AMOR, NO ME DEJES (NAVIDAD, 2008) (6)

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Amor, no me dejes,

que me moriré.

Que en ti so yo vivo,

sin ti so cativo;

si me eres esquivo

perdido seré.

Si mal no me viene,

por ti se detiene;

en ti me sostiene

tu gracia y mi fe.

Que el que en ti se ceba,

que truene, que llueva,

no espere ya nueva

que pena le dé.

Que aquel que tú tienes

los males son bienes;

a él vas y vienes:

muy cierto lo sé.

Amor, no me dejes

que me moriré.

Juan Alvarez Gato (1463-1509) : «Cantar enderezado a Nuestro Señor».

(Imagen: «Adoración de los Magos» (1424) – Lorenzo Ghiberti (1378-1455)  – Florencia -Flickr.-Lyceo Hispánico)

MÍRANSE LOS DOS EN HITO (NAVIDAD 2008) ( 5 )

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Míranse los dos en hito

y su vista es gloria cierta.

¡Oh, qué placer infinito

que cien mil almas despierta!

¿Qué floresta ni qué huerta

tales flores han llevado?

Mal han barajado.

 

Su velo le puso encima

al Niño por ornamento,

y a los pechos se le arrima

abrigándose del viento,

y quedó el cabello exento

de la Virgen muy dorado.

Mal han barajado.

 

Sus ojos penetradores

por ser Dios no hay do no estén,

mas por nos, los pecadores,

como niño está en Belén

al frío y después ¿con quién?

Con un buey muy traijado.

Mal han barajado.

 

Cien mil gracias aliña

cuando despierta del sueño;

jaspe ni dorada piña

con él son valor pequeño,

según que lindo y risueño

está en los pechos trabado.

Mal han barajado.

 

Ya los toma, ya los deja

los pechos con gestos bellos,

ya se ase a la madeja

que su Madre ha de cabellos;

 gorjea y estira dellos,

como ruiseñor en prado…

Mal han barajado.

Fray Ambrosio Montesino  (¿1444-1508?) : «Contemplación entre la Virgen y el Niño»

(Imagen: Fra Angélico: «Adoración de los Reyes Magos» (1438)  – National Gallery.-Washington -Flickr.-Lyceo Hispánico)

CAÍDO SE LE HA UN CLAVEL (NAVIDAD 2008) (4)

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Caído se le ha un clavel

hoy a la Aurora del seno:

¡qué glorioso que está el heno,

porque ha caído sobre él!

Cuando el silencio tenía

todas las cosas del suelo,

y coronada del hielo

reinaba la noche fría,

en medio la monarquía

de tiniebla tan cruel,

caído se le ha un clavel

hoy a la Aurora del seno:

¡qué glorioso que está el heno,

porque ha caído sobre él!

De un solo clavel ceñida

la Virgen, aurora bella,

al mundo se le dio, y ella

quedó cual antes florida;

a la púrpura caída

sólo fue el heno fiel.

Caído se le ha un clavel

hoy a la Aurora del seno:

¡qué glorioso que está el heno,

porque ha caído sobre él!

El heno, pues, que fue dino,

a pesar de tantas nieves,

de ver en sus brazos leves

este rosicler divino,

para su lecho fue lino,

oro para su dosel.

Caído se le ha un clavel

hoy a la Aurora del seno:

¡qué glorioso que está el heno,

porque ha caído sobre él.

Luis de Góngora: (1560-1627): «Al nacimiento de Cristo Nuestro Señor«.  / Natividad.-Basílica de Vézelay (Francia) (siglo Xll)

LEER LA PINTURA

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«La pintura es una escritura que crea signos – decía el célebre historiador del arte, coleccionista y propietario de una galería,  Daniel Heny Kahnweiler  -. Una  mujer en un lienzo no es una mujer, son signos, es un conjunto de signos que leo como mujer. Cuando usted escribe en una hoja de papel m-u-j-e-r, la persona que sabe leer, leerá no sólo la palabra mujer, sino que verá por así decirlo a una mujer. Es lo mismo en pintura,  no hay ninguna diferencia. La pintura, en el fondo, no ha sido nunca un espejo del mundo exterior, no ha sido nunca como la fotografía; es una creación de signos que sólo eran leídos por los contemporáneos, después de un  cierto aprendizaje, no obstante. Los cubistas crearon signos completamente nuevos, y eso fue lo que dificultó la lectura de sus cuadros durante tanto tiempo».

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«Si, como pienso yo, la pintura es una escritura – sigue diciendo Kahnweiler en su  libro  «Mis galerías y mis pintores» (Ardora) -, es evidente que toda escritura es una convención. Así que hay que aceptar esa convención, aprender esa escritura: es lo que se suele hacer por simple costumbre. (…) ¿Sabe por qué se reía la gente? – le preguntaba el coleccionista a su interlocutor, Francis Crémieux,  comentando la reacción que produjo el cubismo -La gente no se habría reído si esos cuadros no hubieran representado nada. La gente se reía porque veía vagamente lo que representaban. Para ellos, eran caricaturas horrorosas, eran monstruos, como siempre se ha dicho. Evidentemente, veían la pierna demasiado larga según ellos, la nariz torcida. Pero como Picasso me dijo muy bien un día, y encuentro esta reflexión absolutamente admirable: «En aquel tiempo, se decía que yo ponía la nariz torcida ya en Las Señoritas de Avignon, pero la tenía que poner por fuerza torcida para que vieran que era una nariz. Estaba seguro de que verían más tarde que no estaba torcida«. ¿Entiende?, eso es lo que hizo reir. Ahora ya no hay nada que haga reir. El gran error de toda esa gente, y que mantiene su pintura en la decoración, la simple decoración, es que sus cuadros, o lo que ellos llaman así, se quedan en el lienzo, se quedan en la pared. Mientras que el verdadero cuadro no se forma más que en la conciencia del espectador. Es como en la música. La música es un ruido vago mientras no se discierna el hilo conductor. La pintura es lo mismo. Primero tiene que rehacer el cuadro uno mismo».

 Lectura de la pintura, pues, entre muchos otros temas que aquí aborda Kahnweiler con una gran capacidad didáctica, evocando las relaciones que mantuvo tanto con Braque, como con Picasso, Gris o Léger. No sólo tuvo contacto con sus obras sino sobre todo con sus personalidades. Lectura de la pintura como lectura de cualquier imagen, tal y como Alberto Manguel nos anima a hacerlo en Leer imágenes (Alianza),  contemplándolas como relato, ausencia, acertijo, testigo, comprensión, pesadilla, reflejo, violencia, subversión, teatro, memoria o filosofía. «Cuando tratamos de leer una pintura – nos dice Manguel -, nos puede parecer que ésta se hunde en un abismo de equivocaciones o, si lo preferimos, en un vasto abismo impersonal de interpretaciones múltiples». 

Podemos leer tanteando con la pupila, exponiéndonos al principio a no comprender. Y podemos leer ya con la pupila acostumbrada, paseando la vista sobre cuanto el arte nuevo nos ofrece:  un mundo distinto que nos hace precisar la visión un poco más  para contemplarlo bien.cubismo-3-gris-frutero-lyceo-hispanico

(Imágenes: Braque: vasos en una mesa.- Flickr.-Lyceo Hispánico/Picasso: mujer con mandolina.-Flickr.-Lyceo Hispánico/Gris: frutero.-Flickr.-Lyceo Hispánico)

¿QUIÉN PODRÁ NO AMAROS? (NAVIDAD, 2008) (3)

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¿Quién podrá no amaros,

Niño Dios, agora,

que el alma que os ama

a  Dios enamora?

¿Quién no os amará,

Niño, rey del cielo

si aquí sois consuelo,

y la gloria allá?

Quien al alma os ama,

y por vos hoy llora,

tanto cuanto os ama

a  Dios enamora.

Cuanto en ser de Dios

sois uno con él,

y es quererlo a él

quereros a vos;

que hay entre los dos

tal concierto agora,

que el alma que os ama

a Dios enamora.

Juan López de Ubeda.- «Villancico a la Natividad del Señor» (1580)

(Imagen.-Natividad.-Arles.-Flickr.-Lyceo Hispánico)

VENIDA ES, VENIDA (NAVIDAD 2008) (2)

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Venida es, venida

al mundo la vida.

Venida es al suelo

la gracia del cielo

a darnos consuelo

y gloria cumplida.

 

Nacido ha en Belén

el que es nuestro bien;

venido es en quien

por él fue escogida.

 

En un portalejo,

con pobre aparejo,

servido d´un  viejo

en guarda escogida.

 

 

La piedra preciosa,

ni la fresca rosa,

no es tan hermosa

como la parida.

Venida es, venida

al mundo la vida

Juan Alvarez Gato. (144o-1509)- «Cantar».

La Natividad y el anuncio a los pastores.-Giotto (1304-6)   – Padua, Capilla de los Scrovegni

CALLAD VOS, SEÑOR (NAVIDAD 2008 ) (1)

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Callad vos, Señor,

nuestro Redentor,

que vuestro dolor

durará poquito.

 

Angeles del cielo

venid, dar consuelo

a este mozuelo

Jesús tan bonito.

 

Este fue reparo

aunque él costó caro

de aquel pueblo amaro

cativo en Egipto.

 

Este santo dino

niño tan benino,

por redimir vino

el linaje aflito.

Gómez Manrique  (siglo XV)

(Imagen: Natividad.-Piero della Francesca  ( 1470 -75 )

PAPELES ROTOS DE LAS CALLES

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«Estando yo un díaescribe Cervantes en El Quijote – en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía…», y así podríamos proseguir desgranando la vocación de lector y de escritor, la auténtica vocación de sumergirse en cuanto está escrito y de escribir cuanto aún no lo está, algo que hacen siempre auténticos escritores y lectores desde su infancia, por encima de condiciones y atmósferas adversas.

Esto lo recoge muy bien Ángel Duarte en su blog remitiéndonos al texto pronunciado hace unos días por Jean- Marie Le Clézio al recibir en Estocolmo el Premio Nobel. Allí se habla de la escritura y la lectura en tiempos difíciles:

 » Dans les années qui ont suivi la guerre, je me souviens d’avoir manqué de tout, et particulièrement de quoi écrire et de quoi lire. Faute de papier et de plume à encre, j’ai dessiné et j’ai écrit mes premiers mots sur l’envers des carnets de rationnement, en me servant d’un crayon de charpentier bleu et rouge. Il m’en est resté un certain goût pour les supports rêches et pour les crayons ordinaires. Faute de livres pour enfants, j’ai lu les dictionnaires de ma grand-mère».

Una vez más, pasados los siglos, los escritores que quieren serlo se las ingenian. Se escribe en el dorso de las cartillas de racionamiento y se utiliza un lápiz de carpintero.  Como no hay otra cosa, se leen los diccionarios de la abuela. Pero se lee. Se escribe y se lee a pesar de las guerras y de las posguerras. «Y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles…», nos sigue diciendo siempre, a lo largo del tiempo, Cervantes.

La historia misma.

LE MOULIN DE LA GALETTE

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«Durante todo el tiempo que estuvo pintando Le Moulin de la Galettecuenta el hijo del pintor -, Renoir estuvo viviendo en una casucha vieja de la calle de Cortot. Los vecinos eran modestos burgueses, a los que atraía el aire sano y la baratura de los alquileres, unos cuantos agricultores y, sobre todo, familias obreras cuyos hijos e hijas bajaban todas las mañanas por la vertiente sur de la colina para ir a «destrozarse» los pulmones en las recientes fábricas de Saint-Ouen. Había ya chiringuitos y, sobre todo, Le Moulin de la Galette, donde iban a bailar los sábados por la noche y los domingos las modistillas y los horteras de los barrios del norte de París. (…) La casa de la calle de Cortot estaba en pésimo estado, cosa que no molestaba en absoluto a Renoir; pero, en cambio, brindaba la ventaja de un gran jardín en la parte trasera, a cuyos pies se extendía una vista espléndida de la llanura de Saint-Denis. En aquel oasis pintó muchos cuadros, pues nunca trabajaba en un tema único. Repetía con frecuencia: «Hay que saber tomárselo con calma». Por tomárselo con calma entendía esa pausa durante la cual los aspectos esenciales de un problema afloran desde un segundo plano para tomar la importancia real que tienen».

Todo esto lo cuenta el segundo de los tres hijos que tuvo el pintor – el gran director cinematográfico Jean Renoir, autor de «Una partida de campo» (1936), «La gran ilusión» (1937), «La regla del juego» (1939), «Esta tierra es mía» (1943) o «El desayuno sobre la hierba» (1959), entre otras varias películas -,  y que por este libro «Renoir, mi padre» (Alba) recibió el premio Charles- Blanc. La visión íntima, la sorprendente memoria de este hijo desmenuzando la vida y el trabajo de su padre, ofrecen un testimonio valiosísimo de vida y vivencias.

«Al principio veo el tema como entre una niebla- confesaba el pintor -. Sé que todo cuanto veré más adelante ya está ahí, pero no sale a flote más que con el paso del tiempo. A veces las últimas en asomar son las cosas importantes»(…) En Renoirsigue diciendo su hijo -, el cuadro empezaba con incomprensibles pinceladas sobre el fondo blanco, ni tan siquiera formas. A veces había tanto líquido, aceite de linaza y esencia de trementina en el color que éste chorreaba por el lienzo. Renoir llamaba a eso «la salsa». Gracias a esa salsa, podía en unas cuantas pinceladas crear una prueba general de tonalidad. Con eso iba cubriendo más o menos toda la superficie del lienzo, más bien toda la superficie del futuro cuadro, pues Renoir dejaba con frecuencia parte del fondo blanco sin cubrir. Tenía que ser un fondo muy puro y muy liso. Muchas veces le preparé los lienzos a mi padre con blanco de plata y una mezcla de una tercera parte de aceite de linaza y dos terceras partes de esencia de trementina. Luego había que dejarlo secar varios días. Volvamos a la ejecución del cuadro. Poco a poco se iban mezclando rasgos demoulin-de-la-galette-pintando-alojuses1 color de rosa, o azules, luego otros tierra de Siena, en perfecto equilibrio. Habitualmente, el amarillo de Nápoles y la laca de granza no aparecían hasta más adelante. Y el negro de marfil al final del todo. Renoir nunca usaba ángulos o rayas, sino trazos redondos. «En la naturaleza no existe la línea recta». En ningún momento de la ejecución se veía en el cuadro desequilibrio alguno. Desde las primeras pinceladas estábamos ante un cuadro completo, bien compensado. El problema que tenía Renoir quizá era el de calar en el tema sin perder la lozanía de la primera sorpresa. Al fin asomaba de entre la niebla el cuerpo de la modelo o el paisaje, igual, en cierto modo, que habría aparecido en una placa fotográfica sumergida en el revelador. Aspectos totalmente descuidados al principio adquirían importancia».renoir-1

Todas estas revelaciones del hijo de Renoir nos llevan de nuevo hasta la paciencia en la tarea, el saber esperar en la mezcla de los colores, el «paso atrás» en la creación que a veces he ido recogiendo en Mi Siglo. Sin conocerse muchos de esos artistas – sean ellos escritores, músicos o pintores- sus procedimientos son similares. Es el proceso de toda creación, proceso admirable y en tantas ocasiones asombroso.

(Imágenes: Auguste Renoir. «En «Le Moulin de la Galette».-1876.-París.-Louvre (Jeu de Paume)/postal: un artista pintando ante Le Moulin de la Galette/ el director cinematográfico Jean Renoir)

MODOS DE VER

«Cada vez que miramos una fotografía somos conscientes, aunque sólo sea débilmente, de que el fotógrafo escogió esa vista de entre una infinidad de otras posibles. Esto es cierto incluso para la más despreocupada instantánea familiar. El modo de ver del fotógrafo se refleja en su elección del tema. El modo de ver del pintor se reconstituye a partir de las marcas que hace sobre el lienzo o el papel. Sin embargo, aunque toda imagen encarna un modo de ver, nuestra percepción o apreciación de una imagen depende también de nuestro propio modo de ver».

John Berger.-«Modos de ver» ( Gustavo Gili)

«LA CHICA DE AUGHRIM»

Cuando comienza la canción «La chica de Aughrim» que va envolviendo poco a poco a Anjelica Huston conforme baja la escalera en «Dublineses«, la «epifanía» – tal y como la llamaba Joyce – se va haciendo realidad. A esa «epifanía» ya me referí en Mi Siglo el 12 de abril de este año  y como ilustración a aquello habría que añadir lo que dice Richard Ellmann (Anagrama), en su biografía de Joyce, recordándonos la importancia de esa canción en el cuento «Los muertos» del gran libro «Dublineses» (Alianza). «La chica de Aughrim» habla de una mujer que había sido seducida y abandonada por Lord Gregory y que acude con su hijo bajo la lluvia a pedir acceso a su casa. Esa es la melodía que hace entrecerrar los ojos a Gretta , que la envuelve casi por completo y que la obliga a detenerse en la escalera. Su marido, Gabriel Conroy, que la contempla desde abajo, no presta atención a la letra: se abstrae viendo escuchar la canción a su mujer.

Cuando la canción acaba, Gretta (Anjelica Huston) parece como si despertase, como si le recorriera un levísimo estremecimiento interior. Sale de esa melodía, – sale de la «epifanía» – de nuevo desciende un escalón y entra en la realidad.

INFANCIAS DE ESCRITORES

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La pupila del niño que aún no sabe que va a ser escritor pero que está destinado a serlo pasea la cámara de los ojos por la calle de la niñez, la pasea muy despacio, y va filmando los recuerdos que un día dejará en el papel:

«Desde el Hotel Regina, desde el emporio madrileño de la calle de Alcalá, donde mi padre trabajaba, hasta aquella casa de Guillermo de Osma – cuenta Medardo Fraile -, las viviendas se iban haciendo más bajas; los árboles, desenfilados y ralos, más frecuentes; los bares más sucios. Carros y, a veces, cabras y ovejas, acompañaban la perezosa marcha de los tranvías y, junto a las aceras, no era extraño encontrarse un gato muerto, tieso, el pelo brillante, la sonrisa roja y un ojo en desvarío. Los solares emanaban un vaho fétido al sol y se oía, de vez en cuando, enganchar vagones, o el resuello domado de un tren avanzando en vía muerta, o pitidos anémicos que parecían pregonar el hambre de los campos. Había puestos de sortijas y puestos de avellanas, de carteras y cintas, de llaves y altramuces y, en balcones y ventanucos oscuros, colgaban jaulas de canarios, colorines y grillos; el grillo preso plañía su carcelera sobre la lechuga y le contestaba el grillo libre del solar, acechado, entre las ortigas, por la boina ociosa de un viejo».alcala-8-en-1900-skyscrapercity

La pupila de un niño que aún no sabe que va a ser escritor pero que está destinado a serlo sigue con los ojos aquel Madrid del primer cuarto del XX – los detalles, los objetos -, un Madrid que le va entregando todos los recuerdos que un día dejará en el papel.

«Había plantas también, en latas de arenques y en tiestos; geranios, hortensias, claveles, albahaca, verbena. El sol salía para todos, caldeaba las panzas de los churumbeles desnudos y dejaba, al marcharse, una capa de polvo que parecía descansar por las noches del azacaneo transeúnte. El que usaba sombrero era un tratante en burros: el que llevaba bastón estaba enfermo o era mayoral, pastor o reñidor; el que lucía corbata, alfiler de corbata y, a veces, camisa a rayas, era carterista».alcala-5-antique-printsde

Luego la pupila del niño que aún no sabe que va a ser escritor sube de dos en dos las escaleras de la infancia, trepa hasta esa buhardilla a la que aún no ha subido nadie, y rebusca, encuentra palabras que un día dejará en el papel.

«La hucha de mi vocabulario – sigue diciendo Medardo Fraile en «El cuento de siempre acabar. Autobiografía y memorias», que pronto publicará Pre-Textos – se iba enriqueciendo, palabra a palabra: cortijo, garrota, artesa, bardas, altramuz, crujía, jaráiz, chinero, alacena, dompedro, granero, murciélago, aguador, espliego o alhucema, poyo, fuente de taza, arreos, galería, romero, esparto, tábano, vencejo, tórtola, colorín (jilguero), reja, cochera, cuadra, muralla, arrezú (paloluz), feria, era, trillo, alberca, tejeringo, olivo y tantas otras que comenzaron a salir de mis labios como agua de bautismo fecunda y fresca».

La pupila del niño que aún no sabe que va a ser escritor pero que está destinado a serlo baja corriendo otra vez las escaleras, lleva en la mente los recuerdos, procura que no se le escape ninguno, busca cuanto antes una mesa, y dándose cuenta de que de pronto se ha hecho mayor, comienza muy despacio a escribir.

(Imágenes: calle de Alcalá en 1928.-skyscraperCity/ calle de Alcalá en 1900.-skyscraperCity/ Cibeles.-antique-prints.de)

VIAJE ALREDEDOR DE MI CUARTO

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«He emprendido y llevado a cabo un viaje de cuarenta y dos días alrededor de mi cuarto.(…) El placer que encuentra uno en viajar por su cuarto está al abrigo de la envidia inquieta de los hombres; es independiente de la fortuna.(…) Mi cuarto está situado bajo el grado cuarenta y cinco de latitud, con arreglo a las medidas del padre Beccaria; su orientación es de Levante a Poniente; forma un cuadrilátero alargado que tiene treinta y seis pasos de perímetro siguiendo la rasante del muro. Mi viaje será más largo aún que esta medida, pues con frecuencia atravesaré la habitación a lo largo y a lo ancho o la cruzaré diagonalmente sin sujección a regla ni método. Incluso haré zig-zags y recorreré todas las líneas posibles en geometría si la necesidad lo exigiera. No me gustan las personas que son tan dueñas de sus pasos y de sus ideas, y que dicen: «Hoy haré tres visitas, escribiré cuatro cartas y terminaré este trabajo que he empezado«. No, no hay ninguno más atrayente, a mi modo de ver, que seguir la pista a las ideas, como el cazador persigue la pieza sin seguir un determinado camino. Por eso, cuando viajo por mi cuarto, difícilmente sigo una línea recta; voy desde mi mesa hacia un cuadro colocado en un rincón; desde allí me dirijo oblicuamente para ir a la puerta; pero aunque mi intención al partir sea la de llegar hasta allí, si encuentro mi butaca en el camino, no titubeo entonces y me acomodo en ella inmediatamente».

Así continúa describiendo Xavier de Maistre en 1794 sus reducidos y a la vez imaginativos paseos en «Viaje alrededor de mi cuarto» que ahora lanza en una nueva edición Funambulista. Al releerlos se comprende que haya escapatorias de memoria y de fantasía, de creación cerebral de puertas y salidas en muchos seres humanos privados de libertad. Los ejemplos son múltiples, siempre lamentables, y algunos muy recientes.  Xavier de Maistre nos va mostrando la importancia de salir mentalmente de un cuarto sin abandonarlo, urdiendo cómo abandonarlo, como hizo Bresson en el cine con Un condenado a muerte se ha escapado.bresson-un-condenado-a-muerte-se-ha-escapado-spcfotologsnet

La imaginación, la voluntad de evadirse y de emprender un viaje exterior desde el interior, las astucias para contemplar el cuarto como si fuera el mundo y avanzar sobre ese mundo que aún no vemos como si ya fuera nuestro, son agudos resortes que nos abren el balcón de la libertad. El cuarto es un estrecho sótano o una selva de Colombia.  Aún no tenemos libertad y sin embargo ya la tenemos. Nadie sabe que tenemos libertad porque nos ven encerrados. Viajamos alrededor del encierro y cada paso que damos es libre. Nadie nos quitará ya la libertad.

(Imágenes: Maasten  Kolj.-foto: Miep Jukkema-press.-designacademy.nl/ escena de «Un condenado a muerte se ha escapado» de Robert Bresson)

VENECIA, EL SILENCIO, LOS RUIDOS

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La Red me trae el texto de Una temporada en el infierno con el regalo del catálogo veneciano de la Fundación Beyeler y la Red me lleva a  la evocación de otro texto mío, recuerdo de una de las visitas a aquella ciudad.

» Entré en San Marcos ayer a las doce en punto de la mañana. Los dos moros de bronce tocaban en ese instante las campanas. Escribir sobre la plaza de San Marcos…: a pesar de ello cada encuentro tiene un significado nuevo y cada ojo humano descubre un signo, sea original o repetido, que conserva todo su encanto. Creo que ha de penetrarse en San Marcos con el espíritu desnudo de turismo. La invasión turística ya se encargará de transmitirnos todo su eco mecánico, artificial y falso. Pero el centro de la belleza, el corazón de lo  maravilloso y de lo insólito, debe llegarnos directamente, sin el obstáculo de las prevenciones, como un tiro de gracia: con sorpresa, como un disparo que lanza la belleza al cuerpo. San Marcos, nueva plaza para mi memoria, invadida, alborotada, orquestada por las palomas. Fomentan el turismo estas palomas de San Marcos. Caminan a pasos cortos; con sus patas rojas se amontonan, revolotean, se picotean breve y fieramente en una guerra intestina en busca de los granos de maíz. Es necesario levantar la mano a media altura y no bajarla, no arrodillarse: levantar la palma repleta de granos y sentir en la piel  las puntas de estos picos que no hacen daño, que a una velocidad asombrosa devoran los copos sin fallar un solo golpe, con una voraz y consumada maestría. El rumor que acompaña a estos banquetes es únicamente el del aleteo, clásico aleteo registrado en las postales y en los filmes: ese volar muy leve, como una onda o como un golpe de viento».venecia-0008-edouard-manet-el-gran-canal-de-venecia-1874-fundacion-beyeler

» Curiosos estos ruidos de Venecia. El oído humano, acostumbrado a la tensión del tráfico y a su trepidación, encuentra aquí sonidos distintos: el motor ronco, no muy fuerte, de las motonaves de pasajeros; un levísimo chapoteo en el agua: el único remo de estos gondoleros, uniformados con jerseys a listas, inclinándose e irguiéndose: todo a un ritmo acompasado, como un rito, un movimiento permanente realizado con sumo cuidado para rendir pleitesía al turismo y elevar la cifra de las divisas. Estos son los rumores venecianos. Y las pisadas. Pisadas de hombres. Los hombres sobre los puentes, en el laberinto de las estrechas calles; los hombres andando por fin con total libertad, sin semáforos, sin el sobresalto de los claxons; los hombres pisando y paseando sobre la tierra. En su reino.

El resto, como en una frase de Shakespeare, es silencio. Una ciudad extendida sobre el silencio. La voz del hombre y sus pasos dominando esta sensación de paz en la ciudad más sorprendente del mundo. Anteanoche, cuando venía en el pequeño vapor desde la estación hacia el Lido y el cielo se había cerrado bruscamente, la noche comenzaba y Venecia entera, oscurecida, se me ofrecía como una estela de agua y de fachadas cada vez más asombrosas, comprendí el encanto de este lugar en donde pintores y escritores vienen a beber el lenguaje de los sueños. Aquí estuvo Thomas Mann. La muerte: precisamente La muerte en Venecia y no otra cosa. Aquí han estado Dostoievski, Somerset Maughan, Simenon, por nombrar a cuatro escritores diversos que recuerdo en este momento. Cuando había pasado ya bajo el puente de Rialto, la tormenta se anunció sobre la ciudad con su primer trueno. Estaban encendidas las luces de los farolillos en las dos orillas; en las casas, por el fuerte calor con sus ventanas abiertas, se vislumbraban rostros, tapices, cuadros. Una mujer se peina ante el espejo; un niño se recorta en el umbral de una habitación; un hombre, con la cabeza vuelta hacia fuera, observa los temblores del cielo. Todo ello se contemplaba desde el vaporcito. A mis pies, el agua casi negra hacía espuma… y el rumor, el rumor del motor atravesando el Gran Canal mientras unas gruesas gotas hacían batir el río…» («El artículo literario y periodístico». Paisajes y personajes.-págs 240-242)

(Imágenes: Pietro Fragiacomo: «Venecia, Plaza de San Marcos», 1899.- Fundación Beyeler/ Edouard Manet: «El Gran Canal de Venecia», 1874.-Fundación Beyeler)

CINE Y MISTERIO

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La publicidad es indudablemente necesaria pero a veces puede matar a la belleza. Si la Quinta de Beethoven o su Himno a la Alegría acompañan a un producto radiofónico o televisivo para potenciar su consumo toda la capacidad de admiración que la música encierra queda reducida o quizá tal vez anulada. Eso más o menos ha recordado el director de cine polaco Krzystof  Zanussi en interesantes declaraciones hechas estos días a su paso por Madrid.

«La publicidad – ha comentado – tiene el poder de destruir la belleza, hacerla kitsch y predecible. Si la belleza es previsible, es falsa e inaceptable. Si yo veo el sol ponerse en el horizonte, ya lo asocio a la publicidad de Egypt Air, por ejemplo. Ya no puedo utilizar esa imagen en mi cine, porque la han banalizado. Muchas imágenes, nobles en su origen, han sido banalizadas y ya no funcionan».

Pero acaso lo más relevante de las propuestas del cineasta polaco sean las que se refieren directamente al cine como trabajo creativo y las que aluden directamente a las nuevas generaciones. Las incluyo hoy en Mi Siglo:

¿Qué cualidad valora usted más en un alumno de cine? – le han preguntado para un periódico.
-» Para mí, hacer cine – ha dicho Zanussi – significa comunicar a los otros una cierta sabiduría y una cierta experiencia, experiencia acumulada por los siglos en las estructuras narrativas. Eso es lo primero que les planteo a los alumnos: si no hay nada en su experiencia digno de ser contado, no creo que me pueden contar las historias de los demás; si llevan una vida banal, da igual los estudios que tengan. Lo que importa es la experiencia de vida. En Rusia, los estudiantes de los últimos años tienen unas biografías fascinantes. Muchas veces falta talento, pero la vida que cuentan esos jóvenes de 24 o 26 años es muy rica, muy compleja y dramática. En cambio, otros alumnos occidentales sólo pueden contarme lo que conocen de la televisión. Pero eso no me interesa como cineasta. Eso puede valer para las telenovelas, en las que no hay expresión de la sensibilidad particular de una persona.

¿Por qué este último tipo de trabajo no le parece creativo?
No es nada creativo porque no hay contacto con el Misterio. Sin el contacto con el Misterio, no hay creatividad. El Misterio tiene que ver con nuestros deseos de entender la vida. La relación con el Misterio es un proceso muy dramático y dinámico. Tendemos al infinito, damos pasos hacia él, pero el infinito es siempre inalcanzable. El problema es el contrario: cuando falta el Ideal y la gente se contenta con la vida tal como es. Cuando eso ocurre, ya no hay nada que contar en una película.

Hoy hay, más que nunca, jóvenes que manejan muy bien las técnicas audiovisuales, pero no hay mejor cine.
Saber sólo técnica cinematográfica es como saber sólo caligrafía. ¿De qué sirve? ¿Qué me importa si Dostoyevski tenía una buena caligrafía? En el audiovisual tener sólo buena caligrafía te puede servir para la publicidad o para cierta televisión. No para el cine.

Usted habla del valor de la propia experiencia, pero no todas las grandes películas se basan en la experiencia personal del director.
No quiero decir que sea obligatorio para cada autor contar su biografía. Al contrario, eso es algo excepcional. Me refiero a que, con cierta experiencia de la vida, es más fácil hacer un diagnóstico de la existencia. Muchos jóvenes de hoy no sienten la necesidad de diagnosticar la vida, de preguntarse por qué las cosas duelen, por qué las cosas van mal… En los guiones de muchos jóvenes realizadores occidentales actuales, cada escena representa una visión del mundo separada, distinta de la siguiente: no hay una visión coherente, sólo se tratan aspectos por separado. Esta fragmentación de la visión del mundo es el motivo por el que muchas veces las películas carecen de integridad».

También él ha añadido: «Es un  privilegio encontrar alguien que te dedique dos horas de su vida en una sala de cine. De todos los recursos del planeta hay uno que se ha agotado: la capacidad de atención. Por ello es un privilegio ser escuchado. Un privilegio, no un derecho».

Interesantes reflexiones que nos ayudan a pensar.

(Imagen: foto: Ralph Gilson)