JUNG Y EL INCONSCIENTE COLECTIVO

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«La gente no puede evitar el percatarse de que en casa usted es muy distinto de lo que aparenta ser en público. Usted ignora entonces quién es el verdadero hombre: ¿el que actúa en su casa y en sus relaciones íntimas o el que aparece en público?».

Estas preguntas se las planteaba Jung hablando con Richard Evans sobre el inconsciente en general y el inconsciente colectivo en particular.

 

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Ahora, en el centenario del inconsciente colectivo, las palabras de Jung vuelven a resonar:

«La persona es un cierto sistema de conducta complicado – decía – y que es en parte dictado por la sociedad y en parte dictado por las esperanzas y deseos que cada uno cultiva (…) ¿Quién es el verdadero hombre, el de casa o el que aparece en público? Es una cuestión de Jekyll y Hyde. A veces hay tal diferencia que casi podríamos  hablar de una doble personalidad, que será tanto más neurótica cuanto más pronunciada. Se vuelven neuróticos porque actúan de dos formas distintas; se contradicen siempre a sí mismos y lo ignoran cuanto más inconscientes sean. Piensan que son un solo individuo, pero todos comprueban que son dos. Algunos le conocen sólo  por una de sus facetas; otros le conocen sólo por la otra. Y también hay situaciones en que chocan, porque su forma de ser crea ciertas situaciones con sus amistades, y estas dos situaciones no concuerdan, de hecho, son insinceras. Y cuanto más acentuada sea esta discordancia más neurótico será el individuo. Nosotros no podemos soportar demasiado bien más que dos papeles, pero hay casos en los que la gente tiene hasta cinco personalidades distintas.

 

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(…) La psique guarda problemas colectivos, convicciones colectivas. Estamos muy influidos por ellas y hay ejemplos que lo prueban. Usted pertenece a cierto partido político o a cierta religión; eso puede ser un determinante importante de su conducta. Ahora que, si surge un problema de conflicto personal, el inconsciente colectivo no es afectado. No se plantea la cuestión y por eso no actúa. Pero en el momento en que usted trasciende su esfera personal ( por ejemplo, usted intenta resolver un problema político o cualquier otra cuestión social que le importe realmente), entonces usted se enfrenta con un problema colectivo. Yo noté en mis pacientes, y especialmente en personas que ejercen una función pública, que tienen una determinada forma de presentarse. Por ejemplo, en el caso de un médico: se conduce correctamente a la cabecera del enfermo, y lo hace como uno espera que se conduzca un médico. Puede llegar, incluso, a identificarse con ello y creer que es lo que aparenta ser. Debe presentarse de cierta forma o, de lo contrario, la gente no creería que es un médico. Lo mismo sucede cuando uno es profesor: también se supone que debemos comportarnos de tal manera que parezca verosímil el ser profesor. Por eso la persona es parcialmente el resultado de las exigencias que detenta la sociedad».

 

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(Imágenes.-1-Jung- Cartier Bresson- 1961/ 2.-foto Eva Rubinstein/ 3.- foto Hannes Kilian 1965/ 4.-Carl Jung)

THOMAS WOLFE Y EL EDITOR DE LIBROS

 

 

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«Le parecía que todo ese increíble milagro de su propia vida y su propio destino – dice el protagonista de la novela «Del tiempo y el río« de Thomas Wolfe – había ordenado todos estos hechos circunstanciales en significados coherentes y relacionados. Sentía que todo – el poderoso movimiento del tren, el infinito misterio y la solitaria desolación de la tierra, el sentimiento de lujo, abundancia e ilimitada riqueza que era estimulado por el rico mobiliario del Pullman y el aire generalizado de afluencia de tantos hombres prósperos – le pertenecía, que todo había surgido de su propia vida y que estaba listo para servirle a la menor de sus órdenes».

Thomas Wolfe, su vida y sus obras  – párrafos como éste, escondidos en millares de páginas – aparecen en «El editor de libros»,  la película que presenta al escritor norteamericano y a su editor en el forcejeo de la sensatez contra la impetuosidad, la batalla entre la medida y la dispersión. Como apuntó el analista y crítico británico Malcolm Bradbury, Wolfe construyó una épica del Yo, la vida y los Estados Unidos, tres enormes empresas a las que entregó sus esfuerzos novelísticos, un sentido más profundo del cambio histórico, que en parte le venía de una visión política más enérgica, y en parte de su ambición por aplicar mayor peso simbólico o mítico al material autobiográfico.

 

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«Escribí sobre la  noche y la oscuridad de los Estados Unidos y sobre las caras de los durmientes en 10.000 pueblos, y sobre las mareas del sueño y sobre cómo fluían los ríos eternamente en la oscuridad… Escribí sobre la muerte y sobre el sueño – decía Thomas Wolfe-, y sobre esa roca legendaria de vida que llamamos la ciudad». «Hay pocas vidas heroicas – confesaba en una carta -; de la única que sé lo suficiente es de la mía propia. Esto puede sonar presuntuoso, quizá, pero como es cierto, no veo la razón para negarlo». «Creo – dijo en otra ocasión – que estamos perdidos aquí, en los Estados Unidos, pero creo que seremos encontrados. Y esta creencia, que llega ahora a la catarsis del conocimento y la convicción, es para mí – y creo que para todos – no nuestra única esperanza, sino el sueño vivo y eterno de los Estados Unidos. Creo que la vida, tal como se ha dado en los Estados Unidos, y tal como nos determina a nosotros – las formas que hemos hecho, las células que crecieron, el panal que se ha creado – era autodestructiva por naturaleza y debe ser destruida. Creo que estas formas están muriendo, y que deben morir, así como creo que los Estados Unidos y el pueblo que vive en ellos no pueden morir, están aún sin ser descubiertos, son inmortales, deben vivir».

 

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(Imágenes .-1-Thomas Wolfe- el ciltural/ 2.- imagen de la película «El editor de libros»- el cine en la sombra/ 4.- imagen de la película)

BOB DYLAN : UNA FUERTE LLUVIA VA A CAER

 

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«¿Dónde has estado mi hijo de los ojos azules?

¿Dónde has estado mi pequeño querido?

He tropezado en el costado de doce montañas nubladas

He caminado y gateado en seis autopistas inclinadas

Me he parado en el medio de siete forestas tristes

He estado afuera de frente a una docena de océanos muertos

He estado diez mil millas en la boca de una tumbs

Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte

Y es una fuerte lluvia la que va a caer

 

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¿Qué has visto mi hijo de los ojos azules?

¿Qué has visto mi pequeño querido?

Vi un niño recién nacido con lobos salvajes a su alrededor

Vi una carretera de oro sin nadie en ella

Vi una rama negra con sangre que seguía cayendo

Vi un cuarto lleno de hombres con martillos ensangrentados

Vi una blanca escala toda cubierta de agua

Vi diez mil  conversadores con las lenguas todas rotas

Vi revólveres y espadas afiladas en las manos de pequeñuelos

Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte,

Y es una fuerte lluvia la que va a caer.

 

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(…)

¿Qué harás ahora mi hijo de los ojos azules?

¿Qué harás ahora mi pequeño querido?

Me voy afuera antes que la lluvia comience a caer

Caminaré hacia las profundidades de la foresta oscura más profunda

Donde la gente es numerosa y sus manos están vacías

Donde las píldoras de veneno están inundando sus aguas

Donde la casa del valle  encuentra la prisión húmeda y sucia

 

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(…)

Entonces me pararé sobre el océano hasta empezar a hundirme

Pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantar

Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte,

Y es una fuerte lluvia la que va a caer».

Boy DylanUna fuerte lluvia va a caer» ( traducción Marcelo Covián)

 

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(Imágenes.-1.-magic spelldust/ 2-William Edouard Scott- 1912/3.- Edouard Boubat- 1950/4.- Robert Doisneau- 1981/ Bob Dylan-jot down)

TIEMPO DE MAR

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«El mar me pertenece

lo hago pasar entero

entre mis manos ávidas.

Lo acaricio le doy

la única mirada

sencilla que me queda

la que aún no han manchado

ni el miedo ni la muerte.

Mar limpio entre mis dedos

goteando  esperanzas

porque sostiene aún

un velamen con brisa.

Mar de todos los mares

hoy contemplo en su espuma

otros mares antiguos:

aquel de mi primer

contacto con las playas

y el de aquellas lecturas

codiciosas e incómodas

bajo algún tamarindo,

y aquel otro del trópico

sin huellas de turistas

con esa pulpa tierna

que ofrece el cocotero.

Quiero olvidar aquí

lo que sucedió anoche.

el mar no tiene culpa.

Es dócil, mío, puro,

es un lebrel que lame

mis plantas mansamente»

Ernestina de Champourcin – «Primer exilio»  1978

 

ernestina-de-champourcin-bgt-universidad-de-navarra(Imágenes.- 1.-Ernestina Michels de Champourcin- revista con la A/ 2- universidad de Navarra)

VIAJES POR ESPAÑA (11) : BANDIDOS ANDALUCES

 

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«Bajando de las montañas, con el maravilloso espectáculo de Málaga, el Mediterráneo y Ronda en el horizonte, vimos a un mulero que nos dijo que había una banda de cincuenta ladrones, todos con caballos, en la venta, junto a la carretera y el bosque que teníamos que atravesar aquella noche. Hacia el mediodía entramos en Antequera; a partir de allí la comarca tenía una apariencia inusitada en España: huertos cercados, setos con álamos y olmos que me recordaban el paisaje del Oeste de Inglaterra, pero esta comparación, sugerida momentáneamente por el buen cultivo, no tardó en ser borrada por la realidad, pues fuimos sorprendidos por una tormenta y tuvimos que buscar refugio en una casa grande, pero solitaria, junto al camino; la puerta estaba cerrada y sus habitantes tardaron en oírnos. Por fin, después de muchas preguntas, nos la abrieron con evidente recelo, que aumentó cuando entramos y pedimos pan y vino. Acostumbrados a los bandidos y no a los viajeros, no sabían qué pensar de nosotros al principio.

 

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Luego, yendo camino de Benamejí, se nos unieron algunos arrieros, que nos advirtieron del peligro que corríamos. Era costumbre entonces que los viajeros que pasaban por allí se unieran en caravanas, y como la mayoría eran campesinos que llevaban sus productos al mercado era siempre fácil encontrar alguna a la que unirse. Oímos que una caravana pasaba a una milla de distancia y galopamos a su encuentro, consiguiendo cruzar el bosque con ella. Pasamos por el lugar del peligro, junto a la pintoresca venta y no tardaron los de la caravana en gritar que se acercaban los bandidos; vimos a tres hombres en el bosque, apoyados en sus fusiles, en quienes nuestros compañeros reconocieron a miembros de la banda. Protegido por la caravana como estaba, sentí deseos de ver de cerca a uno de los famosos bandidos andaluces, que, como los contrabandistas legítimos, se distinguen por su atuendo, van en nobles corceles y tienen en su carácter algunos rasgos loables; raras veces cometen asesinatos, a menos que la víctima oponga terca resistencia, muestran gran cortesía y desdeñan las cosas de poco valor; aquellos que vimos en el bosque iban a pie y no se distinguían en nada de la demás gente.

 

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Quizá fueran bisoños en la banda y no admitidos aún en los privilegios del uniforme y los misterios de la profesión, pues, según parece, en las mejores bandas había que pasar por un período de aprendizaje. El número de los bandidos sospecho que era exagerado por la gente, aunque el distrito estaba tan lleno de ellos, que se decía que quien bebiera el agua clara de Lucena quedaba desde aquel momento convertido en cumplido ladrón de caminos».

Herbert Henry George, tercer Conde de Carnarvon .-«Viajes por la península ibérica» (1827)

 

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(Imágenes.-1,.-pintura de Eulogio Rosas/ 2.-pinterest com/ 3.-tripasvisor/ 4.-gibralf -universidad de Málaga)

CANTOS A ROSA

 

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» Le dije: Ven aquí. Te quiero, Rosa.

Mira los tilos, mira las gayombas

volcándose en el aire. Tú no sabes

lo que se siente cuando se derrama

un tilo en las espaldas. Quien no tenga

una mano al alcance cuando cae

dulce y lenta la lluvia de los tilos,

perecerá. Entonces ella dijo:

¿qué sabes tú de la muerte, ni dulzura?».

Josè Antonio Muñoz Rojas Cantos a Rosa» XVll (1954)

(Imagen.-Robert Mapplethorpe)

POR QUÉ ESCRIBE EDUARDO MENDOZA

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«Es muy simple: por la angustia insensata que experimento, por ejemplo, al ver mi reflejo en un espejo que se obstina en no reproducir nada más que mi rostro – confesaba Eduardo Mendoza a Cecilia Yepes en una encuesta de hace años -. Redacto estas líneas con una vieja máquina de escribir que me han prestado; mi máquina eléctrica está averiada: de todas formas, no tiene importancia, pues la respuesta que acabo de dar es falsa. Tan poca importancia como tiene la pregunta, la mayoría de las preguntas. Tan inexistente como el manto invisible que no cubría la desnudez del emperador; como, por otra parte, la presunta inocencia del niño que reveló esta evidencia (él mismo no era más que un enano usurpador, bien decidido a reivindicar por su cuenta el privilegio de definir la rewlidad). En el fondo, tengo miedo: es que, egocéntrico, solitario, descreído, paranoico o hipocondriaco ( únicamente la falta de medios económicos me salva de la desesperación), me pongo a escribir por las malas razones habituales (inventar una regla de juego plausible para enmascarar mi ignorancia de las reglas establecidas; ser simpático a los ojos de mis vecinos, a quienes les soy, me doy cuenta muy bien, indiferente) y continúo, golpeado por el mal destructor de no saber callarme a tiempo».

 

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(Imágenes.- 1-Eduardo Mendoza- eldiario es/ 2.-Mendoza, en Londres, tras recibir el premio Cervantes.-foto Lionel Derimais- el país)

VIEJO MADRID (65) : CALLE DE LA MONTERA

 

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«La calle de la Montera de nuestros días, esa calle engalanada, coqueta y bulliciosa, centro, podemos decirlo así, del comercio de Madridescribe Gustavo Adolfo Becquer en 1870 -, era hace tres siglos más bien que calle, un lodazal, en tiempo de invierno y un depósito de polvo  y de inmundicias en verano.

¡Oh hermosa calle de la Montera! Tres siglos hace que ni aún nombre tenías, y para dar de ello una ligera prueba, diremos que procede el que lleva actualmente de cierta hermosa dama, mujer del montero mayor del rey. Esta buena señora tenía escandalizado al buen pueblo de Madrid. Y no se crea que estos escándalos deshonrasen al señor Montero mayor: todo menos eso. Todo lo más que sucedía era que la señora Montera se asomaba a sus balcones y, a pretexto de cuidar las flores de sus búcaros, arrojaba a la calle, así como al descuido, dos o tres de las marchitas.

 

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Cuenta la crónica que por un clavel rojo y una maravilla jaspeada de blanco se dieron de estocadas un marqués y un alférez de guardias amarillas, quedando este último bastante malherido, pues en aquel tiempo no eran sólo los militares los únicos diestros en el manejo de la espada (…) En algunas noches oscuras sucedía que al acudir la ronda  al rumor de una pendencia hacían causa común los galanes y arremetían con sin igual furor a los pobres golillas, administrándoles tales palizas, que no tardaban en huir como cuervos a la desbandada, pidiendo favor y ayuda.

Cuando, después de una noche de serenatas y estocadas, la justicia recogía, al amanecer, un cadáver en aquella calle de trágicas aventuras, nuestra buena Montera, tan fresca y tan bella siempre como una flor de primavera, entraba a oir misa en San Luis, sin dar la más pequeña muestra de arrepentimiento por sus culpables coqueterías.

 

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He aquí por qué la linda calle se llama la calle de la Montera. Respecto al comercio que entonces existía en ella, estaba reducido a unos miserables tenduchos en los cuales se vendía pan. Tales establecimientos llegaban desde un extremo de la calle hasta la iglesia de San Luis, y a fin de que no hurtasen el pan tenían a la entrada unas fuertes mallas de cuerda sujetas a un marco. Por eso aún en el día de hoy es conocido aquel sitio con el nombre de Red de San Luis«.

 

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(Imágenes – 1-calle de la Montera- entredosamores/ 2.-calle de la Montera- wordpressvellingmages- net/ 3.- la calle de la Montera en 1893. con la iglesia de San Luis, hoy desaparecida– wikipedia/ 4-calle de la Montera- edicioneslibreria.es)

LA PIEDRA

 

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La piedra es una criatura

perfecta

igual a sí misma

guardián de sus fronteras

con precisión

 repleta

de pétreo significado

con un aroma que a nada recuerda

a nadie espanta no despierta deseos

su ardor y su frialdad

son los justos y están llenos de dignidad

siento su pesado reproche

cuando la retengo en mi mano

y su noble cuerpo

absorbe mi falso calor

 

-Las piedras no se dejan domesticar

hasta el final nos mirarán

con su ojo calmo y clarísimo.

Zbigniew Herbert- «Estudio del objeto» (1961)

(Imagen.- Sandra Davolio- 2014)

LA PARTITURA MÁS VALIOSA

 

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«He llamado al primer movimiento Totenfeier; si le interesa saberlo – escribe Mahler a Marschalk en 1896 – es el héroe de mi sinfonía en re, al que conduzco a la tumba… Paralelamente se plantea la cuestión central: ¿por qué has vivido? ¿Por qué has sufrido? Es preciso que de una u otra forma resolvamos este problema para poder continuar viviendo o, incluso, muriendo. Aquel que, siquiera una vez, se haya planteado esta cuestión está en condiciones de responder: y esta respuesta la doy en el último movimiento… El segundo movimiento, un recuerdo. Un rayo de sol en la vida de mi héroe… La vida vuelve a tomarte y ocurre que, en su vana agitación, te produce horror; es como una sala de baile bien iluminada donde se agitan siluetas móviles y danzantes que tú, oculto en la noche, observas desde lejos sin oír la música ¡Así es el tercer movimiento! Lo que sigue ya lo conocéis».

Ahora se habla de la partitura más valiosa al referirse a la Segunda Sinfonía de Mahler. La correspondencia del compositor alumbra en gran parte sus intenciones creadoras. Marc Vignal en su «Mahler» incorpora aún otro documento más que nos adentra en la composición. «Había buscado en toda la literatura mundial, incluida la Biblia, – escribe Mahler en febrero de 1897 – tratando de encontrar la palabra redentora…

 

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Entonces murió Bülow, y yo asistí a un servicio religioso conmemorativo. El estado de ánimo en el que me encontraba allí, pensando en el difunto, correspondía exactamente a aquel de la obra que me preocupaba de modo incesante. En ese instante el coro entonó la coral de Resurrección. Me estremecí como ante un relámpago; todo era ahora límpido, evidente. El artista vive esperando ese relámpago: es su Anunciación. Me quedaba traspasar a música esta experiencia. Y sin embargo, si no hubiera llevado ya esta obra dentro de mí, ¿cómo hubiera podido vivirla?».

 

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(Imágenes.- 1-Segunda Sinfonía de Mahler- Sothebys-el país/ 2.-Mahler- foto picture aliance/ 3- Mahler en 1903)

LA PACIENCIA

 

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«De las muchas virtudes que tenemos a nuestra disposición. – decía el poeta ruso Joseph Brodsky -, la paciencia es la más conocida por obtener recompensa. De hecho, la paciencia constituye parte integral de cualquier virtud. ¿Qué es una virtud sin paciencia?: tan sólo buen carácter. En algunos trabajos, sin embargo, no resulta aconsejable; de hecho, podría ser mortal. Otros trabajos requieren paciencia, mucha, mucha paciencia; y quizá por ser la única virtud detestable en ellos, sus profesionales se dedican a fondo a cultivarla».

Joseph Brodsky– «Pieza de coleccionista» (1991) – «Del dolor y la razón»

(Imagen.-Otto Piene- 1978)

SOBRE LA CARICATURA

 

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«La caricatura es una forma de estudio eficaz. Una caricatura pone de relieve los rasgos más característicos, los que sean, sin tener en cuenta la variedad del modelo. Pero no dejes que la caricatura se apodere de todos tus dibujos. Caricaturiza tanto la acción como el animal.

Si tienes dudas respecto a las articulaciones, trabájalas por analogía con el esqueleto humano, cuando esto sea posible – aconsejaba el gran escultor y dibujante Alexander Calder -. Muchos de los esqueletos animales se corresponden estrechamente con los de la osamenta humana. Sé consciente de los músculos de todas las partes del cuerpo. Éstos hacen que todas las grandes líneas del cuerpo sean convexas. La actividad constante es la mejor receta para cualquier tipo de dibujo. Lleva siempre papel y lápiz. Y úsalos. No seas tímido.

Dibuja en el transporte público. Ahí sólo habrá personas, pero si te paras a pensarlo te darás cuenta de que la mayoría se parecen a algún animal. Estúdialos atentamente y descubre cuáles de sus rasgos o gestos te recuerdan al animal. Entonces dibújalos, haciendo que se parezcan más que nunca al animal».

Baudelaire decía de la caricatura: «la sorpresa de que ese arte caricatural produzca risa o diversión cuando debiera producir miedo o compasión es debido a que la caricatura, como lo cómico en general, nace de una equilibrada dialéctica entre nuestra necesidad de sentirnos superiores y nuestra conciencia de ser inferiores».

(Imagen.- Daumier– oldbookilustration)

 

CUATRO CUARTETOS

 

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«Lo que llamamos principio es con frecuencia el fin

y llegar a un fin es llegar a un principio.

El fin es desde donde partimos. Y cada frase

y cada oración correctas (donde cada palabra está en su lugar,

asumiendo su puesto para sostener a las otras,

la palabra ni tímida ni ostentosa,

un comercio natural de lo antiguo y lo nuevo,

la exacta palabra común sin vulgaridad,

la esencial palabra precisa pero no pedante,

el completo consorcio bailando a un tiempo)

Cada frase y cada oración  es un fin y un principio.

(…)

Estos versos, que corresponden a la parte final de los «Cuatro cuartetos» de T S Eliot, vuelven ahora a la actualidad con la aparición de esta célebre obra en una nueva y acaso definitiva versión en la editorial Lumen. Eliot revisó innumerables veces todas las cadencias, estructura e imágenes del poema. Los numerosísimos borradores culminaron con su publicación el 19 de septiembre de 1942 en el New English. Como en tantos creadores, Eliot habló a sus amigos de sus dudas respecto al mérito y valor de sus actividades poéticas, aunque las reseñas críticas le fueron generalmente muy favorables. Son las seguridades e incertidumbres de todo escritor, desde los principiantes hasta los más excelsos y notables.

 

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(Imágenes.-Eliot- John Loengard- 1956/ 2.-Anna Atkins)

EL OTRO YO

 

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«No escribo yo…

el otro que hay en mí

pide aflorar constantemente.

.Mas si me apresuro a volverme y mirarlo

él vuelve a escabullirse

al momento y lugar

en donde estaba antes

pues sin saberlo entorné la puerta

y lo dejé salir.

A veces un grito encendido lo llama;

comprende que lo necesito,

y yo también. Su tarea

será decirme quién soy bajo la máscara.

Él es Fantasma, yo fachada

que oculta la ópera que él escribe con Dios,

en tanto yo, ciego del todo,

espero impávido a que su mente

se me deslice brazo abajo,

por la muñeca, hasta la mano

y las puntas de los dedos

y furtiva encuentre

esas verdades que caen de las lenguas

con sonido quemante,

todo surgido de una sangre secreta

y alma secreta de secreto suelo.

 

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Con alegría

él se asoma a escribir, y luego corre

a esconderse una semana

hasta que reanuda el juego

en el cual yo finjo, diligente,

que no es mi propósito tentarlo.

(…)

 

Ray Bradbury .- «Zen en el arte de escribir»

(Imágenes.- 1- David Bowers-all- art- org/ 2.-Paul Serusier)

«LA COCINA» DE WESKER

 

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Se presenta en el teatro «Valle Inclán» de Madrid la obra del británico Arnold Wesker «La cocina», una pieza de 26 actores a la que me referí  aquí hace ya algún tiempo. Wesker, uno de los autores «airados» de la escena inglesa en los años cincuenta, plantea desde el marco de una cocina una serie de problemas sociales, de convivencia cotidiana elevada y cruzada a través de una relación tensa e intensa entre los  personajes. «La cocina» fue escrita, como recuerda Russell Taylor, con un ojo puesto en la televisión y fue enviada – sin éxito- a todas las compañías de televisión. Más tarde, cuando Wesker tenía nombre, todos la quisieron y el autor tuvo la satisfacción de rechazar todos los ofrecimientos. Aunque en apariencia «La cocina» constituye una diversión, es predominantemente un drama naturalista, que también tiene momentos de fantasía. El tráfago de la hora del almuerzo, el interludio del drama, nos llevan a la cocina como vida. «¿Sabes qué quiero decir? – se escucha en la obra-, la cocina y la vida es demasiado rápida para saber qué sucede. La gente va y viene, gran excitación, gran alboroto. ¿Para qué? Al final, ¿a quién conoces? Entablas una amistad, quieres ser el amigo del otro para toda la vida, pero cuando sales , ¡te olvidas! ¿Por qué te quejas de esta cocina?».

(Imagen: La Cocina», foto marcosgpunto- el Mundo)

EL CUADRO DENTRO DEL CUADRO

 

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«Vi allí telas de gran valor y que, en su mayoría, había admirado en colecciones particulares de Europa y en exposiciones de pintura. Las diversas escuelas de los antiguos maestros estaban representadas  – escribía  Julio Verne en «Veinte mil leguas de viaje submarino«- por una Madona de Rafael, una Virgen de Leonardo da Vinci, una ninfa de Correggio, una mujer de Tiziano, una Adoración de Veronese, una Asunción de Murillo, un retrato de Holbein, un monje de Velázquez, un mártir de Ribera, una kermesse de Rubens, dos paisajes flamencos de Teniers, tres pequeños cuadros de género de Gérard Dow, Metsu y Paul Potter, dos temas de Gèricault y de Proudhon y algunas marinas de Backuysen y Venut. Entre las obras de pintura moderna aparecían cuadros firmados por Delacroix, Ingres, Decamps, Troyon, Meissonier, Daubigny…»

Esta cita es la introducción que coloca Georges Perec al inicio de su novela «El gabinete de un aficionado» (historia de un cuadro). El cuadro siempre ha atraído numerosos e interesantes comentarios. Ahora la exposición en el Prado vuelve a ponerlo de actualidad. «A comienzos del siglo XVl – recordaba Francastel,- ya se observan en Venecia

 

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algunas colecciones privadas de pintura, en tanto que durante todo el siglo XV la pintura aún cumplía con su papel tradicional de decoración: las pinturas iban destinadas de antemano a un emplazamiento preciso. La diferencia es esencial. Mientras que la pintura concebida como ornamento realza la capilla, la iglesia, el altar o el salón ( y, por lo tanto, el «cuadro» se concibe según la función adscrita en el encargo), en el caso de la colección es el propio cuadro lo que debe ser realzado: debe instalarse allí en donde brille con mayor intensidad. A partir de ese momento, el cuadro cambia de naturaleza: de objeto costoso pasa a ser objeto precioso. Y como tal, se comercializa. Mientras la pintura se mantuvo atada al lugar de su destino en la mentalidad general, nadie pudo pensar que podía cambiar de lugar, y, por lo tanto, circular de mano en mano. Pero a partir del momento en que se concibe el cuadro como un valor en sí, independiente del lugar donde se encuentre, su comercialización no sólo era posible sino inevitable».

La fascinación por contemplar un cuadro ejerció, por ejemplo, en Proust  el hecho de que «La vista de Delft» de Vermeer, que le había cautivado veinte años antes, necesitaba, según él, una nueva y definitiva  visión.  Así, a pesar de estar muy enfermo, a pocos meses de su muerte, a las nueve y cuarto de la mañana del 24 de mayo de 1922, en lugar de meterse en la cama, después de haber estado toda la noche escribiendo, abandona su cama de enfermo y acompañado por un amigo  va al museo para ver el cuadro y a su vuelta escribe en «La Prisionera«: » por fin llegó al Vermeer, que él recordaba tan esplendoroso, más diferente de todo lo que conocía  (…) Se le acentuó el mareo, fijaba la mirada en el precioso panelito de pared  como un niño en  una mariposa amarilla que quiere coger. «Así debiera haber escrito yo», se decía . «Mis últimos libros  son demasiado  secos, tendría que haberles dado varias capas de color, que mi frase fuera preciosa por ella misma, como ese pequeño papel amarillo».

 

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(Imágenes -1- Pere Borrell-1874/ 2.-Elliot Erwitt/ 3.-Hank Conner)