PASEANDO CON BORGES (1)

Cuentan José Edmundo Clemente y Oscar Sbarra Mitre en sus conversaciones-recuerdos sobre el autor de «El Aleph« (Coleccion Fin del Milenio.- Biblioteca Nacional) «que Borges solía dar vueltas por la sala de lectura de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires –en donde estuvo de Director desde 1955 a 1973 -, aquella sala grande, paseándose y hablando solo. Estaba recitándose a sí mismo y corrigiendo su memoria. Y cuando tenía el texto bien armado llamaba a su secretaria y se lo dictaba. Después, la secretaria lo tenía que recitar y él hacía las correcciones que correspondían. Él dependía de su memoria. Estaba tardes enteras dictándole el poema o el cuento (…) Le pedía también a la secretaria que le leyera de tal página a tal página, la chica sabía inglés. O si no le leían en español. Él hablaba también bien el alemán. (…) Borges se acostumbró, por la imposición física –así lo sigue evocando Clemente – al trabajo corto, pequeño, que podía ser memorizado. Solía llegar a la Biblioteca a las cuatro. Se retiraba a las siete, o a veces más tarde. Al llegar abría las puertas de la calle México, entraba a su despacho, que era un despacho de un lujo inmenso, y que había sido pensado para el director de la Lotería Nacional. Entonces abría las ventanas, me llamaba, él tomaba un té, yo tomaba un cafécito, conversábamos un poco, antes de que empezara a trabajar.(…) Había un tipo enfrente, en la calle esa angosta, México, que estaba aprendiendo a tocar el bandoneón. Todos los días tocaba cuatro, cinco, diez compases del tango llamado «El garrón«. Y era muy bruto el tipo porque no pasaba de ahí. Entonces volvía todas las tardes. Y un día Borges me dice: «¡Qué lindo tango! ¡Ojalá nunca lo aprenda a tocar, así sigue siempre probando!». Ese era Borges, el Borges de lo sorpresivo, de lo inesperado, de lo inteligente».

«Tenía buen oído – sigue diciendo Clemente -. Sabía apreciar la música, y con respecto a la música argentina, el que no quería era el tango con letra. Él decía que con la letra moría el tango. Le gustaba el tango viejo, el tango canción, «Las siete palabras» , todos esos tangos viejos . Justamente yo tenía unos discos y se los llevaba para escucharlos en un aparato que teníamos ahí, en la Biblioteca. Eso le gustaba. Y la milonga, porque era de gente valiente, peleadora, camorrera, entregada a la lucha y al valor del hombre. Él encontraba en el compadrito y sobre todo en el malevo peleador una especie de estampa que a él le hubiera gustado quizás tener. En el cuento «El sur» está eso narrado. En «El hombre de la esquina rosada«, el que más peleaba, peleaba solamente para ver si el otro era más guapo que él, no había ningún problema personal, ni de familia ni nada en el medio. Solamente quería saber cuál era el más guapo y nada más. Ese es el coraje que le gustaba a Borges. (…) Borges ha sido un hombre que por razones físicas heredadas, fue físicamente apocado. Ahora, él por dentro era valiente. Él en las declaraciones, con el medio que tenía, que era la palabra, no se callaba nada ante ningún gobierno, decía siempre lo que pensaba. Pero el tema de demostrar físicamente el valor era algo que lo obsesionaba. Ël salía a caminar de noche por las calles con sus amigos y le gustaba visitar los paisajes callejeros de las milongas…»

Borges paseando por el despacho inmenso de la Biblioteca, por las calles estrechas, abiertas a cruzadas peleas. Paseando también por encima de las palabras, bordeándolas, ajustándolas. Palabras afiladas, lanzadas a veces como cuchillos.

Como cuando desde la acera de su ironía dijo de alguien: «es un escritor que a medida que uno lo va leyendo, lo va olvidando».

Imágenes:-1- Borges.-wikipedia / 2–Borges y los gatos.-fílmica.com)

ALENARTE REVISTA, EN FACEBOOK Y EN TWITTER

Alenarterevista, en donde yo tantas veces colaboro (como se señala a la derecha de esta página de Mi Siglo, en los numerosos «enlaces a mi obra«) aparece ya en Twitter y en Facebook a nombre de Alena Collar, la excelente directora de esta Revista en la que desde hace dos años tengo el placer de escribir. Actualmente la Revista tiene un sistema de Foros abiertos a artistas y creadores, y a partir de enero se abrirá un chat. Escritores y artistas, pues, y cuantos aman la cultura, sin ser colaboradores directos de Alenarte, sí pueden participar desde ahora por medio de estas dos fórmulas.

Bajo el nombre de Alena Collar y a  través de Facebook, tienen ya todos cuantos lo deseen, dos interesantes puertas de comunicación para unirse a este atractivo proyecto – y gran realidad – literaria y cultural.

A todos les deseo desde este momento una gran actividad en sus – sin duda – interesantes aportaciones

(Imágenes:- Alena  Collar, directora de Alenarte Revista, leyendo unas páginas de su último libro, «Estampaciones«(Policarbonados)  en la Librería Rafael Alberti de Madrid, el 11 de febrero de 2010)


CARTAS DE PIERRE BONNARD

«Nada en la vida se repite de modo idéntico. Cuando la vida se repite, es la muerte«, dice Bonnard.

Sus cartas podemos leerlas sobre el cristal de la pantalla, escritura sobre pintura, teclas sobre lápices, yemas de los dedos sobre telas, desahogos y confesiones.

«El trabajo es absolutamente necesario para conservar el cerebro casi intacto. Me intereso mucho en el dibujo en el cual creo que existen leyes de armonía igual que en el color«.

Cartas y apuntes de Bonnard.

Pinceles. Colores.

«La eternidad no consiste en una duración indefinida», añade-. «La obra de arte es una parada en el tiempo«.

Colores.

Pinceles.

«Yo veo cada día cosas diferentes. El cielo, los objetos: uno puede ahogarse allá dentro. Pero esto hace vivir«.

«Vivir como si uno no fuera nunca a morir, como si fuera el último día«.

Escrituras sobre la pantalla, dedos sobre la tela, confidencias rasgadas, corazón en la pluma.

«Dar una imagen a una emoción primera, tal es el objetivo primero de la pintura«.

«Visión de belleza o lo que es lo mismo, la idea primera. Estar seducido por una percepción«.

«Hasta hoy – dirá en 1940 – he encontrado muchas energías en la Naturaleza. Esto escapa a cualquier cataclismo. Tengo un trabajo que me apasiona».

Así escribe Bonnard.

(Imágenes.-1.-femme a la voilette.-Christies.com/ 2.-El Abra.-wakeupsid.com)

UNA COSA BELLA ES UN GOCE ETERNO

«Una cosa bella es un goce eterno,

su hermosura acrece y nunca desaparecerá en la nada,

sino que guardará para nosotros

un retiro de paz, y un dormir lleno de dulces sueños,

y salud y un apacible respiro.

Por eso, cada mañana nos tejemos

una guirnalda de flores para seguir atados a la tierra,

pese a los desalientos y a la inhumana carencia

de nobles seres, de los días sombríos

y de todos los senderos insalubres y oscuros

hechos para nuestras búsquedas; sí, a pesar de todo,

alguna forma bella aparta el sudario

que cubre a nuestro espíritu en sombras. Y así es el sol, la luna,

los viejos o tiernos árboles ofreciendo el favor de su sombra

a los inocentes rebaños, y los narcisos

en ese mundo verde donde viven, y los claros arroyos

que se crean un fresco abrigo

contra el ardiente estío, o los breñales en lo hondo del bosque

plenos de brillantes rosas silvestres;

y también la grandeza de los destinos

que imaginamos para los grandes muertos,

y todos esos hermosos relatos

que hemos escuchado o que leímos,

inagotable fuente de bebida inmortal

que mana hasta nosotros de la orilla del cielo.

Y no gustamoes esas esencias solamente

en una hora fugitiva; no, así como los árboles

que murmuran en torno de un templo, pronto nos son

tan queridos como el mismo templo, lo mismo la luna,

la pasión de la poesía, tantas infinitas glorias

llegan con frecuencia hasta nosotros hasta que se cambian

en una confortadora luz para nuestras almas

y tan estrechamente unidas a ellas

que ya está el cielo claro o en sombras

para siempre han de estar con nosotros, o morimos».

Keats: «Endymion» (escrito en abril-mayo de 1817, a los veintún años)

Santayana, cuando nos entrega «El sentido de la belleza», nos dice así:

«La Belleza, tal como la sentimos, es algo que no puede describirse. No se podrá decir jamás qué es ni qué significa. Recurriendo a la experiencia y a la memoria podremos mostrar que esta sensación varía como varían ciertas cosas según las condiciones en que se hallen colocadas; por ejemplo, que varían según el número de veces en que una forma ha sido representada o según las asociaciones que lo vinculan al pasado.(…) Es un sentimiento del alma, una sensación de alegría y de seguridad, un trance, un sueño, un puro placer. De tal modo no existe motivo para plantear el problema. La sensación se justifica por sí misma y justifica la visión que ella embellece. No existe tampoco motivo para querer buscar su origen en ese sentimiento interior. La belleza existe como existe un hermoso objeto o el mundo donde se encuentra situado ese objeto, o nosotros mismos que miramos a ambos. Es una experiencia: y no hay nada más que decir de ella».

De Santayana y de cuanto él escribe sobre la contemplación he hablado alguna vez en Mi Siglo. Contemplación ante el paisaje o la pintura, ante los rasgos de un ser humano o ante el deslumbramiento de una cosa hermosa: todo lo bello contemplado como goce eterno.

(Imágenes:-1.-foto: Camille Seaman.-Susan Spiritus Gallery.-Newport Beach.-USA.-artnet/ 2.-Graham Ovenden.-Luz de la luna Paisaje con obelisco .-Inglaterra, 2002 -Peter Nahum & Tom Tempest Radford.-Leicestergalleries)