
El psicoanalista e historiador del arte austriaco Ernst Kris hablaba de las dos fases del proceso creativo: la inspiración y la elaboración. La inspiración se caracteriza por la sensación de ser el artista usado por la experiencia del arrobamiento y por la convicción de que un agente exterior actúa por medio del creador. En cambio, en la elaboración predomina la experiencia de una organización premeditada con la intención de resolver el problema. La fase de elaboración se parece mucho al trabajo y necesita dedicación y concentración. Ademas, parte de ese trabajo se realiza en la elaboración preconsciente: el resultado de ella es lo que llega a la conciencia en forma de “sugestiones súbitas” , en las cuales a menudo parece jugar un papel la “casualidad” Pero lo que parece “casualidad” , para Kris es una observación llena de” experiencias preconscientes anteriores”, y hay que recordar — como lo hace la profesora Isabel Paraíso —las palabras de Louis Pasteur que decían : “el azar sólo favorece a los espíritus preparados”.

¿Y qué pasa con el público? Mientras el artista está creando, es decir en su fase de inspiración, él y su obra son uno: el artista siente a su obra como parte vital de sí mismo y por lo tanto no hay lugar para el público en ese momento. En cambio, cuando en la fase de elaboración contempla el producto de su ansia creativa, lo ve “desde fuera” y en el papel de su primer público. El público no existe para el creador en fase de inspiración; en cambio sí existe, y de modo muy vivo, durante la fase de elaboración. En ella, el autor es el primer lector de su propia obra y la juzga ya desde fuera.
José Julio Perlado

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