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Posts Tagged ‘“Una vida en palabras”’

 

 

“Me siento más feliz y más integrado – confesaba Paul Auster – cuando estoy trabajando, cuando estoy escribiendo, cuando estoy ocupado en un proyecto. No es que escribir sea fácil; puede ser tremendamente difícil, pero incluso el esfuerzo vale la pena. A veces me pregunto: ‘¿Por qué hago esto? ¿Qué sentido tiene escribir libros, pasarme así la vida?”. La única explicación a la que he llegado alguna vez, lo único que tiene cierto sentido para mí, es que para escribir tienes que dar todo lo que tienes. Es un esfuerzo total, y has de exponerte por entero, tienes que dar y dar y dar. Y debes hacer un esfuerzo máximo todos los días. Creo que hay pocos trabajos en el mundo que te exijan tanto. En cualquier otra profesión puedes escaquearte. Contar con establecer ciertos hábitos, echar mano de la pereza, tener días en los que no necesites realizar el máximo esfuerzo, tanto si eres abogado, como médico, barrendero o fontanero. Así que cuando me levanto del escritorio al final de una jornada de trabajo, aunque no haya conseguido nada, aunque haya tachado hasta la última línea que haya escrito, puedo al fin levantarme y decir : “ He dado todo lo que tenía. Estoy agotado, y he hecho todo lo que he podido”. En cierto sentido, vivir con ese nivel de intensidad hace que te sientas más humano.”

 

 

(Imágenes-1- tadega – net / 2- centro de Manhattan – Christopher Rini)

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”Con objeto de hacer lo que haces, necesitas caminar. Andando es como te vienen las palabras, lo que te permite oír su ritmo mientras las escribes en tu cabeza. Un pie hacia delante, y luego el otro, el doble tamborileo de tu corazón. Dos ojos, dos brazos, dos piernas, dos pies. Éste, y luego el otro. Ése, y luego éste. El acto de escribir empieza en el cuerpo, es música corporal, y aunque las palabras tienen significado, pueden a veces tener significado, es en la música de las palabras donde arrancan los significados. Te sientas al escritorio con objeto de apuntar las palabras, pero en tu cabeza sigues andando, siempre andando, y lo que escuchas es el ritmo de tu corazón, el latido de tu corazón.”

 

 

Paul Auster compone estas frases en su “Diario de invierno”, pero su caminar persiste a lo largo de los libros. En las conversaciones que mantuvo con I. B. Siegumfeldt recogidas ahora en “Una vida en palabras”, vuelve a recordar que “caminando se establece un ritmo, una cadencia binaria, como con tantas cosas propias del cuerpo humano: dos ojos, dos manos, dos piernas, dos pies, y el latido del corazón, que es una especie de bum- bum, bum- bum. Caminar parece crear un ritmo conducente a la producción de lenguaje, en especial, por supuesto, poesía. En “Conversaciones sobre Dante”, Mandelstam argumenta que la poesía de Dante imita los ritmos del paso humano, para luego plantear esta bella cuestión: “Me pregunto cuántos pares de sandalias gastó Dante mientras escribía “La divina comedia”. Sólo a un poeta se le podría haber ocurrido algo así. Se agitan tantas cosas en mi interior cuando estoy escribiendo – añade Auster -que me resulta difícil estar mucho tiempo sentado. Me levanto y paseo mucho por la habitación, y simplemente eso, el hecho de andar, parece generar la siguiente andanada de palabras.”

 


 

(Imágenes -1- artexpertinc – 1958/ 2- Theodore Rousseau/ 3- Richard Long)

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