CIUDADES SIN LÍMITES, FLUIR DE CIUDADES

“A las ciudades se las conoce, como a las personas, en el andar“, escribió Robert Musil. Algunas de ellas atraviesan el espacio, andan y andan interminablemente, se cruzan, funden el trepidante vértigo de sus automóviles con el paso precipitado de los hombres. ” El hombre joven – evocó Dos Passos al dibujar la ciudad de Nueva York – camina rápido y solo entre la multitud que se diluye en las calles nocturnas, tiene los pies cansados por tantas horas de caminar, sus ojos ávidos de los cálidos contornos redondos de los rostros respondiendo al atento destello de las miradas, a la postura de una cabeza, al encogimiento de un hombro, la manera en que se extienden y aprietan las manos; la sangre le hierve de deseo, su espíritu es una colmena de zumbante y punzante esperanza, sus músculos anhelan la seguridad del trabajo, el pico y la pala del peón caminero, la destreza del pescador. (…) El hombre joven sigue caminando solo entre la multitud, buscando con mirada ávida, con oídos ansiosos, aguzados en ruidos y sonidos, solo, abandonado“.

A su alrededor sigue expandiéndose la ciudad múltiple, no las “ciudades invisibles” de Italo Calvino, sino las ciudades terrenas y vertiginosas, carreteras y calles cruzadas, avenidas alargadas en luces, espacios que tocarán luego las estrellas, que llegarán al cielo.

(The  City Limits.- por Dominic Boudreault-vimeo. com.-montaje realizado desde finales del 2010 a principios del 2011/ Dominicboudreault.com)

LA MAGIA DEL TEATRO

“El manto es demasiado estrecho; es menester agregar un ancho más. En el momento del asesinato de Banquo, hacer la noche total. Pintar de un rojo más vivo los frutos que están en la mesa. Los velos de las brujas deben estar interiormente sostenidos con una armazón de alambre; no deben ir pegados a las cabezas; quizá deba ponérseles corona, resultaría una especie de adorno y recordarían las SibilasMacbeth no debe batirse con manto de armiño“. Estas recomendaciones hacía Goethe en una carta perfilando hasta el mínimo detalle la puesta en escena de Macbeth. Desde siempre los grandes escritores de todos los siglos han sido atraídos por la magia del teatro: por los ropajes, las luces, los parlamentos, la dicción de las frases. En el arco de 1791 a 1817, es decir, en lo que va de sus cuarenta y dos años a sus sesenta y ocho, Goethe dirige un teatro permanente ; ambiciona hacer de él un lugar de comunión, de exaltación, de amor, de consolación, de fe.

Léon Chancerel  recuerda en su “Panorama del teatro” que Goethe logra llevar a cabo 4.136 representaciones: 77 tragedias, 372 comedias o dramas, 17 farsas, 31 óperas cómicas y 1.040 óperas. Su preocupación – casi obsesión – por los intérpretes le obliga a colocar en una “tablilla” colgada de la puerta de los camerinos: “Me han hecho observar – escribe – que muchas veces desde el palco del duque se oye mal a algunos actores, y que en el curso de la representación, y muy particularmente en las escenas de pasión, muchas cosas se pierden. El primer deber del actor es el de hacerse oír desde todos los puntos de la sala. En el futuro, en caso de que un actor no hable de manera inteligible, se le llamará inmediatamente al orden : así me lo ha señalado el duque. He querido informar de ello a la Compañía a fin de que nadie se sienta sorprendido si incurre en falta”.

Le consumía al autor del Fausto un celo ejemplar, gastando en ese teatro sus propios fondos, reclutando y educando a los actores enviciados por falta de buena dirección, alternando y sustituyendo poco a poco las óperas y comedias de baja estofa por espléndidas representaciones de Schiller o de Shakespeare. El actor Genest en sus” Memorias” retrata las intervenciones de Goethe dirigiendo. Un día yo ensayaba en una obra de Calderón el personaje de un capitán que venía a detener al emperador Aureliano. Salí con seguridad de entre bambalinas y, espada en mano, avancé con dignidad. Apenas había dado algunos pasos en el escenario cuando Goethe, desde la sala, me interpeló:

“Mal; así no se detiene a un emperador. Recomenzad”.

Me hizo repetir cinco veces la entrada. Y a cada nueva tentativa, repetía: “Recomenzad”. Finalmente saltó él al escenario. Aún lo veo con su chaquetón azul, con el sombrero sobre su cabeza. Me quitó la espada de las manos y me dijo: “Quedaos ahí y miradme”. E interpretó la escena con tal ímpetu y autoridad que aquello me marcó para siempre”.

La magia del teatro hizo salir a Goethe – como a tantos otros – de la erudición y de los libros. Parlamentos, luces, decorados y ropajes le impulsaron a una nueva vida.

(Pequeño apunte cuando el actor José Luis Gómez va a ingresar pronto en la Academia con su viaje lingüístico de aprendizaje)

(Imágenes:- 1.-Gerard Gauci.-Teatro Yousupov.-St Petersburgo -2009.-Galerie de Bellefuille/2.-actor en su camerino.-Edouard Vuillard/ 3.-Macbeth viendo el espectro de Banquo.- Théodore Chassériau.-wikipedia)

LA NOCHE ES CÁLIDA Y CLARA

“La noche es cálida y clara y sin viento.

La luna como piedra blanca aguarda encima

de los tejados y sobre el río. Las calles están en silencio

y la luz de la esquina se refleja solo en las formas encorvadas de los coches.

Duermes. Y el sueño se adensa en tu cuarto

y en este momento nada te importuna. Jules,

se ha abierto una vieja herida y vuelvo a sentir el dolor.

Mientras duermes salgo a presentarle mis últimos respetos

al cielo que parece tan amable

y al mundo que no existe y que me dice:

“No te doy ninguna esperanza. Ni siquiera esperanza”.

Calle abajo se oye a un borracho

que canta una canción irreconocible

y un coche a unas manzanas de distancia.

Cosas que pasan y no dejan huella,

y llegará mañana y el día después,

y todo lo que nuestros antepasados conocían

se lo ha llevado el tiempo. Han desaparecido

y sus hijos también, y también las grandes naciones.

Han desaparecido los ejércitos que levantaron nubes de polvo

y humo por toda Europa. El mundo está en silencio y no

los oímos. Cuando era niño, y pasó el cumpleaños que tanto

había esperado, me quedé en la cama, despierto y desdichado,

y muy entrada la noche, el sonido de alguien cantando

en un callejón, muriendo lentamente en la distancia,

me hirió, igual que ahora”.

Mark Strand.-“Leopardi

(Imágenes:- 1-Neujahrsnacht.-1905.- Niels Fisher/ 2.-André Kertész.-1925)