sonríe desde arriba el maniquí y todos los reflejos de la ciudad los recoge esta cámara de Lisette Model, cuyas fotografías neoyorquinas de los años 40 se exponen estos días en Madrid en la Fundación Mafre.

Imágenes:-fotografías de Lisette Model:-1.-calle 42.New York.-1940-41.-artnet/2.-New York.-1940-41.-Art Historia/3.-New York.-oc.gov/4.-Reflections 1939-1945.-artnet/5.-Reflections.-1939.-artnet/ 6.-New York.-tomado de caraphillips.wordpress.com)

PALLADIO, ARQUITECTO DE LOS ARQUITECTOS

 

PALLADIO.-TTBBT.-Il  REDENTORE.-Venecia.-bluffon.edu

“La madera se debe cortar en otoño y durante todo el invierno – recomienda  Andrea Palladio en sus “Cuatro libros de arquitectura” (1570) -, porque los árboles recobran entonces por las raíces el vigor y la dureza que en primavera y verano habían derramado en hojas y frutos. Se talarán en luna menguante, porque en ese tiempo se ha consumido ya el humor que corrompe la madera. (…) Las piedras – sigue diciendo Palladio – se extraen en verano, a fin de que, no estando hechas a sufrir vientos, lluvias y hielos, se endurezcan poco a poco y puedan así resistir las inclemencias de los elementos. (…) La arena, entre todas, la mejor es la de cantera y es negra, blanca, roja o carbúnculo, que es una especie de tierra tostada por fuegos subterráneos que se extrae en Toscana. Por larga experiencia se ha visto que entre las arenas de río la mejor es la de torrente, que se encuentra bajo la peña por donde el agua baja, porque está más limpia. La arena de mar es la peor de todas: debe negrear y ser lúcida como el vidrio. (…) Los metales que se emplean en los edificios – continúa Palladio – son el hierro, el plomo y el cobre. El hierro sirve para hacer clavos, quicios, cerrojos para cerrar las  puertas, para construir las puertas mismas, las rejas y cosas parecidas. (…) De plomo se cubren los palacios magníficos, los templos, las torres. De cobre se cubren a veces los edificios públicos. Los antiguos hicieron de él los clavos, que comúnmente se llaman espigas, los cuales, hincados en la piedra de abajo y en la de arriba, evitan que las piedras se muevan de lugar”.

PALLADIO XVXV.-Ciaxa Forum Madrid

Con esta prosa tan ceñida al material y tan cuidadosamente tratada por las manos de Andrea Palladio, este gran arquitecto y teórico de la arquitectura tan admirado por Goethe va exponiendo fundamentos y explicaciones. Habla, por ejemplo, en esos “Cuatro libros (Akal) de las obligadas relaciones de los habitantes con la naturaleza, de la doctrina de los puentes de madera hechos por César o entrega recomendaciones puntuales sobre cómo se debe hacer la arquitectura de las prisiones. Hijo de un modesto molinero, inscrito él como cantero en 1523  en el gremio de albañiles de la ciudad italiana de Vicenza, para Palladio la antigüedad es el modelo insuperable y Vitrubio la guía y el maestro. San Jorge el Mayor y el Redentor en Venecia, Villa Rotonda y el teatro Olímpico en Vicenza muestran, entre muchas otras obras, toda su innovación.

PALLADIO.-9876.-Teatro Olímpico.-archivo1968Italia1081

Ahora Caixa Forum en Madrid acaba de inaugurar una exposición sobre su figura y, a través de conferencias, observa  la estela que en la Historia ha ido dejando el “palladianismo“: análisis de sus páginas, presentación de sus dibujos, panorámica general sobre el que está considerado desde el siglo XVl “preceptor de la arquitectura”.

PALLADIO.--nmnm.-Villa Pîsani en los Cuatro Libros de arquitectura.-Wikipedia.-

Las palabras de Andrea Palladio nos siguen hablando desde susCuatro libros“:  “Yo trataré primero – dice al principio – de las casas privadas y pasaré después a los edificios públicos, y brevemente trataré de los caminos, de los puentes, de las plazas, de las prisiones, de las basílicas, es decir, lugares de la justicia,  de los “xustós” y de las palestras, que eran lugares donde los hombres hacían ejercicio, de los templos, de los teatros y de los anfiteatros, de los arcos, de las termas, de los acueductos, y finalmente del modo de fortificar las ciudades y de los puertos…”.

Su voz y su sensibilidad para la historia de la arquitectura han llegado vivas hasta nuestro siglo XXl.

(Imágenes.- 1.-iglesia de El Redentor.-Venecia.-bluffon.edu/2.-exposición en Caixa Forum/3.-teatro Olímpico de Vicenza.-Archivo1968Italia1081-/ 4.-“Villa Pisani” en “Los cuatro libros de la arquitectura”.-wikipedia)

VIEJO MADRID ( 8 ) : ANTE BAROJA

 

 Ruiz de Alarcón 12.-casa de Pío Baroja. hasta 1956.-17-8-2009

En mis paseos por Madrid, al llegar a este portal de la calle de Ruiz de Alarcón 12, mis recuerdos vuelven a aquel día de 1955, en que entré aquí para visitar a Baroja. Me recibió en el pasillo de la casa Julio Caro Baroja, hijo de Carmen Baroja y de Rafael Caro Raggio, sobrino del novelista y del pintor Ricardo, y nieto de Serafín Baroja, corresponsal de guerra y autor de teatro y de novelas escritas en vascuence.

No sé exactamente en qué día  fue. Únicamente ocurrió una vez: la primera y única, aunque yo hubiera deseado que no fuera la última. Por los detalles que proporciona en Los Baroja su sobrino, debió de ser antes de la intervención quirúrgica que sufrió el novelista;  El motivo de mi visita a Baroja ‑yo estudiaba entonces Filosofía y Letras en Madrid‑ fue un encargo que me hiciera mi abuelo materno, con el cual vivía por entonces: el escritor José Ortiz de Pinedo. Por su casa de Raimundo Lulio, en pleno barrio de Chamberí, pasaban siempre sombras de literatura.

Y quedaba un manuscrito, que dirige Baroja a mi abuelo, dado que sobre Canciones del suburbio ambos, al parecer, cambiaron impresiones. Al poeta J. Ortiz de Pinedo, cordialmente ‑se lee en el página primera‑, Pío Baroja.)

No creo que me abriera la puerta de aquel piso en la calle de Alarcón, Clementina Téllez. No recuerdo quien fue. Sólo a él, a don Pío, tengo presente ahora. Sentado en su sillón, la boina puesta, le saludé con emoción. Estaríamos juntos un cuarto de hora; los dos éramos “personajes” de cualquiera de sus novelas. Le expliqué mi encargo; él me contestó casi textualmente:

‑¿Pero es que yo he escrito poesía? ‑me dijo. Y al poco, preguntó: ‑¿Y cómo se llama el libro?

(Mi tío Pío escribe Julio Caro en Los Baroja‑ había perdido casi la memoria.)

Canciones del suburbio ‑respondí.

Llamó don Pío al timbre y entró el sobrino. Pidió Baroja que le trajesen su obra. La hojeó. Y yo me atreví más tarde:

‑Don Pío: ¿usted podría enviarnos unas cuartillas para hacerle algún acto en Filosofía y Letras?

Estuvimos hablando de aquello, pero yo no quise cansarle. Le añadía algo y él guardaba silencio. Estuvo afable, muy interesado. Me acompañó luego, Julio Caro, otra vez hasta la puerta.

Es todo lo que puedo decir. Poco. Luego se cerró aquella casa de la calle de Alarcón. Y me quedaron sus libros. Me quedó sobre todo aquel pequeño recuerdo.

Baroja.-por Eduardo Vicente.-Ciudad de la pintura


Baroja – siempre lo he recordado -andando por los desmontes de Madrid en la época de La Busca parece un aguafuerte goyesco. Embutido en un abrigo negro, ligeramente encorvado, el sombrero –negro también– bajo un cielo en contraste rayado, la claridad del papel de la vida y el rasgo del dibujo a carbón, nos dan la pintura de este hombre de 32 años que avanza por los cortes del pesimismo, sobre los cascotes de la crudeza, esa frontera –no del “golfo” madrileño– sino del claroscuro entre el trabajador y el ocioso, el que formará en La lucha por la vida –la trilogía de La Busca, Mala hierba y Aurora roja– el personaje central –Manuel– y su unidad novelística.

Este Baroja que anda por las afueras de Madrid nace en San Sebastián el 28 de diciembre de 1872. Hijo de don Serafín y de doña Carmen, con tres hermanos más –uno de ellos Ricardo, excelente pintor, autor de un delicioso libro revelador de una época, Gente del 98–, Pío Baroja a los 45 años tendrá el bigote espeso y la nariz gruesa, la barba corta y rojiza, los labios rojos y la sonrisa melancólica, un esqueleto fuerte, manos grandes y poco hábiles y se refugiará en los paseos solitarios. Mientras a Valle‑ Inclán le gustarán los paseos interminables y fabuladores donde creará historias de increíbles protagonistas, a Baroja le atraerán los tipos y sus detalles acumulados como escombros, existencias en el umbral incierto del dolor, cavernas de humorismo agridulce, vidas sombrías, canciones de un suburbio áspero y a veces irónico, cerros de Madrid contemplados desde la altura de la distancia. En el sotillo próximo al Campo del Moro –escribirá en La Buscaalgunos soldados se ejercitaban tocando cornetas y tambores; de una chimenea de ladrillo de la Ronda de Segovia salía a borbotones un humazo obscuro que manchaba el cielo, limpio y transparente; en los lavaderos del Manzanares brillaban al sol ropas puestas a secar, con vívida blancura. “Baroja –murmurará Valle‑Inclán– quiere que la realidad sea fotográfica, y de este modo escribe libros que sólo le gustan a un perro que tiene que se llama Yock“. Dirá esta frase en el café de Fornos, en un banquete en honor de Galdós. Baroja, que está cerca, lo oye. Como había oído un día a Blasco Ibáñez decirle sobre su trilogía La lucha por la vida. “Eso que ha hecho usted en las tres obras son estampas, pero hay que pintar el cuadro”. Y Baroja le respondió: “Es probable. Mas no por ello todos los cuadros son buenos. Hay cuadros que son deplorables.”

madrid.-EE.-Corrala.-por Eduardo Vicente.-ciudad de la pintura

Pintar cuadros. Acumular infinitos detalles minúsculos. Conservar la distancia como estilo. Eso hará Baroja. Los paisajes de Madrid en muchas novelas suyas –como sucederá con Londres en La ciudad de la niebla– se intercalarán con las situaciones y los diálogos, irán dejando brochazos de prosa sobre la intensidad dramática. La Puerta del Sol cierra la última página de La Busca en los lindes de la madrugada:” Danzaban las claridades de las linternas de los serenos en el suelo gris, alumbrado vagamente por el pálido claror del alba, y las siluetas negras de los traperos se detenían en los montones de basura, encorvándose para escarbar en ellos. Todavía algún trasnochador pálido, con el cuello del gabán levantado, se deslizaba siniestro como un búho ante la luz, y mientras tanto comenzaban a pasar obreros… El Madrid trabajador y honrado se preparaba para su ruda faena diaria”

Madrid.-ÑÑ.-tomando un trago.-por Eduardo Vicente,.Ciudad de la pintura

Siempre en las ciudades hay un cerco indefinido que dibujar, una hora que cabalga en la duermevela, un cinturón geográfico y social que tiñe de dormitorios la franja de los que vienen y van del trabajo al ocio y del descanso al trajín, la zanja de las horas lívidas, el paso de los primeros bostezos. Siempre en los desmontes de las capitales hay un ojo literario enfundado en un abrigo negro, un ojo lúcido que es testigo de cuanto ocurre en la frontera entre vicio y bondad, sobre la línea de un horizonte donde las cercanías del desamparo hurgan en el cúmulo de la miseria. Los personajes de Baroja en La Busca cruzan Madrid sin sentido del tiempo, bajan las calles del espacio entrando por una página, interviniendo en una escena y desapareciendo. La filosofía de Baroja es la del “transeúnte y paseante en corte” y si Unamuno lucha contra el tiempo y contra la muerte, si Azorín trata de inmortalizar el instante y si Valle‑Inclán, al estilizarlo, lo hace atemporal, Baroja consigue la permeabilidad del tiempo, dejar siempre “una ventana abierta”. Los personajes barojianos del Madrid de La Busca bajarán con frecuencia hacia el paseo de las Acacias, hacia el Puente de Toledo, los veremos cerca del Manzanares, saldrán a la carretera de Andalucía. El Bizco, Vidal, Manuel, el señor Ignacio… La Petra se muere y su hijo entra en la habitación de al lado para pedir auxilios: Manuel entró en el comedor. En la atmósfera espesa por el humo del tabaco, apenas se veían las caras congestionadas. Es el paisaje interior, el umbral entre noche y vida, el día y la muerte entre las palmas y las castañuelas del Domingo de Piñata en la casa de huéspedes, pared con pared con la Petra que se muere. Siempre hay esa hora sin agujas del estertor inesperado, el áspero sabor de boca que muestra el contraste definitivo de la existencia.

Madrid.-FF.-El vagabundo.-por Eduardo Vicente.-Ciudad de la pintura

Cuando en 1956, acercándose aquel 30 de octubre en que Baroja se fue de este mundo, la Muerte se iba acercando a la calle Ruiz de Alarcón donde el novelista vivía con su sobrino Julio Caro, las volteretas de las anécdotas daban su adiós despidiéndose. Una vez, comiendo algo, Pío Baroja comentó desde su ancianidad: “Este pescado tiene buen sonido”. Y otro día, mirando a una visita que se reía, viéndolo todo de color de rosa, Baroja comentó a su sobrino: “Oye, eso que hay ahí: ¿es un plato de arroz con leche?”.

Iba dejando la muerte como anticipo una huella de comicidad, la socarronería de un viejo escritor desde la última vuelta del camino, antes de desaparecer de nuestra vista”.

El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes“, págs 128-131)

(Imágenes:-1.-casa de la calle Ruiz de Alarcón 12 donde vivió Baroja hasta su muerte, en 1956.-foto JJP/2.–retrato de Pío Baroja por Eduardo de Vicente/3, 4 y 4.-dibujos y pinturas de Eduardo de Vicente)

AHORA QUE HEMOS VUELTO A LAS CIUDADES

ciudades.-783y.-por Hani Rashed.-2005.-Le Violon Bleu.-Sidi Bou Said.-Tunez.-Vorderer Orient.-artnet“En las ciudades

Hablan

                  Hablan

Pero nadie dice nada

 

La tierra desnuda aún rueda

Y hasta las piedras gritan

 

Soldados vestidos de nubes azules

                               El cielo envejece entre las manos

                               Y la canción en la trinchera

 

Los trenes se alejan sobre cuerdas paralelas

 

                                 Lloran en todas las estaciones

 

El primer muerto ha sido un poeta

Se vio escapar un pájaro de su herida”

Vicente Huidobro: “Halali”(1918)

(Imagen:- Urban Allergies 2005.–Hani Rashed.-.-Le violon Bleu Galleries .-Sidi Bou Said.-Tunez.-artnet)