VIDAS PRIVADAS Y FÚTBOL

“Alrededor del campo de fútbol – escribe el sociólogo Roger Caillois en  suTeoría de los juegos” (Seix Barral) -, el desarrollo de las grandes ciudades y los medios de transporte colectivos favorece la reunión frecuente, semanal, de muchedumbres apasionadas, si no frenéticas. Al mismo tiempo el cine, la radio, la televisión, permiten un sistema de concesiones y repeticiones sucesivas del menor espectáculo que tiene por consecuencia una infinita multiplicación  de público en el espacio e incluso en el tiempo. En la prensa y en las carteleras la fotografía del campeón está en todas partes presente, inevitable, seductor. El público quiere conocer los detalles más insignificantes de sus vidas. Le informan de sus gustos, y los adopta. Imita a esos ídolos de temporada, vencedores de una competición oscura y difusa, cuya postura es el favor popular. La indentificación con el héroe presenta frecuentemente caracteres desmesurados y a veces dramáticos. Estas apasionadas devociones no excluyen, en efecto, el frenesí colectivo”.

En la serie que dediqué en Mi Siglo a las Olimpiadas apareció el poema de Miguel Hernández “Elegía al guardameta”. Guardameta fue también Albert Camus en 1930, en el equipo de fútbol R. U. A. en Argel. Desde 1925 el autor de “La peste” toma conciencia, comparándose con sus compañeros de liceo, de la pobreza de su familia y encontrará gracias al fútbol la ocasión de vivir con ellos una fraternidad de equipo. Primero se destacará como portero en el liceo y más tarde en el equipo de Argel de la asociación deportiva de Montpensier.

Entre otros escritores de países distintos – Gerardo Diego, Alberti, Sábato, Cortázar y muchos más – los italianos Eugenio Montale o Umberto Saba dedicaron al fútbol poemas o novelas. Pasolini describía en uno de sus primeros libros a los muchachos de la calle en las explanadas de Roma:” Los chicos, un sábado, ya se habían hartado de jugar en la explanada, al pie del Monte di Splendore -una joroba de pocos metros de tierra que obstruía la vista de Monteverde y del Ferrodebó y, al horizonte, la línea del mar -, cuando algunos muchachotes mayores llegaron y se colocaron ante el arco con la pelota entre los pies. Formaron círculo y empezaron a cambiarse pasos secos y bajos. Al poco rato todos ya estaban empapados de sudor, pero no querían quitarse la chaqueta dominguera o el jersey de lana azul con franjas negras y amarillas, dado el modo casual y burlón con que habían empezado a jugar. (…) Álvaro ensayó una jugada fina, recibiendo de tacón la pelota, pero erró, y la pelota rodó lejos, hacia donde el Riccetto y otros estaban echados en la hierba roñosa”.

Fútbol y literatura han ido muchas veces hermanados.  “El espíritu de competición – recordaba Caillois – ha acabado por triunfar”.

Quedan los grandes voceríos en los enormes estadios, la incógnita del conflicto, las palpitaciones de la afición.

(Imágenes:- 1- Martin Verges.-2004-2005.-525 Contemporay Art Gallery.-Monntevideo- Uruguay.-artnet/2.-Albert Camus en el centro, en 1930, cuando era guardameta del equipo de fútbol R. U. A. en Argel)

COLORES EN DELACROIX

Las mezclas de colores en Delacroix son las que han fascinado a muchos pintores. Leo en su Diario  (Centauro, México),  en la entrada correspondiente al 11 de junio de 1856: “Los claros de la Medea, de su mejilla, de su garganta, del torso, etc, basados en el tono de tierra de sombra blanca y laca amarilla con blanco y laca. El cadmio con tonos quebrados domina en la localidad; pocos tonos rojos, sin embargo, algo de tonos de marrón rojo, blanco con laca amarilla y tierra de sombra y blanco (Esta última combinación es excelente para muchas localidades un poco oscuras).

Para el tono verde rosa caliente de la mejilla en una mujer fresca y morena: cadmio y blanco, amarillo zinc claro y verde esmeralda, blanco y laca o bermellón y blanco, según el efecto;el blanco y verde esmeralda, que es un verde frío, se une bien con éstos. Sustituyendo el ocre y blanco al cadmio, se tienen localidades de sujetos más oscuros: el bermellón y blanco concierta con el zinc amarillo y verde. Una mezcla de todos estos tonos hace una localidad de carne excelente”.

Un año después, en 1857, la gran sensibilidad de Delacroix  descubrirá los matices del color en un día cualquiera. “Una de estas mañanas -escribirá en su  Diario el 4 de noviembre -, mientras estaba al sol en mi galería, he notado el efecto prismático de la cantidad de pequeños pelos de tela de mi vestido gris. Todos los colores del arco iris brillaban en ella como en un cristal o en un diamante. Cada uno de los pelos, por ser brillante, reflejaba los colores más vivos, que cambiaban a cada movimiento mío; cuando no hay sol, no nos damos cuenta de ese efecto”.

Pero los colores no permanecen en sí mismos en el caso de Delacroix. A través de ellos el pintor medita sobre el sentido de la vida. A los 24 años, en 1822, escribe el 12 de octubre: “Acabo de ver brillar a Orión en el cielo, en medio de nubarrones negros y de un viento tempestuoso. He pensado primero en mi vanidad, en comparación con esos mundos en suspenso; después he pensado en la justicia, en la amistad, en los sentimientos divinos que se hallan grabados en el corazón del hombre, y sólo he encontrado grande en el universo a él y a su creador. Esta idea me llama la atención. ¿Es posible que no exista? ¡Qué!, el azar, combinando los elementos, ¿habría hecho que naciesen las virtudes, reflejos de una grandeza desconocida? Si el azar hubiese construido el universo, ¿qué significarían conciencia, remordimiento y abnegación?”.

El Diario de Delacroix mezcla continuamente colores y pensamientos. Esta mezcla le lleva a audacias en el arte y a reflexiones como ser humano. Acaso por eso muchos pintores han quedado atrapados en sus combinaciones y a  muchos lectores  ( que jamás pintarán) estas páginas les han hecho pensar.

(Imágenes:Delacroix,”Autorretrato a los cuarenta años”, Louvre.-foro artehistoria.net/”Mujeres de Argel en habitaciones”, Louvre.-flickr/ “La barca de Dante”, Louvre -flickr)