ANTE EL NUEVO AÑO

puerta-byu-rene-magritte

 

“Conocer el futuro carece de utilidad – dice Cicerón – Es miserable angustiarse sin provecho alguno”. “Los arúspices – dice también Cicerón – ven muchas cosas, los augures prevén muchas, muchas son anunciadas por los oráculos, muchas por los vaticinios, muchas por los sueños, muchas por los portentos” (…) “Veo a algunos – escribe a su vez Montaigne en susEnsayos”  – que estudian y glosan los almanaques, y que nos alegan su autoridad para las cosas que ocurren. ¿Quién, pues, si arroja todo el día la lanza no acertará de vez en cuando en el blanco? (…) He observado con mis propios ojos que, en los momentos de confusión pública, los hombres, aturdidos por su fortuna, abrazan cualquier superstición, entre ellas la de buscar en el cielo las causas y las antiguas amenazas de desdicha”.

Y Plutarco señala ante el porvenir: “el joven debe hacer sus preparativos, el viejo disfrutarlos”.

FELÍZ AÑO 2017 para todos

(Imagen-René Magritte)

OLORES

 

objetos.- 83dee.- Hisaji Hara

 

“El sudor de Alejandro Magno desprendía un olor suave, no sólo no olía mal, sino que de forma natural olía bien – cuenta Antoine Compagon en “Un verano con Montaigne -. Según Plutarco, tenía un temperamento caliente, debido al fuego, que cocía y disipaba la humedad de su cuerpo. A Montaigne le encantan estos detalles que recoge en las obras de los historiadores. No le interesan los grandes acontecimientos, las batallas y las conquistas, sino las anécdotas, los tics y las mímicas: Alejando inclinaba la cabeza hacia un lado, César se rascaba la cabeza con un dedo, Cicerón se hurgaba la nariz.”

 

objetos-vvbbh- Takeshi Sano- mil novecientos noventa y siete- Corning Museum of Glass

 

Estos detalles, o estos gestos incontrolados e involuntarios, nos dicen más del hombre que las proezas que les atribuye la leyenda. Montaigne, que tenía como libro de cabecera las ” Vidas paralelas de los hombres ilustres” de Plutarco, anotaba con precisión lo que decía el historiador griego: la causa del olor suave de Alejandro “la indagan Plutarco y otros escribe Montaigne -Pero la forma común de los cuerpos es la contraria; y la mejor condición que alcanzan es estar exentos de olor. Incluso la dulzura de los alientos más puros nada tiene más perfecto que carecer de olor alguno que nos ofenda.”

 

objetos-fgh-Catalina Kehoe

 

Son los detalles de los héroes los que desvelan su intimidad.

En “Diálogos con la cultura” quise recordar las “Vidas imaginarias” de Marcel Schowb a las que ya me referí aquíMarcel Schwob con susVidas imaginarias” – dije entonces – (en las que, como recuerda Borges al prologarlas en su Biblioteca personal,  “los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos) – el sabor peculiar de este volumen está en ese vaivén”, sigue comentando BorgesY aSchwob, en esasVidas imaginariasnos dice que “el día de Waterloo Napoleón estaba enfermo (…), que Alejandro andaba ebrio cuando mató a Klitos, que la fístula de Luis XlV pudo influir en alguna de sus decisiones (…), que Diógenes Laercio nos enseña que Aristóteles llevaba sobre el estómago un odre de aceite caliente (…), que Aubrey, en las “Vidas de las personas eminentes“, nos confiesa que Milton“pronunciaba la r muy dura”, que a Erasmo “no le gustaba el pescado, aunque había nacido en una ciudad de pescadores”, y que en cuanto a Bacon, “ninguno de sus servidores habría osado presentarse ante él con botas que no fueran de cuero de España, pues sentía al instante el olor del cuero de becerro y le resultaba muy desagradable”.

 

objetos.-55ty.-Ben Cauchi.-2007

 

Olores, gestos, detalles que desvelan siempre al hombre.

 (Imágenes.-1.-Hisaji Hara/ 2.-Takeshi Sano– 1997.- corning museum glass/ 3.-Catalina Kehoe/ 4.-Ben Cauchi- 2007)

LOS SECRETOS DEL CUENTO

“Para que un cuento sea bueno creo que lo esencial – ha dicho Medardo Fraile en una entrevista hace pocos meses en Campo de Agramante” – es la brevedad (y los minicuentos casi han llegado a ser un suspiro). Mis cuentos no suelen pasar de los cinco o seis folios y hay bastantes de un folio o folio y medio. Luego, que haya movimiento, y el movimiento no tiene por qué ser el que vemos en las películas del Oeste; puede ser también interior, interno: un estado de ánimo cambiante, una espera de algo, la intención de pasar de un

 estado a otro, la tendencia a mirar por una ventana, la obsesión con un objeto que hoy nos hiere al verlo, etc. Debe tener también una gran concisión y no distraerse con palabras que nos atraigan o en historias laterales o frases que pretendan el lucimiento del que lo escribe y que distraigan y no añadan nada a lo que se cuenta. Tiene que ser también intenso, porque el narrador sólo dispone de las palabras justas, de poco tiempo y de poco papel. Saber sintetizar, sin que no falte nada esencial, es prueba de inteligencia, y eso lo

han dicho desde Cicerón, pasando por Santo Tomás de Aquino, hasta Montaigne y más acá. Y yo escribí en el prólogo de mi primer libro que, si no existiera Dios, habría que inventarlo, porque los cuentos son creyentes”.

Al gran cuentista Medardo Fraile lo conozco desde finales de los años cincuenta cuando coincidíamos muchas veces en casa de Antonio Prieto y de Maria del Pilar Palomo en el madrileño barrio de Argüelles. Ahora en Madrid le he vuelto a escuchar una muy interesante conferencia sobre Chesterton y su evolución humana y literaria. Los secretos del cuento son variados y ya en 1983 Cortázar me habló personalmente de ellos, como recordé en Mi Siglo. “Lo esencial en un cuento – confesaba Rulfo -es contenerse, no desbocarse, no vaciarse”.

 La unidad, la intensidad, el ritmo nos acercan siempre a su esencia.

(Imágenes.-1.-Katherine Mansfield/ 2.-Anton Chejov/3.-Medardo Fraile.-koult.es)

VIEJOS LIBREROS ANTIGUOS

“Junto al Foro Cesáreole va indicando el poeta latino Valerio Marcial a alguien que le pide consejo para obsequiar con un libro – hay una librería, cuyas dos puertas están cubiertas de anuncios. Éstos dan los títulos de libros en existencia, y te bastará ver esta lista. Entra y pide mi libro. El dueño – que se llama Atrecto – tendrá el mayor gusto en mostrarte un lindo ejemplar de Marcial de su primero o segundo estante, y lo podrás adquirir por cinco denarios“.

Así lo cuenta el mexicano Alfonso Reyes – al que más de una vez me he referido en Mi Siglo al aludir a su “Tertulia de Madrid” – y sus paseos históricos y literarios que él recorre en “Libros y libreros en la antigüedad” (Fórcola) nos llevan, poco a poco, entre anécdotas y documentos, al costado de esos rústicos escaparates al aire libre que se extendían en las calles de Atenas o de Roma, rutas para curiosos hojeadores de ejemplares, antepasados viandantes de un Baroja en el XX por la madrileña Cuesta de Moyano o de tantos otros a la ribera del Sena en París.

Al evocar la vida cotidiana en Roma durante el apogeo del Imperio un excelente historiador como es Jérôme Carcopino habla de las lecturas públicas de los autores y de la tensa relación de éstos con los libreros, cuyas exigencias – dice – les llevaban a enriquecerse mientras quienes habían redactado los manuscritos solían vivir con estrechez. Alfonso Reyes recuerda también las falsificaciones de autores muy cotizados y en el caso de los “libros viejos” recoge las manipulaciones de volúmenes introduciéndolos entre ciertas semillas de cereales que les daba un falso aire amarillento de vejez, y de esta forma los libreros aumentaban el precio.

Las listas de libros de regalo existían igualmente hace siglos. Roger Chartier en su “Historia de la lectura” comenta que en la época imperial de Roma había tratados para orientar al lector en la elección de los libros y de cómo ponerlos juntos en una colección. Valerio Marcial, por su parte, cita una serie de obras preferidas que pueden escogerse para hacer un obsequio. Homero encabeza los autores, después va Virglio, ambos como textos escolares. Horacio, en cambio, no cuenta entre sus elegidos. Sí Cicerón, Tito Livio y Ovidio. Y Marcial recomienda igualmente a Menandro, a Propercio, a Salustio y a Tibulo . Libreros, libros y autores se han cruzado siempre en todos los caminos. Por encima de las épocas, a la hora de las ventas y las compras, quizá habría que recordar la copla tantas veces citada: “Dios te guarde, libro mío,/ de las manos de un librero, /pues cuando te está alabando/ es cuando te está vendiendo“.

(Imágenes: 1 -librería Shakespeare and Company.-París.- excessivebookshlef/ 2.-lourania/ 3.-lourania)

“ADRIANO” DE YOURCENAR

“Los dioses no estaban ya, y Cristo no estaba todavía, y de Cicerón a Marco Aurelio hubo un momento único en que el hombre estuvo solo”. Esta frase de Flaubert que Marguerite Yourcenar leyó en 1927 fue uno de los desencadenantes de las “Memorias de Adriano“. “Gran parte de mi vida – dijo la novelista – transcurriría tratando de definir, y luego de pintar, a ese hombre solo y, por lo demás, unido a todo”. Labor constante, transpiración perpetua. Cuando se imparten cursos de creación siempre se divide en dos la gran esfera: por un lado, antes de nada, la inspiración; por otro lado, después de todo, la realización, es decir, la disciplina, el quehacer, la tenacidad en encontrar soluciones a los inevitables  problemas; en resumen, la transpiración:  dedicación y  concentración.  99 % de talento, 99% de disciplina y 99% de trabajo, decía Faulkner. Muchos hallan de improviso la inspiración y muchos también abandonan o empobrecen la realización porque la disciplina les parece ardua y les supera.

La exposición “Adriano, imperio y conflicto“, abierta en el British Museum de Londres hasta el 26 de octubre, nos lleva otra vez a esta enigmática figura a la que Yourcenar hizo hablar, creando unas Memorias inventadas, y alcanzando con ellas una cumbre en la novela histórica. Seguir el rastro de la transpiración de la escritora es algo apasionante por los vericuetos que nos presenta, por los atajos que recorre, por los logros que consigue. “Este libro tiene una larga historia – dirá ella en 1951, en una de sus Cartas -. Lo empecé hará más de veinte años, en una época de la vida en que aún se padecen ciertas suficiencias, ciertas imprudencias… Lo volví a coger en 1936, dándole su forma actual, las memorias de un hombre que hace un repaso de su vida desde la perspectiva de su próxima muerte. Pero no escribí más de quince páginas. Aún no estaba lo bastante madura, en aquella época, para llevar a cabo este proyecto tan amplio”.

En febrero de 1949 reemprende la redacción de “Adriano” donde la interrumpió en 1937. Tiene que tomar el tren para Chicago, luego para Santa Fe, en Nuevo México, y durante un viaje de dos días escribe sin parar. “Me llevaba las hojas en blanco conmigo para empezar de nuevo ese libro, como un nadador que se tira al agua sin saber siquiera si alcanzará la orilla. Hasta muy tarde en la noche, trabajaba en él entre Nueva York y Chicago, encerrada en mi coche-cama. Y todo el día siguiente, en el restaurante de una estación de Chicago, donde esperaba a un tren bloqueado por una tempestad de nieve. Luego, de nuevo hasta el alba, sola en el coche de observación del expreso de Santa Fe, rodeada por las grupas negras de las montañas del Colorado y por el eterno dibujo de los astros. Los pasajes sobre la comida, el amor, el sueño y el conocimiento del hombre fueron escritos así de una sola tirada. No recuerdo haber vivido día más ardiente ni noches más lúcidas”. Esta es la transpiración de Yourcenar como transpiración era el escribir de pie de Hemingway, creando sobre la superficie de un atril a causa de sus problemas de espalda o transpiración era la de Thomas Mann, viajando también en tren a Chicago y escribiendo allí, en el mismo vagón,  el capítulo catorce de Doktor Faustus.

Toda profesión humana lleva consigo un esfuerzo y él arrastra consigo un natural cansancio. La creación es un quehacer más. En el caso de las Memorias de Adriano (Pocket Edhasa), los Cuadernos de Notas de la autora reflejan parte de esa constancia y de esa paciente elaboración. “Solía escribir en griego durante una o dos horas – confiesa – antes de ponerme a trabajar, para acercarme más a Adriano“. O también:  “Había tomado la costumbre, cada noche, de escribir de manera casi automática el resultado de esas largas visiones provocadas donde yo me instalaba en  la intimidad de otros tiempos”. Y en otras ocasiones al no trabajar: “Hundimiento en la desesperación de un escritor que no escribe”. Al fin su personal hallazgo, el tono esencial:    “Retrato de una voz. Si decidí escribir estas Memorias de Adriano en primera persona, fue para evitar en lo posible cualquier intermediario, inclusive yo misma. Adriano podía hablar de su vida con más firmeza y más sutileza que yo”.

Tal fue la transpiración de Marguerite Yourcenar – como la de tantos otros seres humanos. Fue la transpiración, el tesón, la elaboración constante de esta autora, aquella que firmó una gran definición: “Una de las mejores maneras de reconstituir el pensamiento de un hombre es reconstituir su biblioteca”.

(Imágenes: Adriano.-Museo Bitánico/ Marguerite Yourcenar)

LA NOCHE DE LOS LIBROS


Estaban muy ocupados charlando todos los libros. Cerré la puerta de Mi Siglo, entorné las ventanas del blog y estuve escuchando todo aquel rumor de estanterías en la noche de los libros, los volúmenes hablando unos con otros, los lomos de las filas altas encorvándose para susurrar habladurías a los de los estantes más bajos, los títulos comunicándose confidencias, las letras escapando de las portadas para correr a contar rumores de autores, fechas imprecisas, anécdotas secretas. Toda la biblioteca estaba en danza y la danza era bailada por libros infinitos, de todas las épocas, libros cruzados y encuadernados, libros rústicos, libros de mi niñez, libros recien comprados, libros subrayados, libros que yo no quería olvidar.
Estuve oyéndolos toda la noche.
– Los tontos – decía desde su alta estantería La Bruyere – leen un libro y no lo entienden; los talentos medianos creen entenderlo perfectamente; los grandes ingenios no lo entienden a veces del todo: encuentran oscuro lo que es oscuro y claro lo que es claro; los pedantes quieren encontrar oscuro lo que no lo es y no entender lo más inteligible.
Le contestó José de Maistre desde una esquina:
-Es cierto que recorriendo los libros reunidos por un hombre, se conoce en poco tiempo lo que es, lo que sabe y lo que ama.
Cicerón intervino de pronto desde otra repisa:
-Mis libros están siempre a mi disposición: nunca están ocupados.
Pero Swift casi le quitó la palabra:
-Estimo tanto los libros, que me los figuro vivientes, y que, al leerlos, converso con ellos.
Apareció una voz anónima, abriéndose paso por entre las maderas, encima casi de la puerta:
-Los libros antiguos -murmuró – son los libros de la juventud del mundo, y los libros nuevos son el fruto del tiempo.
Y Francis Bacon quiso añadirle desde un atril:
-La lectura hace maduro a un hombre; la plática lo hace desenvuelto, y el escribir lo hace exacto.
Después crucé el umbral de Mi Siglo y me alejé unos pasos de mi blog.
Aún estuve oyendo durante muchas horas los murmullos de los autores en la oscuridad. Vivían febriles. Se quitaban la palabra continuamente en la noche de los libros.