EN LOS CIEN AÑOS DE BUERO

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«Yo empiezo una obra por una etapa mental- decía Buero Vallejo – . Concibo la obra globalmente y tomo bastantes notas. Después intento un guión donde ya están los actos o partes que la comedia va a tener, pero sin diálogos o sólo con conatos de diálogos. Luego empiezo a escribir la obra en sí. Escribo siempre a mano. Siguiendo el guión, por supuesto, hasta completar la primera versión. Cuando la primera versión está terminada, la repaso, la corrijo y la reescribo completamente. Y sobre la segunda versión hago la primera copia de máquina. Si la obra no se estrena, así queda. Si se estrena, vuelvo sobre ella, a lo largo de los ensayos. Y cuando se levanta el telón, aparece la comedia o el drama definitivo».

 

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Raúl Cremades y Ángel Esteban en «Cuando llegan las musas» (Verbum), han indagado en distintos procesos creadores, entre ellos el de Buero, anotando, por ejemplo, unas declaraciones del dramaturgo en la última etapa de su vida: «Sólo sé – dijo Buero- que necesito expresarme escribiendo, y que necesito comunicarme con los demás de ese modo. Después creo saber también que escribo para plantear problemas, para buscar verdades, para abrir ojos, para ayudar, para criticar, para otras muchas cosas…» Carlos, uno de los hijos de Buero – y así lo recoge en su estudio Patricia W O Connor (Fundamentos) – hablaba sobre la angustia personal del dramaturgo ante su trabajo de creación : «Si se le ocurría o no se le ocurría un tema, que parecía que sí, pero que no estaba convencido o no acababan de encajar todas las piezas… Recuerdo que antes de que se le ocurriese una idea, mi padre se mostraba agobiado y deprimido. Luego, cuando empezaba a manejar las cuartillas, eso quería decir que lo peor ya había pasado, aunque todavía quedaba la redacción (…) La creación era la parte más horrorosa, pero ya acabada la obra empezaban otros problemas: que el reparto no fuera el idóneo o el local no fuese lo mejor o que el presupuesto era escaso y eso afectaba a la escenografía pero que no había otra cosa. Entonces venían los problemas del montaje y los ensayos, y cuando al final todo salía entonces había que esperar las críticas (…)  Después de lo de la crítica venía la marcha de la obra, si tenía éxito o no y luego el seguimiento de la recaudación con sus altibajos, que era importante, no sólo como síntoma de la aceptación de la obra, sino también desde el punto de vista estrictamente económico, porque mi padre no contemplaba la posibilidad de otras fuentes de ingresos alternativos, cómo podían ser artículos de prensa, conferencias, etc. En definitiva, que había un montón de vicisitudes capaces de comprometer la realización de una obra y cada obra, dependiendo de su éxito o no, era capaz de comprometer toda una carrera profesional, creo que con un margen de incertidumbre superior al de otras profesiones».

Todas las tensiones acumuladas antes y después de levantarse el telón.

 

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(pequeño recuerdo en el centenario de nacimiento de Buero )

 

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(Imágenes.- 1.-cervantes virtual es/ 2- El concierto de San Ovidio- cervantes virtual/ 3.- Los sueños de la razón- valencia teatros/ 4.- Buero Vallejo- ABC)

«LOS ENCUENTROS» DE BALTASAR PORCEL

porcel.-2.-lavanguardia.es«Hijo de pequeño propietario rural y aún insular – explicaba Porcel en la pequeña Introducción al primer tomo de «Los encuentros» (Destino) -, viví mi infancia y adolescencia en un medio aislado, hermoso y reaccionario. (…) Opté por indagar cerca de los individuos notables, tipificadores, dentro de la existencia digamos laboral del país en sus facetas más sobresalientes y diversas y aún contrapuestas. Nacieron, pues, «Los Encuentros de Baltasar Porcel», serie de entrevistas- retrato literario cuya publicación inició, y continúa haciéndolo, el semanario «Destino«, el sábado día 11 de febrero de 1967».

Ahí leí – y expliqué en la Universidad – las admirables semblanzas de Azorín, Pla, Aleixandre, Laín, Castellet, Buero, Ferrater, Ridruejo, Sáenz Guerrero, Nestor Luján, Llorenc Villalonga, Delibes, Ana María Matute y tantos otros.

«Mi periodismo, al igual que mi novelística – decía en la Nota Previa al segundo tomo de conversaciones o de «encuentros» -, responden a mi temperamento y a mi intuición. La técnica que pueda emplear es meramente funcional, a partir de mí: la he pergeñado para que me sirva a mí. (…) ¿a santo de qué hacerlo con mis tentativas, cuando Josep Pla ha construido sus «Homenots«, elípticos análisis de apasionado colorido; cuando Azorín, a principios de siglo, tejió piezas tan reposadas y aceradas como aquel «Romero en el Romeral«; cuando Indro Montanelli ha publicado en «Corriere della Sera» sus «incontri» rebosantes de ironía? ¡Cuánto quisiera haberlos plagiado yo y fui incapaz, tropezando con lo del continente y del contenido! Pero una de las peores desgracias de ese oficio de llenar papeles es el verse obligado a llegar, a través de todas las autocrueldades imaginables, a ser quien se es. A la individualidad – a la originalidad – sea cual fuere. Algo así como la artesanía renacentista. Lo cual no deja de ser una penosa reminiscencia en plena sociedad industrial. Un tipo solitario, escribiendo y estampando su firma al final, es una reminiscencia. Cuando menos en lo que a la Prensa se refiere».

Y allí leí – y expliqué también en la Universidad – los precisos y singulares «encuentros» de Porcel con Cunqueiro, Vázquez Díaz, Montserrat Caballé, Modest Cuixart, María Casares, Serrat, Max Aub, Mercé Rododera y tantos otros más. La serenidad, la intensidad, las conciencias de tantos hombres y mujeres reflejándose en la pupilas de Porcel. Y luego en su pluma.

(Pequeño recuerdo hoy de la figura de Baltasar Porcel que ha fallecido)

(Imagen: foto.-Lavanguardia.es)