CAFÉ GIJÓN

“El café no es ningún lugar determinado, ni es tampoco el conjunto de locales a los que se denomina cafés – decía Julio Camba .-Usted puede destruir todos estos locales mañana mismo y no dejar ni un solo cafetal en la tierra, que allí donde haya iniciados, la institución Café seguirá tan firme como si tal cosa”.

“En el Café – contaba RAMÓN en “Pombo” – se escribe mejor y frente a todos los aspectos de las cuestiones. La fuerte luz de los Cafes, luz de teatro en que se puede escribir, cae sobre el blanco del papel dándole una conciencia superior, porque en esa luz de los Cafés hay un trasunto de las almas de los demás confundidas en un aglomerado ameno y vivo.(…) Sin cuántos Cafés esenciales nos hemos quedado y se han quedado, esos hombres que no pueden consolarse de que haya desaparecido su Café y vagan por la plaza o la calle en que el Café estaba, pareciendo ladrones que miran el fondo de las tiendas que antes fueron Cafés, y por cuyas puertas necesitan pasar al ir al otro Café”.

No hace muchas semanas hablé aquí indirectamente delGijón. Hoy lo evoco de nuevo en el día en que ha llegado una buena noticia a ese histórico Café madrileño)

(Imágenes:- 1.-Café Gijón.-foto JJP.-2012/ 2.-Francisco Ayala, en la terraza del Café Gijón, en 1930)

EL RECADO DE ESCRIBIR

” Al acercarnos al periodismo, cuando un destacadísimo articulista español como fue González Ruano, confiese cómo escribe en el café sus piezas periodísiticas, lo hará dibujando ese mismo escenario donde trabaja, como así lo recoge en su colaboración El recado de escribir:

“En la tarde turbia de primavera de Madrid, desigual, árida y desapacible, según la cojamos a un lado u otro de un cuarto de hora, el amigo de los enormes diálogos, aquel que tantas noches nos ayudó a enterrar la noche en la fosa lívida de las primeras claridades, dijo, con cierto asombro:

‑¿Y puedes escribir un artículo con tan poca cosa?

‑La pena es no poder escribir un libro sobre cada una de estas pequeñas cosas. En un artículo no cabe, en realidad, ese tema, tremendamente importante, de El recado de escribir.

Y así es.

A los no habituales del café y a la nueva generación de la estilográfica habrá pasado desapercibido este mundo, que encierra en sí el recado de escribir. El recado de escribir consta oficialmente de un tinterillo, generalmente con tapón de corcho; un manguillero con su pluma arañante y una carpeta de hule negro, donde alguna vez hay un papel secante, además de un pliego y un sobre. Los clientes postales piden al cerillero del café el recado entero. Cuando el parroquiano especifica que no quiere más que tintero y pluma se sobreentiende algo más de que lleva papel: se sobreentiende que es literato. Esta atroz realidad la intuye, en la primera vez que el hecho se produce, el cerillero y la confirma, ya que por su experiencia, el camarero, que sabe muy bien que el literato es su enemigo natural.”

González Ruano está en ese momento sentado en ese viejo café madrileño llamado Teide ‑hoy desaparecido‑ y todo lo de alrededor ‑y él mismo‑ lo transforma (como Camba) en artículo.

Una investigación muy frecuente entre las gentes amables que conocemos por primera vez es ésta ‑comenta en su texto Cuartilla en blanco‑:

“‑A mí lo que me asombra es que todos los días se le ocurra algo, que encuentre cada día un tema sobre el que escribir.

En alguna ocasión hubiera uno contestado:

-A mí también, señora.

Pero no hubiera sido enteramente cierto. Lo único que no puede producir sorpresa es la costumbre.

Sucede que la frecuente investigación generalmente engloba o sinonimiza dos circunstancias que no tienen por qué pertenecer al mismo mecanismo profesional, mental: la de que a uno se le ocurra todos los días algo y la de que todos los días encuentre un tema. Es bien distinto (…)

El tema, efectivamente, no surge cada día. Hay jornadas en que se repasan una y mil veces los periódicos y no nos seduce ningún tema. No es que no los haya, claro está, sino que no nos valen. A cada uno “nos van” determinadas cosas, y otras, aun interesándonos, no tienen el suficiente e íntimo eco literario y periodístico. En suma, no las podemos aceptar como tema propio. En cambio, lo de que a uno se le ocurra algo diariamente es, creo yo, fatal y pertenece, más que a otra cosa, a un cierto y natural dominio del oficio.

Sobre la mesa, la cuartilla en blanco incita y excita. Ahí la ha puesto Dios para que la llenemos de algún modo. Y el modo surge, aunque no haya tema. En cuanto damos las primeras chupadas al primer pitillo matinal. ¡Pues aviados estaríamos de lo contrario! Es la necesidad la que crea la función, la puesta en marcha. Si sabemos que a las once y cuarto van a venir a recoger las cuartillas que deben publicarse esa noche, ¿cómo podemos no ponernos a escribir a las diez o a las diez y media?

Todo lo más que puede ocurrir es que empecemos el segundo pitillo y el segundo café, y que empecemos también a escribir sin título y aun sin la menor noticia de a dónde vamos. Eso importa poco. Las palabras tienen una magia especial, tiran las unas de las otras, son “algos” que de manera fatal formarán un “todo”.

Hoy Ruano quizá escribiría en la pantalla del ordenador ‑no es nada probable‑, pero lo que sí haría indudablemente es aprovechar todos sus utensilios como materia literaria, como motivo periodístico: cantaría sin duda a las teclas, a las yemas de los dedos, al pulso febril del aparato misterioso, al ojo de la pantalla iluminada, al silencio de la vertiginosa e infinita transmisión de la velocidad. También a ese fondo inmenso de ordenado desorden, a ese trastero tecnológico que nunca sabremos dónde está y que llaman “papelera de reciclaje”.

“¿Está usted seguro de que quiere enviar esto a la papelera de reciclaje?”, le preguntaría la máquina al pensamiento, a las palabras del escritor.

Y Ruano dudaría.

Pero todo sería artículo en él ‑también esto, también esta duda‑ porque todo en él se convirtió siempre en artículo para el periódico. Todo le servía”.

JJ Perlado:- “El artículo literario y periodístico -Paisajes y personajes”.- págs 19- 21)

(Imágenes:- 1.-poeta en el café.- dibujo de Guncser del escritor Frigyes Karinthy en “La cocina de Hungría” de George Lang/ 2.-café Montmartre .-Santiago Rusiñol.- 1890/ 3.-Epytafe)

CAMBA Y EL HUMOR EN EL PERIODISMO

Para Julio Camba todo era periodismo. “En este mundo, y supongo que en todosdice Camba en Aventuras de una peseta‑, el pobre escritor no ve más cosa que una: artículos. Para la mayoría de las gentes, el desierto es el desierto, y el bosque es el bosque. Para el escritor, en cambio, el desierto es una crónica, y el bosque es otra crónica. Usted, amigo lector, me deja a mí frente al mar, pongamos por caso, mientras va a darse un pequeño paseo, y cuando vuelva, ¿qué creerá usted que he hecho yo con la azul inmensidad? Pues exactamente lo mismo que hubiera hecho con una iglesia románica, con un par de calcetines, con un discurso del señor Lerroux, con una puesta de sol o con un nuevo procedimiento para combatir la tuberculosis: la habré cogido y la habré transformado, reduciéndola a una superficie literaria de150 centímetros cuadrados, poco más o menos.

Nada es como es, sino como nos lo representamos, y el escritor, colocado ante una cosa cualquiera, o no la ve, o la ve en forma de artículo. (…) El diabético convierte en azúcar todo lo que ingiere; el hepático lo transforma en bilis, y el escritor lo reduce a literatura, ya biliosa o ya azucarada. (…) De mí sé decir, por ejemplo, que, obligado a veces a hacer un artículo, y disponiendo de una catedral gótica, que había visitado momentos antes, y de la levita del gerente del hotel como materiales a elaborar, me he decidido por la levita del gerente y he despreciado la catedral gótica. Para cualquier tendero veraneante, aquella catedral, en cuya construcción habían trabajado sin descanso quince generaciones sucesivas de obreros y artífices, hubiera representado infinitamente más que una levita. Para el escritor, en cambio, la levita tenía mayor interés, y no porque fuese una levita maravillosa, sino porque era una levita grotesca.”

Es siempre el detalle, lo pequeño, lo nimio. En los títulos, tanto Camba como Pla, se retratan muchas veces cuando titulan sus colaboraciones periodísticas. Es la paradoja, la sorpresa y el humor. En Camba encontramos, por ejemplo, Grandes hombres de vitrina, El jamón y la pepitoria de gallina, El genio es un caso de estupidez, El arte de tirar bolitas de pan, En Suiza no hay suizos, Los rascacielos como obra de ternura, El hombre que se vendió brea a sí mismo, En defensa del resfriado, Una tempestad en una taza de té, Madrid y el ácido úrico, Las barbas en el siglo XII, Peinados monumentales y talles de avispas, Gotosos y bronconeumónicos, El “pelmazo” interior

El humor de Camba asoma ya claramente en esos titulares pero es una delicia el desarrollo de ese humor cuando se hilvana en textos como este:

Se ha perdido un multimillonario

                             “Se ha perdido un multimillonario americano ‑se lee en el volumen Ni Fuh ni Fah‑. Estaba hospedado en el Savoy, de Londres, hará cosa de mes y medio, cuando salió a dar una vuelta por el Strand, diciendo que regresaba en seguida, y esta es la hora en que aún no se le ha vuelto a ver el pelo. Como es natural, se le dará una buena recompensa a quien lo encuentre. Procede del Tennesee, y sus amigos solían llamarle Shorty. Tiene cuarenta y tres años, y mide un metro sesenta y tres de estatura. Pesa setenta kilos (sin los millones, naturalmente). Es ligeramente canoso. Usa gafas, y tiene un tatuaje en el brazo izquierdo representando a una bayadera, la que, con una hábil flexión de músculos, ejecuta la danza del vientre, a voluntad del multimillonario, cuando éste quiere divertir a sus amigos íntimos.

                             Doy todo el señalamiento del extraviado magnate de las finanzas por si alguno de mis amigos se lo encuentra por ahí y quiere incorporarlo a su colección. Tengo varios amigos, en efecto, que se dedican a coleccionar multimillonarios. Algunos los coleccionan interesadamente, calculando que siempre es bueno tener un millonario a mano para un caso de apuro; pero, en honor a la verdad, debo advertir que no todos proceden con unas miras tan egoístas. Nada de eso. La mayoría los coleccionan por pura admiración, y, lejos de beneficiarse con su amistad, no les dejan pagar nunca el gasto en ninguna parte. Son hombres que tienen la debilidad del multimillonario. Creen que su trato les honra y enaltece, y, para no verse privados de él, lo convidan a comer, le ofrecen magníficos puros (a un multimillonario no se le pueden ofrecer tagarninas), lo sacan de juerga y hasta llegan a facilitarle dinero cuando el multimillonario necesita de pronto hacer una compra y nota que se ha dejado la cartera en casa, según es uso y costumbre en el gremio. Y aunque haya quien tenga por tontos a los coleccionistas de este tipo desinteresado, a mí me parecen mucho más tontos los del tipo egoísta, quienes, evidentemente,  adelantarían mucho más coleccionando mariposas o sellos de correos. Con los sellos de correos, sobre todo, se hacen a veces negocios muy saneados, y nunca se corre el riesgo de que ellos ‑los sellos‑ pretendan negociar con sus coleccionistas…

                             Por mi parte, no abrigo la menor esperanza de encontrarme al multimillonario desaparecido. Este multimillonario ‘vale’ doce millones de dólares, según declaró él mismo, no hace mucho, en un club londinense, y yo nunca me he tropezado con nadie que valiese arriba de cincuenta duros.

                             Según ciertos indicios, no tendría nada de particular el que nuestro hombre estuviese en manos de una demimondaine. Esta clase de mujeres sienten una gran atracción hacia los multimillonarios americanos. Cuanto más feos son, tanto más les gustan. Les encuentran más raza. También se sospecha que Shorty haya sido secuestrado por unos gangsters, quienes exigen un precio fabuloso por su rescate, y a los que él va dando largas haciendo trabajar constantemente a su bayadera. Y aún nos queda la hipótesis del suicidio, la del asesinato y la de una amnesia real o fingida.

                             Yo creo que, en las grandes ciudades, debieran construirse una especie de fourrières para multimillonarios extraviados. Se les guardaría allí seis o siete días, y si nadie les reclamaba, se les daría por muertos. Su fortuna sería empleada en obras de utilidad pública.”

Es el humor franco, a la vez sutil, porque Camba ‑un melancólico‑ es al mismo tiempo y soterradamente “un hombre a un humor pegado”, es decir, el humor viajaba con él en sus visitas de observación del mundo: observaba lo lejano y lo cercano, las menudencias del existir diario y, envolviéndolas muchas veces de humor, hacía un artículo. “Ya saben ustedes lo que pasa con el catarro nasal escribía en otra de sus colaboraciones‑. Primero se lo aguanta uno heroicamente varios días, durante los cuales, y merced a este magnífico sistema de pulverización que se llama el estornudo, va poblando de gérmenes la atmósfera que le rodea. Luego se mete uno en la cama, se arropa muy  bien arropado, llama al médico, toma unos potingues, y cuando, considerándose ya sano y fuerte, baja al comedor de su casa o de su hotel, los gérmenes que anteriormente había dejado allí, y que durante su ausencia fueron creciendo, engordando y multiplicándose a expensas de todo el que pillaron por delante, lo reciben como a un viejo amigo y lo hacen objeto de su más especial predilección. Entonces vuelve uno a meterse en la cama, después vuelve a levantarse y así sucesivamente, sin que nadie tenga la menor base de cálculo para predecir el fin de estas alternativas.

El catarro nasal es una cosa bastante más seria de lo que parece. Yo acabo de leer una estadística del Health Ministry, según la cual cada año hay en Inglaterra de sesenta a ochenta millones de catarros nasales. Desde luego, estas cifras quizá fuesen bastante menos elevadas si los ingleses no tuviesen la costumbre, que a mí siempre me pareció algo desatentada, de dormir con las ventanas abiertas y si no se pasaran la vida haciendo ejercicio a un aire que ellos se obstinan en llamar libre, aunque, por lo que a Londres se refiere, está siempre lleno de hollín, carbonilla, gas del alumbrado y otras sustancias no mucho más balsámicas ni pectorales. De un modo o de otro, sin embargo, ello es que el catarro nasal le cuesta a Inglaterra unos 65.000 millones de libras esterlinas al año y que constituye una enorme sangría para el comercio y para la industria.”

La observación por tanto de la sociedad y el humor van en Camba muchas veces enlazados. Pero lo esencial en él es que llega a todos los públicos porque trata temas de la vida corriente. Ya lo señalaba también González Ruano en cierta ocasión: “De vez en cuando ‑decía‑ leemos en un telegrama pequeñito que trae arrinconado la página de un periódico una noticia que nos interesa, que nos conmueve profundamente. Como vivimos de escribir y casi para escribir, estas noticias las buscamos diariamente, profesionalmente, porque siempre que un artículo no es teórico, intimista o general, ha de referirse a algo muy concreto, y no lo hay más que en un suceso que da la vida diaria, la vida de prisa, ésta en la que andamos y que se nos va sin casi saber cómo.

La mayor parte de las veces, el suceso que nos llama la atención nos la llama por sí mismo, por su argumento, que puede interesar a cualquiera. De ahí su cincuenta por ciento ganado de que el artículo que lleve dentro de su glosa, divagación o sugerencia esa realidad interesante sea un artículo popular que puedan leer todos con cierto gusto. Uno es el de los escritores que creen, si no en la mayoría, sí en aquella ‘inmensa minoría’ de que hablaba el poeta cansado de su nombre. Uno es de esos escritores que abre los balcones de su torre de marfil a la calle porque el marfil le ahoga, porque no desdeña la calle y porque cree que sólo se conforma con tener un público pequeño, quien no se cree con fuerzas para tener un público grande. O sea, que hay que escribir para todos y no para unos cuantos, a quienes, para salvar nuestra vanidad herida, llamamos ‘elegidos’”.

JJ.Perlado.- “El artículo literario y periodístico“.-” Paisajes y personajes”.- págs 91-95)

(pequeña evocación cuando se cumplen 50 años de la muerte de Camba)

(Imágenes:- 1.-Julio Camba.-abc.es/2.-Julio Camba.-ideal.es/3.-Julio Camba.- espaaescultura.tnb.es)

GASTRÓNOMOS, ESCRITORES Y LECTORES

“Mi gusto por la cocina, como aquel por la poesía, me vienen del cielo – confesaba Alejandro Dumas -.El primero ha estado destinado a arruinarme; el gusto por la poesía, en cambio, a enriquecerme, puesto que yo no renuncio a llegar a ser rico algún día“. En el momento en que se publican las recetas culinarias de Dumas vienen a la memoria tantos textos mezclados con sabores y olores, palabras aderezadas en bandejas de estilo, servidas por grandes escritores y gastrónomos, como cuando Cunqueiro, por ejemplo, dedica su epístola a los cocineros y cocineras en su “Viaje por los montes y chimeneas de Galicia” (Austral)  hermanado con José María Castroviejo. “No innovéis en cocina – les pide Cunqueiro a los cocineros -, porque corréis el riesgo de mezclar. Ateneos, hermanos, a la patrística, y así como no mezcláis los vinos, respetad la pureza del hallazgo antiguo, y si en vuestro fogón, un dichoso día, se produjese el milago, antes de publicar la receta, provocad procesos de canonización, y que el más fino de entre vosotros sea el abogado del Diablo”.

Del arte de comer y del arte de la palabra hablé ya en MI SIGLO. Como también dediqué otro artículo a cocina y literatura. Brillat- Savarin escribía que estaba tentado de creer “que el olfato y el gusto no forman más que un sentido del que la boca es el laboratorio y la nariz la chimenea, o para hablar más exactamente, del que uno sirve a la degustación de los cuerpos táctiles y el otro a la degustación de los gases“.

Olfato y gusto los paseaba igualmente Alejandro Dumas cada vez que visitaba Marsella. Caminaba por los muelles, compraba pescados y mariscos, volvía a su hotel y, en mangas de camisa, confeccionaba una sabrosa bullabesa. En 1857 daba especiales clases de cocina en su casa y uno de los asistentes cuenta cómo el escritor, con las mangas de su camisa remangadas hasta los codos y ante un tablero blanco, preparaba la cena. “Cuando entramos en su inmensa cocina, estaba elaborando un pescado y vigilando el asado. Su sirviente, con adoración muda, seguía cada paso del gran novelista (…) El asado apareció dorado, soberbio. La cena fue exquisita“.

Entre tantas otras ciudades del mundo, la capital de Francia ha recibido siempre, como si tuviera imán para los manjares, los productos que abastecían sus comedores. En el siglo XVlll Eugêne- Victor Briffaut, en su libro “París en la mesa,” contaba que “cuando París efectivamente se sentaba a la mesa, la tierra entera se estremecía; de todas las partes del universo conocido llegaban los productos de todos los reinos, aquellos que el globo ve crecer en su superficie, aquelllos que guarda en su seno, aquellos que el mar esconde y alimenta, aquellos que pueblan el aire: todos se aceleran, se presentan presurosos para obtener el favor de una mirada, una caricia o una dentellada”.

En España, la literatura y la gastronomía se han ido cruzando, siglo a siglo, por los caminos del mutuo interés. Evocaba Néstor Luján en un artículo de hace años los libros de Emilia Pardo Bazán, “La cocina española” y “La cocina moderna”, el “Practicón” de Ángel Muro, la “Guía del buen comer español” de Dionisio Pérez y, naturalmente, la excelente “La casa de Lúculo o el arte de comer” de Julio Camba, y las obras de Pla.

Muchos otros autores antiguos y modernos han ido escribiendo sobre el tema. Mientras los leeemos, vemos pasar de plato a plato la perdiz y la paloma torcaz, la codorniz y el pato, la liebre, el conejo, la nutria, el corzo, el jabalí y el ciervo mientras Cunqueiro continúa su epístola a los cocineros y cocineras elevado sobre todos los montes y entre las chimeneas de toda Galicia.

(Imágenes.- 1.-Joan Miró.-naturaleza muerta con conejo/2.-Nicolay Bogdanov-Belsky/3.-Félix Valloton.- bodegón con pimientos rojos.- artisangallery/4.-Stanko Abadzic.-tenedor y plato.-contemporaryworks)

ARTE DE COMER, ARTE DE LA PALABRA

   ”  Al mediar de la primavera – escribe Pla en suViaje a pie“-  llegan las primeras, pequeñas fresas de bosque y de jardín, y su perfume parece entremezclarse con el olor de las violetas. Luego aparecen los fresones que coinciden con las carnosas rosas rojas de San Poncio, con sus pétalos grandes y frescos. Las ciruelas aparecen en seguida, con su color de agua dormida, coincidentes con el apasionado y seco perfume del espliego. Y las cerezas, que son de tan diversas clases y de una gama de colorido que va del rojo negruzco a los carmines más evaporados, delicadísimos. Las mejores son esas últimas, que llamamos de cor de colom, que tienen la carne dura y prieta. Los pájaros adoran las cerezas, y me he entretenido a veces en los huertos contemplando los gorriones metidos en el follaje de los árboles acariciándose su pequeña cabeza en la mejilla de la fruta colgante, antes de hincarles en la carne el pequeño embudo de su pico. Las cerezas llegan con el menudo, morado tomillo y la retama amarillenta”.


Los escritores llegan así con su prosa – igual que los pájaros – y pasan sus palabras por la piel de la fruta, la acarician, y recorren luego las láminas del pescado y también las venas de la carne y aspiran en el aire todos los aromas. El gran poeta y crítico inglés W. H Auden reconocía los valores de la excelente crítica gastronómica norteamericana M. F. K. Fisher como “la más grande estilista de lengua inglesa“. Autora de la “Biografía sentimental de la trucha“, su relación con los alimentos le hacía mover entre sus páginas las patas de los crustáceos y bullir el pálpito de sus sopas junto al horno caliente. Era el deslizarse de la mantequilla sobre las pistas del paladar, los sabores presentidos, los olores expandidos. Era la procesión del olfato adelantándose a la del gusto a la  que Julio Camba alude en “La casa de Lúculo o El arte de comer” cuando opina que una mesa de comedor puede adornarse con frutas, pero no con flores. “Las flores –dice – tienen una fragancia muy poco gastronómica  y su empleo como gala de comedor sólo puede recomendarse en aquellos casos donde no se pretenda estimular el apetito de los comensales“.

Son opiniones. “Nada se come sin olerlo con más o menos reflexión; – decía Brillat- Savarin en su “Fisiología del gusto” – y, cuando se trata de alimentos desconocidos, la nariz hace siempre de centinela avanzado que grita: “¿Quién vive?“. Pero los escritores entran curiosos en los comedores, incluso penetran en las cocinas, abren con las pinzas de sus adjetivos las orondas soperas, husmean con sus observaciones la profundidad de los hornos, comprueban con sus minúsculos calificativos los tarros de las especias, y cuando vuelven otra vez al comedor “llegan siempre un poco tarde -recuerda Brillat-Savarin -, con lo que se les recibe mejor, porque se les ha esperado con afán; se les agasaja para que vuelvan y se les regala para que brillen; y, como lo encuentran muy natural, se habitúan a ello, y se hacen y siguen siendo gourmands“.

Pequeño apunte en torno aEl arte de comer“, la actual exposición en la Pedrera, Barcelona.

(Imágenes:-1.-National Geographic/ 2.- Ben Schonzeit.-artnet/ 3.- La cena.-Pamela J Crook.- Hay Gallerie Hill.- Londres.-pjcrook.com/4.-Paul de Vos.-elpais. com)

DE AZORÍN A UMBRAL : EL PERIODISMO LITERARIO ESPAÑOL

Portada_libro

El periodismo literario no tiene nada que ver –decía Francisco Umbral – con los suplementos literarios y otros dominicales, cuya oferta se hace hoy por arrobas, sino que está incardinado en la maquinaria más íntima del periódico, en su cilindrada ideológica e intelectual. Una buena columna vende más que el rancio destape o la muerte de un torero. Porque los columnistas, como los viejos rockeros, de los que algo tienen, son unos viejos muchachos que nunca mueren“.

Acaba de publicarse el muy interesante volumen coordinado y editado por Javier Gutiérrez PalacioDe Azorín a Umbral.-Un siglo de periodismo literario español” (Centro Universitario Villanueva/Netbiblo) que recoge la amplia polémica suscitada desde hace tiempo en torno a qué puede llamarse o no puede llamarse periodismo literario. Acompañado de una extraordinaria antología de textos (abarcando desde “Clarín” a Manuel Vicent), se estudian en primer lugar los retazos del XlX (Valera, Galdós, Pardo Bazán, etc) ; el arco que va de la crisis a la llamada “edad de plata” (Cavia, Pérez de Ayala, Maeztu, Valle-Inclán, Baroja, Azorín,  Bello, Araquistáin y tantos otros); el periodismo literario como tribuna ideológica (Américo Castro, Azaña, Ortega, Chacel, D´Ors, Bergamín, etc); la denominada “edad de plata” (con Carrere, Foxá, Corpus Barga, Montes, Camba, Sánchez Mazas, etc); la etapa de la retórica propagandística (Alberti, Serrano Poncela, Victor de la Serna, etc); los exilios ( con Max Aub, Domenchina, Cernuda, etc); la inmediata postguerra con Salaverría, Gómez de la Serna, Pla, Rosales, Cunqueiro y Ruano, entre otros); los años cincuenta y el periodismo literario en el olvido (Benavente, Gironella, Pemán, Laforet, etc); los balbuceos de la libertad de prensa (con Anson, Areilza, Campmany, Díaz -Plaja, Carlos Luis Álvarez y otros);  la década del cambio con Julián Marías, Benet, Giménez Caballero,etc), para llegar a los ochenta de Cela, Luca de Tena, Delibes, Zambrano, Martín Gaite y varios más, y culminar en la sociedad de la información, con “el periodismo, nueva literatura“: Benítez Reyes, Alcántara, Fernán Gómez, Jiménez Lozano, Millás, Javier Marías, Muñoz Molina, De Prada, Ferlosio, Vicent y Umbral entre otros muchos.  

periódicos.-1177.-por Raymond Waters.-2008.-Craig Scott Gallery.-photografie.-artnet

Gutiérrez Palacio analiza en su Estudio preliminar cómo Periodismo y Literatura se unen en la Retórica, cuál es la aproximación al tema desde la Periodística, qué novedades ha aportado el periodismo literario en Norteamérica y en Hispanoamérica, el debate sobre si el articulismo literario es o no periodismo literario, para alcanzar al final la pregunta: “¿Qué es, entonces, el periodismo literario?”.

Aparecen en este Estudio muy distintas aportaciones. También la mía, con mi libro “El artículo literario y periodístico“, con palabras y consideraciones que yo agradezco mucho al editor-coordinador. Creo que este muy amplio volumen, por su riqueza de autores antologados y por el preciso y atento trabajo de investigación y de clarificación, va a merecer un puesto muy destacado en la Bibliografía sobre la materia.

(Image: 2.-Cash f0r 400 Negroes.-2008.-por Raymond Waters.-Craig Scott Gallery.-artnet)