CORREO POSTAL Y CORREO ELECTRÓNICO

 

 

cartas-bbnu-postales. postal de Jean Cocteau a Pablo Picasso- mil  novecientos diecinueve

 

“Lo primero que muchos hacemos al levantarnos y justo antes de acostarnos – nos recuerda Simon Garfield enPostdata” (Taurus) – es mirar el correo electrónico. Y repetimos varias veces a lo largo del día. La equivalencia, antiguamente, habría sido levantarse cada pocos minutos para ver si el cartero ha dejado algo en el buzón, una y otra vez. Los correos electrónicos, claro, nos siguen allá donde vamos. Tienden una línea de suministro vital y dan trabajo continuamente”. En esta curiosa historia de la correspondencia Garfield evoca cómo el 29 de octubre de 1969 se intentó que dos ordenadores hablaran entre sí por primera vez en la historia. “Uno de los ordenadores estaba en la tercera planta de un edificio de

 

objetos.-986bgr.-leon y ordenador.-tomado de silhouettemasterpiecetheatre,com Blog

 

una universidad en Los Ángeles (…) El otro ordenador estaba a casi seiscientos kilómetros de distancia, en Menlo Park, cerca de San Francisco (…) ¿Qué se dijeron estos dos ordenadores? El plan consistía en que un ingeniero de la universidad de California en Los Ángeles introdujese la palabra LOGIN (inicio de sesión) letra a letra y un investigador en Melo Park recibiera la transferencia digital de cada letra en forma de código (… ) El resultado fue positivo; aunque solo se completaron dos letras con éxito – la L y la O -,  era suficiente. Los dos ordenadores habían dicho “L- O”. En ese momento se inauguraba el lento declive del arte de la redacción epistolar”.

 

pintores.- yyhhuuio.- Vicent Van Gogh.- cartas

 

Mirando hacia atrás en el tiempo, las impresionantes cartas de Van Gogh a su hermano Theo, las cartas de Tolstoi a Golzew, las de Wagner a Listz, la misiva de Abraham Lincoln al maestro de su hijo, el correo postal de Gandhi a Hitler, las cartas de Schiller a su novia Carlota, las de Mozart a su esposa Constanza y todas esas vocales y consonantes erguidas o torcidas,  la cursiva inglesa o la letra bastarda española, los secretos escondidos de la grafología, todo quedaba ya en la Historia como documentos a los que era muy difícil volver. Las aventuras de las cartas postales serán innumerables. En 1910, Valle-Inclán escribe desde Madrid a Luisa DíazEn el momento de poner en el correo una carta para ti, echo de menos que no tiene el nombre de tu calle ni el número de tu casa. Te pongo estas líneas por si puedes hacer la reclamación. Mañana te volveré a escribir”.

 

 

lectura-onnm-carta- Robert G Harris

 

En el correo electrónico las anécdotas también se sucederán. El símbolo de la arroba se ha usado en el ámbito del comercio y de las medidas desde al menos el siglo XVl, empleado por ejemplo para abreviar la cantidad de vino contenido en un ánfora. En 2012 el programador Ray Tomlinson, recuerda Garfield, entró en el Salón de la Fama de Internet porque había hecho mucho más que acelerar los mensajes a través de la frontera digital, transformando así nuestras vidas: también ideó un nuevo uso para @ . Tomlinson afirma que escogió ese símbolo rebuscando en el teclado, porque no se utilizaba para nada más. Pronto se convirtió en una forma universal de separar los mensajes personales y locales de los globales en una dirección de correo electrónico.

La arroba nos acompaña siempre. En abril de 2012 se estimaba que 1.900 millones de personas utilizan el correo electrónico y que enviamos unos 300.000 millones de correos electrónicos al dia ( unos 2,8 millones por segundo)

Es la nueva comunicación.

 

cartas-yrre-Vincent van Gogh

 

(Imágenes. – 1-carta postal de Jean Cocteau a Pablo Picasso- 1919/ 2.-  silhouettemasterpiecetheater com/ 3.-carta de Vincent van Gogh / 4.-Robert G Harris / 5.- carta de Vincent van Gogh)

LA CASA BLANCA

despacho-oval-foto-eric-draper-the-white-house-the-new-york-times

¡Qué lejos – felizmente – están los tiempos en los que el escritor negro Richard Wright escribía enThe Black Boy“! (“El negrito”) (Edit. Afrodisio Aguado, 1950):

“- Tú has visto esto? – preguntó señalando una siniestra caricatura.

-No, señor; nunca leo más que el suplemento.

– Bueno, pues fíjate en eso. Con calma. Y dime después lo que piensas – dijo.

Era el número de la semana anterior, y contemplé un dibujo que representaba un enorme negro, de cara grasienta y sudorosa, gruesos labios, nariz aplastada y dientes de oro, sentado en un sillón giratorio ante una mesa reluciente. Tenía puestos unos zapatos de color amarillo, chillones, y apoyaba sus pies sobre la mesa. Entre sus gruesos labios tenía un enorme cigarro puro negro, con una pulgada de ceniza blanca. Un deslumbrante alfiler de corbata en forma de herradura brillaba ostentosamente en su corbata de lunares rojos. El individuo llevaba unos tirantes encarnados; su camisa era de seda rayada, y mostraba enormes sortijas de brillantes en sus dedazos. Una cadena de oro cruzaba su vientre y de la leontina de su reloj colgaba como dije una pata de conejo. En el suelo, al lado de la mesa, se veía una escupidera rebosante de mucosidades. En la pared del cuarto se veía un gran cartel, que rezaba:

 

“La Casa Blanca.”

 

Bajo este título había un retrato de Abraham Lincoln, cuyas facciones distorsionadas le hacían tener la cara de un “gangster”. Mis ojos subieron a la parte superior de la caricatura y leí:

“El único sueño de un negro es llegar a ser Presidente y acostarse con mujeres blancas. ¡Americanos!, ¿consentiremos esto en nuestra hermosa nación? ¡Organizaos y salvad la feminidad blanca!”

Permanecí con los ojos clavados en el dibujo, intentando adivinar el sentido del dibujo y del texto, extrañado que todo ello me pareciese tan raro y sin embargo tan conocido.

– ¿Sabes tú lo que quiere decir esto? – me preguntó el hombre.

-¡Ja!, pues no lo sé – confesé.

-¿Oiste hablar alguna vez del Ku-Klux-Klan? – me preguntó con suavidad.

-Claro. ¿Por qué?

– ¿Sabes lo que hace el Ku-Klux-Klan a la gente de color?

-Nos matan. No nos dejan votar y nos impiden tener buenos puestos – contesté.”

¡Qué lejos felizmente están aquellos tiempos y aquellas frases de Richard Wright! Publicado en 1945,  de “The Black Boy” se dijo que fue una novela que descubría las raíces del pasado inmediato del autor, las tensiones raciales, la denigración del hombre negro como ente social y el cansancio y el deterioro existencial de una raza. Wright – nacido en 1909 cerca de Nat, en el Mississipi, autodidacta, criado en Memphis, que perteneció unos años al Partido Comunista norteamericano y que murió en 1960 -, mantuvo en este libro una sorprendente actitud de rechazo cuando aludía a la comunidad negra, no quiso mostrar aquí simpatía alguna por sus hermanos de raza.

Han pasado sesenta y tres años desde aquellas palabras sobre la Casa Blanca. Wright no podía imaginar que un negro estaría un día sentado en el Despacho Oval.

(Imagen.-George Bush y Barack Obama en el Despacho Oval.- foto: Eric Draper.-The New York Times)