LOS CUADERNOS DE PIERRE MICHON

 

 

“El cuaderno de notas para mí – confesaba Pierre Michon – lo es todo: es un cajón de sastre. Lo mismo hay en él notas orientativas, citas, fragmentos de cosas vistas o leídas que frases redactadas, cadencias, metáforas… Son ideas, pero que suelen limitarse en general a una palabra o a una simple expresion. Es un recordatorio, un conjunto de recursos de los que se deja constancia de forma nemotécnica. Tengo esos cuadernos al alcance de la mano cuando escribo y los hojeo con frecuencia mientras trabajo, y, al hojearlos, voy pescando en ellos lo que puede alimentar mi redacción. Es una reserva. Es eso que en los cuadernos de Flaubert se dice al principio “provisional”, pero con la diferencia de que para mí el cuaderno puede desempeñar también un papel de activación. Lo que anoto en el cuaderno durante el propio período de redacción puede servirme al día siguiente para volver a arrancar gracias a una acometida o a una idea que estaba allí sin saberlo.

 

 

Las hojas sueltas las pierdo. De hecho, lo de tomar notas puede ser completamente  ocasional: muchas veces tomo notas según se me ocurren, en donde sea, y a veces en hojas sueltas, pero me esfuerzo en pasarlas a un cuaderno para tener la seguridad de poder localizarlas llegado el momento. La fuerza del cuaderno reside en su estabilidad física. La posibilidad  de reunir en él cosas heterogéneas que tienden a un mismo proyecto (…) El cuaderno permite la salvaguarda material de las notas, el almacenamiento de ideas: es una zona activa (…) Hojear un cuaderno es consultarlo en desorden, dejar una oportunidad  a las interconexiones nuevas que surgirán de la consulta  de unas  cuantas páginas abiertas al azar. Voy al cuaderno para espigar cosas de inestimable valor para la escritura, pero como un inventor, como el que descubre tesoros, sin intentar conocer el inventario exacto de las riquezas que he depositado en él. Es algo así como una cueva de Alí Babá que la mayoría de las veces visito sin determinación alguna”.

 

 

(Imágenes- 1- Irene Nemirovsky /2- Brígida Baltar / 3- Alejandra Laviada)

ENTREVISTAS EN RADIO Y TELEVISIÓN

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“La televisión se presta a la polémica, a la confrontación, a la dramatización – recordaba el gran entrevistador Jean-Pierre Elkabbach – . Cada medio tiene su estilo, su decorado, su luz. En la radio existe una presencia casi física, pero es necesario que haya un contenido. Una persona habla con otra persona y las dos se dirigen a una tercera persona que es el oyente. En la radio hay un lado muy intimista, se mira derecho a los ojos, se habla en mangas de camisa. Por ejemplo, cuando entrevisté en la radio a Miterrand le pregunté si podía quitarme la chaqueta y desanudar mi corbata; él también lo hizo; no lo supo nadie. Fueron dos horas con el presidente, sin fotógrafos ni colaboradores, únicamente nos acompañaba un técnico.

En televisión se tiene tendencia, en cambio, a sustituir la imagen y el espectáculo por el contenido de la palabra. Pero en los momentos donde la televisión es verdadera, auténtica, y cuando ella pone en confrontación a las gentes, entonces es sublime. A veces me he sentido bloqueado, ya que si mi interlocutor no quiere responderme, ostensiblemente cambio de tema. Pero en la primera ocasión que puedo y cuando el personaje no espera ya mis palabras, vuelvo sobre la cuestión enfocándola desde otro punto de vista. Nunca la dejo. Y siempre pienso además: cuanto más corta sea la pregunta ella será más eficaz”.

 

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Otro excelente entrevistador, Patrick Pesnot, recordaba que “la entrevista en televisión es más rica que en la radio puesto que muchas veces es la búsqueda de la emoción antes que de la información. Una voz que falla un poco en la radio lo pasa mal; mientras que un rostro que vacila, un silencio que se alarga, eso es formidable en la televisión. Y también unos ojos que rehuyen nuestra mirada. Pero es necesario olvidar todos los instrumentos y aparatos que hay detrás. Si esto ocurre, se consigue que sean muy auténticas las gentes a quienes preguntamos. Recuerdo una de mis mejores entrevistas: una mujer que iba a morir de cáncer. Ella lo sabía. Era un prodigio de vida, de calor, de fuerza, de humor. El día de la entrevista se maquilló cuidadosamente hasta transformarse en una mujer hermosa. Nunca se me olvidará”.

 

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En el campo de la literatura, Bernard Pivot, el magnífico presentador de “Apostrophes”, anotaba para la entrevista televisiva una serie de reglas: 1.- hacer preguntas cortas; 2-  considerar que cualquier respuesta, aunque sea decepcionante, es más importante que la pregunta; 3-  no olvidarse nunca de que también es el telespectador quien hace la pregunta y que también él escucha la respuesta. “Tengo una forma de ser, de escuchar, de hablar y de replicar que forma parte de mí , que ya existía antes de meterme en la televisión y que seguirá existiendo cuando la deje – añadía Pivot -. Mucha gente piensa que por el modo de hacer preguntas y conversar delante de las cámaras, el periodista debe comportarse de forma distinta a como lo haría cuando habla con alguien en su vida cotidiana. Yo, en cambio, no veo más que puntos  en común entre ambas situaciones, salvo que, obviamente, en la televisión el tiempo siempre se te echa encima y tienes que darte más prisa que si estuvieras en tu casa o en la calle, y que todas las palabras deben ser “útiles”. Pero en el trajín de la conversación, ¿cómo  puede uno ser distinto a como es en su fuero interno? A menos que sea un actor fabuloso”.

 

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(Imágenes.- 1- Jean -Pierre Elkabbach y Giles Bouleau  entrevisando a Putin- 2014/ 2.-  Alejandra Laviada/ 3.-Sipho Mabona– 2014/ 4.-Adolph Gottlieb -1962)