CICLISMO : OLIMPIADAS 2012 (6)

«Entre autobuses, entre corazones,

entre los olmos, entre los vallados,

entre almas atónitas, por puentes,

exhalada tu firme bicicleta.

Te sigue el río de la carretera

tierno su duro arbitrio conmovido,

respondiendo a tu llanto con lamentos:

Te pierdes. No te pierdes. Me persiguen.

¡Qué júbilo sin prisa en lo que es llano!

¡Qué salto en los collados repentinos!

¡Qué dejarse caer por las cañadas,

exhalada, tras ti, la carretera!

Siguiéndote va, helada cuando tuerces,

y ¡qué lento suspiro cuando un valle

te traga, qué alto grito

cuando una loma a punto te devuelve!

Bella ciclista, tu ave de pedales

conduces por un aire de jardines,

de prados aguardando entre los troncos,

a que estalle, final, la primavera.

El viento en tus oídos te proclama

única emperatriz de los ciclistas.

Te persigue, te pide los cabellos;

tú se los das y te los va peinando.

Nadie me espera, nadie me despide,

mis cabellos y el viento, los pedales,

los troncos y los ríos son los puentes;

sin partida o llegada, siempre voy.

Siempre va, siempre va, aunque suspiren

árboles melancólicos y lloren

los ojos de los puentes, ríos de llanto:

No pesa el corazón de los veloces».

José Antonio Muñoz Rojas.-«A una ciclista«.

(Imágenes.-Umberto Boccioni.-dinamismo de un ciclista.-1913.- specchi e reflessi/ 2.-Umberto Boccioni.-dinamismo de un ciclista.-1913.- e – peristilo wordpress)

COUBERTIN – OLIMPIADAS (y 19 )

«Los gimnastas no miraban de buena gana a los remeros, los practicantes de esgrima a los ciclistas, lo tiradores a los jugadores de lawn-tenis. Entre adeptos de un mismo deporte la paz no reinaba de manera favorable; los amigos de la gimnasia alemana negaban todo mérito al método sueco y las reglas americanas de fútbol parecían a los jugadores ingleses contrarias al buen sentido. Había incluso otra cosa: existía el espíritu mercantil que amenazaba invadir los círculos deportivos: allí donde no se corría o no se luchaba abiertamente por dinero se sentía, no obstante, una tendencia por deplorables transacciones; y en el deseo de vencer entraban a menudo otras cosas más que la ambición y el sentimiento del honor. So pena de ver al atletismo degenerar y morir por segunda vez, había que unificarlo y purificarlo.

Una única manera me pareció práctica para llegar a conseguirlo: crear competiciones periódicas a las que serían invitados los representantes de todos los países y de todos los deportes, y situar estas competiciones bajo el único patronazgo que pudiera darle una aureola de grandeza y de gloria, el patrocinio de la antigüedad clásica. Hacer esto significaba restablecer los Juegos Olímpicos«.

Pierre de Coubertin: Atenas, 1896

(Imagen: metropolitan museum of art.-The Ne York Times)