EL HÉROE DE LO COTIDIANO


Nos rodean muchos temas de la vida cotidiana: la atención a los demás, la comprensión de los hombres y de los hechos más que la resolución o que el juicio sobre ellos. Nos encontramos en una época preocupada por lo cotidiano,tiempo y trabajo planificados,  horarios regulados, existencia monótona y encadenada a una rueda gris. El  héroe puede ser un empleado de oficina, un albañil o un médico, él es generalmente el único gran héroe, el hombre de las ocho horas de esfuerzo. Ha  de contarse entonces su vida pegada a la tierra;   su gran hazaña es superar mil hazañas sin relieve. Nos  encontramos bajo el reino de lo cotidiano: vivir sin cumbres, andar a través de una planicie, tropezar cada día con pedruscos chatos pero tropezar incesantemente. El  héroe no va a las Cruzadas, duerme seis o siete horas, conduce su automóvil en el caos, se sumerge entre móviles y pantallas  y a veces ha de quedarse a comer de pie en un rápido restaurante.

 Unos hombres se plantean este ritmo casi matemático, otros hombres injertan los valores del espíritu precisamente sobre esta vida de horarios y de trabajos oscuros, de aventuras sin nombre que componen la gran aventura del vivir. 

José Julio Perlado

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NECESIDAD DEL ASOMBRO (y 7)

La mirada se hace beso escribe el gran poeta español. Estamos,  pues, en el otro extremo del espacio del ojo. “ Al ojo por ojo” del Antiguo Testamento se le procura reemplazar con “el amor es ojo”,  en expresión de Ricardo de San Víctor. Pero hay que preguntarse si en las enormes urbes hostiles, con sus calles de precipitación y sus grandes superficies de consumismo, ante las aceras de inmigrantes y en los portales del paro, bajo ventanas de violencia y chillido y también en las plazas ociosas de los bostezos,  el amor llega a ser ojo, el amor es ojo, de tan cargada está la pupila de comprensión. ¿ O estamos aún en el ojo por ojo,  no hemos salido aún del ojo por ojo en el cruce sesgado  de los rencores?

La luz de la pupila del hombre no puede dirigirse tan sólo a los objetos y a las acciones sino mirar profundamente al propio hombre. “El   ojo que ves no es/  ojo porque tú lo ves/,  es ojo porque te ve”, dirá Machado. ¿Qué se ve entonces cuando se mira al hombre? ¿Se mira algo realmente? En el hombre “los conocimientos fundamentales — decía un pensador contemporáneo—derivan del asombro suscitado en él por la contemplación de la creación: el ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo, en relación con sus semejantes con los cuales comparte el destino. De aquí arranca el camino que lo llevará al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos. Sin  el asombro del hombre caería en la repetitividad y,  poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal.” 

Lo más curioso es que estamos llamados a perpetuarnos en el asombro. 

Nosotros,que vivimos en él ‘deja vu’, en la costumbre de creer haberlo visto todo,  la frase de San Pablo “ ni  ojo vio, ni oído oyó , ni pasó por el corazón del hombre, las cosas que preparó Dios para los que le aman” nos proyecta a una sorpresa sin cansancio,  nos conduce a un asombro infinito cuyo secreto está en que nunca dejaremos de asombrarnos. 

José Julio Perlado

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NECESIDAD DEL ASOMBRO (6)

En el momento de proyectarse de nuevo, la pupila que cae sobre el espacio —sobre nuestros vecinos, nuestros contemporáneos, nuestros prójimos y próximos en el espacio cercano — no puede adormecerse sobre las personas vivas — no soñadas ni recortadas — en el tiempo. 

 Aquella  frase que oí directamente en el Boulevard Raspail de París en el tan comentado mayo del 68 — “ que paren el mundo que me quiero bajar” —era un resoplido de hastío y de abandono en una boca juvenil. El  mundo ha de continuar (y queramos o no continúa), y la valentía es proseguir en el mundo —hacerse mundo—  y mejorarlo a cada vuelta. Las vueltas las da el mundo y yo con él, o quizás al revés, cuanto mejor dé yo la vuelta mejorando mi giro personal, y en apariencia tan insignificante,  más se enriquecerá la vuelta del mundo en el girar de la historia.

Para eso está la atención, la comprensión, la compasión, el aprender a ver al otro lado y dentro de los demás, el aprender a ver dentro de uno mismo. Para  eso está el asombro. El asombro es poner de rodillas a la inteligencia ante la naturaleza. La poetisa polaca Szymborska,  premio Nobel en 1996, exclamaba: “Las nubes son una cosa tan maravillosa, un fenómeno tan magnífico, que se debería escribir sobre ellas. Es un eterno “ happening” sobre el cielo, un espectáculo absoluto:  algo que es inagotable en formas, ideas; un descubrimiento conmovedor de la naturaleza. Intente imaginarse el mundo sin nubes.”

Entre nosotros, Claudio Rodríguez ha cantado excepcionalmente a la mirada absoluta en “Alianza y condena”:

“Porque no poseemos,

vemos. La combustión del ojo en esta

 hora del día, cuando la luz cruel

de tan veraz, daña 

la mirada, ya no me trae aquella sencillez. Ya no sé qué es lo que muere,

qué lo que resucita. Pero miro,

 cojo fervor,  y la mirada se hace 

beso, ya no sé si de

 amor o traicionero.”

José Julio Perlado

imágenes 1-wikipedia/2- Harold Feinstein)

NECESIDAD DEL ASOMBRO (5)

Aprendo a ver, confesaba Rilke  caminando por las calles de París. “ No sé por qué —  decía — todo penetra en mí más profundamente y no permanece donde, hasta ahora, todo terminaba siempre. Tengo un interior que ignoraba.  Así es desde ahora. No sé lo que pasa (…)Aprendo a ver —  repetía — Sí, comienzo.”¿ Dónde aprendió esto Rilke? Lo aprendió en Cézanne, pero antes lo aprendió en Rodin, viendo trabajar a Rodin. “No se trata más que de ver”, dirá también Rodin.
Naturalmente, no se puede  ver continuamente, en el sentido de atender, de comprender sin pausa. Para eso están  la vigilia y el sueño, el reposo y la acción.  El ojo no sólo  necesita pestañear sino relajarse para tomar impulso, para proyectarse otra vez. La mirada oscila en su movimiento, como oscila la respiración, como lo hace la atención. “La atención por sí misma, no tolera la fatiga — dirá Guitton citando a Simone Weill —. Cuando ésta se hace sentir, la atención ya no es casi imposible a menos que se esté bien ejercitado. Vale más, entonces, abandonarse, hacer una pausa;  después, más tarde, recomenzar, interrumpirse y volver a empezar, tal como se inspira y se expira.” 

José Julio Perlado

imágenes- wikipedia

NECESIDAD DEL ASOMBRO (4)

Hace años escribí en un libro: “Ese hombre, como todos los hombres, va a morir; va a morir por primera y última vez”. No me acostumbro a ello.  Me lo repito continuamente. Aunque  fuera en diferido, los disparos siempre son definitivos porque esa vida es única e irrepetible y el cuerpo de la venda cae doblado sin poderse sustituir. El asombro, sin embargo, nos tienta en la pantalla con el siguiente anuncio de líneas aerodinámicas de un automóvil. Nos  tienen necesariamente que tentar con la sorpresa porque la publicidad sabe que nos estábamos quedando adormecidos con tanta muerte. Se nos sacude entonces con los objetos deslumbrantes ya que al parecer los sujetos repetitivos y sangrantes — quizá sólo por ser repetitivos —nos provocan sopor. Entonces pasa y vuelve a pasar el objeto iluminado y musical desde todos los ángulos insólitos y se deja ver, mirar y admirar  cuantas veces sea necesario hasta que lo consumamos en vida antes de que la muerte llegue. Cuando la muerte llega de nuevo en la secuencia siguiente del noticiario — ese tanque, por ejemplo, que está aplastando al niño inocente—no sabemos si ello es realidad o ficción, tan maquillada aparece la realidad con su disfraz de afeites. Exclamamos entonces, ¡ qué horror! pero estamos en el segundo plato y continuamos masticando nuestra cena de horrores. La vida sigue. 

 José Julio Perlado

imágenes. – wikipedia

MUJERES (9) : KATHERINE MANSFIELD

foto Getty

Tenía tanto por escribir—. decía Katherine Mansfield—,  pero simplemente no lo he hecho. Creí que podría pero me sentí muy cansada después de la merienda y descansé en vez de escribir. ¿Es este comportamiento bueno o malo? Tengo mala conciencia, pero también sé que lo mejor que puedo hacer es descansar. Hay tanto que hacer y yo hago tan poco. La vida aquí sería casi perfecta si trabajara siempre que pretendo estar haciéndolo. Y no debe ser demasiado difícil. Mira los relatos que esperan y esperan justo en el umbral.  ¿Por qué no les permito la entrada? Enseguida se verían sustituidos por otros que están al acecho justo ahí fuera; esperando su oportunidad.

A Catherine Mansfield le diagnosticaron la tuberculosis cuando tenía 17 años y murió a los 24. Necesitaba descansar continuamente. Y también terminó aceptando que sus días de no escribir eran a fin de cuentas,  igual de importantes que los días más convencionalmente productivos. “ Lo que ocurre, normalmente, si aguanto lo suficiente —decía— es que me abro camino. Es como lanzar piedras lisas y muy  grandes a la corriente. La cuestión es, sin embargo, hasta cuándo será eficaz esta técnica”.

José Julio Perlado

imágenes— foto Gety/2- wikipedia

NECESIDAD DEL ASOMBRO (3)

Aprender a ver. Sorprenderse dentro del mapa de lo conocido. No aburguesarse en las costumbres de lo cotidiano. La novelista norteamericana Flannery O’Connor comentaba: “Tengo una amiga que está tomando clases de actuación en Nueva York con una dama rusa de gran reputación en su campo. Mi amiga me escribe que, durante el primer mes, los alumnos no hablan una sola línea, sólo  aprenden a ver. Y es que aprender a ver es la base de todas las artes, excepto de la música. Conozco a muchos escritores de ficción que además pintan, no porque posean talento alguno para la pintura, sino porque hacerlo les sirve de gran ayuda en su escritura. Los obliga a mirar las cosas. “ Esto nos lleva casi de la mano a lo que Picasso le dijo un día a Sabartés sobre Cézanne. “Si Cézanne es Cézanne, es porque cuando está frente a un árbol mira atentamente lo que tiene ante sus rojos ; lo observa fijamente como un cazador que apunta al animal que quiere abatir. Muchas veces un cuadro no es más que esto… Hay  que poner toda la atención”.

El ojo de Picasso mirando el ojo de Cézanne y el ojo de Cézanne mirando a su vez el ojo de Monet. “Monet — dirá Cézanne — es sólo un ojo, pero ¡qué ojo!“. Era aquel Monet que manifestaría haber deseado nacer y recuperar repentinamente la vista  para no saber nada de los objetos y hallarse en estado virgen ante las apariencias.

Aprender a ver. Ejercitar el ojo para abrirse al asombro. Nuestra pupila ve los telediarios y no los mira, los mira y no los comprende. A la pupila le falta muchas veces la comprensión, ese ponerse en lugar del otro, no recibir tan solo sino aprehender imágenes y sonidos que nos desvelan lo que ese otro lleva dentro. A ese otro, en directo y mientras cenamos, le están acribillando con los ojos vendados ante un pelotón de fusilamiento. 

José Julio Perlado

imágenes-wikipedia

NECESIDAD DEL ASOMBRO (2)

Yo todos los años me quedo asombrado en la primera hora de la primera clase del curso universitario. Vienen ante mí todos los alumnos de todos los puntos del país y se posan como bandada de ideas y de cuestiones sentados en semicírculo, absortos ante las cuestiones e ideas que se les pueda plantear. Aún no han sido tocados por la sombra del escepticismo ni les ha caído encima una mota de aburrimiento. Están allí  sentados, abierto su cuaderno virginal de ignorancias en espera del alimento que reciban. Y  prácticamente todos ellos — aún sin formularla de manera explícita — guardan una pregunta escondida que no sé qué padre ni qué madre ni qué escuela les ha podido señalar y tampoco imagino en qué momento.

¿Qué es la verdad? ¿Y  la bondad ? ¿Y la ética? ¿Dónde está el bien en este mundo tan injusto? ¿Y  la  belleza? Recuerdo las frases de Kafka paseando por Praga con su amigo Janouch. Decía Kafka: “la juventud es feliz porque posee la capacidad de ver la belleza. Es al perder esta capacidad cuando comienza el penoso envejecimiento, la decadencia, la infelicidad.” Y Janouch  le preguntó: “¿ Entonces la vejez excluye  la posibilidad de felicidad?” Y Kafka respondió : “ No.  La felicidad excluye a la vejez. Quien  conserva la capacidad de ver la belleza no envejece.”
Naturalmente esa briosa  acometida que siempre es la juventud — generación tras generación—  en su perpetuo anhelo de ir en busca de la felicidad, del bien, de la verdad y de la belleza toma un impulso ascendente que se mantendrá hasta ser tentado por los anzuelos de la utilidad o quedar fatigado por el cansancio. Entonces  los caminos del ver se bifurcan —  o a veces se entremezclan—  y unos ven únicamente la utilidad de las cosas y  otros tan solo la belleza. De cualquier forma, ese empuje continuo de la juventud por remontar las fuentes  siempre me ha dejado asombrado y uno procura, en su pequeña medida,  responder alentando y manteniendo cada vez más vivo ese entusiasmo por el asombro. 

José Julio Perlado

imágenes- 1- Marisa Esteban- RJB- CSIC/ 2- wikipedia

NECESIDAD DEL ASOMBRO (1)

Los griegos querían ser un pueblo de filósofos y no de tecnócratas, es decir eternos niños, que veían en el asombro la condición más elevada de la existencia humana, como señala St. Harkianakis. Solamente así puede explicarse el hecho significativo de que los griegos no hicieran uso práctico de innumerables hallazgos . ¿Por qué se pierde el asombro, cómo se pierde? Los inventos que nos ofrecen en bandeja las televisiones ya no nos produce estupor sino avidez de tomarlos prontamente y consumirlos. Hay una costumbre, un hábito rumiante de consumir masticando lo nuevo, a veces triturando lo último, a veces sin siquiera atragantarse, tan voraces somos. Se consume y se consume , se circula y se circula, se recorre el mundo instantáneamente con sólo oprimir el teclado, únicamente moviendo el volante.

¿Y el silencio, la sorpresa, la quietud? Parecen  haber desaparecido. Y sin embargo, la sorpresa es una categoría importante en la vida. “Mas, al menos para mí —decía la Premio Nobel polaca Wislawa Szymborska —, todavía hay otra cosa importante en la creación … La curiosidad. Nadie incluye la curiosidad entre los sentimientos, pero  yo creo que la curiosidad es un sentimiento. Cuando la miró a usted, tengo curiosidad”, le decía a una periodista.     Esa tensión de la atención tendida hacia lo ajeno, hacia lo otro, hacia el otro —  lo que me va a revelar el otro, lo  que ya me está revelando, lo que me ha revelado — , esa postura anímica expectante hacia lo que me va a desvelar hoy la vida, este día, esta persona que entra ahora en el despacho y que se sienta ante mí con su pregunta y su problema, incluso con su abanico de soluciones aún sin decidir,  todo esto se halla en el centro de la curiosidad y a pocos pasos del umbral del asombro.

José Julio Perlado

imágenes- wikipedia

ME GUSTAN LOS COLORES CLAROS

Me gustan — escribe Sei Shônagon en “El libro de la almohada”— los colores claros. El color de la vid, el verde suave, la tintura ‘’cereza”, el tono “ciruela roja”. Todos los colores claros son bonitos.

Me gusta el rojo, el color “glicina”. En verano, prefiero el violeta, en otoño, el tono “landa árida”.

Me gustan las faldas donde están dibujados los corales del mar.

 Me gustan las chaquetas en primavera con el tono “azalea”, el color “cereza”.  En verano me gustan  las chaquetas “verde y hoja muerta”.

Me gustan los paños violeta púrpura, los blancos, aquellos donde se han tejido hojas de castaño caladas sobre un fondo verde suave. Las telas color ciruelo rojo también son bonitas, pero se ven tanto que estoy cansada de ellas más que de ninguna otra cosa.

(Imágenes- 1-Sei Shônagon – dibujó de Yosai/ 2 – sigueluitjeverigen)

EL ROSTRO DE JAMES DEAN

Mentón sobre el pecho, sonrisa inesperada, aleteo de cejas, ostentación y modestia, ridiculeces torpes e ingenuas, es decir,  siempre sinceras,el rostro de James Dean — escribe el sociólogo francés Edgar Morin —,es un paisaje siempre cambiante donde se leen las contradicciones, las incertidumbres, los impulsos del alma adolescente. Es comprensible que este rostro se haya convertido en un rostro- bandera y que ya sea imitado, especialmente en lo que más tiene de imitable:  la cabellera, la mirada.

El héroe de las mitologías construye su propio destino, en lucha contra el mundo

El héroe de las mitologías emprende múltiples trabajos en los cuales demuestra sus aptitudes y al mismo tiempo expresa su aspiración a la vida más rica y total posible. James Dean ha arreado vacas, ha cuidado pollitos, ha conducido un tractor, ha criado un toro, ha practicado yoga, ha aprendido a tocar el clarinete, se ha informado en todos los terrenos y, en fin, se ha convertido— para el mundo moderno— en el mito de la vida total: artista de cine.  James Dean querría hacerlo todo, ensayarlo todo, probarlo todo. “Si tuviera cien  años, decía, todavía no me alcanzaría el tiempo para hacer todo lo que quiero hacer.” El héroe de las mitologías afronta en forma cada vez más patética el mundo que querría aprehender por completo. El destino de James Dean jadea cada vez más. Se fija sobre ese movimiento moderno de lo absoluto que es la Velocidad.  James Dean, inquieto, febril para unos, extraordinariamente sereno para otros, una vez terminada la filmación de”Gigante”,  se precipita en la noche a 160 kilómetros por hora en su Porsche  de carrera hacia Salinas, donde debe disputar una competencia automovilística.

El héroe de las mitologías, en su búsqueda de lo absoluto, tropieza con la muerte. Su muerte significa que está quebrantado por las fuerzas hostiles del mundo, pero que al mismo tiempo, en su derrota, conquista al fin lo absoluto:  la inmortalidad. James Dean muere. Comienza su victoria sobre la muerte. 

José Julio Perlado

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