NECESIDAD DEL ASOMBRO (5)

Aprendo a ver, confesaba Rilke  caminando por las calles de París. “ No sé por qué —  decía — todo penetra en mí más profundamente y no permanece donde, hasta ahora, todo terminaba siempre. Tengo un interior que ignoraba.  Así es desde ahora. No sé lo que pasa (…)Aprendo a ver —  repetía — Sí, comienzo.”¿ Dónde aprendió esto Rilke? Lo aprendió en Cézanne, pero antes lo aprendió en Rodin, viendo trabajar a Rodin. “No se trata más que de ver”, dirá también Rodin.
Naturalmente, no se puede  ver continuamente, en el sentido de atender, de comprender sin pausa. Para eso están  la vigilia y el sueño, el reposo y la acción.  El ojo no sólo  necesita pestañear sino relajarse para tomar impulso, para proyectarse otra vez. La mirada oscila en su movimiento, como oscila la respiración, como lo hace la atención. “La atención por sí misma, no tolera la fatiga — dirá Guitton citando a Simone Weill —. Cuando ésta se hace sentir, la atención ya no es casi imposible a menos que se esté bien ejercitado. Vale más, entonces, abandonarse, hacer una pausa;  después, más tarde, recomenzar, interrumpirse y volver a empezar, tal como se inspira y se expira.” 

José Julio Perlado

imágenes- wikipedia