BESAR Y ABRAZAR

 

Ahora con la pandemia se han limitado en todo el mundo los saludos tradicionales de abrazos y besos que se habían extendido durante siglos en cada sociedad. La preocupación por el contacto físico y la obligatoriedad de usar la mascarilla  alejan aquellos movimientos cordiales y afectuosos a los que estábamos acostumbrados. Los besos y abrazos, sin embargo,  se han multiplicado  en el tiempo.  Como recuerda Jean Chevalier en su “Diccionario de los símbolos”, en la antigüedad se abrazaban los pies y las rodillas de los reyes, de los jueces y de los hombres poderosos: con eso intentaban darles  una reputación de santidad. Y se abrazaba también a las estatuas a fin de implorar su protección. En la Edad Media y en el derecho feudal, el vasallo tenía que besar la mano de su Señor:  y de ahí nace  la expresión “besamanos”. El beso ha sido siempre signo de concordia, de respeto y de amor. Ya en el Génesis era costumbre darse un beso al saludarse y despedirse padres e hijos, así como entre parientes próximos y entre buenos amigos. Naturalmente el beso expresaba el amor conyugal, como así lo recuerda el Cantar de los Cantares.  En el libro de los Reyes, en el de Job y en el  profeta Oseas, el beso pertenecía también al ceremonial cortesano en presencia de huéspedes ilustres y de personas reales;  en este último caso, como refieren los Salmos, se besaba a la persona misma o a su cetro. Se cree que el acto de besar a los huéspedes procede de Grecia. El beso como signo de honor era muy usado entre los rábinos y los cristianos se saludaban, como así lo atestigua  varias veces San Pablo, con el ósculo santo.

 

(Imágenes—1- Joan Miró: constelaciones en el amor de una mujer/ 2-Stanco Abadzic)

LAS CARAS DE LOS POETAS

 

“Extraña cosa son las caras de los poetas. — recuerda Brodsky en uno de sus ensayos —.En teoría, el aspecto de los autores no debiera tener importancia para sus lectores; leer no es una actividad narcisista, ni tampoco lo es escribir, y, no obstante, apenas a uno le agradan suficientemente los versos de un poeta, empieza a preguntarse cuál debe ser la apariencia del escritor. Probablemente, esto tenga algo que ver con la sospecha que abrigamos de que admirar una obra de arte es reconocer la verdad, o el grado de la misma que el arte expresa.
Inseguros por naturaleza, queremos ver al artista, al que identificamos con su obra, a fin de que la próxima vez podamos saber cuál es, en realidad, el aspecto de la verdad. Sólo los autores de la antigüedad escapan a este escrutinio, y por esto, en parte, se les considera como clásicos, y sus generalizadas facciones de mármol, que llenan hornacinas en las bibliotecas, guardan una relación directa con el significado arquetípico absoluto de su obra.

(…)

Si un poeta tiene una obligación respecto a la sociedad, es la de escribir bien. Al formar parte de la minoría, no tiene otra opción. Si deja de cumplir este deber, se sume en el olvido. La sociedad, en cambio, no tiene obligaciones respecto al poeta. Mayoría por definición, la sociedad se considera poseedora de otras opciones distintas que la de leer versos, por más bien escritos que éstos puedan estar. Al no hacerlo, el resultado es el de sumirse en ese nivel de locución en el que la sociedad es presa fácil de un demagogo o de un tirano. Tal es el equivalente del olvido para la sociedad, y un tirano puede, claro está, tratar de salvar a sus súbditos de éste mediante algún espectacular baño de sangre.”

(Imagen — George Tooker)

SI SOÑÁRAMOS SIEMPRE LO MISMO

 


“Si soñáramos todas las noches lo mismo— dice Pascal —, nos afectaría tanto como los objetos que vemos todos los días. Y si un artesano estuviera seguro de soñar todas las noches, durante doce horas, que es rey, creo que sería casi tan feliz como un rey que soñara todas las noches, durante doce horas, que es un artesano.

Si soñáramos todas las noches que somos perseguidos por enemigos y agitados por estos penosos fantasmas, y que pasamos todos los días en diversas ocupaciones, como cuando se hace un viaje, sufriríamos casi tanto como si eso fuera verdadero, y tendríamos miedo a dormir como se tiene miedo a despertar, cuando se teme entrar, efectivamente, en tales desgracias. Y en efecto, produciría poco más o menos los mismos males que la realidad.

Pero como los sueños son todos diferentes, y dado que uno mismo se diversifica, lo que se ve en ellos afecta mucho menos que lo que se ve en la vigilia, a causa de la continuidad, la cual no es, por tanto, tan continua e igual como para no cambiar también, aunque menos bruscamente, si no es en raras ocasiones, como cuando se viaja y entonces se dice : Me parece que estoy soñando, porque la vida es un sueño un poco menos inconstante.”

 

 

(Imágenes— 1- John Atkinson Grimshaw/2-Andrew Wythe)

MÚSICA EXTREMADA

 

“La luz fundamenta el aire,

leve lámina exterior

que en sus columnas sostiene,

sonido sólo, su son.

Nunca silencio; sonido,

suma de sones que son

la cantidad encantada

de las veces de su voz.

Suma de sones que suenan

en una vez y una voz,

columnas que no sostiene

sino sólo, sí, su son.”

Jaime Siles—“Columnae” (1987)

(Imagen —Sir John Herschel- 1842)

CERVEZAS Y PALABRAS

 

La antología que publica Visor, “La cerveza, los bares, la poesía”, nos lleva a muchas vivencias y lecturas entremezcladas.  Sesenta  mil pubs tiene Gran Bretaña y sirven cada día catorce millones de pintas, dando la razón, según recuerda Ignacio Peyró en su libro sobre Inglaterra, a la frase de Samuel Pepys señalando que esos establecimientos son “el corazón de Inglaterra”  y a los carteles de innumerables pubs indicando que “ no hay nada que el hombre haya inventado todavía que le dé tanta felicidad como una buena taberna”.  Prosigue Peyró evocando cómo “Orwell dijo que nunca había visto un pub que cumpliera con todos los requisitos de su imaginación. Más tarde, en los años sesenta, denunció un bebedor de tanto hígado como Kingsley Amis el hecho de que el pub rápidamente “ se volviera inhabitable”. Los emporios cerveceros desplazaron a los pequeños elaboradores y comenzaron las quejas: “la cerveza ya no es cerveza”, porque está diseñada “para que sepa a lo mismo en todas partes”.

El francés Jean-Francois Revel cuenta en “Un festín en palabras” — su  historia literaria de la sensibilidad gastronómica —-que los mismos egipcios eran grandes bebedores de cerveza y sus esculturas nos muestran escenas de vendimia y vinificación. El hombre, recuerda Revel, ha utilizado todo tipo de frutas, bayas y jugos fermentados para la confección de bebidas alcohólicas. Peras silvestres, manzanas, frambuesas, moras, fresas igualmente silvestres, uvas de viñas silvestres han sido aplastadas y dejadas el tiempo necesario para su fermentación. Apicio, añade, ya se hace eco de un vino de dátiles, higos o granadas.

Brillat-Savarin a su vez, en su “Fisiología del gusto” , recuerda que se ha bebido y cantado el vino durante muchas centurias, antes de sospechar que fuera posible extraer de él la parte espirituosa que constituye su fuerza; pero cuando los árabes nos enseñaron el arte de la destilación , que habían inventado para extraer el perfume de las flores, especialmente el de la rosa, tan celebrada en sus escritos, se empezó a creer que era posible descubrir en el vino la causa de la exaltación de sabor que da al gusto una excitación tan particular.

Y es en esa satisfacción que tantas veces produce el vino y la cerveza donde se alzan las palabras.

 

 

(Imágenes—1-naturaleza muerta con vaso de cerveza y panecillos/ 2- Francisco Ayala en el café Gijón -1930)

VIAJES POR ESPAÑA (24) : LOS VIAJES DE LOS REYES


“Los reyes, en el siglo XV, se trasladaban de unos lugares a otros del reino para gobernar y hasta para consumir. Viajaban según lo exigía la necesidad. Sus cortes eran itinerantes. Esa tradición continuaba viva a comienzos del siglo XVl —así lo recordaba el historiador Gonzalo Anes—. Y quizá  por esa itinerancia, por ese carácter ambulante de la corte, no había verdaderos palacios reales, en el sentido que suele darse a la palabra “palacio” en los siglos XVl y XVll. El Alcázar de Segovia era una fortaleza. El Real Alcázar de Madrid también nació como una fortaleza y, a pesar de las reformas, nunca perdió el aspecto de fortaleza con que fue edificado, de fortaleza acondicionada para residencia del rey. El Alcázar de Toledo también era una fortaleza. San Lorenzo de El Escorial era y es un monasterio. Ya en el siglo XVll, se edificó el Palacio del Buen Retiro. Don  Emilio García Gómez lo calificó de palacio “hongo”, por haber surgido casi de repente, en el “humus” de la corte, cuando se fijó definitivamente en Madrid.

 

 

Esas residencias reales eran tan  pobres en su exterior como magníficas por dentro, gracias a su decoración. También lo eran los castillos o las casas que ocupaban el monarca y la corte en sus viajes. Caserones inhóspitos, que parecían inhabitables, se transformaban de repente en una magnífica residencia. En seguida, cuando iba a llegar la corte, se colgaban tapices, se extendían alfombras, se colocaban cuadros y se amueblaban con magníficas arcas, con escabeles y con bargueños. Todo era transportado en furgones que precedían a la corte en sus desplazamientos. Así, un castillo de paredes desnudas e inhóspitas podía convertirse en un espléndido palacio gracias a ese maravilloso decorado. Ocurría lo mismo con un pobre caserón si tenía que habitarlo el rey cuando viajaba.  Por ello, las residencias reales en los siglo XVl  y XVll venían a ser como la tienda del beduino. Es una idea que no está desarrollada pero que quizá tenga interés en estudiar por —tal vez— la vigencia de hábitos heredados del Islam. El hecho es que esa tendencia a decorar contribuyó sin duda a que se afirmase en los reyes el afán coleccionista.”

 

 

(Imágenes—1-Toledo- El Greco/ 2-el Retiro – Giuseppe Leonardo/ 3- el Retiro)

VIEJO MADRID (93) : PLA Y LA CALLE DEL ARENAL

 

“La calle más bonita, más elegante, más ciudadana, de Madrid — dice Pla en su “Dietario de 1921” — sigue siendo la del Arenal. Es la que va de la Puerta del Sol al Teatro Real, o sea, a la Plaza de Isabel ll. La calle tiene una cornisa perfecta — no puede haber calle sin cornisa — y hace una revuelta de lo más gracioso.

En época de nuestros abuelos la calle del Arenal era la más animada de Madrid. Su sabor isabelino le conserva un perfume de chocolate a la  francesa,, y por poca imaginación que tengáis os da la sensación de que os vais a tropezar en ella con Mérimée y Eugenia de Montijo. Después, don Juan  de Valera seguramente amó esta calle clara y normal. El estilo de la iglesia de San Ginés me recuerda la naturalidad burguesa del estilo de Valera. Los pisos de la calle os transportan  al clasicismo amable del escritor y os hacen evocar sus ninfas españolas de largas camisas de dormir e inacabable cabellera deshecha.

 

A la izquierda, en dirección al Teatro Real, está el pasadizo de San Ginés, que lleva al Teatro Eslava. Después, más abajo, a mano derecha hay una tienda llamada La Poupée. La calle termina en la costanilla de los Ángeles. Todos estos nombres son típicos del Madrid de Galdós, ya que no del de don Juan de Valera — por un matiz más fino de cursilería mesocrática—.”

 

(Imágenes—1-calle del Arenal – secretos de Madrid/ 2 y 3 – calle del Arenal- foto jjp)

¡PÁJAROS DE SEVILLA!

 


“En los ventanales de cristales de colores — azul, verde, rojo, amarillo — los gorriones piensan vencer, con su desbaratada armonía, los pitos del tren. El desagradable griterío resuena en la sombra, como en un pozo, en la sombra que rodea un sol cegador que todo lo hace blanco. ¡ Pájaros de Sevilla!”

Juan Ramón Jiménez – “Pájaros en la estación” —“Apuntes de Sevilla”

 

(Imágenes—1- Neil Farber—2007/ 2-Stanko Abadzic)

APUNTES SOBRE DICKENS

 

Cuando Dickens tenía veinte años y trabajaba en el periódico liberal “The Morning Chronicle” debía de recorrer distintas partes de Inglaterra para informar sobre los discursos políticos.  Era característico en él que tomara algunas de sus noticias taquigráficas “ sobre la palma de la mano, a la luz de un mortecino farol, o en un coche de posta y galopando por un campo desolado”. Chesterton, Maurois, Somerset Maugham, Edmund Wilson  y muchos otros han recorrido su infancia, trabajos, triunfos e influencia. Pero si nos adentramos en su correspondencia descubriremos muchas cosas más. Por ejemplo su defensa de la fantasía: “No me parece bastante decir de una descripción que es la verdad exacta —le escribía a John Foster en 1859 — .La verdad exacta tiene que figurar, pero el mérito y el arte del narrador están en la forma de exponer esta verdad. Y respecto a esto, siempre me pareció que en la literatura había todo un mundo por crear. El verdadero fundamento de la literatura popular, a lo largo de una especie de época popular de oscurantismo, puede depender del hecho de que se traten los temas con fantasía.”

 

Dickens se preocupaba de hacer muy verosímiles sus personajes y por tanto se documentaba mucho.  A   un tal Mr. Haines, en 1837, le decía: “ en mi próximo número de “Oliver Twist” tengo que poner a un magistrado, y meditando en busca de un magistrado cuya rudeza e insolencia hicieran de él un sujeto adecuado tropecé con Mr. Laing, celebridad de Hatton-garden. Conozco a este personaje perfectamente bien, pero como sería también necesario describir su aspecto personal, me era preciso verlo, lo cual nunca he hecho. En este dilema se me ocurrió que tal vez cualquier mañana podría introducirme subrepticiamente, por unos pocos instantes, bajo los auspicios de usted, en el despacho de Hatton-garden. Si puede ayudarme en mi proyecto, le quedaré  sinceramente muy agradecido.”

Cuando dejó de existir en 1870,  Dickens se convirtió en patrimonio nacional, y en las páginas de ‘The Times” se decía: “ Políticos, hombres de ciencia, filántropos, reconocidos bienhechores de su raza desaparecerán , y, sin embargo, no dejarán el vacío que ha causado la muerte de Dickens”.

En su testamento el novelista había dicho. “En mis publicaciones están mis títulos de opción al recuerdo de mi patria”.  Y Anthony Trollope escribió a raíz de su muerte: “ Dickens profesaba una profunda devoción por la literatura en todas sus variedades, y su fe en ella encerraba una verdadera convicción”.

 

(Imágenes- 1- Dickens/ 2- Giuseppe de Nittis/3- Atiknson Grimshaw)

VERANO 2020 (1 ) : DÉJAME QUE TE HABLE

 


“Déjame que te hable, en esta hora

de dolor, con alegres

palabras. Ya se sabe

que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,

curan a veces. Pero tú oye, déjame

decirte que, a pesar

de tanta vida deplorable, sí,

a pesar y aun ahora

que estamos en derrota, nunca en doma,

el dolor es la nube,

la alegría, el espacio;

el dolor es el huésped,

la alegría, la casa.

Que el dolor es la miel,

símbolo de la muerte, y la alegría

es agria, seca, nueva,

lo único que tiene

verdadero sentido.

Déjame que, con vieja

sabiduría, diga:

a pesar, a pesar

de todos los pesares

y aunque sea muy dolorosa, y aunque

sea a veces inmunda, siempre, siempre

la más honda verdad es la alegría.

La que de un río turbio

hace aguas limpias,

la que hace que te diga

estas palabras tan indignas ahora,

la que nos llega como

llega la noche y llega la mañana,

como llega a la orilla

la ola:

irremediablemente.”

Claudio Rodríguez- “Lo que no es sueño” —“Alianza y condena’ (1965)

 

 

(Imágenes—1- Georges Buysse/ 2-Knar Bedian)

POR QUÉ UNO ES NEGRO Y OTRO BLANCO

 

“Originariamente — recordaba la antropóloga norteamericana Margaret Mead —los hombres estaban en partes del mundo muy alejadas unas de otras y muy diferentes. Si uno vive en los trópicos, le es muy útil tener la piel oscura, porque le protege del sol; y si por el contrario vive cerca del Polo Norte, necesita de todos los rayos que puedan alcanzarle, y por lo tanto es ventajoso que tenga la piel blanca. Y han sido necesarios quinientos mil años para que esos individuos se diferenciaran. En sus orígenes, por tanto, el problema de la piel fue un problema de adaptación al ambiente. Pero actualmente cada uno se mueve por los lugares propios del otro con entera libertad; el blanco va a los trópicos y permanece en ellos porque tiene aire acondicionado; y el negro puede mantenerse al calor o al frío en cualquier lugar donde quiera establecerse.

Hay enfermedades y también sustancias químicas que producen un cambio de color. En algunos libros se ha hablado de qué manera alguien cambió el color de la piel tomando ciertas sustancias que luego le hicieron enfermar. Cambiar de color le ocurre incluso a gente que se establece en otra nación durante un largo período de tiempo. Por ejemplo, los caucasianos que viven largo tiempo en Asía toman aspecto de asiáticos porque sonríen como los habitantes del lugar y sus ojos adquieren una apariencia oriental.

No hay desigualdades de inteligencia entre blancos, negros y amarillos. Todo depende de la educación que se recibe. Si se toma un niño esquimal y se le educa como a un italiano o un inglés, cuando sea mayor será igual que ellos. En cuanto a la inteligencia, el método que empleamos en la actualidad para probarla consiste en estudiar gemelos idénticos, criados en ambientes diversos. La influencia más poderosa en el proceso intelectual del hombre es la civilización en que vive. Los seres humanos están hechos de tal forma que individuos  con determinadas dotes mentales, nacidos en el ámbito de determinada cultura, pueden funcionar dentro de los límites de aquel saber, hablar su lenguaje y seguir sus costumbres. El traslado de individuos procedentes de culturas técnicamente atrasadas a culturas modernas muy avanzadas, ha demostrado que una persona no evolucionada puede llegar a asimilar la tecnología más sofisticada. Del mismo modo, un niño nacido en una cultura compleja que haya sido adoptado por parientes que viven en una cultura más primitiva o más sencilla, no se elevará del nivel de sus padres adoptivos. Es decir, no somos todos iguales, porque hay tontos e inteligentes. Pero la estupidez y la inteligencia no son cosas inherentes a la raza.”

 

 

 

(Imágenes—1- Phillippe Vgnat/ 2- Erwin Blumenfeld -1938)

LA ÚLTIMA CLASE DE ORTEGA


“Las seis de la tarde de un día frío y lluvioso de otoño de 1935.  El acceso a la Ciudad Universitaria de Madrid es difícil. Pero todos los alumnos acuden a rendir al maestro  este pequeño homenaje  de admiración al hombre, de agradecimiento al profesor. Ortega entra, como el primer día en su primera clase, con su carpeta de cuartillas bajo el brazo y sube a la plataforma. No hay discursos , no hay alusión al acto. Es una lección  como la de todos los días. El maestro parece no enterarse de que estamos allí  para tributarle un homenaje. Su preocupación está puesta en la tarea, en la labor; en que la obra humilde, tan humilde como difícil, que consiste en transmitir la idea al cerebro del alumno, resulte, precisamente en ese día de sus bodas de plata, la más perfecta posible.

Parece que fue ayer… Más que los años, el pensamiento filosófico, la tarea mediadora, han ido labrando su rostro y han tallado su cabeza con fuertes y acusados planos. No es la cabeza de un escritor ni la de un artista: es la cabeza de un filósofo. Se hace el silencio; la lección comienza. Entre los asistentes me parece que soy yo — dice María de Maeztu —la única que escuchó su primera clase en la calle de Montalbán, número 20, en octubre de 1909. Ha variado el tema. Entonces la explicación consistía en comentarios a los diálogos de Platón y a la “Crítica de la razón pura” , de Kant; hoy es la versión de su propia, original filosofía: la razón vital. Pero el método, ese método que consiste en actualizar el pensamiento, en hacerlo vivo, es el mismo. La misma belleza en la palabra; idéntica claridad y precisión en el pensamiento; la misma manera de intuir la imagen, de concebir la idea y cubrirla y descubrirla con la metáfora. Ortega ha sido siempre idéntico  a sí mismo.”

 


(Imágenes: – 1- casa donde nació Ortega- foto jjp/2- Abelardo Morelli)

LA PRIMERA CLASE DE ORTEGA

 


“ Octubre de 1909. La Escuela de Estudios Superiores de Magisterio, que acaba de crearse en Madrid —recuerda María de Maeztu —se había instalado provisionalmente en un pequeño edificio de la calle Montalbán número 20, no lejos del Museo del Prado. Son las nueve de la mañana; el aula, con una ventana que mira a los jardines del Retiro, está ocupada  por cuarenta estudiantes, hombres y mujeres, que han ingresado, mediante concurso, por orden de mérito, y se disponen a escuchar la palabra del profesor.  Estos alumnos son maestros que han venido de todas las provincias de España para cursar los estudios correspondientes al doctorado de  Pedagogía. Ortega había sido nombrado profesor de Filosofía  y llegaba precedido de un gran prestigio, especialmente por sus artículos  en forma de ensayos publicados en “El Imparcial”.

Entra Ortega en la clase con una carpeta de cuero en la mano. De ella saca un libro pequeño: es un diálogo de Platón —el “Teeteto” —; antes de comenzar la lectura expone a los alumnos lo que va a ser su curso de filosofía. Filosofía, dice, es la ciencia general del amor. La palabra del maestro, clara, precisa, elegante, produce una extraña emoción. Los alumnos intentan tomar notas en sus cuadernos, mas, al punto, quedan absortos, detenida la pluma en el papel ante la maravilla de aquella exposición filosófica, vestida con una gran riqueza de imágenes y metáforas. Parece que asistiéramos — sigue diciendo María de Maeztu —, no a la explicación de una clase magistral, sino a la peripecia de una teoría dramática cuyo protagonista es la propia vida del filósofo.

Al año siguiente, 1910, Ortega hace oposiciones a la cátedra de Metafísica que ha quedado vacante en la Universidad Central de Madrid. Tiene que explicar una lección ante el tribunal. Sus alumnos vamos a presenciar el espectáculo. Ortega comienza aquel juego de acrobacia en un torneo de oratoria que alcanza la máxima perfección. La lección, el ejercicio, dura una hora. Ortega, al terminar, no muestra la menor fatiga: ha ganado su primera batalla como si no hubiera entrado en el ruedo. Elegido a los pocos días entre los concursantes, debuta como catedrático en la Universidad Central de Madrid: tiene veintisiete años.”

 

 

(Imagen —Ortega y Gasset- por Zuloaga/ 2- Ortega- tautología)

PAPELERÍA SALAZAR

 


Ahora va a cerrarse la papelería Salazar nacida en 1905. Me veo entrar en abril de 1993 en esta papelería de la calle de Luchana de Madrid para comprar unos cuadernos. Son cuadernos de tapas duras, de muchas páginas, con estas páginas blancas, de pequeños cuadritos, tamaño folio, tomo el metro que me acerca hasta la Biblioteca Nacional y allí, en un pupitre de la Sala General, comienzo el  18 de abril mi novela “Lágrimas negras”. La iré escribiendo en 18 meses y cada día anotaré a lápiz, encima de la línea de la pluma, la fecha de mi trabajo. El cuaderno se extiende como un campo blanco, habitan en él los personajes, mi letra, que entonces era clara y diminuta, trazada con una punta azul, extiende situaciones, humor, conflictos, en general una velocidad de escritura con pocos retoques, casi sin tachaduras, cada mañana sé lo que voy a escribir y el cuaderno lo recibe mansamente.  Acabo el libro el 7 de diciembre de 1994.

Muchos años antes, en los 70, entro en la papelería Salazar a comprar unos cuadernos. Son siempre los mismos, De tapa verde o azul. En el centro, arriba, dentro de un recuadro, aparece dibujada la palabra “Miquelrius”. Ellos no saben que aparecerán en mis Memorias. Yo tampoco. Hemos entablado una estrecha relación familiar y ellos me han presentado a sus hijos. Mientras yo escribo “Contramuerte” a lo largo de  7 años los cuadernos viajan conmigo. Han conocido París, Roma, el mar, los campos, han descansado en armarios y sus hijos, de tamaño más pequeño, me han recibido  siempre en confidencia. En ellos he escrito “Diarios” desde el 94 hasta el 2017, antes de pasarme al ordenador. En esos hijos de los cuadernos grandes guardo  relatos,  notas, descubrimientos.  De repente leo en uno de ellos una frase de Van Gogh a su hermano Teo: “tengo la paciencia de un buey”. Lo creo. Lo he anotado. Lo comparto. En otro pequeño cuaderno encuentro la confesión de Sebald diciendo qué hay que leer y escribir cuando a uno le es imposible leer o escribir. Miles de anotaciones. Decenas de ideas. Cientos de sugerencias.

Luego, cuando pasó por última vez ante la papelería Salazar veo el bosque de donde han salido estos cuadernos. Está el bosque lleno de mi escritura, años enteros de páginas. De  vez en cuando se oyen piar los pájaros.”

José Julio Perlado

 

 

(Imágenes-1- Brígida Baltar- 2004- artnet/ 2- papelería Salazar)

GALDÓS , CIEGO

La aparición de una nueva biografía del  gran novelista y a la vez  la celebración del Año de Galdós nos lleva hasta sus años postreros, cuando vivía en su casa de la calle Alberto Aguilera y estaba ya invadido por la ceguera. Desde 1910, en que escribió, por última vez con su propia mano el Episodio de “España trágica”, el novelista dictaba todas sus obras a su secretario Pablo Nougués. El doctor Marañón había descubierto la ceguera de Galdós y el escritor acude al Doctor D. Manuel Márquez. El 25 de mayo de 1911 extirpan a Galdós la catarata del ojo izquierdo y como tantos otros escritores del mundo traspasa todas sus vivencias — en este caso la ceguera – a un personaje, Tito Liviano, que aparece en el Episodio “Cánovas” y que reflejará de modo autobiográfico y con minuciosos detalles las vivencias del novelista.

” Después de Semana Santa — dice Tito Liviano — empecé a notar que mi vista se nublaba; sentía como arenilla en los ojos… Al propio tiempo crecía la fotofobia, y no aún amparando mis ojos con gafas negras érame posible resistir la viveza de la luz en plena calle. Fue menester reducir los paseos a la hora crepuscular, motivo mayor de tristeza y abatimiento. Siguieron a esto dolores en las sienes, vascularización en la córnea, y que perdía su brillo, tomando, según me dijeron, un aspecto mate, sanguíneo.

Recluso en mi habitación, sumido en intensa oscuridad, yo no distinguía los días de las noches, ni un día de otro, ni apreciaba el principio y el fin de cada semana. Era para mí el tiempo un concepto indiviso, una extensión sin grados ni dobleces. Las únicas interrupciones de la continuidad  eran los momentos en que me hacían la cura de los ojos el doctor o su ayudante…Mi ceguera llegó a ser absoluta; mis ojos inflamados me daban la sensación de dos ascuas mal contenidas dentro de las órbitas…”

El escultor Victorio Macho , que realizó la estatua del novelista, ha evocado en sus Memorias ambientes y amistades de Galdós cuando ya era anciano:  “ Me recibía sentado en un butacón y con las flacas piernas cubiertas con una manta y fumando siempre. Solían acudir algunas tardes Margarita Xirgu, los hermanos Quintero, Pérez de Ayala, Ramírez Ángel, y la voz de Margarita conmovía a Galdós (…) Para la estatua del Retiro — escribe el escultor— me puse a trabajar en un pequeño taller junto a mi estudio de las Vistillas, y al no tener espacio para mi obra hube de tirar un tabique para poder girar la estatua, y en vista  de que tampoco aquello me  daba  espacio suficiente para contemplarla, alquilé una carreta  con cuatro bueyes, donde se montó la figura de Galdós en barro y allá fue removiéndose y deformándose en el camino hacia la carretera de Extremadura hasta una amplia nave que había alquilado.

Concerté con don Benito que él iría a mi taller en su coche llevado por su criado, sin que nadie supiera el motivo. Así fue. Llegaba el gran hombre, casi ciego, y entre Paco y yo le subíamos a unas gradas con un sillón sujeto a ellas , donde se sentaba en postura semejante al boceto de la estatuilla que le había hecho.  Posó varias mañanas  y estudié más aún sus largas y huesudas manos de escritor y la forma del rostro y la cabeza.

Cuando en 1918 terminé en el Retiro su estatua en piedra, don Benito deseó “verla” — como él decía —, aunque ya casi estaba ciego; entonces le aproximé a la mole pétrea, a la que tocó con sus manos y me dijo: “Magnífica, amigo Macho. Y ¡cómo se parece a mi!” Después se sentó sobre las gradas del pedestal y alguien nos hizo una fotografía, que aún conservo con orgullo.”

 

 

(Imágenes- 1- estatua de Galdós – jardines del Buen Retiró/ 2- Galdós jóven  – periosya dihiyal)

PASILLO

 


“Somos dos

En la misma línea donde todo se alinea

En los meandros de la noche

Hay una palabra en medio

Dos bocas que no se ven

Un ruido de pasos

Un cuerpo ligero se desliza hacia el otro

La puerta tiembla

Pasa una mano

Uno quisiera abrir

El rayo claro erguido

Allí frente a mí

Y lo que nos separa es el fuego

En la sombra donde tu perfil se pierde

Un minuto sin respirar

Al pasar tu aliento me ha quemado.”

Pierre Reverdy—“Pasillo”

(Imagen -Julián Opie)