LA VERDAD DE LA CIENCIA FICCIÓN

lector-le-liseur-por-edouard-vuillard-189o-musee-dorsay-olgas-galleryA veces en un blog no hay más que repasar las noticias de hoy, las noticias que un escritor firmó hace cincuenta y seis años  y que aparecen ahora entre la marejada de planes educativos:

«Los años de Universidad se acortan, la disciplina se relaja, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonan, el idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi completamente ignorados. La vida es inmediata, el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo. ¿Por qué aprender algo, excepto apretar botones, enchufar conmutadores, encajar tornillos y tuercas?»

Escrito por Ray Bradbury en «Fahrenheit 451» (  1953 ) creí que era una noticia de esta mañana, pero estaba ligeramente equivocado: era tan sólo la verdad que encierra muchas veces la ciencia ficción.

(Imagen.-Lector.-por Édouard Vuillard.-189o.-Musée d`Orsay.-Olga `s Gallery)

CABALLOS DE DEGAS

degas-3-foto-frank-horvat«Entre 1866 y 189o – cuenta John Berger -, Degas realizó una serie de pequeños caballos en bronce. Todos ellos revelan una observación intensa y lúcida. Nadie antes que él – ni siquiera Géricault – había representado los caballos con un naturalismo y una expresividad tan magistrales. Pero hacia 1888 tiene lugar un cambio cualitativo. El estilo sigue siendo exactamente el mismo, pero la energía es distinta. Y la diferencia es flagrante (…) Los primeros bronces son de caballos vistos, maravillosamente vistos, ahí fuera, en el mundo que pasa a nuestro lado, el mundo observable. En los últimos, los caballos no son sólo observados, sino degas-2-foto-frank-horvattambién temblorosamente percibidos desde dentro. El artista no sólo ha percibido su energía, sino que se ha sometido a ella, la ha sufrido, soportado, como si las manos del escultor hubieran sentido la terrible energía nerviosa del caballo en la arcilla que estaba manipulando».

Estamos lejos del ballet de medusas, de las bailarinas, de las catedrales de seda flotante de las que hablaba Válery. Estamos lejos de las largas cintas envueltas en ondulaciones, etéreas en sus movimientos, danzando entre la luz y la sombra de los escenarios de Degas. Ahora es el caballo, el trote y el ritmo del galope y también la quietud.degas-4-foto-horvatland

«La fecha de este cambio – sigue diciendo Berger en «El tamaño de una bolsa» (Taurus) -, coincide con su descubrimiento de las fotografías de Muybridge, que mostraban por primera vez en la historia cómo se mueven realmente las patas de un caballo al trote o al galope. Y su uso de estas fotos concuerda perfectamente con el espíritu positivista de la época (…) La naturaleza pasa de objeto a sujeto de la investigación. Las obras tardías parecen acatar todos los requisitos del modelo más que la voluntad del artista. degas-6-1860-metropolitan-museum

Pero tal vez, podríamos equivocarnos con respecto a la voluntad del artista. Por ejemplo, nunca esperó que sus esculturas se exhibieran: no estaban hechas para ser acabadas y presentadas al público. No era eso lo que le interesaba.

Cuando Ambroise Vollard, el marchante de los impresionistas, le preguntó que por qué no fundía en bronce algunas de sus pequeñas esculturas, él contestó que se sabía que esa aleación de cobre y estaño conocida como bronce era eterna y que nada odiaba más que lo que quedaba fijado para siempre. De las setenta y cuatro esculturas de Degas que existen hoy en bronce, todas menos una fueron fundidas después de su muerte. En muchos casos las figuras originales, modeladas en arcilla o cera, estaban deterioradas o medio deshechas. Otras setenta estaban demasiado estropeadas para poder salvarlas.

¿Qué podemos deducir de todo esto? Las estatuillas ya habían cumplido su objetivo. No eran bocetos o estudios preparatorios de otra cosa. Habían sido modeladas por ellas mismas, pero habían cumplido su objetivo: habían alcanzado su punto culminante y, por consiguiente, podían ser abandonadas».

Así quedaron aquellos caballos modelados en arcilla o en cera, estampas de animales que iban siendo creadas por las manos de Degas y que en su minuciosa menudencia, mientras eran trabajadas por los dedos, escuchaban quizá en el silencio del taller aquel  viejo himno de los indios de Asia:

«La cabeza corresponde a la mañana;

Los ojos representan el sol;

La boca abierta designa el calor natural;

El cuerpo entero representa todo el año;

Los miembros son las estaciones;

Las articulaciones indican los meses;

La carne sugiere las nubes;

La crin indica los árboles;

El lomo es el paraíso;

Los huesos son las estrellas fijas;

Los vasos sanguíneos significan los océanos;

El hígado y el bazo representan las montañas;

El bostezo es el rayo;

Sus espumarajos representan el trueno;

El sudor de su piel evoca la lluvia;

Y su relincho, la palabra».

(Imágenes: 1.-caballo encabritado.-cera roja.-foto Frank Horvat/ 2.-caballo al paso marcado.-cera roja.-foto Frank Horvat/ 3.-caballo encabritado.-cera roja.-foto Frank Horvat/ 4.-caballo en el abrevadero.-Metropolitan Museum)

LOS CUADROS ÚLTIMOS

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«El artista tiene «un ojo«, pero no a los quince años; ¿y cuántos días le hacen falta a un escritor para escribir con el sonido de su propia voz? La visión soberana de los más grandes pintores, es aquella de los últimos Renoir, los últimos Tizianos, los último Hals – parecida a la voz interior del Beethoven sordo – la visión que brilla en ellos cuando han comenzado a volverse ciegos». Estas palabras de Malraux en «Las voces del silencio» son una especie de «leiv-motiv» en él. Este Malraux, tan denostado en algunas biografías pero al que yo siempre he considerado un gran prosista y un excelente conocedor de las formas del arte, vuelve a decir en «Saturno, El Destino, el Arte y Goya«: «Goya pinta aún, en esta poderosa luz donde la aproximación de la muerte le une a Tiziano, Hals, Rembrandt, Miguel Ángel, viejos cansados de la vida, perotiziano-autorretrato-1566-museo-del-prado-web-gallery-of-art no de la pintura, distraídos en fin de los hombres y que no pintan más que para ellos mismos. Los pintores conocen la vejez, pero su pintura no la conoce…» El poderío de la edad tercera, o mejor aún, la sabiduría de esa edad, les hace pintar para ellos mismos». El ojo y el oído parecen haberse entrecerrado pero están en cambio completamente abiertos a los sonidos y paisajes interiores, ajenos ya a muchos de los criterios del mundo. Han atravesado esas edades a las que Apuleyo se refería al hablar de los mirlos, en apartados desiertos, cuando «balbucean el canto de la infancia», a los ruiseñores, que gorjean «el canto del tiempo juvenil» y a los cisnes que «ensayan el himno de la vejez«. Malraux, que tanto evoca igualmente la sordera de Beethoven y sus últimos hallazgos, quizá tuviera presente lo que Plutarco dice del deterioro del oído y que Ramón Andrés recoge en ese libro tan excepcional, «El mundo en el oído» (Acantilado). Los músicos, conforme envejecen, dice Plutarco, «componen en un tono más agudo y duro», del mismo modo que con el transcurrir de los años – señala Andrés – los ancianos leen mejor de lejos que de cerca».

En cualquier caso, Malraux soñaba con poder organizar algún día la exposición «La ancianidad de los maestros«. Allí estarían los ojos y los oídos atentos al interior, mirando las pupilas el resplandor de la ceguera y escuchando los oídos cómo la sordera les dicta.

(Imágenes:Frans Hals.-Retrato de mujer.-1665.- city museumn and Art Galleries- hull- web gallery of Art/ Tiziano.-Autorretrato.-1566.-Museo del Prado.-web gallery of Art)

IMITADORES DE BORGES

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«El mismo Borges, en muchas páginas repetitivas, se parece a sus flojos plagiarios –  escribe Claudio Magris en una extraordinaria semblanza recogida en Utopía y desencanto (Anagrama)-; no es ciertamente un intelectual y ni siquiera es verdaderamente culto, porque su enorme erudición es un centón de motivos más acumulados que verdaderamente asimilados, pero sabe ser, a ratos, un gran poeta de lo elemental, de esa sencillez suprapersonal que nos afecta a todos y  cada uno, y sabe expresar la luz de una tarde, la caída de la lluvia, la cercanía del sueño, la sombra de la casa natal o la frescura del agua que regocija en un espléndido relato, las especulaciones de Averroes. (…) Algunos de sus relatos parecen apenas el genial esbozo de un relato que está todavía por escribir (…) Para consolar y engañar a sus imitadores, el actor – (Magris recuerda que en junio de 1986 «los teletipos anunciaron la muerte del actor Borges», no del autor Borges)  -ha fingido complacerse con el jaque en que la literatura pone a la existencia».borges-a-bucarestcervanyeses

 Siempre me ha interesado la imaginativa relación entre Borges y sus imitadores, aquellos que seguían sus pasos literarios consciente o inconscientemente y posiblemente para evocarlos escribí hace años este texto:

IMITACIÓN

«Ha contado muchas veces María Kodama, la viuda de Borges, en varias entrevistas por el mundo, que el gran escritor argentino autor de El Aleph dejó un cuento inconcluso. Comenzó a dictarlo la tarde del día de Navidad de 1981, hacia las seis o seis y media, al volver de un almuerzo en casa de Viviana Aguilar, una muchacha de veinticuatro años que desde hacía tiempo ayudaba a Borges en sus trabajos. Sentado en el sofá de la calle Maipú, sin duda algo fatigado, descansando las manos en el mango del bastón y el mentón apoyado a su vez en sus manos, Borges empezó a silabear muy despacio las primeras palabras de un relato mientras sus pupilas vagaban blancas por el techo.

—Este será el último —le susurró a Viviana antes de empezar a dictarle.

No se estremeció. Borges tenía entonces ochenta y dos años.

Aquel cuento careció de título durante mucho tiempo. Para Borges los títulos eran difíciles y éste se le mostró esquivo hasta el mismo día anterior a su muerte, el 13 de junio de 1986, estando enfermo en Ginebra. “Tumbado allí —confesó María Kodama—, en la penumbra de aquel apartamento de la Grande Rue 28, decidió que el relato se titularía Imitación, y añadió sonriendo débilmente, “si es que el cuento se deja terminar”, o “lo dejan terminar”.

Y es que, efectivamente, aquel cuento no se dejaba terminar pero tampoco avanzar y ni siquiera iniciar, aunque a todo aquello Borges estaba muy acostumbrado. Su último relato, La memoria de Shakespeare, había tardado casi dos años en concluirlo con la excusa de los avatares de los viajes, pero éste se le estaba resistiendo desde el principio: las frases huían por las rendijas de su imaginación. Cuenta Viviana Aguilar en sus escuetos Recuerdos publicados en México, que aquella primera tarde del dictado, Borges hizo lo que siempre solía cumplir con ella: como si de un bastón se tratase, los ojos ciegos del escritor, es decir, sus pupilas en niebla, fueron palpando muy despacio el aire desde la orla del párpado hacia arriba, tanteando sus globos oculares aquí y allá aquel cuarto de la calle Maipú y mirando a uno y otro lado por si cruzaban las palabras. Se asombraba Borges de tanto silencio.

Aquella noche el autor de Emma Zunz no durmió. Conocía muy bien los insomnios y pacientemente se dedicó a recitarse a sí mismo una y otra vez la carta que Goethe envió a von Humboldt explicándole la concepción de Fausto, una tarea que llevó encima el alemán sesenta años. Agotado y ya de madrugada intentó enumerar los sueños que había tenido y quedó derrotado. A las siete se levantó y telefoneó a Bioy Casares:

—Adolfito —le dijo tenso, como solía estar Borges en ciertos momentos—, creo que se me está olvidando escribir.

Fue (o pareció) aquello una dolencia pasajera. Pero estuvo sin dictar —lo que él llamaba escribir en la niebla— muchas semanas. “Tengo el cuento entero en la cabeza, su principio y su final, su espantoso final”, le confesó una tarde a Viviana. Ella copió aquello creyendo que ese era el principio del cuento, como tantas otras veces sucedía, pero Borges negó con su mirada perdida y su sonrisa blanda y se lo hizo destruir.

Al cabo de unos meses Borges reanudó sus viajes por el mundo. En 1982, en julio, sentado y solitario en el vestíbulo del Hotel Palace de Madrid, la mano siempre en su bastón, escuchó cómo su memoria le dictaba una vez más aquel cuento aún no escrito, y fue siguiendo y adivinando en el aire las palabras intentando hilvanarlas como cuando de niño le leía su madre. La memoria le iba dictando muy despacio cinco o seis palabras aisladas y él esperaba pacientemente a que la memoria se las repitiese. El índice de la mano derecha de Borges seguía en el aire la página invisible y aguardaba a que la memoria prosiguiera. Pero de repente la memoria cambió. Ahora no sólo le empezaba a dictar el próximo cuento que él debía escribir sino retazos de cuentos que iban a escribir en el futuro sus imitadores. Anillados, fueron saliendo muy despacio del laberinto de su mente trozos de diálogos, rasgos inacabados de personajes, escenas rotas, pero sobre todo un tono borgiano que Borges reconoció enseguida casi como suyo, pero que no era de él. Tan sólo una imitación. Eran pamemas de estilo, lisonjas de adjetivos, pálidos alientos de prosa, temas de cuchillos, espejos y tigres que él conocía muy bien. Convulsionado, se levantó y se fue.

Aquello volvió a ocurrirle aún dos veces más. En una avenida de árboles de Ginebra tuvo que volver la cabeza sorprendido al oír de lejos risas y pastiches de cierta obra suya que el viento le traía entre las ramas. No podía palpar la distancia pero reconocía muy bien a otros Borges futuros y falsos que venían burlándose por la avenida remedando al Borges auténtico. Le sucedió eso sentado en un banco en 1983, en un desapacible noviembre.

Tardó cuatro meses en olvidarlo. El sueño de que le perseguían otros Borges persiguió a sus sueños primeros de Nueva York y éstos a su vez persiguieron a sueños que tuvo después en Nueva Orleans. Unas y otras pesadillas le llevaron al insomnio al principio en Venecia y luego en Tokio. “A veces —le dijo inclinándose un día hacia su amiga María Esther Vázquez— estoy terriblemente fatigado. Casi todos los lugares son iguales y la gente es la misma con ligeras variantes”. Oyó Borges lo que acababa de decir y el eco le devolvió la frase trastocándola: “A veces estoy terriblemente fatigado. Casi todos los sueños son iguales y Borges es el mismo con ligeras variantes”.

La segunda vez que le ocurrió aquello no supo que era la definitiva. Fue en 1986. Tumbado en el apartamento ginebrino de la Grande Rue 28, arrumbados ya hacia un lado su bastón egipcio, su cayado irlandés y el preferido de todos, su bastón rústico, un Borges transparente y consumido por el cáncer intentó fatigosamente levantarse para ir al escritorio. Sentado al fin ante la blanca cuartilla silabeó muy despacio y con gran melancolía: I—mi—ta—ción. Y comenzó débilmente a dictar: Ha contado muchas veces María Kodama Pero de repente oyó detrás de él un pequeño ruido, acaso un estertor, y se detuvo. Apenas volvió la cabeza. Borges en la cama se moría y él no quiso llegar hasta el final». («Espéculo».-Revista de Estudios Literarios.-número 32)

(Imágenes: Borges.-upload.wikimedia/ Borges.-bucarest. cervantes.es)

BACH EN EL JARDÍN

bach-8-wikimedia-commonsCuenta J. M. Coetzee en una conferencia pronunciada en 1991 que, cuando él tenía quince años, mientras paseaba por el jardín de su casa en los suburbios de Ciudad del Cabo, oyó música en la casa de al lado. «Mientras duró la música – confiesa Coetzee -, me quedé helado, sin atreverme ni a respirar. La música me hablaba como nunca antes me había hablado. Lo que estaba escuchando era una grabación de «El clave bien temperado» de Bach para clavicémbalo.(…) Llegó aquella tarde en el jardín, y la música de Bach, después de la cual todo cambió. Fue un momento de revelación que tuvo una gran transcendencia en mi vida porque, por primera vez, recibía el impacto de lo clásico«.

Coetzee profundiza en qué es lo clásico. Horacio – recuerda el Premio Nobeldice, de hecho, que si una obra pervive cien años después de ser escrita debe de ser un clásico. Pero Coetzee llega a algo más. Treinta y seis años después de aquella tarde en el jardín parece como si el profesor y el novelista se asomaran a la ventana del tiempo para verse a sí mismo recibiendo a Bach, pero tampoco a Bach, sino recibiendo a la música, pero tampoco a la música, sino recibiendo al fin la potencia y la supervivencia de lo clásico en su vida y en muchas otras más.jardin-botanico-kistenbosch-ciudad-del-cabo-mundoenred

«¿Ha pasado desde 1955 suficiente tiempo, y he cambiado lo bastante, para empezar a comprender mi primera relación con el clásico – que es una relación con Bach – de un modo histórico?, se pregunta Coetzee. (…) En un primer sentido, el clásico es aquel que supera los límites del tiempo, que retiene un significado para las épocas venideras, que «vive». En un segundo sentido, una buena parte de la música de Bach pertenece a lo que vagamente se denomina «los clásicos», la parte del canon de la música europea que aún se interpreta con relativa frecuencia en todo el mundo, aunque no demasiado a menudo ni ante auditorios particularmente masivos».

Pero quizá lo más interesante de la conferencia de Coetzee («¿Qué es un clásico?.- «Costas extrañas» (Debate), sea el final, cuando se refiere a «nuestro gran poeta contemporáneo de los clásicos», al  polaco Zbigniew Herbert. «Para Herbert – escribe Coetzee -, lo opuesto de lo clásico no es lo romántico, sino lo bárbaro; aún más, lo clásico frente a lo bárbaro no es tanto una oposición como una confrontación. Herbert escribe desde la perspectiva histórica de Polonia, un país con una cultura occidental asediada intermitentemente por vecinos bárbaros. No es la posesión de alguna cualidad esencial la que, según el punto de vista de Herbert, permite a un clásico soportar el asalto de los bárbaros. Más bien, lo clásico es aquello que sobrevive a la peor barbarie, aquello que sobrevive porque hay generaciones de personas que no se pueden permitir ignorarlo y, por tanto, se agarran a ello a cualquier precio».

Cada uno tiene su clásico (o clásicos)  a los que acudir. En música, en literatura, en teatro, en cine, en arte. Cada uno habrá vivido quizá una tarde en un especial jardín, a cualquier edad – un jardín natural o íntimo -, en donde lo clásico se le habrá revelado de repente, con esa profundidad pasmosa que transmite la serenidad de la supervivencia por encima de los siglos, dominando a cualquier asedio de los bárbaros. Cada uno conocerá la barbarie que llega, con la polvareda que lo circunstancial levanta en el horizonte. Cada uno sabrá cómo se llaman los bárbaros y  en cuántos clásicos deberá refugiarse cada vez para no sucumbir a las inclemencias del tiempo.

(Imágenes: Juan Sebastián Bach.-wikimedia. Commons/ jardín botánico Kistenbosch.-Ciudad del Cabo.-mundoenred)

LA VIDA EN MADRID

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Madrid se nos aparece en la Historia, asoma entre los textos de literatos y periodistas, muestra de pronto las capas de su pasado, todos los sótanos ocultos bajo plazas y calles, y la mirada y la pluma de los que escribieron nos cuentan otra vez los cotidianos paseos de los que observaban, anotaban, iban contando a todas las gentes – a todos los lectores – cuanto ocurría. 

Así Larra, el gran periodista – tan vigente hoy con su ojo en observación -, querrá narrarnos el Madrid del XlX :

«La mirada de este gran escritor de costumbres se fijará, por ejemplo, en la actividad periodística descendiendo a situaciones que él retrata con gran visión cómica: “¿Quién me responde ‑se pregunta‑ de que algún maldito yerro de imprenta no me hará decir disparate sobre disparate? ¿Quién me dice que no se pondrá Camellos donde yo puse Comellas, Torner donde escribí yo Forner, ritómico donde rítmico y otros de la misma familia? ¿Será preciso imprimir yo mismo mis artículos? ¡Oh qué placer el de ser redactor! ¡Santo cielo! ¿Y yo deseaba ser periodista? Confieso como hombre débil, lector mío, que nunca supe lo que quise: juzga tú por el largo cuento de mis infortunios periodísticos, que mucho procuré abreviarte, si puedo y debo con sobrada razón exclamar ahora que ya lo soy: ¡Oh, qué placer el de ser redactor!» madrid-calle-de-toledo-1890 

 “Como a aquellas horas ‑escribe Larra el 12 de diciembre de 1834 en su artículo «La vida en Madrid«‑ no tengo ganas de volverme a dormir, dejo los periódicos; me rodeo al cuello una echarpe, me introduzco en un sobretodo, y a la calle. Doy una vuelta a la Carrera de San Jerónimo, a la calle de Carretas, del Príncipe y de la Montera, encuentro en un palmo de terreno a todos mis amigos que hacen otro tanto; me paro con todos ellos, compro cigarros en un café, saludo a alguna asomada y me vuelvo a casa a vestir.

¿Está malo el día? El capote de barragán; a casa de la marquesa hasta las dos, a casa de la condesa hasta las tres, a la tal otra casa hasta las cuatro; en todas partes voy dejando la misma conversación; en donde entro oigo hablar mal de la casa de donde vengo y de la otra adonde voy; ésta es toda la conversación de Madrid.

¿Está el día regular? A la calle de la Montera. A ver La Gallarde o a Tomás. Dos horas, tres horas, según. (…)

¿Está muy bueno el día? A caballo. De la puerta de Atocha a la de Recoletos, de la de Recoletos a la de Atocha. Andado y desandado este camino muchas veces, una vuelta a pie. A comer a Genieys o al Comercio; alguna vez en mi casa; las más fuera de ella.

¿Acabé de comer? A Solito. Allí dos horas, dos cigarros y dos amigos. Se hace una segunda edición de la conversación de la calle de la Montera. ¡Oh! y felizmente esta semana no ha faltado materia. Un poco se ha ponderado, otro poco se ha… Pero, en fin, en un país donde no se hace nada, sea lícito al menos hablar.

(…)

Acabado el teatro, si no es noche de sociedad, al café otra vez a disputar un poco de tiempo al dueño. Luego, a ninguna parte. Si es noche de sociedad, a vestirme; gran toilette. A casa de E… Bonita sociedad, muy bonita. Ello sí, las mismas de la sociedad de la víspera, y del lunes, y de…, y las mismas de las visitas de la mañana, del Prado, y del teatro, y…; pero lo bueno, nunca se cansa uno de verlo.

‑¿Y qué hace usted en la sociedad?

‑Nada; entro en la sala; paso al gabinete; vuelvo a la sala; vuelvo a salir al gabinete…

‑¿Y luego?

‑Luego, a casa, y ¡buenas noches!madrid-vista-desde-san-ididro-1875

Esta es la vida ‑termina Larra su artículo‑ que de sí me contó mi amigo. Después de leerla y de releerla, figurándome que no he ofendido a nadie y que a nadie retrato en ella, e inclinándome casi a creer que por ésta no tendré ningún desafío, aunque necios conozco yo para todo, trasládola a la consideración de los que tienen apego a la vida.” («El artículo literario y periodístico«, págs 44-45)

(Imágenes: 1.-Madrid.-Puerta del Sol, en 1877/-2.-Madrid- calle de Toledo, en 1890/- 3.-Madrid visto desde la Pradera de San Isidro, en 1875)

EL LIBRO EN PANTALLA

The Latin Quarter, Paris, France

Releo estos días la muy interesante conversación que sobre el futuro del libro y el libro del futuro mantuvieron Roger Chartier y Antonio Rodríguez de las Heras. (Revista «Litterae».-Cuadernos sobre cultura escrita», 2001)

«Antes de la imprenta – recordaba Rodríguez de las Heras -, y también en sus primeros tiempos, los libros recogían una obra definitiva, que se entregaba al final de un trabajo de pensamiento y de creación, no durante ese proceso. Pero a medida que las técnicas de imprenta se desarrollaron e hicieron más fácil la producción material de libros y que, a la vez, el mercado se intensificaba, el libro ya no sale como obra definitiva sino provisional, libro de corta vida que dejará paso a otro del mismo autor en donde se recoge parte del anterior, se corrigen otras partes y se añaden novedades. Los libros hoy nacen con muy poca ambición de pervivencia y mucha más de hacerse notar durante un espacio corto de tiempo. Pues bien, con la edición electrónica se entra en una tercera ertapa, en la que el libro es abierto y el autor cuida de su mantenimiento como se puede cuidar un jardín, arrancando, plantando, cortando. La idea procedente de las dos etapas anteriores por la que el autor entrega su obra, realizada con esfuerzo y amor, y se le va irremediablemente de sus manos y de su control no tiene por qué mantenerse en el libro digital, ya que el autor no se ve obligado a desprenderse, si lo desea, de su obra, que puede seguir perfeccionando».

A lo que Roger Chartier contestó:

«Usted siempre se ha referido al libro único del autor; es decir, desde el punto de vista de la creación, de la escritura. Sin embargo, las observaciones sobre el texto electrónico a menudo han tomado otra posición, la del lector-coautor, introduciendo su escritura dentro de una escritura ya presente: la del autor. El lector tiene así, capacidad de mover, borrar, transformar el texto. En este caso, la pregunta sería: ¿ qué papel atribuye usted a estos lectores múltiples que pueden intervenir?libros-7795-dibujo-max-opinion-the-new-york-times

A lo que replicó Rodríguez de las Heras:

«Cierto que la tecnología actual ha abierto la posibilidad de intervenir al receptor sobre la emisión del mensaje, un bucle que ahora comienza a utilizarse más en producciones televisivas en las que los espectadores pueden, a través de la red, influir de  alguna manera en la marcha de lo que está sucediendo al otro lado de la pantalla. Y desde luego que esta interacción va a producir cambios significativos en la producción audiovisual y en las actitudes, hasta ahora pasivas, de las personas ante el aparato de televisión. Sin embargo creo que fuera de escenarios de entretenimiento, propios de la televisión y de la radio, y quizá, más tarde, de la política en esta tribuna audiovisual (encuestas, entrevistas, discursos…) la posibilidad de este bucle no se desarrollará tanto. En concreto, la creación de un libro, a excepción de libros-foro, se sustentará sobre la creatividad y esfuerzo de un autor. Lo que sucederá, sin embargo, es que el libro se podrá convertir en el núcleo de encuentros y debates de los lectores, y entonces, la lectura pasará del texto del autor al cruce de ideas y comentarios de sus lectores, y todo ello integrado en lo que sería un libro digital. Y también el autor, al escuchar a sus lectores, volverá a su texto para retocarlo, para seguir su desarrollo por otro camino abierto quizá por el contacto del autor con los lectores. Con un texto blando, que no abandona al autor y en el que, si se quiere, puede influir el lector, hay un campo muy amplio de experimentación, pero creo que la escritura nos da capacidad de  diferenciación, de individualizarnos de entornos anónimos, y esto significa una razón de peso para que siga habiendo autor. Se desarrollarán experiencias de participación colectiva en la creación, pero la escritura seguirá siendo un vehículo imprescindible para la individualización, aunque, eso sí, se dará mucha mayor relación entre el autor y sus lectores».

Creo que en situaciones de mudanza – en la prensa, en los libros – acaso sea  de gran interés reflexionar sobre estas palabras.

(Imágenes: Librería Shakespeare and Company.-París.-FreeFoto.com/ dibujo de Max.-The New York Times)

 

«

DALÍ, VEINTE AÑOS DESPUÉS

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«Mi primera imagen natural era la de la tela, que era también mi última imagen antes de acostarme. Intentaba dormirme pensando en ella (…) Durante todo el día, sentado delante del caballete, mi mirada se fijaba intensamente en la tela, como si fuera un médium, para ver surgir de ella los elementos de mi propia imaginación (…) Pero a veces tenía que esperar horas y horas, ociosamente, con el pincel inmóvil, antes de que imaginación alguna apareciera», escribe Dalí.dali-c-morphologicalecho-1936-museumsyndicatedali-i-the-little-theater-1934-museum-of-modern-art-musseumsyindicate

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«Al entrar en la sala de exposiciones, Dalí acariciaba a un gran pájaro multicolor que reposaba sobre su hombro izquierdo.

– ¿Surrealismo?

– No, no.

– ¿Cubismo?

– No, tampoco: pintura, pintura, por favor».

J.V.Foix: «Salvador Dalí», 1932dalia-apparition-of-the-town-of-delft-1936-mussey

A los veinte años de la muerte de Salvador Dalí)

(Imágenes: Dalí,. 1.–«The Eye» (1945)/.- 2.-«Morphological Echo» (1936)/ 3.-«The Little Theater» (1934) Museum of Modern Art/ 4.- «Retrato de Mrs Isabel Styler-Tas» (1945)/ 5.-«Dalí a la edad de seis años» (1950)/ 6.-«The Phantom Cart» (1933)/ 7.-«Apparition of the Town of Delft» (1936).-musseumsyindicate.com)

¿ QUÉ LEEN LAS LECTORAS DE HOPPER ?

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Varias veces me he referido a Edward Hopper en Mi Siglo. Ahora, en un muy interesante blog,  El Documentalista Enredado, María Elena Mateo se fija en esas lectoras de Hopper a las que yo acudo también atraído por sus historias. Sin duda no puedo ver bien lo que está leyendo en ese programa de mano Hettie Lunt, esta mujer a la que acabo de ponerle un nombre y que, sentada en este  palco, en 1927,  aguarda a que se llene el teatro. No atiende demasiado a cuantos movimientos está haciendo la pareja del patio de butacas, colocando ella el abrigo en el respaldo mientras el hombre espera. Hettie, mientras tanto, hojea el programa de  lo que verá esta noche. Se ha vestido con este traje de tirantes e intuimos por su curiosidad que siempre le apasionó la escena.hopper-58-the-barber-shop-1931-museum-syndicate

Tres años después, en 1931, en este establecimiento de las afueras de Kansas que yo también me he inventado, Michael Palmer se ocupa de su trabajo y Amy, sentada, repasa un folleto que recoge la historia de la comarca.  Ella siempre se sienta en esta mesa al pie de la escalera dejando que el blanco sol de Hopper ilumine la pared. La sombra se desliza en la chaqueta de su marido y marca un rectángulo bajo la mesa, el blanco destaca en el cuello del vestido de Amy y el blanco también abre  las páginas ante las que ella está absorta.hopper-59-hotel-room-1931-museum-syindicate También en ese año de 1931 Edward Hopper entra de pronto en esta habitación de hotel, observa las maletas aún sin deshacer, y pinta muy despacio cómo se inclina la espalda de Joanne Davis que consulta la guía de la ciudad, esa guía con la que ella cree huir de la soledad que la acompaña.  Esta mujer a la que yo también acabo de darle un nombre, Joanne Davis, ha colocado su sombrero sobre el mueble, se ha desprendido de sus zapatos, abandonó en el sillón parte del vestido y lee, lee como leen siempre muchas de las mujeres de Hopper, el pintor que las mira siempre leer.hopper-57-compartment-c-car-1938-museum-syindicate

Si unos años después, en 1938, tomamos el tren y abrimos de golpe la puerta de este compartimento, ya se nos habrá adelantado como siempre Hopper para pintar, pero a Hopper también se le ha adelantado esta lectora solitaria del sombrero, a la que podemos llamar perfectamente  Zena Tracy. El tren pasa sobre la pintura, al otro lado de la ventanilla el río y el puente parecen inmóviles, pero lo que realmente quisiéramos saber es lo que lee esta mujer solitaria, la mujer de la leve sonrisa en los labios que se deja pintar mientras lee,  que aparenta leer mientras se deja pintar.hopper-54-hotel-lobby-1943-indianapolis-museum-of-art1 Las historias prosiguen. Se lee en los trenes, en los teatros, en los vestíbulos de los despachos, esperando la cita concertada.hopper-55-hotel-by-the-railroad-1952-museum-syndicate1

Se lee aprovechando el tiempo, mientras el marido fuma ante la ventana abierta y el sol de Hopper hace amarilla la tarde, la cortina, el resplandor difuminado del espejo, el calor que se adivina en el ambiente.hopper-56-interior-1925-art-insitute-of-chicago

Se lee ante otro espejo, el libro sobre las rodillas, una maleta -como en tantas ocasiones – en un rincón. Nunca se sabe si se va o se viene de esta habitación, si se va o se viene de la vida.hopper-61-chair-chair-1965 Se lee, siempre se lee. Hopper se detiene en la lectura y las lectoras del pintor viajan inmersas en los libros, absorta su atención y abierta su imaginación a otros mundos.

Alegra esta referencia a las lecturas, alegra esta referencia de la pintura mostrándonos lecturas.

¿Hoy encontraría Hopper a muchas mujeres leyendo, se detendría intrigado en esta imagen?

(Imágenes: 1.-«Twoo on the Aisle» (1927)/ 2.-«The Barber Shop» (1931)/ 3.-«Hotel Room» (1931)/ 4.-«Compartment C, Car 193» (1938)/ 5.-«Hotel Lobby» (1943)/ 6.-«Hotel by the Raillroad» (1952)/ 7.-«Interior» Model Reading (1925)/ 8.-«Chair Car» (1965).-musseumsyindicate.com)

LAS PALABRAS Y LAS COSAS

obama-1-foto-win-mcnamee-getty-images-the-new-york-times«La fragua del hombre está en el cerebro – dijo Ganivet -, y el fuelle es la palabra. El cerebro es un antro desconocido; pero la palabra depende de nuestra voluntad, y por medio de la palabra podemos influir en nuestro cerebro. La transformación de la humanidad se opera mediante invenciones intelectuales, que más tarde se convierten en hechos reales. Se inicia una nueva idea, y esta idea, que al principio pugna con la realidad, comienza a florecer y a fructificar y a crear un nuevo concepto de la vida. Y al cabo de algún tiempo la idea está humanizada, triunfa, impera y destruye de rechazo la que le precedió. También el hombre se transforma a sí mismo expresando en alta voz ideas, que al principio son conceptos puramente intelectuales, y luego, por reflexión, se convierten en pauta de la vida; porque la realización material de una idea exige la previa realización ideal. Cuando no se tienen ideas la palabra es inútil y aun nociva. (…) La palabra que anuncia una idea es utilísima, porque es el primer paso para realizarla.obama-3-fotos-callie-shell-aurora-for-time-time Al principio nos parece la idea imposible o absurda; después de anunciada nos va pareciendo posible y natural, aunque superior a nuestras fuerzas; por último, nuestras fuerzas se excitan, se ponen a la altura del propósito, y a veces lo superan. Una arenga impetuosa decide el triunfo de una batalla. Una palabra empeñada lleva a un hombre a acometer empresas superiores a sus propios intentos. Un hombre tenaz, animado por una idea claramente concebida y expresada, triunfa siempre, aunque luche contra él la sociedad entera».

Luego están las cosas. En este momento las cosas se esconden, esperando el efecto de la palabra, en las largas colas del paroobama-2-foto-callie-shell-aurora-for-time-time, en los  escalofríos de las Bolsas, en la avidez especuladora, en la humareda de Irak, de Gaza o de Afganistán. La palabra sale a la conquista del cambio de las cosas y las cosas aguardan en las trincheras de todos los días, inmóviles ante cualquier palabra que intente dominarlas. Las cosas esperan a ver cómo se mueve la palabra y la palabra se cree segura de poder remover todas las cosas.

(Imágenes:  ceremonia de toma de posesión.-foto Win McNamee/Getty Images.-The New York Times/ Obama preparando su discurso: foto Callie Shell/Aurora for Time.-TIME/ Obama ante el espejo: foto Callie Shell/Aurora for Time.-TIME)

UN NEGRO EN LA CASA BLANCA

negritud-2-renacimiento-de-harlem-portada-de-la-revista-crisis-abril-1923-sobre-el-registro-de-ls-razas-publicacion-de-la-naacp-ocwmitedu

 

Cuando pasado mañana  Barack Obama tome posesión como nuevo Presidente de los Estados Unidos parecerá cnegrittud-disturbios-raciales-en-tulsa-oklahoma-el-2-de-junio-de-1921-foto-alvin-ckrupnick-visual-de-materiales-de-la-naacp-docymentos-ocwmiteduomo si la historia de esa nación quisiera abrir sus páginas documentales- y también sus páginas de ficción – con muchas de las cosas que a lo largo del tiempo han ido firmando en aquel país los escritores negros.

«Muy posiblemente – escribí hace poco en Alenarterevista  – Ralph Ellison fue uno de los escritores negros más importantes que ha dado Estados Unidos. “El hombre invisible” está escrito con el deliberado propósito de denunciar la situación del negro evolucionado y consciente en un mundo de hombres blancos, y esta gran novela simboliza el problema de la discriminación racial a través del mito de la invisibilidad.

newnegro Pero el gran Renacimiento negro había comenzado después de la guerra de 1914. La revista “The Crisis” constituyó un elemento capital, puesto que todos los escritores negros que tuvieron deseos de expresarse encontraron en ella por vez primera un órgano propio en la que todo el que quiso pudo probar suerte. En 1925 se publica “The New Negro, An Interpretation” en la que se mantiene la teoría de que un nuevo negro ha nacido, y en la que éste se libera de su complejo de inferioridad y busca su propio camino en una sociedad de mayornegritu-9993-hermanas-foto-eudora-welty-llc-the-new-york-timesía blanca.

 La fascinación ejercida por el mundo de los blancos sobre los escritores negros se revelaría igualmente en muchas obras. James Weldon Johnson muestra, por ejemplo, en uno de sus libros, a un artista mestizo eligiendo por desesperación su asimilación a la sociedad blanca, antes que reivindicar su pertenencia étnica. También otro autor, Jean Toomer (1894- 1967), de tez bronceada, dos veces casado con mujeres blancas y que pretende no saber si es blanco o negro, aunque su origen afro-americano sea seguro, interviene en la literatura. Otro autor, Walter White, con “Flight“, presenta una ciudad en la que los negros quieren ante todo “hacerse aceptar”. Pero los escritores negros más importantes de Norteamérica – aparte del citado Ellison – han sido James Baldwin y Le Roi Jones.  Baldwin es el novelista negro más discutido, ya que que muchos críticos no han querido ver en él más que a un ensayista. Nacido en 1924, hijo de un pastor negro, ejerció barios oficios en Nueva York y en París y entre sus obras destacan “Otro país“,Nada personal” y “Blues para Mr. Charlie“. “¡Hombre blanco, escúchame! – señaló Baldwin en una declaración de principios – Un hombre es un hombre, una mujer es una mujer, un niño es un  niño. Negar estas evidencias es abrir las puertas al caos más profundo y más mortal y, dentro de la vida del hombre, más infinito y negritudd-7-madre-e-hijo-1930-foto-eudora-welty-missisipi-department-of-archives-and-history-the-new-york-timesmás eterno que las visiones medievales del Infierno”.

 

La negritud como tema se había mantenido en obras muy importantes, algunas de ellas escritas por William Faulkner, como su gran novela “Luz de agosto“. “El negro – dirá  Faulkner en febrero de 1958 – no es todavía capaz de ser más que un ciudadano de segunda categoría. Su tragedia consiste en que todavía no está calificado para la igualdad más que en la medida en que tiene sangre blanca. No le bastará pensar y obrar como un blanco. Deberá pensar y obrar como el mejor de los blancos, porque si el blanco, a causa de su raza y de su color, puede poner en práctica la moral tan sólo el domingo, es decir un día por semana, el negro no puede fallar ni apartarse del recto camino”.

  Cincuenta y un años después de estas palabras y cuarenta y dos años más tarde de «El hombre invisible«,  Barack Obama  se hace hombre visible y comienza otra época.

(Imágenes: 1.-Portada de la revista «The Crisis»·, abril de 1923.-renacimiento de Harlem.-sobre el registro de razas/2.-portada del libro «The New Negro».-foto extraída de Alenarterevista/ 3.-disturbios raciales en Tulsa, Oklahoma, en 1921.-foto Alvin C.  Krupnick.- visual de materiales de la NAA.-Documents oc. W. mit. edu/ 4.-hermanos- foto Eudora Welty, LLC.-The New York Times/ 5.-madre e hijo.-foto Eudora Welty.- Misssisipi Department of Archives and History.-The New York Times)

WALKER EVANS

evans-d1«Fotografío para descubrir cuál será el aspecto de algo una vez fotografiado», dijo Garry Winogrand.evans-c1

«La cámara es mi herramienta. A través de ella doy una razón a todo lo que me rodea», dijo André Kertész.evans-b1

«La fotografía es una herramienta para tratar con cosas que todos conocen pero a las que nadie presta atención. Mis fotografías se proponen representar algo que ustedes no ven», dijo Emmet Gowin.evans-g-sratoga-springs-nueva-york-19311

«Siempre estoy fotografiándolo todo mentalmente para practicar», dijo Minor White.evans-f-ciudadano-en-la-habana-19331

«Fotografío lo que no deseo pintar y pinto lo que no puedo fotografiar», dijo Man Ray.evans-a-mujer-de-granjero-arredentario-de-alabama-19361 Desde hoy hasta el 22 de marzo se exponen en Madrid diversas muestras del gran maestro de la fotografía documental en Estados Unidos, Walker Evans (1903-1975) .Un paseo sobre rostros y escenarios, visión de toda una época.

(Imágenes: 1.- pasajeros en el metro.-Nueva York.-1938/ 2.-Pasajero del metro.- Nueva York.-1938/ 3.-mostrador de leche.-Nueva York.-1930/ 4.-Main Street Saratoga Springs.-Nueva York.-1931/.-5.-ciudadano en la Habana.-1933/ 6.-mujer de granjero arrendatario de Alabama.-1936)

EL DETALLE

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«En la infancia del arte, los pintores copian cuidadosamente los detalles – se lee en el Diccionario de Bellas Artes de Millin, en 1806 -; es el primer esfuerzo de un arte que no se atreve a abandonar la naturaleza ni un instante y que la imita sin principios ni discriminación.  Cuando alcanza la madurez, el arte no se interesa más que por lo grande, sin detenerse en nada de lo que pueda distraerle o apartarle de la grandeza. Pero cuando las artes han alcanzado la perfección que acompaña siempre a lo grande y a lo sencillo, la vuelta a la imitación de los pequeños detalles es un signo de decadencia que cabe comparar al retorno a la infancia bosco-2que se produce durante la vejez».

Pero los detalles siempre estárán ahí. Escondidos en el amor artesanal y delicado de la perfección minúscula, el pintor acaba de manera precisa todos los detalles porque los detalles son la vida, nuestra existencia está empedrada de detalles y el amor se muestra en la donación que hacemos de detalles, detalles que el enamorado o la enamorada piden, y si no es así todo resultará evanescente.

Ahora –  exactamente desde ayer – el ojo puede  navegar  proyectando su pupila sobre los lomos de Google Earth para llegar hasta el fondo de los 14 cuadros que el El Prado nos regala. Del detalle, y del libro de Daniel Arasse (Abada) , ya hablé en Mi Siglo hace unos meses, pero ahora a  los detalles pictóricos nos podemos acercar velozmente (o ellos acercar su intimidad a nosotros) con sólo la pulsación de nuestro dedo encima de las conquistas de la técnica. Viajamos, pues, hacia el Bosco vertiginosamente, pero no  sólo hacia su perspectiva general, sino hasta las habitaciones de sus ocultas intimidades, allí donde la paleta muda pinceladas y  pliegues. Viajamos también  hasta el centro de los objetos que el artista creó y en el caso, por ejemplo, de Velázquez, no solamente nos abrimos paso entre las meninas sino que nos detenemos en la mejilla de una svelazquez-detalle-elpaisesola menina. En esa mejilla está lo grande y lo minúsculo hermanado. Como en todos los grandes artistas la intensidad y la soltura se revelan y así, comparando, por ejemplo, en Durero la minuciosa representación de los detalles con el estudio de las proporciones, se asombraba  Panofsky de que «los famosos estudios del natural en lo que cada pelo del pelaje de una liebre (…), cada hierba (…) están estudiados y representados con una devoción cercana a la adoración religiosa son obra del mismo hombre, que, precisamente en esos años, somete el cuerpo humano a un sistema de líneas y de círculos tan esctricto como una construcción de Euclides«.

Así el detalle se acerca a nuestra pupila y ella se hace una con el detalle.

(Imágenes: El Bosco.-El jardín de las delicias.-Web Hallery of Art/ detalles de El Bosco/ detalle de las Meninas.-elpais.es)

LA OTRA CARA DE LA MONEDA

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Copio de Cotizalia,  en donde escribe este artículo S. McCoy – que a su vez lo recoge Scriptor org – la visión de la otra cara de la crisis:

» Premisa principal: esta crisis va a traer mucho más bueno que malo a nuestro país. No les quepa ni la menor duda. (…)  El argumentario que les propongo es, seguramente, discutible, matizable; hasta censurable. O no. Pero en cualquier caso, pretende simplemente establecer un punto de partida, una primera toma de conciencia de la tarea tan apasionante que tenemos por delante: recuperar el valor de la sociedad como motor de cambio… a mejor, cosa que no siempre ocurre. El resto del discurso, a favor o en contra de esta modesta tesis, lo construirán ustedes con sus aportaciones, as usual. No se corten: valor y al foro, que es todo suyo.

¿En qué me baso? Miren ustedes, creo sinceramente que se va desmontar en España la fantasía que atribuía al “tener” el liderazgo en la escala de valores colectiva. (..) Era todo una gran mentira. Y esa constatación de la verdadera situación, y de su impacto sobre nuestras vidas, esa muerte de lo circunstancial y el reencuentro con lo esencial, va a traer consigo muchas y muy buenas consecuencias.

¿Cuáles? En primer lugar, una fulgurante recuperación de la austeridad como modo de vida. Es un concepto mucho más amplio que el de frugalidad, contención impuesta o no a la hora de tomar decisiones de gasto y/o consumo.(..)  La austeridad no es únicamente privación, sino que va más allá. Es reconocer el valor de las cosas, apreciar el esfuerzo necesario para obtenerlas y tener la disponibilidad de ánimo de conservarlas. Es, en definitiva, adecuar las necesidades de cada uno a los parámetros de la normalidad. Vivir según las propias posibilidades. Poner cada cosa en su sitio. (…)

En segundo término, va a resurgir la figura de la autoridad. (…) Políticos, medios de comunicación e incluso jueces han perdido, salvo contadas excepciones, su papel como tales a través del proceso de degeneración de intereses que ha contaminado su actividad en los últimos años. Estoy hablando, por el contrario, de esas figuras que tradicionalmente han contribuido a fijar la escala de valores de la sociedad. Padres y profesores, fundamentalmente. Volverá a estar de moda, como figura emergente en los próximos meses e incluso años, un monosílabo olvidado: no. El pilar de cualquier educación. Y se redescubrirá la libertad no como la posibilidad de elegir entre las múltiples alternativas que pueden determinar mi rumbo vital sino como la coherencia que se deriva de aquél que, sabiendo dónde quiere llegar, toma las decisiones correctas.

Por último, y estoy seguro que esto daría para una mayor profusión de ideas, la pérdida de la gravitación de la vida sobre la propia persona y la incapacidad de actuar sobre ella como el hombre quisiera, va a traer consigo una vuelta de la trascendencia. (…) Hay determinadas preguntas en el hombre que le persiguen desde que toma conciencia de su ser hasta que se muere, cuestiones que se ven periódicamente ahogadas por la apariencia de control sobre la propia vida (…) Y es que la dependencia es, sin duda, una puerta abierta a la trascendencia. Y la apertura madura a la trascendencia, en cualquiera de sus manifestaciones espirituales, supone una gota de agua adicional en el rescate de muchos valores que se encontraban acumulando moho en el trastero de la sociedad o que, presentes en el día a día, habían perdido su acepción original, manoseadas por intereses espúreos. (…)».

Esperemos desde Mi Siglo que todo esto así suceda.

(Imagen: foto Moodaholic.-Imagery Our World)

 

REVOLUCIÓN EN LA PRENSA

periodicos-a-flikrEstos días en que algún periódico español ha querido mostrar una nueva imagen a sus lectores leo en El Documentalista enredado :

«Hay periódicos digitales que son cerrados en detrimento de los impresos, cabeceras que cierran, periódicos gratuitos que clausuran delegaciones, grupos mediáticos que ajustan plantillas y costesperiodistas que se preparan para las movilizaciones -, profesionales que se declaran en huelga por los movimientos corporativos en época de crisis, publicaciones impresas que se transmutan a Internet, que se  coloque publicidad donde hasta ahora era un sacrilegio hacerlo o simplemente que se nos presente un annus horribilis para la prensa

En definitiva, ésta es la transición más complicada que van a realizar las empresas informativas impresas en toda su historia. Su modelo de negocio cae hacia la obsolescencia, sus márgenes se estrechan, no controlan el nuevo medio en el que se disponen a competir, la publicidad y sus ingresos los dominan otros actores, la información que se genera es ingente, dispersa, contrastarla se realiza en pocos segundos, sus lectores se pueden organizar para desacreditar cualquier error, los deslices informativos quedan en mayor evidencia, cualquiera puede ser periodista, las audiencias están más fragmentadas, los pasos que se dan dentro de la Web son inseguros, el valor de una Web lo dan otros y no sólo el dinero, el terreno es completamente desconocido e inhóspito… pero el periodismo no desaparecerá y por lo tanto los medios de comunicación tampoco lo harán, aunque el camino hasta vislumbrar la luz al final del túnel va a ser muy duro para todos.»

Los dos postCómo acabar con la prensa de una vez por todas de Marcos Ros-Martín pueden resultar muy útiles para ilustrar la situación que los medios viven actualmente.

(Imagen.-periodicos.-flickr)

EL NUEVO PERIODISMO

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«Esta profesión tiende a la autodefensa – ha dicho Arcadi Espada -, a no asumir que muchos problemas son el fruto del trabajo mal hecho. Eso sí, siempre estaremos dispuestos a denunciar el trabajo mal hecho por los otros (…)  Siempre hacemos grandes teorías para justificar los errores que cometemos los periodistas y que no tienen otra explicación que la pereza y la incompetencia (…) La literatura ha sido nefasta para el periodismo. Y que conste que yo también me hice periodista  porque me gustaba escribir (…) Hay un error ontológico: la ficción, las novelas dan un orden acabado del mundo, una ilusión de sentido que no existe en la vida. La vida está hecha de cabos sueltos. Por ejemplo, hay un error lamentable que es la necesidad de sentido. Pongamos que un señor tritura a su madre. Al día siguiente irán todos los periodistas y descubrirán que el señor creció en una chabola y que fue un niño solitario, y, claro, eso lo explicará todo… Vaya, como si lo normal fuera triturar a la madre cuando uno crece entre chabolas. Eso es retórica, una falta de rigor asombrosa. Siempre es más fácil hacer un relato literario que investigar en el gen del asesino. En resúmen, tenemos un modo de contar la realidad basado en la metáfora y no en el dato. Y eso es anacrónico». mundo-actual-foto-peter-beard-michael-hoppen-gallery

«Hablamos tanto de la crisis de los diarios, de la información en papel, de las posibilidades de los medios digitales…Y resulta que lo que está en crisis es el periodismo, más que los periódicos (…) Soy muy crítico con el periodismo, pero hay un hecho indiscutible que tenemos que reconocer: los medios de comunicación son el instrumento que ha permitido que las personas se sientan solidarias. Aunque sea una solidaridad liviana, unos segundos en el sofá mientras se ve en el telediario unas imágenes de los bombardeos en Gaza…Es una solidaridad valiosa».

Estamos lejos de «El nuevo periodismo» de Tom Wolfe, de 1976 ( Anagrama). Es algo muy distinto. Varias veces he hablado en Mi Siglo de periodismo. Ahora creo que es muy útil leer el último libro de Arcadi Espada «Periodismo práctico» (Espasa). Allí se lee la preparación de Chéjov para descubrir. Para observar. «Chéjov antes de Google: » Sin moverme de casa leo cuánto costaba una tonelada de carbón de Sajalín en 1863 y cuánto cuesta el de Shanghái, me informo de esas grandes extensiones, de los vientos del noroeste, sudoeste y nordeste que soplarán sobre mí cuando esté meditando sobre mi mareo, cerca de las costas de Sajalín. Leo noticias del suelo, el subsuelo, de la arcilla arenosa y de la arena arcillosa». Ah, ah,  -comenta Espada -, esas maniobras iniciáticas, ese ojeo del orden. Se me hace la boca agua».

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 Observar. Descubrir el dato, transmitir el dato, no la metáfora.  Estamos en otro nuevo periodismo, en la necesidad de un nuevo periodismo. «Qué hacer – se pregunta por ejemplo Arcadi Espada –  cuando nos advierten que las noticias deben contrastarse tres veces? Comprobar si entre estas tres fuentes figura la invisible y principal: el propio periodista contrastando con su inteligencia, su cultura y su coraje, en el tiempo, a veces muy corto, que separa al descubrimiento de la escritura, si aquello que  ha visto o ha oído puede pasar la prueba de la razón. Averiguar también, si en los masters se enseña a tratar con la fuente invisible, a cuidarla, a alimentarla o, por el contrario, y como máximo, se enseña a sobornarla».

«¿Qué hacer – se sigue preguntando Espada – con la escritura digital? En general, se está imponiendo un modo de escribir en la web que más se atiene a la laxitud de una sucesión continua de borradores privados que a las obligaciones de la publicación. Este concepto de publicación es clave, pero no parece haber entrado en las cabezas de algunos redactores jóvenes. Una web no es una emisora de radio (por el momento no domina el lenguaje oral), ni un blog, ni escribir en un periódico puede ser un mero backup de lo que va llegando. Es posible que los digitales deban escribirse de otra forma».

(Imágenes:- fotos Peter Beard.-Michael Hoppen Gallery)