GÓGOL Y SAN PETERSBURGO

 

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“¿Qué fascinó a Gógol en San Petersburgo? – se pregunta Nabokov en su gran monografía sobre el escritor ruso(Littera).- Los numerosos letreros de tiendas. ¿Qué más? El hecho de que los transeuntes hablasen solos y “gesticulasen en voz baja” mientras caminaban. A quienes gusten investigar este tipo de cosas puede resultarles interesante descubrir el tema de los letreros de tiendas profusamente expuesto en sus últimas obras y a los transeúntes que hablaban entre dientes en el personaje de Akaki Akákievich de “El abrigo“. Estas conexiones son un poco demasiado fáciles y, por ello, probablemente falsas”.

Hoy, que se celebra el bicentenario del nacimiento de Nikolái Gógol , venido al mundo el 1 de abril de 1809 en la luminosa ciudad mercantil de Sorochintzy, provincia de Poltava, Pequeña Rusia, releo aquellos paseos de este escritor del que ya hablé hace meses en Mi Siglo  aludiendo a su asombroso relato “La nariz“. “Las impresiones – recuerda Nabokov– no hacen buenos escritores; los buenos escritores se las inventan en su juventud y después las utilizan como si hubiesen sido reales en un principio. Los letreros de las tiendas del San Petersburgo de finales de los años veinte fueron pintados y multiplicados por el propio Gógol en sus cartas con el fin de transmitir a su madre – y tal vez a su propia imaginación – el significado simbólico de la “capital” en contraposición a las “ciudades de provincias” que ella conocía. (…)gogol-3-por-tullio-pericoli

 Las murmuraciones de los transeúntes eran de nuevo simbólicas; esta vez, un efecto auditivo cuyo propósito era el de reproducir la febril soledad de un pobre hombre en una muchedumbre opulenta. Era Gógol, y sólo Gógol, el que hablaba solo mientras caminaba, pero el monólogo era repetido como un eco y multiplicado por las sombras de su mente. Pasando, por así decirlo, a través del temperamento de Gógol, San Petersburgo adquirió una reputación de rareza que mantuvo durante casi un siglo, perdiéndola cuando dejó de ser la capital de un imperio (…) Su auténtica rareza, sin embargo, quedaba demostrada y expuesta cuando un hombre como Gógol caminaba por la Avenida Nevski.(…) Gógol, el ventrílocuo, tampoco era del todo real. Como un colegial caminaba con perversa perseverancia por el lado equivocado de la calle, llevaba el zapato derecho puesto en el pie izquierdo, emitía sonidos matutinos de patio en medio de la noche y distribuía los muebles de su habitación de acuerdo con una especie de lógica de “Alicia a través del espejo“. No es de extrañar que San Petersburgo revelase su excentricidad cuando el ruso más raro de Rusia recorría sus calles”. La ciudad vertía también su expresionismo en la prosa de Gógol: “La acera pasaba a gran velocidad bajo él, los carruajes con sus veloces caballos parecían inmóviles, el puente se estiraba y se rompía en medio de su arco, había una casa puesta al revés, una garita de centinela se dirigía tambaleándose hacia él, y la alabarda del centinela junto con las letras doradas del letrero de una tienda y unas tijeras pintadas en él parecían brillar en la pestaña misma de su ojo”.

Así describía Gógol San Petersburgo y así la ciudad parecía mirarle a él.

(Imágenes: 1.-caricatura de Gógol.-filmplus.org/ 2.-caricatura de Gógol.-por Tullio Pericoli)