PALABRAS SOBRE EL TIEMPO HUMANO

“Cada una de mis horas

las he vivido

alguna vez

en una época profunda

fuera de mí.

Ante cada

nuevo

clima

con el que me encuentro

reconozco

con laxitud

que una vez más

ya estoy habituado”.

Giuseppe Ungaretti.- Los cinco libros (1953)

“Yo sé que el pasado es grande y que el futuro será grande

y sé que los dos se unen en el momento actual…

Y que allí donde yo estoy, donde tú estás, en este día de hoy, se encuentra el centro de todos los días y de todas las razas”

Walt Whitman

“Sin ayer ni mañana. Este rostro puro recomienza.

El más grande día de mi vida, siempre”

Paul Éluard

“Existir consiste en cambiar – recuerda Bergson -, cambiar para madurar, madurar para crearse infinitamente a sí mismo”.

“Cada instante aparece como aquel de la elección, es decir, del acto, y, en la raíz del acto, la decisión creadora. En cada instante en el que se actúa, se crea una acción, y, con ella, uno crea y se crea el mundo”.

Paso las hojas de este gran libro que estoy leyendo, Etudes sur le temps humain“, de Georges Poulet (Plon).

Pasan también las últimas hojas de diciembre, pasan las últimas agujas del reloj, oigo los últimos pasos del año.

(Imágenes:- 1.-rodneysmith.com./ 2.-Jean Puiforcat.-reloj francés niquelado de bronce y mármol blanco-1932/ 3.-reaktorplayes/ 4.-speedyowl/ 5.-ofthewater)

RASTRO DE LOS OBJETOS

Estos objetos amontonados, las lámparas, los espejos, el reflejo de las lámparas en los espejos, el misterio de las sillas sin dueño, los libros, candelabros, estanterías, fetichismos del pasado, realidades y falsificaciones, imitaciones, el caprichoso circuito de los objetos que van y vienen embalados, atados con cuerdas, embozados en mantas, viajeros nocturnos en camiones de mudanzas, herencias, despojos, conversaciones que escucharon y mantuvieron, cansancio de sus vidas, todo esto lo cubre la mirada cuando se pasea por el Rastro de las oportunidades en tantas existencias,

y luego están las mesas, aquellas mesas donde se escribió, las mesas que fueron soporte de célebres firmas, sostenes de tazas, vasos y vajillas, mesas en las que se sirvieron frutas y manjares, mesas adornadas de flores, vitrinas, relojes, péndulos, escaleras que subieron al cielo de la imaginación, peldaños de cuentos buscando buhardillas encantadas, lomos, lomos de libros encuadernados, sombreros, sombreros olvidados de memoria, sombreros amados, retocados ante espejos que ahora se reflejan en lámparas, lámparas que iluminan respaldos de sillas donde se curvaron espaldas, espaldas que se irguieron para mirar medallas, medallas envejecidas, medallas conquistadas, medallas emotivas, medallas de íntimo valor y medallas como corazones fulgurantes, cuajadas de victorias que uno consiguió, victorias íntimas que nadie celebró,

y luego están las sombras, las luces, las penumbras, los sillones, rincones de sillones y de conversaciones, aquellas confidencias pactadas, los amores sellados, el tiempo en tic-tac, aquellos muebles guardando secretos, pequeñas llaves y diminutos cerrojos de silencios, aquello que nunca se dijo, lo que nunca se admitió, viejos papeles amarillos que descubren los herederos, cuentas, propósitos, decisiones, proyectos, una fotografía desvaída y una penumbra en un  rostro que el espejo refleja, el rastro de los objetos que este Rastro dejó, muebles amontonados y recolocados en un escenario, el teatro de las últimas cosas, la representación de lo que fue…

Y de pronto, la realidad que abre la puerta y el primer comprador que entra buscando trastos viejos.

(Imágenes: 1,2 y 3.-Rastro de Madrid.-Objetos Alba Longe.-15-1-2011.-fotos JJP)

MONEDAS DE TIEMPO

Pasan las monedas de tiempo en el último día del año, resbalan de mano en mano las hojas de los meses, horas circulares, redondas penas y alegrías, esferas, agujas, mecanismos, las cajas de madera de raíces plantadas en nuestra sobremesa de siempre, sonerías, agujas del reloj que un día nos hirieron, silenciador de voces, calendario de fechas, segundero de nimios pensamientos, alarmas que nos conmovieron, muelles que nos levantaron en caídas, decoración grabada en platino de tantos días iguales, pasos de cebra de aquellos días iguales, autobuses, aviones, teléfonos, péndulos de inestable corazón, placas de nacimientos y rupturas, despertadores de sueños, acristaladas cúpulas de deseos, aceros forjados de voluntad, cuartos y medias de tantas citas memorables, hendiduras de dolores, llaves poniendo en marcha la vida, cajas de música, pesas, alambres, ruedas de infortunios y sorpresas, decisiones torneadas a punta de buril, visualidad, claridad, la vida, el día es claro y siempre rodeado de misterio, se desmontan, se retocan los recuerdos, la numeración de latón que marcan alegrías se hace de bronce dorada a fuego, es el mecanismo de la repetición, repetición, repetición, relojes de agua, de arena, de sombra y sol, astrolabios contemplando estrellas, estrellas, estrellas que en el último día del año nos pasan monedas de tiempo.

(Imágenes: 1 y 2:  Terminal Grand Central de Nueva York-1941.- foto John Collier.-shorpy.com)

VIEJO MADRID (15) : EL TIEMPO RECOBRADO

“La burguesía, escasa de medios para costear lujos – cuenta Natalio Rivas en su Anecdotario histórico sobre el siglo XlX español – trasnochaba en los cafés hasta las tres de la mañana, hora en que se clausuraban, excepto el de Fornos, que no cerró nunca, no sólo por ser ésa su tradición sino porque el dueño, al fundarlo, no lo dotó de puertas.

Los rojos divanes del Casino de Madrid sirvieron de lecho más de una vez a periodistas bohemios, de aquella bohemia romántica que creía desempeñar mejor su papel despreciando los intereses materiales y se sentía feliz con poder gastar una o dos pesetas diarias. Yo sé de alguien que se vio necesitado de refugiarse más de una noche en aquel acogedor asilo, y que terminó su vida ocupando, con sobrados méritos, un lugar en los Consejos de la Corona.

Se vivía de noche. En invierno, a las diez de la mañana no discurrían por las calles de la corte mas que los obreros marchando al trabajo, los barrenderos que cuidaban de la limpieza urbana y los burreros que repartían la leche de burra, base obligada de la terapéutica de los catarros. Las oficinas, lo mismo las oficiales que las privadas, funcionaban por la tarde, y los ministros recibían en audiencia después de la medianoche. Yo he concurrido, en mis primeras andanzas políticas, citado por el ministro de la Gobernación, a las dos de la madrugada. Solamente los hombres entregados al estudio y algunos primates de la política eran constantes madrugadores. De Moret, cuya vida observé tan de cerca, puedo asegurar que a las seis de la mañana estaba en su despacho trabajando”.

Es el tiempo. El tiempo cambiante de ciudades y costumbres, a la vez el proustiano tiempo recobrado. Las iluminaciones nocturnas de las esferas del tiempo, las grandes sonerías de horas y cuartos resonando al paso de los viandantes, los relojes que vigilan desde lo alto de las torres cómo van marchando las horas con sus ruedas de bronce, con sus piñones de acero, cómo avanzan en su repetición los andares de quienes cruzan, cómo palpita la ciudad. Son los guardianes del tiempo, mecanismos que marcan la duración del día y de la noche, capaces de crear y entretener movimientos y, simultáneamente, de irnos recordando las oscilaciones de la vida, esta vida que va y viene en el plano horizontal de las avenidas, cruza las aceras con sus mecanismos habituales, la historia hablada de nuestras conversaciones en las esquinas, la historia gestual de nuestros ademanes explicando la vida, esta vida evocada del viejo Madrid.

(Imágenes:-1.-El Congreso de los Diputados en 1853.- Ch Clifford.-Biblioteca Nacional/2.-café de Fornos/3.-relojes.-Bruno Braquehais.-1873.-Bibloteca Nacional Francesa)