OFICIO DE ESPÍAS

espionaje.- eftyu.- el tercer hombre

«Los espías han ejercido más influencia en la historia que en los historiadores», señalaba Richard Rowan en «Treinta y tres siglos de espionaje». «El espionaje es ciertamente el segundo oficio del mundo en cuanto a antigüedad – escribía también el periodista inglés Charles Wigton – Quizás hasta sea más antiguo que el que tiene la fama de serlo, y al que con tanta frecuencia explotó en su propio beneficio.» Del espionaje he hablado ya aquí en alguna ocasión. Ahora que los periódicos despliegan la invasión de espionajes a políticos y a naciones, el oficio de los espías, con sus métodos sofisticados, vuelve su mirada  hacia la Historia. Allen Dulles, antes de ser director general de la CIA, elogiaba ya al estratega Sun Tzu,

espionaje.- 456g.- el topo.- de Tomas Alfredson

cuyo «Arte de la guerra» fue escrito hacia el año 4oo antes de Jesucristo: «A él le corresponde – decía Dulles – el mérito de haber efectuado, no sólo el primer y valioso análisis de los métodos de espionaje, sino también las primeras recomendaciones escritas sobre la organización de un servicio de informaciones.» Gabriel Veraldi al analizar «La novela de espionaje»( Fondo de Cultura) evoca que Napoleón le decía a Schulmeister – al que llamaba «el espía del emperador y el emperador de los espías» -: «yo puedo darle todo el oro que usted quiera y también mi amistad, pero no puedo concederle la Legión de Honor.»  Y Boileau- Narcejac, en «La novela policial» (Paidos) nos recordaba hace ya

espionaje.- 6yuum.- la vida de los otros

tiempo que «el miedo que caracteriza a nuestro tiempo es un «gran miedo», un miedo colectivo, como el del Año Mil, el miedo a una guerra planetaria que podría destruir la humanidad (…) La época actual está determinada por la lucha de los servicios secretos. Todo el mundo lo sabe y todo el mundo lo ve. El público advierte muy bien que se le escapan los acontecimientos importantes, los que gobiernan realmente las decisiones políticas (…) El agente secreto no es un aventurero como por lo general se creía corrientemente, sino que debe formarse en escuelas especiales y aprender el espionaje como se aprende una profesión.»

Hoy quizá habría que añadir: el agente secreto ya no es el que nos espía a través del móvil sino el que ya vive desde hace tiempo dentro del móvil.

(Imágenes:- 1.- «El tercer hombre», de Carol Reed / 2.- «El topo», de de Tomas Alfredson/ 3.- «La vida de los otros», de Henchel von Donnersmarrch)

LO POLICIACO, LA SOCIEDAD, LAS COSTUMBRES

«El Mirafiori es un horno, pese a que está en la sombra. –va comentando el comisario griego Costas Jaritos al conducir su automóvil por Atenas-. Al llegar al cruce de la avenida Rey Constantinosigue diciendo el personaje creado por Petros Márkaris – me pregunto si me convendrá más girar a la izquierda, hacia la plaza Sintagma, o a la derecha, hacia la avenida Reina Sofía, para llegar a la avenida de Alexandra a través de la calle Sutsu«. Va avanzando el policía entre el calor y la polución para intentar horadar en la corrupción En esa misma novela, «Suicidio perfecto» (Byblos), nos relata de nuevo: «estoy subiendo las escaleras mecánicas de aquella estación de Metro que semeja un mausoleo de mármol, con sus árboles de mentira plantados en el granito, sus anuncios imponentes y la música clásica de fondo que, por unos minutos, me hacen sentir europeo. Una vez en la superficie (…),  una hilera de paradas y de gente que se apretuja, dispuesta a abrirse camino a patadas en cuanto aparezca un autobús, para subir primero y conseguir un asiento. De nuevo en Grecia y suspiro con alivio».

Son los hábitos cotidianos de Atenas, su sociedad actual; la Atenas menos imaginable, envuelta en densa humareda, axfisiada de sol, cercada, como tantas otras capitales del mundo, por la trama de los corruptos. «La Atenas que describo – confesó Márkaris en una entrevista – es la Atenas de hoy. Estaba muy cansado, incluso enervado con la idea de esa Atenas de los extranjeros…la Atenas clásica, el Acrópolis, el Partenón, y todo eso. Por otra parte la noción de Atenas de los atenienses, la Atenas de las tabernas, de los restaurantes, del buen clima, de una vida digamos… romántica: esa idea idealizada de Atenas, de una Atenas idealista. Estaba verdaderamente cansado de esas dos nociones, porque creo que Atenas ahora es una metrópoli, con la violencia, los refugiados, los atenienses que son cada vez más nacionalistas, con una actitud muy… muy… chovinista, muy contra el extranjero. He intentado dar una imagen del Atenas de hoy, que no es muy diferente de las metrópolis europeas, destruyendo la parte romántica y clásica de esa imagen de Atenas, que por otra parte es cada vez más inexistente».

Los escritores en general – e igualmente los creadores de novelas policiacas -nos muestran las sociedades y las ciudades, su evolución profunda en el arco de las formas; muchos investigadores y comisarios célebres de la literatura policiaca indagan no sólo los crímenes, los culpables y sus víctimas, sino esencialmente las costumbres, el secreto de las vidas íntimas y de los espacios públicos. Enseguida se va la mente hasta Maigret y sus escenarios, de los que alguna vez en Mi Siglo me he ocupado. Y dos grandes especialistas de lo policiaco como son Boileau-Narcejac, hablando de otro gran autor del género como es William Iris, recuerdan que «nadie supo pintar mejor que él la vida nocturna, las calles desiertas, las miserias de los seres abandonados.(…)- y así lo confirman en «La novela policial» (Paidós) -. La novela policíaca – dicen – es una investigación esencialmente novelesca. El escritor policíaco se convierte, quizás a pesar suyo, en novelista. (…) La primera guerra mundial estimuló los deseos de vivir, de distraerse; la segunda guerra mundial destruyó la paz (…) Y de repente, se descubría una nueva forma del mal, la alianza monstruosa del hombre y de las cosas, en la guerra total… La época de los verdugos devolvía a la novela negra sus oportunidades de éxito».

«Se trata de conocer. – así se sintetiza el oficio de comisario en «Las memorias de Maigret» -. De  conocer el medio en el que se ha cometido el crimen, conocer el tipo de vida que allí se lleva, las costumbres, las reacciones de la gente que está mezclada en el caso, víctimas, culpables o simples testigos. Penetrar en su mundo llanamente, sin extrañarse, y hablar naturalmente su lenguaje. (…) Creo que es en la mirada donde hay que buscar la razón de lo dicho, en cierta reacción (o más bien ausencia de reacción) ante ciertos seres, ciertas miserias y ciertas anomalías. Aunque a los autores de novelas no les guste, el policía es ante todo un profesional. Un funcionario. (…) Cuando el policía se pasa una noche bajo la lluvia vigilando una puerta que no se abre o una ventana iluminada, cuando en las terrazas de los cafés busca pacientemente un rostro familiar o se dispone a interrogar durante horas a un ser pálido de terror, no hace más que cunplir con su tarea cotidiana».

Al otro lado de los crímenes siempre están las costumbres. Y es gracias a la investigación de las costumbres como se nos muestra el estado en que se encuentra una sociedad.

(Imágenes:-1.- plaza Sintagma de Atenas.-wikipedia/ 2.-Petros Márkaris en Atenas.-foto Ernst Alós/ 3.-Georges Simenon.-les ephemérides d `Alcide 13 frevrier)