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Posts Tagged ‘“París era una fiesta”’

 

París-dgh-Gisele Freund- mil novecientos sesenta

 

París no tiene fin y el recuerdo de cada persona que ha vivido allí difiere del de todas las demás. Siempre regresábamos a Parísasí lo escribía Hemingway -; no importa quiénes fuéramos ni lo que hubiera cambiado ni cuán difícil, o fácil, fuera llegar. París siempre valía la pena y siempre te daba algo a cambio de lo que tú le dieras. Pero París era así en los viejos tiempos, cuando éramos jóvenes y pobres y muy felices (…)

Con tanto árbol en la ciudad, uno veía acercarse la primavera de un día a otro, hasta que después de una noche de viento cálido venía una mañana en que ya la teníamos allí. A veces, las espesas lluvias frías la echaban otra vez y parecía que nunca iba a volver, y que uno perdía una estación de la vida. Eran los únicos períodos de verdadera tristeza en París, porque eran contra naturaleza. Ya se sabía que el otoño tenía que ser triste. Cada año se le iba a uno parte de sí mismo con las hojas que caían de los árboles, a medida que las ramas se quedaban desnudas frente al viento y a la luz fría del invierno. Pero siempre pensaba uno que la primavera volvería, igual que sabía uno que fluiría otra vez el río aunque se helara. En cambio, cuando las lluvias frías persistían y mataban la primavera, era como si una persona joven muriera sin razón.

En aquellos días, de todos modos, al fin volvía siempre la primavera, pero era aterrador que por poco nos fallaba”.

 

río- nyuu- París- Albert Marquet- mil novecientos ocho

 

“La prosa de estos párrafos – quiso comentar Anthony Burguess – es Hemingway puro, sencilla y muy evocadora, aceptando la vida, pero, como siempre en su obra, matizándola de melancolía. La melancolía reside en la forma misma de las frases que, siempre evitando el ritmo periódico, no pueden huir de una cadencia doliente La melodía de Hemingway es elegíaca incluso cuando más enaltece la alegría. La melodía de Hemingway fue una contribución nueva y original a la literatura mundial. Está en los oídos de todos los hombres y mujeres que empiezan a escribir”.

 

París-nhu- Tsuguharu Foujita

 

Con esta melodía atravesamos hoy calles desgarradas de esta ciudad, leyendo despacio las prosas en “París era una fiesta“.

 

París- ness- Brassaï- mil novecientos cuarenta y cuatro

 

(Imágenes.- 1.-Gisele Freund– 1960/ 2- Albert Marquet- 1908/ 3.- Foujita/ 4.-Brassaï– 1944)

 

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escritores.- asd.- Scott y Zelda Fitgerald

“Las incertidumbres de 1919 habían terminado – escribió Scott Fitzgerald en “Éxito temprano” (1937) – y parecía haber pocas dudas sobre lo que iba a suceder: los Estados Unidos estaban por iniciar la más grande y llamativa de las parrandas de toda la historia e iba a haber mucho que contar en ella. Todo este boom dorado flotaba en el aire, con sus enormes generosidades, sus escandalizantes corrupciones y su tortuosa batalla a muerte, la que tendría que librar el país durante la Prohibición. Todos los relatos que venían a mi mente tenían un elemento de desastre en ellos…”

lectura.-8hjhh.-Scott Fitgerald leyendo

Escribía esto diecisiete años después de la publicación de “El gran Gatsby”, una novela calificada por muchos críticos como quizá su libro más acabado, un signo – decía Malcolm Bradbury – de su capacidad para penetrar un mundo fulgurante y destructivo, un romance de amor y dinero -añadía Harold Bloom – como el antirromance de una trágica caída, si “tragedia” no es un término demasiado exaltado para Jay Gatsby“.

Uno de los críticos más penetrantes al analizar la novela americana, como fue Claude- Edmond Magny (“L `Age du roman américain” Seuil) se preguntaba por qué algunos de los novelistas de Estados Unidos morían jóvenes y recordaba a Scottt Fitzgerald, muerto a los 45 años de edad por agotamiento nervioso, o quizá – agregaba ella – de desesperación tras haber escrito “El gran Gatsby”, novela de potencia magnética y magnífica. Ello podría completarse con las palabras de Michel Mok cuando fue a entrevistar a Scott Fitzgerald en septiembre de 1936 – el día de su cuarenta cumpleaños – para el “New York Post“, y el novelista,“ebrio por su repentino éxito, le dijo a un periodista que nadie debería vivir más allá de los treinta“. Fue en esta importante y estremecedora entrevista, acompañado de una enfermera y con sus sempiternas tentaciones de alcohol – y en la que el escritor presume de acertar siempre con sus títulos (“A este lado del paraíso”, “Hermosos y condenados”, “Suave es la la noche”) – , cuando se contempla a un Scott Fitzgerald que se describía a sí mismo como un “plato rajado”.

escritores.-uniih.-Scott Fitzegarld.-manuscrito de un poema

Pero quizá los párrafos mejores sobre el autor de “El Gran Gatsby” pertenezcan a Hemingway en el amplio capítulo que le dedica en “París era una fiesta”. “Su talento – escribe Hemingway – era tan natural como el dibujo que forma el polvillo en un ala de mariposa. Hubo un tiempo en que él no se entendía a sí mismo como no se entiende la mariposa, y no se daba cuenta cuando su talento estaba magullado o estropeado. Más tarde tomó conciencia de sus vulneradas alas y de cómo estaban hechas, y aprendió a pensar pero no supo ya volar, porque había perdido el amor al vuelo y no sabía hacer más que recordar los tiempos en que volaba sin esfuerzo.

TELEVISION PROGRAMME.....OMNIBUS....F SCOTT FITZGERALD...Pictur

Uno de esos días en París, Scott Fitzgerald entregó “El gran Gatsby” a Hemingway y a éste le avergonzaron la sobrecubierta chillona y el mal gusto de su presentación. Retiró la sobrecubierta para leer el libro y tiempo después Hemingway confesó: ” Si era capaz de escribir un libro tan bueno con “El gran Gatsby, no cabía duda de que sería capaz de escribir otro todavía mejor. Entonces yo no conocía todavía a Zelda, y por consiguiente no tenía idea de las terribles desventajas con que luchaba Scott”.

(Imágenes:- 1.-Scott Fitzgerald y Zelda/ 2.-Scott Fitzgerald.-answers.com/ 3.-manuscrito de un poema de Fitzgerald fechado en 1937/ 4.-Scott Fitzgerald y Hemingway.-dailymail. co. ok)

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“Los Matisse cuenta Gertrude Stein – vivían junto al Bulevar Saint-Michel, en un piso pequeño, el último de la casa, con tres habitaciones y hermosas vistas a Notre-Dame y al Sena (…). Madame Matisse  era una admirable ama de casa. Mantenía su pequeño piso limpio como una patena. Todo estaba en orden, sabía cocinar e ir a la compra, y además, posaba para su marido. Ella era “la Femme au Chapeau“. En los tiempos en que los Matisse carecían de dinero, madame Matisse puso una tiendecilla de sombreros, gracias a la cual sortearon la dificultades. Era una mujer morena, de porte erguido, cara larga y labios de trazo firme pero inclinados hacia abajo, lo que le deban un aspecto caballuno. Tenía una gran mata de pelo negro. A Gertude Stein le gustó siempre el modo en que madame Matisse se ponía el sombrero, y en una ocasión, Matisse pintó un retrato de su mujer en el momento de ponerse un sombrero con el ademán en ella caracterísitico, y se lo regaló a miss Stein”.

Así lo va contando Gertrude Stein en laAutobiografía de Alice B. Toklas” (Lumen)

Ahora, la exposición que está teniendo lugar en el Gran Palais de París recorre aquella atmósfera, la compra y venta de cuadros, la adquisición de una colección.

Pero cuando uno se detiene ante el retrato de Gertrude Stein pintado por Picasso, parece que volviéramos a oir las palabras de miss Stein: “creo – decía – que ya he descrito el taller de Picasso. En aquellos días, allí, había todavia mayor desorden, más gente que entraba y salía, más fuego en la estufa, más comida cocinándose y más interrupciones. Había un gran sillón roto, en el que Gertrude Stein posaba. Había un diván en el que todos se sentaban y dormían. Había una pequeña silla de cocina en la que Picasso se sentaba para pintar, un gran caballete y gran cantidad de grandes telas. En el apogeo del período del Arlequín, las telas de Picasso eran enormes, y las figuras y los grupos también”.

Eran los tiempos de la desnudez de estilo aplicada en breves recomendaciones por Gertude Stein a algunos escritores. Como recuerda Anthony Burgess en su estudio sobre Hemingway, el futuro autor de “París era una fiesta” era lo bastante joven para poder ser el hijo de Stein, y éste le mostraba humildemente su trabajo, un fragmento de novela. “Demasiadas descripciones porque sí – le dijo Stein a Hemingway -, demasiados adornos: comprima, concentre. Hay mucha descripción aquí, y descripción no demasiado buena. Vuelva a empezar y escriba con más cuidado”. Y como ella misma añade, comentando el trabajo de corresponsal de un diario canadiense que Hemingway desempeñaba por entonces, agregó: “Si sigue con los trabajos periodísticos, nunca tendrá ocasión de ver la realidad, sólo verá las palabras, y esto no basta, no basta, desde luego, si es que pretende ser escritor”.

(Imágenes:- 1.- Henri Matisse.-La Femme au Chapeau.-1906.-colección SFMOMA/2.-Horst. P. Horst.-autorretrato con Gertrude Stein.-1946/3.-Gertrude Stein por Picasso.- 1905.-Museo Metropolitano de Nueva York/4,- Gertrude Stein posa junto al retrato pintado por Picasso.-APF.-La Vanguardia)


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