Hace años escribí en un libro: “Ese hombre, como todos los hombres, va a morir; va a morir por primera y última vez”. No me acostumbro a ello. Me lo repito continuamente. Aunque fuera en diferido, los disparos siempre son definitivos porque esa vida es única e irrepetible y el cuerpo de la venda cae doblado sin poderse sustituir. El asombro, sin embargo, nos tienta en la pantalla con el siguiente anuncio de líneas aerodinámicas de un automóvil. Nos tienen necesariamente que tentar con la sorpresa porque la publicidad sabe que nos estábamos quedando adormecidos con tanta muerte. Se nos sacude entonces con los objetos deslumbrantes ya que al parecer los sujetos repetitivos y sangrantes — quizá sólo por ser repetitivos —nos provocan sopor. Entonces pasa y vuelve a pasar el objeto iluminado y musical desde todos los ángulos insólitos y se deja ver, mirar y admirar cuantas veces sea necesario hasta que lo consumamos en vida antes de que la muerte llegue. Cuando la muerte llega de nuevo en la secuencia siguiente del noticiario — ese tanque, por ejemplo, que está aplastando al niño inocente—no sabemos si ello es realidad o ficción, tan maquillada aparece la realidad con su disfraz de afeites. Exclamamos entonces, ¡ qué horror! pero estamos en el segundo plato y continuamos masticando nuestra cena de horrores. La vida sigue.
Tenía tanto por escribir—. decía Katherine Mansfield—, pero simplemente no lo he hecho. Creí que podría pero me sentí muy cansada después de la merienda y descansé en vez de escribir. ¿Es este comportamiento bueno o malo? Tengo mala conciencia, pero también sé que lo mejor que puedo hacer es descansar. Hay tanto que hacer y yo hago tan poco. La vida aquí sería casi perfecta si trabajara siempre que pretendo estar haciéndolo. Y no debe ser demasiado difícil. Mira los relatos que esperan y esperan justo en el umbral. ¿Por qué no les permito la entrada? Enseguida se verían sustituidos por otros que están al acecho justo ahí fuera; esperando su oportunidad.
A Catherine Mansfield le diagnosticaron la tuberculosis cuando tenía 17 años y murió a los 24. Necesitaba descansar continuamente. Y también terminó aceptando que sus días de no escribir eran a fin de cuentas, igual de importantes que los días más convencionalmente productivos. “ Lo que ocurre, normalmente, si aguanto lo suficiente —decía— es que me abro camino. Es como lanzar piedras lisas y muy grandes a la corriente. La cuestión es, sin embargo, hasta cuándo será eficaz esta técnica”.
Aprender a ver. Sorprenderse dentro del mapa de lo conocido. No aburguesarse en las costumbres de lo cotidiano. La novelista norteamericana Flannery O’Connor comentaba: “Tengo una amiga que está tomando clases de actuación en Nueva York con una dama rusa de gran reputación en su campo. Mi amiga me escribe que, durante el primer mes, los alumnos no hablan una sola línea, sólo aprenden a ver. Y es que aprender a ver es la base de todas las artes, excepto de la música. Conozco a muchos escritores de ficción que además pintan, no porque posean talento alguno para la pintura, sino porque hacerlo les sirve de gran ayuda en su escritura. Los obliga a mirar las cosas. “ Esto nos lleva casi de la mano a lo que Picasso le dijo un día a Sabartés sobre Cézanne. “Si Cézanne es Cézanne, es porque cuando está frente a un árbol mira atentamente lo que tiene ante sus rojos ; lo observa fijamente como un cazador que apunta al animal que quiere abatir. Muchas veces un cuadro no es más que esto… Hay que poner toda la atención”.
El ojo de Picasso mirando el ojo de Cézanne y el ojo de Cézanne mirando a su vez el ojo de Monet. “Monet — dirá Cézanne — es sólo un ojo, pero ¡qué ojo!“. Era aquel Monet que manifestaría haber deseado nacer y recuperar repentinamente la vista para no saber nada de los objetos y hallarse en estado virgen ante las apariencias.
Aprender a ver. Ejercitar el ojo para abrirse al asombro. Nuestra pupila ve los telediarios y no los mira, los mira y no los comprende. A la pupila le falta muchas veces la comprensión, ese ponerse en lugar del otro, no recibir tan solo sino aprehender imágenes y sonidos que nos desvelan lo que ese otro lleva dentro. A ese otro, en directo y mientras cenamos, le están acribillando con los ojos vendados ante un pelotón de fusilamiento.
Yo todos los años me quedo asombrado en la primera hora de la primera clase del curso universitario. Vienen ante mí todos los alumnos de todos los puntos del país y se posan como bandada de ideas y de cuestiones sentados en semicírculo, absortos ante las cuestiones e ideas que se les pueda plantear. Aún no han sido tocados por la sombra del escepticismo ni les ha caído encima una mota de aburrimiento. Están allí sentados, abierto su cuaderno virginal de ignorancias en espera del alimento que reciban. Y prácticamente todos ellos — aún sin formularla de manera explícita — guardan una pregunta escondida que no sé qué padre ni qué madre ni qué escuela les ha podido señalar y tampoco imagino en qué momento.
¿Qué es la verdad? ¿Y la bondad ? ¿Y la ética? ¿Dónde está el bien en este mundo tan injusto? ¿Y la belleza? Recuerdo las frases de Kafka paseando por Praga con su amigo Janouch. Decía Kafka: “la juventud es feliz porque posee la capacidad de ver la belleza. Es al perder esta capacidad cuando comienza el penoso envejecimiento, la decadencia, la infelicidad.” Y Janouch le preguntó: “¿ Entonces la vejez excluye la posibilidad de felicidad?” Y Kafka respondió : “ No. La felicidad excluye a la vejez. Quien conserva la capacidad de ver la belleza no envejece.” Naturalmente esa briosa acometida que siempre es la juventud — generación tras generación— en su perpetuo anhelo de ir en busca de la felicidad, del bien, de la verdad y de la belleza toma un impulso ascendente que se mantendrá hasta ser tentado por los anzuelos de la utilidad o quedar fatigado por el cansancio. Entonces los caminos del ver se bifurcan — o a veces se entremezclan— y unos ven únicamente la utilidad de las cosas y otros tan solo la belleza. De cualquier forma, ese empuje continuo de la juventud por remontar las fuentes siempre me ha dejado asombrado y uno procura, en su pequeña medida, responder alentando y manteniendo cada vez más vivo ese entusiasmo por el asombro.
José Julio Perlado
imágenes- 1- Marisa Esteban- RJB- CSIC/ 2- wikipedia
Los griegos querían ser un pueblo de filósofos y no de tecnócratas, es decir eternos niños, que veían en el asombro la condición más elevada de la existencia humana, como señala St. Harkianakis. Solamente así puede explicarse el hecho significativo de que los griegos no hicieran uso práctico de innumerables hallazgos . ¿Por qué se pierde el asombro, cómo se pierde? Los inventos que nos ofrecen en bandeja las televisiones ya no nos produce estupor sino avidez de tomarlos prontamente y consumirlos. Hay una costumbre, un hábito rumiante de consumir masticando lo nuevo, a veces triturando lo último, a veces sin siquiera atragantarse, tan voraces somos. Se consume y se consume , se circula y se circula, se recorre el mundo instantáneamente con sólo oprimir el teclado, únicamente moviendo el volante.
¿Y el silencio, la sorpresa, la quietud? Parecen haber desaparecido. Y sin embargo, la sorpresa es una categoría importante en la vida. “Mas, al menos para mí —decía la Premio Nobel polaca Wislawa Szymborska —, todavía hay otra cosa importante en la creación … La curiosidad. Nadie incluye la curiosidad entre los sentimientos, pero yo creo que la curiosidad es un sentimiento. Cuando la miró a usted, tengo curiosidad”, le decía a una periodista. Esa tensión de la atención tendida hacia lo ajeno, hacia lo otro, hacia el otro — lo que me va a revelar el otro, lo que ya me está revelando, lo que me ha revelado — , esa postura anímica expectante hacia lo que me va a desvelar hoy la vida, este día, esta persona que entra ahora en el despacho y que se sienta ante mí con su pregunta y su problema, incluso con su abanico de soluciones aún sin decidir, todo esto se halla en el centro de la curiosidad y a pocos pasos del umbral del asombro.
Me gustan — escribe Sei Shônagon en “El libro de la almohada”— los colores claros. El color de la vid, el verde suave, la tintura ‘’cereza”, el tono “ciruela roja”. Todos los colores claros son bonitos.
Me gusta el rojo, el color “glicina”. En verano, prefiero el violeta, en otoño, el tono “landa árida”.
Me gustan las faldas donde están dibujados los corales del mar.
Me gustan las chaquetas en primavera con el tono “azalea”, el color “cereza”. En verano me gustan las chaquetas “verde y hoja muerta”.
Me gustan los paños violeta púrpura, los blancos, aquellos donde se han tejido hojas de castaño caladas sobre un fondo verde suave. Las telas color ciruelo rojo también son bonitas, pero se ven tanto que estoy cansada de ellas más que de ninguna otra cosa.
(Imágenes- 1-Sei Shônagon – dibujó de Yosai/ 2 – sigueluitjeverigen)
Mentón sobre el pecho, sonrisa inesperada, aleteo de cejas, ostentación y modestia, ridiculeces torpes e ingenuas, es decir, siempre sinceras,el rostro de James Dean — escribe el sociólogo francés Edgar Morin —,es un paisaje siempre cambiante donde se leen las contradicciones, las incertidumbres, los impulsos del alma adolescente. Es comprensible que este rostro se haya convertido en un rostro- bandera y que ya sea imitado, especialmente en lo que más tiene de imitable: la cabellera, la mirada.
El héroe de las mitologías construye su propio destino, en lucha contra el mundo
El héroe de las mitologías emprende múltiples trabajos en los cuales demuestra sus aptitudes y al mismo tiempo expresa su aspiración a la vida más rica y total posible. James Dean ha arreado vacas, ha cuidado pollitos, ha conducido un tractor, ha criado un toro, ha practicado yoga, ha aprendido a tocar el clarinete, se ha informado en todos los terrenos y, en fin, se ha convertido— para el mundo moderno— en el mito de la vida total: artista de cine. James Dean querría hacerlo todo, ensayarlo todo, probarlo todo. “Si tuviera cien años, decía, todavía no me alcanzaría el tiempo para hacer todo lo que quiero hacer.” El héroe de las mitologías afronta en forma cada vez más patética el mundo que querría aprehender por completo. El destino de James Dean jadea cada vez más. Se fija sobre ese movimiento moderno de lo absoluto que es la Velocidad. James Dean, inquieto, febril para unos, extraordinariamente sereno para otros, una vez terminada la filmación de”Gigante”, se precipita en la noche a 160 kilómetros por hora en su Porsche de carrera hacia Salinas, donde debe disputar una competencia automovilística.
El héroe de las mitologías, en su búsqueda de lo absoluto, tropieza con la muerte. Su muerte significa que está quebrantado por las fuerzas hostiles del mundo, pero que al mismo tiempo, en su derrota, conquista al fin lo absoluto: la inmortalidad. James Dean muere. Comienza su victoria sobre la muerte.
Renato Poggioli, gran especialista en literatura rusa, profesor de literatura comparada en la universidad de Harvard,analiza las formas de “Doctor Zhivago”, señalando que dicha novela, como “Guerra y paz”, está escrita en contraste con la historia. Sin embargo, el mensaje de Pasternak es opuesto al de Tolstoi. En “Guerra y paz” toda la violencia y la astucia de la historia acaba por someterse a la ley natural, a los principios universales de la vida y la muerte. En la novela de Pasternak, la historia se manifiesta como una guerra civil y una contienda interna, como una “revolución permanente”, que es al mismo tiempo una guerra material y espiritual, una lucha total sin tregua ni cuartel. La voz que protesta en la obra de Pasternak no dice “nosotros” sino que dice “ yo”. Ahora no es la madre Rusia, sino uno de sus pequeños el que balbucea. Por otro lado, el motivo tenaz y principalísimo de “El doctor Zhivago” es que dicha novela es una retirada del espíritu. Si Tolstoi hacía surgir la vieja encina del príncipe Andrey súbitamente rejuvenecida por la savia de la primavera, Pasternak la esconde casi enterrada bajo el hielo, en un éxtasis místico, sepultada en el desierto.
En Gernika vimos el famoso roble debajo del cual se reunían las Juntas —anota en su Diario de 1921 el escritor catalán Marià Manent —Nada más queda el tronco muerto, todo carcomido, que se conserva dentro de una gran vitrina. Hay, cerca del lugar donde se alzaba el árbol tradicional, un roble, ya muy corpulento, renuevo lozano del roble histórico, y un vivero de pequeños rebrotes, nietos y bisnietos gloriosos por su ascendencia, que crecen destinados a las colonias vascas de América. También vimos el archivo, donde se guardan las Leyes de Vizcaya, y continuamos la excursión hasta la isla de Txatxarramendi. La rodea un hermoso paisaje marítimo, dentro de una gran bahía, donde la Ría desemboca. En la costa, montañosa y verde, hay una densa vegetación de encinas y maleza.
Después del almuerzo, ya había pleamar y toda la isla estaba rodeada de agua. Balandros blancos, con marineros blancos y muchachas blancas surcaban el agua resplandeciente. Las olas del Cantábrico forman líneas perfectas de medio kilómetro de longitud: una especie de columna móvil y regular de espuma. Avanzan en sucesión,, como en orden de batalla. Txatxarramendi da una impresión de grandeza si se recuerda, por ejemplo, el primor más preciosista de las playas de Santa Cristina de Lloret, pero aquí he echado de menos la majestad graciosa de nuestros pinos. Llegamos a Gorlitz al atardecer. El agua tenía matices verde claro y ópalo y el sol rojo se ponía bajo nubes horizontales.”
Imágenes-1- Txatxarramendi/ 2- Gorlitz / 3- Gernika- wikipedia
Uno de mis antiguos recuerdos se remontaría, si fuera cierto a mi segundo año de vida —-confiesa el psicólogo suizo Jean Piaget—. Veo todavía, en efecto, con una gran precisión visual, la escena siguiente en la que he creído hasta alrededor de los 15 años: iba sentado en un cochecito de niño empujado por mi niñera por los Campos Elíseos cuando un individuo quiso raptarme. La correa de cuero ajustada a la altura de mis caderas me retuvo, mientras la niñera trataba valerosamente de interponerse entre el hombre y yo (hasta recibió algunos arañazos que aún puedo recordar vagamente en su frente). Se formó una aglomeración y un agente de policía con capa corta y un bastón blanco se acercó, lo que hizo huir al individuo. Veo todavía toda la escena y hasta la localizo cerca de la estación del metro.
Cuando tenía alrededor de 15 años, mis padres recibieron de mi antigua niñera una carta anunciándoles su conversión al Ejército de Salvación. Deseaba confesar sus antiguas faltas y, en particular, devolver el reloj recibido como recompensa de esta historia, totalmente inventada por ella ( incluyendo el detalle de los rasguños). He debido, pues, escuchar de niño el relato de los hechos en los que mis padres creyeron y lo proyecté en el pasado bajo la forma de un recuerdo visual que es, pues, falso.
Granada ama lo diminuto. El lenguaje del pueblo pone los verbos en diminutivo. Granada, quieta y fina, ceñida por sus sierras y definitivamente anclada, se busca a sí misma sus horizontes. Se limita el tiempo, el espacio, el mar, la luna, las distancias, y hasta lo prodigioso: la acción. No queremos que el mundo sea tan grande ni el mar tan hondo. Hay necesidad de limitar, de domesticar los términos inmensos.
Granada no puede salir de su casa. No es como las otras ciudades que están a la orilla del mar o de los grandes ríos, que viajan y vuelven enriquecidas de lo que han visto. Granada, solitaria y pura, se achica, ciñe su alma extraordinaria y no tiene más salida que su puerto natural de estrellas. El pequeño palacio de la Alhambra, palacio que la fantasía andaluza vio mirando con los gemelos al revés, ha sido siempre el eje estético de la ciudad. Parece que Granada no se ha enterado de que en ella se levantan el palacio de Carlos V y la dibujada Catedral. No hay tradición cesárea ni tradición de haz de columnas. Granada todavía se asusta de su gran torre fría y se mete en sus antiguos camarines con una mata de arrayán y un chorro de agua helada para labrar en dura madera pequeñas flores de marfil.
El niño de los ojos verdes es un tema recurrente en la historia de la ciencia ficción. Siempre ha atraído a numerosos autores puesto que sigue siendo un misterio. Asimov, cuando seleccionó por encargo los mejores cuentos de Ciencia Ficción y escogió a Harlan Ellison en “No tengo boca y debo gritar” o a Poul Anderson en “Carne compartida”, añadió “El niño de los ojos verdes”, de autor desconocido, que ya había ganado el”Premio Hugo” y antes se había publicado con gran éxito en la revista “Galaxy”.
Pero no todo está en los libros y en las antologías. Úrsula K. Le Guin en la Convención de Ciencia Ficcion y Fantasía “Westercon” en 1984, cuando ella hacía tiempo que había ya publicado “La mano izquierda de la oscuridad”, estando sentada junto a Harlan Ellison en aquella Convención, quiso hablar del niño de los ojos verdes y de cuánto le había impresionado en una de sus visitas a Roma. El niño de los ojos verdes, dijo entonces Úrsula Le Guin, vive y habla actualmente dentro de un espejo y lo hace así ininterrumpidamente desde el siglo XV hasta hoy en el Palacio Doria Pamphilj en el centro de Roma, en Vía del Corso 305. Este Palacio , siguió diciendo Le Guin, fue construido a mediados del siglo XV junto a la iglesia de Santa María in via Lata, inicialmente de propiedad de la familia Della Rovere. En 1601 pasó a la familia Aldobrandini hasta que Olimpia Aldobrandini, ya viuda de Paolo Borghese, lo llevó en dote cuando se casó en 1647 con Camilo Pamphilj, sobrino del papa Inocencio X.
En el segundo brazo de ese Palacio — continuó explicando Le Guin —aparece la Galería de los espejos, que toma su nombre de los grandes espejos que se alternan con ventanas en un lado y con nichos en el otro y que cubren todo su recorrido. Esos espejos, donde en uno de ellos vive el niño de los ojos verdes, eran costosísimos y fueron traídos desde Venecia con grandes dificultades. Pues bien, una mañana, añadió Le Guin, visitando yo la Galería, y contemplando uno de esos espejos, el niño de los ojos verdes me habló. Es un niño de unos once años de edad, rubio,un niño del siglo XV vestido simplemente con una túnica azul; yo diría que es un niño de cristal, pero no lo sé.
—No, yo no creo que sea de cristal —le interrumpió Harlan Ellison que estaba a su lado—. Es un ser vivo. Así me lo has contado.
Pero lo fascinante — prosigió Le Guin— son sus ojos verdes. Unos ojos verdes enormes. Casi carece de nariz y orejas, y todo son ojos. Por lo que yo he estudiado, no con demasiada profundidad, la coloración de ojos verdes es muy poco común, y se caracteriza por tener muy poca melanina y un mayor grado del pigmento llamado “lipocromo”. Es muy frecuente encontrar ojos verdes en Hungría o Islandia y también en zonas procedentes de Afganistán y Pakistán.
Pues bien, allí estaba él. El niño de los ojos verdes me habló: “Úrsula — me dijo mirándome —,soy Niccoló Berardino Sanseverino ,conde de Tricarino, hijo de Julia de Varano, de la familia Varano, e hijo de Guidobaldo ll della Rovere, Vll duque de Urbión. He vivido rodeado de una Corte de 300 personas. He mantenido una pequeña formación musical para entretenerme en mi dormitorio. Me he dedicado con pasión al teatro en Nápoles y en Calabria, he montado varias comedias para el carnaval de Nápoles. He contratado a tres maestros de danza para enseñar el baile a mi mujer. He intentado ser un mecenas para distintos compositores y poetas. He sido dueño de una gran raza de caballos. Me gustan las mascaradas y los ejercicios de equitación. He viajado por Milán y Toscana. He tenido innumerables deudas que casi me han arruinado. He contraído matrimonio con Isabella della Rovere y con ella, a pesar de los disgustos, he tenido a mi único hijo, Francesco Teodoro. Úrsula, dicen que yo he muerto en Nápoles en 1606, pero no. Estoy aquí.”
Aquellas palabras del niño de los ojos verdes persiguieron a Úrsula Le Guin durante toda su vida. Las dos cosas que más le impresionaron, según ella comentó muchas veces, fueron que el niño la llamara por su nombre sin conocerla ni haberla visto nunca, y, por otro lado, el resumen de toda una vida contada por la vocecita de aquel niño que resumía su existencia como si ya la hubiera vivido y perteneciera al pasado. Naturalmente a Úrsula también le impresionó la alusión o inmersión directa en el siglo XV y la figura del niño encerrada dentro del espejo. Sin duda por ello, muchos años después de aquella visita a Roma, en el programa de ReaderCon, la conferencia anual sobre ciencia ficción de julio de 1994, Úrsula volvió a hablar del niño de los ojos verdes. Hablaba para un selecto grupo de lectores y comentaba el cuento “Las moscas de invierno” de Fritz Leiber cuando de repente empezó a describir de nuevo los grandes ojos verdes del niño porque los estaba viendo en ese momento. Los estaba viendo frente a ella y estaban mirándola fuera del espejo.
José Julio Perlado
(del libro “Relámpagos”) ( relato inédito)
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Imágenes- 1- Úrsula Le Guin en 2009- wikipedia/ 2 Palacio Doria Pampjili- Roma/ 3 sala de los espejos del Palacio Doria/ 4- Úrsula Le Guin y Harlan Ellison en la Convención de fantasía y ciencia ficción “Westercon” 1984/ 5- wikipedia)
La danza consiste — escribía Adolfo Salazar—en una coordinación estética de movimientos corporales. Movimientos corporales existen en determinados trabajos del hombre: por ejemplo, el movimiento cadencioso de los remeros, la curva airosa de los segadores, y el ritmo de los aventadores de la mies. El de los trabajadores del cáñamo o del lino contiene en sus grandes líneas plásticas elementos que pueden ser incorporados a la danza. Pero solamente en eso. La danza recoge los elementos plásticos, los grandes gestos o grandes posturas corporales y los combina en una composición coherente y dinámica. El hombre realiza esa ‘construcción’ plástica inspirado por sentimientos de orden superior. El espíritu que sopla en toda forma de arte sugiere sus combinaciones de gestos, y la armonía total viviente hace de la danza una obra categóricamente artística. El hombre que danza o que contempla la danza lo hace sumergido en el estado anímico que se entiende como sensación estética o sensación de belleza.
La danza es es una creación de belleza y es valedera por sí misma como obra bella;: o es utilizada por el hombre que danza, o por los demás hombres que delegan en él, con el propósito de exaltar el trance del espíritu, anegado por la emoción religiosa y por la actualización de potencias vitales como el amor, la alegría y el entusiasmo. El hombre danza por los mismos motivos que canta. Si canta en alabanza de los dioses, danzará también en su honor. Si canta para expresar un estado íntimo de sentimientos, danzará a la vez con ellos: hay cánticos y danzas de lamentación; se canta y se danza en el júbilo amoroso y en la desolación de la muerte. El estilo cambia, las maneras y los modos cambiarán apropiadamente : pero el principio estético es el mismo.
Los grandes principios en que se basa la danza son idénticos a los del canto: el que estipula la lentitud o la rapidez de cada movimiento en el tiempo, el desenvolvimiento en el gesto, y el dinámico, que determina el modo de actividad muscular con que los gestos se suceden unos a otros, su fuerza; ambos principios, bajo el dictado del ritmo: ritmo musical y ritmo plástico.
Pero en la danza existe un principio esencial desconocido a la Música y es la construcción de los movimientos en el espacio. La coincidencia de determinados gestos con determinados giros musicales ha hecho que se denominen a éstos como ‘gestos sonoros’. Por ejemplo, la elevación de los brazos en la imploración o en las lamentaciones, la ondulación del busto en los ritmos pequeños o la elevación de piernas y brazos en los grandes ritmos exultantes.
José Julio Perlado
Imágenes- 1- ballet Don Quijote- wikipedia/ 2- balllet- Edgar Degas/ 3-Ballet en el teatro de la Chapelle- wikipedia)
Escribir me sirve de sedante, de excitante, es angustioso, es…todo a la vez— decía Rodoreda—.Escribir me cansa mucho. Lo necesito porque se tiene que hacer una cosa u otra en la vida. Pero lo que a mí me gusta es ensimismarme ante el paso de las nubes, o leer novelas policiacas, o ir al cine y ver “westerns”, que son las películas que más me entusiasman. Después de la guerra tardé mucho en volver a escribir. Demasiado trabajo tenía para sobrevivir. Escribir catalán en el extranjero es lo mismo que querer que florezcan flores en el Polo Norte. Necesitaba mucha paz y tranquilidad. Eso no quiere decir que los escritores dejen luego de hablar de las épocas trágicas, pero era como si empezara de nuevo con todo. No había asimilado los hechos dramáticos, y si se habla de ellos enseguida, se convierten en una crónica personal, subjetiva.
Me pregunto qué es más importante en una novela. —seguía diciendo Mercé Rodoreda en los años setenta—.Una novela tiene que reflejar la realidad. Pero tiene que tener una parte de fantástico, de irreal. Y ha de ser poética. Hay novelas de Dickens que parecen actuales; el principio de “ David Copperfield”, por ejemplo. ¡Cuánta poesía hay en él! Tiene importancia el estilo, y no la anécdota , sino la forma. Yo no creo en el mensaje; cuando una novela es buena no hace falta ponerlo: está en ella. Y los detalles también son muy importantes. Hay que elegir los que están más de acuerdo con los personajes. Una novela no se puede escribir en una tarde. Es un largo proceso… Y dar la sensación del tiempo, una de las maravillas de Proust.
Siempre es mejor haber sufrido para poder escribir. Una persona feliz es alguien que no tiene historia. Aunque eso del sufrir es muy relativo. Yo, desde luego, me lo paso muy mal, sudo tinta china. Cuando escribo me encierro. Estuve siete meses para escribir “La plaza del Diamante”. Dos años, no seguidos, para “El carrer de les Camelies”. Luego quedo agotada físicamente. Llego a ponerme enferma y a meterme en cama. A medida que te vas haciendo mayor te alejas de los problemas de belleza personal y te dedicas exclusivamente a mirar, no a ti, sino fuera de ti misma. Además, tengo precedentes célebres con eso del envejecer.
Mi amor por las flores viene del jardín de casa de mis padres. Mi abuelo, que en el cielo esté, era un apasionado de las flores. Siempre buscaba flores extrañas, ejemplares raros que no se encontraban a menudo. Recuerdo una foto que me hicieron cuando yo tenía tres años, vestida de ninfa y encima de un taburete rodeada de flores por todas partes.
José Julio Perlado
El ”(Imágenes- 1- mural con el retrato de la escritora en una calle de Barcelona/ 2- ctxt/ 3- “El senyal”, la casa donde escribió sus últimas obras- wikipedia)