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Posts Tagged ‘“Vivir con Juan Ramón”’

 

ciudades,.tbyyu,--.Madrid 1950.-Francesc  Català-Roca

 

El olvido intenta recuperar estos recuerdos de los que de vez en cuando estoy hablando aquí – ese despachito madrileño de la calle de Raimundo Lulio – y el recuerdo me lleva también hasta poemas que mi abuelo materno escribió a los 21 años. Nunca me habló él de su infancia ni de su orfandad. Quizá porque era Ortiz de Pinedo sencillo y humilde  y porque a un nieto no le interesen demasiado tales cosas. Tampoco me habló de la guerra. De cómo vivió la contienda en mi compañía más de tres años en aquel pequeño piso del barrio de Chamberí en el marco de un ejercicio heroico y devoto de abuelo dedicado a nieto. Tuve que enterarme después –por evocaciones directas de mi padre – de cómo una tarde de julio de 1936 (tenía yo entonces cinco meses) me llevaron mis padres, huyendo de las bombas que asolaban la Gran Vía de Madrid, desde la casa donde yo había nacido –  en la calle de Fuencarral  – hasta la casa de Raimundo Lulio. Allí me quedé más de tres años, en aquel pasillo de poesías y novelas, acunado por el estruendo de los proyectiles fulgurantes, atenazado por la potencia de los obuses, sobresaltado y preocupado siempre José Ortiz de Pinedo por su nieto; yo, en cambio, – como todos los niños del mundo – ignorante de toda contienda, correteando feliz primero por aquel pasillo y luego por la cercana plaza de Chamberí. Desde julio de 1936 a octubre de 1939 mi abuelo el escritor bajaba casi de madrugada entre los estampidos y las sirenas de las alarmas a hacer cola con los atemorizados madrileños hasta conseguir un bote de leche condensada para aquel niño que hoy escribe esto.

 

Madrid-unnhy-bomba en la Gran Vía- guerraenmadrid- por A Vargas- fuente AHM - SIPM

 

Por eso cuando Cansinos Assens, en su obra “La novela de un literato glosa a Ortiz de Pinedo – frecuentemente le llama Pinedo o Pinedito (como lo llamaba Villaespesa) – y, enlazándolo con su amistad con Emilio Carrere, habla de Pinedo como “aquel joven apocado que, no sin razón, se creía enfermo del pecho y lamentaba de antemano su muerte prematura “Es trágico – decía – morir así: solo, como un suicida. Yo querría morir de un modo solemne, patriarcal, en un lecho que rodeasen mi mujer, mis hijos y mis nietos, a los que bendeciría con mis brazos trémulos, y así extinguirme, dulcemente, como se pone el sol…”, hay que recordar a este otro Ortiz de Pinedo que tiene 56 años en plena guerra española y que se lanza “sin ningún apocamiento” cada madrugada, cercado por la angustia y por el hambre, pero sobre todo por la responsabilidad, en busca de la leche condensada que será la supervivencia de los suyos.

 

Cansinos Assens-vgt- abc es

 

Mis padres – por esos destinos de la Historia – habían conseguido salir de Madrid  y se encontraban, tras muchas vicisitudes, en Zaragoza. Yo me había quedado con Ortiz de Pinedo (y con mis otros abuelos paternos) en Madrid, un Madrid sitiado, un Madrid de refugios subterráneos, un Madrid  – que como todas las guerras del mundo – quizá ya es mejor no evocar. Pero en ese Madrid y a los 56 años mi abuelo ya había publicado, además de “Canciones juveniles”, Poemas breves” en 1902, Dolorosas en 1903, “Huerto humilde en 1907, “La jornada” en 1914, “El retablo de Don Quijote” en 1921. Eso en cuanto a poesía, y había entregado también al público diversas novelas a lo largo de los años anteriores a la guerra y numerosas narraciones aparecidas en en “El cuento semanal” o “Los contemporáneos”, como igualmente su aportación a los volúmenes dedicados a “Los poetas y a “sus mejores versos” (con prólogos a textos de Cervantes o de Alfonso Reyes) .

 

Ortiz de Pinedo- nnyu- El cuento semanal. marelibri com

 

Anoto todo esto como mero recuerdo aunque nunca se sabe si la aportación de un nieto pueda tener algún valor. Los prismas diversos desde los que se ven las figuras de las letras y las artes por sus familiares cercanos adquieren una densidad distinta y proporcionan siempre una peculiar iluminación. Pienso en los numerosos testimonios que rondan en torno a muchos escritores del mundo, sean ellos grandes o menores. Cada uno de esos recuerdos siempre descubre diversas facetas del personaje. No recordaré aquí más que algunos ejemplos entre muchos que podrían citarse sobre este aspecto de los testimonios familiares. Pienso, en el campo de la literatura alemana del siglo XX, las cruzadas opiniones que sobre el perfil de Thomas Mann han suscitado muchos miembros de su familia: hijos, hermanos, pero sobre todo – para mí muy queridas – las versiones de la mujer del gran novelista – Katia Mann – en sus “Memorias”. Pienso también en las opiniones dadas, dentro de la literatura rusa del XX, sobre el modo de ser de Alexander Solzhenitsyn: una, la de su primera esposa, Natalia Reschetovskaya, cuando el escritor ya ha dado a conocer “La vida de  Iván Denisovich” y “La casa de Matriona”; otra, la de su esposa segunda, Natalia Svetlova, cuando Solzhenitisyn vive en Estados Unidos. Podrían añadirse igualmente -ya en la narración corta norteamericana – las dos aportaciones que sobre el gran cuentista Raymond Carver hacen también, por un lado su primera mujer, Maryann Burk – en plena ebullición del alcoholismo del autor –, y por otro su segunda mujer, Tess Gallagher. En el campo español, los testimonios son asimismo innumerables; sólo por referirme a uno, anotaré aquí los recuerdos de Zenobia Camprubí en su libro “Vivir con Juan Ramón”.

 

Berlin, Thomas Mann mit Gattin

 

¿Qué quieren decir esos testimonios, vivencias y recuerdos? Que los enfoques de los familiares hacia las figuras de las artes o las letras proporcionan generalmente una nueva variante: se les ve a los escritores y a los artistas de modo cercano, a veces envueltos en su clima de intimidad, y siempre desde un ángulo distinto. En el caso de Ortiz de Pinedo yo sigo sentado ante él en este despachito de pantalla verde y cortinas azules de Raimundo Lulio, a ver qué me cuenta de la vida pasada, pero este hombre menudo, de lentes alados sobre la cumbre de la nariz, no me habla de la guerra – él, que ha bajado por esas escaleras  en busca de alimento para su nieto – y tampoco mucho de su obra, esa larga aportación minuciosa de sus manuscritos en prosa y en verso, sus tenaces y continuas gestiones para publicar aquí y allá, enviando sus cosas a “Blanco y Negro y a “La Ilustración”, y, – como recuerda Cansinos Assens -, “ que siempre andaba a la busca de un editor propicio”. Tampoco de sus colaboraciones en la mejor revista del modernismo, Helios”- como evoca Ricardo Gullón en sus “Direcciones del modernismo”- , aquella Revista que empezó a publicarse en 1903 y seguiría con sus catorce números hasta 1914, la Revista en la que Ortiz de Pinedo es compañero con sus escritos de Jacinto Benavente, Angel Ganivet, Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado, Ramón Pérez de Ayala, Juan Ramón y tantos otros, entre ellos de Emiliano Ramírez Ángel, a quien mi abuelo conoció mucho. De eso no me habla Ortiz de Pinedo y de eso me enteraré yo después.

(una pequeña evocación familiar y literaria – y también madrileña – que de vez en cuando continuará…)

 

Emiliano Ramírez Angel- grd- Ramírez Angel con Galdós y Victorio Macho- abc es

 

(Imágenes.-1.-Catalá Roca- Madrid 1950/ 2- bombas en la Gran Vía de Madrid durante la guerra- guerraenmadrid- A Vargas- fuente AHM (SIPM)/ 3.- Rafael Cansinos Assens.- abc es/ 4.-portada de una novela de “El cuento semanal”-marlibri com/ 5.- Katia Mann y Thomas Mann en Berlín-1929-wikipedia/ 6.-Emiliano Ramírez Angel, con Galdós y Victorio Macho– abc.es)

 

 

 

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escritores.-ttnh- Juan Ramón Jiménez.-dedicatoria de Platero y yo a Zenobia,.1914.-wikipediaJuan Ramón, por el momento, gracias a Dios, dormido, porque esto es tan importante o más que la alimentación” – le escribe Zenobia Camprubí  a Ernestina de Champourcin el 25 de octubre de 1954 La vida en los Estados Unidos es muy dura, y yo no quiero dejar a J.R. solo“. Es la devoción, la compañía perpetua de Zenobia por el poeta de Moguer que durará 43 años de una vida. Me lo contó muchas veces Ernestina en Madrid, cuando hablábamos de Juan Ramón en las largas charlas familiares que teníamos sobre la poesía y los poetas. Ernestina publicó una selección comentada de su correspondencia con Zenobia y la tituló “La ardilla y la rosa” (Juan Ramón en mi memoria) (Los libros de Fausto) y a su vez, Zenobia, en esa misma editorial, ofreció su pequeño y revelador libro “Vivir con Juan Ramón” que condensa páginas de su “Diario” de 1916 y su texto “Juan Ramón y yo“.

escritores.-577hj.-Juan Ramón Jiménez cuando cursaba estudios de pintura en Sevilla.-1896.-Archivo de la familia de JRJ

Es en esas páginas cuando Zenobia dice que “Juan Ramón está siempre tranquilo y sereno, y sin embargo, cualquier gesto de gran afecto, admiración o sencillamente halagüeño lo ruboriza interiormente y necesita interrumpirlo en el acto“. También en esas mismas páginas confiesa Zenobia que “al casarme con quien, desde los catorce años, había encontrado la rica vena de su tesoro individual, me di cuenta, en el acto, de que el verdadero motivo de mi vida había de ser dedicarme a facilitar lo que ya era un hecho y no volví a perder el tiempo en fomentar espejismos. Nadie mejor que el lindo grupo de niñitas puertorriqueñas que, poco después de llegar nosotros a la isla, me confirmó, de manera encantadora, en mis opiniones. Le hacían a Juan Ramón mil preguntas sobre Platero y se apartaban compungidas por la muerte de éste, cuando se detuvieron ante mí. Como si hubiese encontrado la solución de su problema, me dijo la mayor: “Y, es claro, como se murió Platero, tuvo que casarse con usted.

Escritores.-eedc.-Platero.-escultura de León Ortega.-Museo de Moguer.-wikipedia

Se han escrito numerosos comentarios sobre las relaciones entre Zenobia y J. R. J. y, entre ellos, Ricardo Gullón en sus muy interesantes “Conversaciones con Juan Ramón” desvela cómo el poeta, en 1953, “me pasa a la habitación donde guardan el archivo, ordenado por Zenobia, de sus cartas y papeles. Es una estancia reducida, abarrotada de carpetas, sobres, cajas, llenas de original publicado e inédito; uno y otro con numerosas tachaduras y correcciones, casi siempre hechas a lápiz sobre el texto mecanografiado. Veo una masa inmensa de poemas, borradores en prosa y verso, apuntes, notas, aforismos, etcétera, en papeles de diferentes clases y tamaño – incluso en el revés de de un sobre, en pequeño trozos -; escritos a mano, sin señales de haber sigo corregidos ni revisados”. Es la gran tarea de Zenobia.

escritores.-5ggg.-Juan Ramón Jiménez

Pero quizá uno de las revelaciones más interesantes sobre el final de esta relación sea la que el mismo Gullón confiesa a lo largo de una entrevista en el número de mayo de 1981 en la revista “Camp de l`arpa“: “Juan Ramón – dice –se queda absolutamente solo cuando la muerte de Zenobia. Zenobia no era sólo su mujer – si además era su amante o su novia, no lo sé -. Era una mujer única, que le servía como secretaria, que era sus manos para todo lo práctico, “su peluquero”, su chófer…Juan Ramón se queda como un inválido; ha dependido cuarenta años de ella. Cuando lo llevan a su casa, ahí le da un verdadero acceso de locura. Según referencias de la sirvienta, todo el trabajo de Zenobia, de años y años, de ordenación de su obra, lo tiró, lo revolvió y lo pisoteó. Muerta ella ya no le interesaba su obra ni nada. Se abandona, no quiere comer, ni lavarse, ni cortarse el pelo, no quiere vivir. Hay que ayudarle a salir de esta situación. Con la secretaria del doctor Benítez aparece otro ser providencial, pero no consigue nada porque es demasiado débil. Se lo llevan a Vallamón; Doña M. E. Guzmán, enfermera enérgica, lo baña, le corta el pelo, lo cambia, hace que se discipline, y mejora notablemente. Entonces empieza a ir de nuevo a la Sala, aunque sigue viviendo en el hospital. Tiene de secretaria a Raquel Sarraga, la cual le incita a que escriba; le saca papeles, cosas. Juan Ramón sólo quiere ver cosas de Zenobia, no piensa más que en ella. Intenta escribir pero no puede; recibe a los jóvenes, a los poetas, como de costumbre. Pero Zenobia es su obsesión. Un día se rompe una pierna (la cadera), se restablece e inesperadamente le viene una bronconeumonia a raíz de la cual se muere al cabo de ocho días”.

zenobia.-ttgbnp.-mundofotos.net

(Imáenes:-1.-“Platero y yo”, edición dedicada a Zenobia Camprubí en 1914.-wikipedia/ 2.-Juan Ramón Jiménez, cuando cursaba estudios de pintura en Sevilla, 1896.-archivo de la familia de JRJ/ 3.-“Platero”, escultura de León Ortega en el Museo de JRJ en Moguer.-wikipedia/4.-Juan Ramón Jiménez/5.-Zenobia Camprubí.-mundofotos.com)

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